La haftará de Shabat Parashat Vayerá es tomada del Sefer Melajim II (4), y cuenta la historia de la ishá shunamita, la mujer que concibió después de muchos años de infertilidad, después de recibir la bendición dada por el profeta Elisha.

Como en muchas haftarot los sabios que la decidieron, la asociaron con el sucedido con otra mujer estéril, Sara, cuyo relato aparece en la parashá.

La historia comienza diciendo que Elisha se alojaría periódicamente en la casa de la mujer, “Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él”. Y ella y su marido finalmente decidieron construir habitaciones separadas en su hogar para él “porque ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios” (4: 9).    

Aprovechamos este bello texto para buscar aprender de pequeños detalles conductas y acciones para nosotros mismos, siguiendo la guemará en Masejet Berajot (10b) que plantea la cuestión de cómo la mujer shunamita sabía que Elisha era “santo”.

Los sabios del Talmud dan dos respuestas que intentan explicar su certeza y dicen que ella nunca vio una mosca cerca de la mesa en la que comía, o que cuando cambiaba su ropa de cama, nunca vio evidencias de una emisión corporal.

            Ambas respuestas parecen difíciles de entender, pero independientemente, Rav Israel Salanter es citado como señalando la importancia de la pregunta de Guemará.

La Guemará eliminó la suposición de que la “santidad” de una persona no es algo visible.

Una persona “santa” no necesariamente se ve distinguida o actúa de una manera exteriormente diferenciada en sus asuntos ordinarios. Por mucho que pudiéramos suponer que la mujer shunamita admiraba y respetaba a Elisha, a la guemará le pareció desconcertante que ella lo describiera como “santo”. Por lo tanto, la guemará explicó que la mujer llegó a esta conclusión sobre la base exterior de la forma en que Elisha comía y cómo estaba su ropa de cama, que demostraba su autodisciplina y la pureza de su mente.

            En nuestra búsqueda de kedushá, deberíamos concentrarnos no en cómo nos presentamos a los demás, sino en lo que realmente somos y lo que debemos ser.

1 Comment

  • Grace Nehmad, 5 noviembre, 2020 @ 3:47 am Reply

    Pues es combinación yo creo mi Rav porque yo nunca me preocupé por lo exterior y la mayoría se preocupa en lo exterior por lo que otros pensarán, pero tener modales y ser recatado hacia afuera habla de conciencia y presencia. A mí que lo material me escapa seguido me resulta importante ahora pensar en ambas partes en la santidad interior y exterior y en sus relaciones. Es mejorar en cuerpo y alma.

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