El midrash Bereshit Rabá (84:7), nos trae una descripción de Yosef que provoca sorpresa a quien la lee por primera vez:

Yosef tenía diecisiete años y apacentaba las ovejas con sus hermanos…” (Bereshit 37:2), y “era un joven” (ibíd.), que puede significar que hacía cosas de jóvenes. Se retocó los ojos, levantó los talones, se arregló el pelo. “Era pastor… traía informes negativos [de sus hermanos, a su padre]”(ibíd.). ¿Qué dijo él? Rabí Meir, Rabí Yehuda y Rabí Shimón [ofrecieron explicaciones]. Rabí Meir dijo, [que Yosef le dijo a su padre Yaakov] “Tus hijos son sospechosos con respecto a [el consumo de] una extremidad de un animal vivo”. Rabí Shimón dijo “Ellos pusieron sus ojos en las hijas de la tierra”. Rabí Yehuda dijo: “Ellos desprecian a los hijos de las sirvientas y los llaman esclavos”. Rabí Yehuda, hijo de Simón, dijo que en sus propias palabras fue golpeado, – “El peso y las balanzas justas son del Señor; todas las pesas de la bolsa son obra suya” (Mishlé 16:11). El Santo Bendito le dijo: “Dijiste: “Tus hijos son sospechosos con respecto a [a comer] la extremidad de un animal vivo”. Por tu vida, incluso en una época de corrupción, nunca hicieron nada más que sacrificar y [recién después cuando el animal había muerto] comerlo (Bereshit 37:31) “¡Mataron a un cabrito!” …Dijiste que pusieron sus ojos en las hijas de la tierra – por tu vida, … (Ibíd. 39: 7) “Y la esposa de su amo echó [sus ojos sobre Yosef]”.

Como muchas veces sucede con los textos del midrash, también este es críptico y enigmático aunque intenta, a través de las discusiones de los rabinos participantes dilucidarlo. Nos habla de aspectos de la personalidad de Yosef, el soñador e intérprete de sueños, que es hijo de quien soñó con una escalera recorrida por ángeles que llegaba al cielo y que en un estado de ensueño, luchó y si bien triunfó, quedó herido.
En el midrash encontramos por un lado a un Yosef que si viviera en nuestros días podría ser considerado metrosexual término con el cual nombramos hoy a quien tiene especial interés por su cuidado personal del tipo de su padre Yaakov, que era un “niño de mamá” pálido y de piel suave.
Yaakov fue abundantemente bendecido con hijos. Sin embargo, de toda su fornida descendencia, eligió como favorito a Yosef el hermoso y delicado. ¿Tenía el joven un parecido sorprendente con Rajel su amada esposa? ¿Sirvió su regalo de la prenda multicolor para realzar e incluso feminizar los rasgos finos de su hijo, los que Yosef resaltó aún más rizando su cabello y pintándose las cejas, como sugiere el midrash? ¿O es que Yaakov amaba más a este hijo porque los rasgos de Yosef eran como los suyos?
Ahora sabemos que esa preferencia estimuló los celos y el odio de sus hermanos hacia el soñador y quizás convirtió –como lo sugiere el midrash-, en un denunciante de los presuntos pecados de sus hermanos.
Así sucede en todas las familias en las que hay un preferido que desea mantener esa elección, que revela cualquier falla de sus hermanos.
Ahora regresemos al midrash y para leerlo fácilmente.
Yosef, buscando un cumplimiento más estricto de la ley, exigía que sus hermanos imiten sus restricciones y su autodisciplina innecesaria, porque iba más allí de la norma y cuando ellos intentaban cumplirla dentro de los márgenes de la norma a él le parecían trasgresiones y corría a delatarlos.
Cuando veía a sus hermanos comer o cocer un miembro de un animal después de faenado, para él no era suficiente, era como si estuviera mordiendo la pata del animal en vida.
Cuando les percibía negociar o regatear con afán pequeñas ventajas o ganancias con las vendedoras sin mantener la distancia suficiente, para Yosef era como si pusieran sus ojos lascivamente en las hijas de la tierra. Cuando notó que no revisaban el valor de las pesas y medidas cada vez que pesaban algo, entendió que engañaban con el peso de los productos. Cuando veía como trataban a los trabajadores, les acusó de maltrato a los hijos de los esclavos.
Lo más destacado del midrash es que nos trae fuentes bíblicas que demuestran que cada una de esas acusaciones, se revirtió como castigo a Yosef. Para los sabios del midrash está claro que la exageración en las exigencias del cumplimiento normativo del “otro” en este caso de sus propios hermanos es un error y que la delación es una falta por la cual Yosef tuvo que pagar un precio demasiado alto.
Lejos de idealizar a Yosef, los sabios, no dudan en criticarlo y dejan los elogios al padre Yaakov y a las propias acciones objetivas de Yosef, que aparecen claramente en el texto bíblico.
Nuevamente el midrash sin ser demasiado detallista, nos da una lección a padres e hijos.

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