Hay personas que heredaron la opulencia de sus antepasados y creen que pueden ser ricas y pasar toda la vida sin trabajar; que lo que recibieron les permitirá llevar una vida acomodada porque sus recursos eran ilimitados. Tampoco suelen ser cautelosos en la administración de lo recibido. Y luego se quejan por quedar en la indigencia.  

Así con las herencias económicas, así con los legados morales, los principios y los valores. Así con el judaísmo heredado sin haber elegido. Muchos creen que no necesitan hacer ningún esfuerzo para mantenerlo o incrementarlo. Pero, la vida judía es dinámica. Uno no puede quedarse parado en un escalón de la escalera fija y ver como otros, montados en la escalera eléctrica van dejándolos atrás.

Desde lo ocurrido inmediatamente después del diluvio universal aprendimos quién era Canaán y que su característica de “siervos de esclavos”, le marcaría por generaciones. 

Y de pronto, la Torá relata que los cananeos, habitantes del país, vieron el sufrir y penar por nuestro patriarca Yaakov en Goren Haatad y dijeron: «Duelo de importancia es ése de los egipcios» (Bereshit 50:11). 

Pero, al Talmud Yerushalmi (Sota 1:10) le interesa enseñarnos que el lugar donde se brindaron las honras fúnebres a Yaakov no se llamaba realmente así. El goren es una superficie de desgranamiento y la palabra atad se refiere a una zarza, un arbusto espinoso. Los cananeos llamaron a ese mismo lugar “Abel-Mitzraim”, el lugar del duelo de los egipcios.

La Torá llama al lugar “espino, ortiga, cardo, abrojo” según explica el Yerushalmi, para indicar que las tribus cananeas que se asombraron pasmados de la gran manifestación de duelo eran protervas y “merecían ser pisoteadas con espinas”, por lo que el lugar se llamó “Goren Haatad”.

Sin embargo, Dios perdonó a esa gente intrínsecamente mala, agrega el Yerushalmi, porque se unieron para mostrar respeto a Yaakov. ¿Por qué Dios perdonó a estos cananeos que eran tan pecadores dignos merecedores de una muerte dolorosa en recompensa por un pequeño gesto de respeto a Yaakov? ¿Cómo podría un acto tan simple superar una vida de pecado?

El Rebe de Tolna sugirió que el valor del gesto de los cananeos radica en el esfuerzo que les tomó llegar y participar en el duelo. Como enseña la Mishná en Avot (5:23), “Lefum tzaara agra“, la principal recompensa que se obtiene por una mitzvá y por buenas acciones es por el trabajo y el esfuerzo invertidos en su cumplimiento.

Los pecadores, pueden ganar una gran recompensa incluso mediante un simple acto de bondad, si necesitan trabajar arduamente para resistir sus tendencias pecaminosas. Es una muy ardua tarea, nada fácil de llevar a cabo.

Y así, los cananeos, que no estaban dispuestos a mostrar respeto a Yaakov, fueron recompensados por oponerse a su inclinación natural y pese a su sentir, presentar sus respetos a un descendiente de Shem.  

El Talmud Yerushalmi agrega: “Si estos, que no hicieron grandes actos de bien pero, se esforzaron y el Todopoderoso les retribuyó, entonces Israel, cuando realizan actos bondadosos con sus cuerpos y sus bienes, para respetar tanto a los grandes del pueblo como a los seres comunes, la gente más sencilla, mucho más”. 

Si el pequeño gesto de respeto de los cananeos los hizo dignos de recompensa, comenta Yerushalmi, entonces solo podemos imaginar la recompensa que ganamos a través de actos concretos de bondad que realizamos. 

Curiosamente, el Yerushalmi enfatiza en este contexto que Am Israel realiza actos de cortesía y amabilidad tanto para “gedolehem” como para “ketaneihem” – por igual a personas distinguidas y plebeyos comunes.

El contraste que se establece entre nuestra nación y los antiguos cananeos se relaciona no solo con el hecho de que los cananeos hicieron solo un pequeño gesto mientras realizamos actos tangibles de bondad, sino también con el hecho de que realizamos bondad para todas las personas, y no solo para las personas importantes o poderosas, famosas como en su muerte nuestro patriarca Yaakov.  

La intención de Yerushalmi, tal vez, es que realizar amabilidad por personas simples y comunes requiere un grado adicional de esfuerzo y sacrificio. Naturalmente, nos entusiasma hacer favores a personas distinguidas, porque tales favores nos hacen sentir importantes o porque suponemos que seremos retribuidos por ello. El desafío más difícil es actuar con amabilidad para “ketaneihem”, para personas comunes y sencillas a quienes no estamos naturalmente inclinados a respetar o tener en alta estima. Cuando superamos esta tendencia y hacemos el esfuerzo de mostrar respeto y actuar con bondad hacia las personas sencillas, nos volvemos dignos de la bondad y las bendiciones de Dios.

Mucho dependerá del esfuerzo que invirtamos.

  

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