Finalmente libre de servir a su suegro Labán, se le informa a Yaakov que Esav y 400 hombres van de camino a visitarlo. Yaakov entra en acción de tres maneras: separa a su grupo de viaje en dos conjuntos, ora a Dios y prepara regalos para su hermano.

Yaakov, ahora solo, se encuentra con un ser misterioso, y los dos luchan hasta el amanecer. Yaakov demuestra ser más fuerte y exige una bendición, y el ser desconocido cambia el nombre Yaakov por Israel, porque él había “luchado con seres divinos y humanos, y…prevaleció”.

Es importante leer con detenimiento el texto de la Torá: “Y habiéndose quedado Yaakov solo, estuvo luchando alguien con él hasta rayar el alba. Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Yaakov mientras luchaba con aquél. Este le dijo: «Suéltame, que ha rayado el alba». Yaakov respondió: «No te suelto hasta que no me hayas bendecido.» Dijo el otro: « ¿Cuál es tu nombre?» – «Yaakov». -«En adelante no te llamarás Yaakov sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido». Yaakov le preguntó: «Dime por favor tu nombre». – « ¿Para qué preguntas por mi nombre?» Y le bendijo allí mismo. Yaakov llamó a aquel lugar Penuel, pues (se dijo): «He visto a Dios cara a cara, y tengo la vida salva». El sol salió así que hubo pasado Penuel, pero él cojeaba del muslo (Bereshit 32: 25-32).

No existe una única interpretación de los sueños porque son polisémicos. Psicólogos dicen que por la noche durante los sueños en un nivel profundo de nuestro ser, todos realizamos un trabajo que nos permite mirar los problemas que nuestro yo consciente y diurno encuentra imposible de enfrentar. Por lo que nos podemos aventurar a entender nuevamente el sueño de Yaakov, sin temor.

Quizás en algún alcance profundo de su memoria, Yaakov recordó su lucha en el útero de su madre con Esav, para prepararse internamente para su encuentro con su hermano por la mañana. Cuando se despertó, se sintió profundamente “bendecido” y empoderado.

Se cuestiona la identidad del oponente [de Yaakov]. En la tradición judía, se hace referencia a los ángeles como omdim, como aquellos que están de pie o están estáticos; mientras que el hombre se llama mehalej, uno que va y progresa. Así, en la visión del profeta Zejariá (3:7), Dios promete al sumo sacerdote Yehoshúa que si obedece su voluntad, permitirá que camine entre los otros que están aquí “Venatati lejá malhejim bein haomdim haele”, te daré la capacidad de ir caminando, de moverte, ascender, progresar entre los otros que están aquí (los ángeles) que permanecen en un lugar y te daré libre acceso entre estos que están aquí.

Rambam e Ibn Ezra sostienen que los “ángeles” están en un nivel más alto que el hombre, porque son puramente espirituales mientras que el hombre está sujeto a todas las debilidades de la carne. Saadia Gaon sostiene, por el contrario, que el hombre es superior porque posee la libertad de elegir y tiene voluntad. Rabí Jaim de Wolozin, sostiene, que los ángeles están inicialmente en un nivel más alto que el hombre. Pero el hombre, si ejerce adecuadamente su libre albedrío, puede crecer desde una posición mucho más baja a una mucho más alta. En virtud de la lucha espiritual, puede alcanzar una eminencia mayor que la de los ángeles.

Podemos intuir en el episodio, la posible transformación del oponente de Yaakov en la conciencia en desarrollo del soñador de quién y qué figura es la de su oponente.

Y nosotros, soñadores, estamos más cerca de saber con quién luchó Yaakov que con los demonios con los que nosotros mismos luchamos en las horas grises previas al amanecer. Yaakov, al menos, gana un cambio de nombre que le ayuda a cambiar la personalidad así más no sea temporariamente.

Incluso cuando también sufre la herida de la que sale cojeando de la escena, ha recibido lo que a los eruditos les gusta referirse como una herida habilitadora. Cuando supera con éxito la situación que conlleva dolor y limitaciones de movilidad, adquiriere habilidades para prevenir y afrontar, mucho más preparado, circunstancias similares que puedan producirse en el futuro.

Nosotros creemos en la autotransformación del hombre. El concepto de teshuvá o arrepentimiento no significa simplemente experimentar arrepentimiento y enmendar los caminos de uno, sino que implica el concepto de movimiento espiritual, de crecimiento, de cambio para mejor.

Esta capacidad de crecimiento, de pasar de “Yaakov” a “Israel”, debe ser motivo de gran aliento para todos los que pasamos momentos difíciles, ya que podemos salir de ellos fortificados, vigorizados y consolidados.

 

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