Vayeshev

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Breve comentario – Bereshit 38
Breve comentario – Bereshit 39
Breve comentario – Bereshit 40

Yosef   El Tzadik

Vayeshev comienza con Yaacov, pasa a Yosef, habla de Reuvén y Yehudá, y finaliza con Potifar y el ministro de alcoholes y bebidas. Entre las figuras de la lectura semanal, se encuentran personalidades aparentemente menores como las de Tamar [1] y la esposa de Potifar que no aparece por su nombre en el texto, y que intenta seducir a Yosef y al fracasar hace que lo encierren para que luego se convierta en el gobernador de Egipto, trayendo a su padre y a toda su familia al primer exilio del pueblo judío. Son textos posteriores los que nos revelan que su nombre era Zalija.

Hay quienes especulan que ese incidente de Yosef es el que posibilitó el Éxodo y la recepción de la Torá porque sin él, el hijo querido de Iaacov, hubiera continuado siendo criado en la casa de Potifar y su familia no hubiera llegado a Egipto. Hay en esta interpretación, algo muy valioso, que es el mensaje que nos dice que una acción llevada a cabo en un lugar y en un momento, puede desatar una sucesión de acciones impensables en un primer momento e indescifrables para la mayoría de las personas. Claro, que los tosafistas que así lo interpretan, lo hacen muchos siglos después del suceso. Los contemporáneos no pudieron prever jamás lo que iba a suceder después. Hay en esta línea de pensamiento un mensaje para cada uno de nosotros que se apura en sacar conclusiones incluso de acciones inconclusas y derivar de ellas hipótesis y especulaciones.

Nuestros sabios juzgan con benevolencia no sólo a Tamar, a quien el mismo Yehudá da la razón, sino también a la esposa de Potifar (Ver Sotá 10 b, y Bereshit Raba 85, 2), acerca de quien afirman que había consultado a sus astrólogos que le habían revelado, que de ella (o de su hija) Yosef iba a tener descendencia. “¡Vengan y vean las obras de D-os, las cosas admirables que ha hecho por los hijos de los hombres!” (Salmos 66:5), es la invitación del salmista que sirve como introducción a esa interpretación. Nuestros sabios identificaron a Osnat hija de Poti Fera, el sacerdote de On, que según Bereshit 41:45, Yosef tomara por esposa como la hija de esa mujer (ver Yalkut Shimoni) [2].

Las acciones de los seres humanos, se juzgan en las Alturas, no sólo por la forma en que la perciben los seres humanos, sino por sus intenciones, escondidas al ojo del observador terrenal [3].

Son las mujeres de esta parashá las que toman iniciativas, no esperan que los hombres decidan por ellas, no son pasivas. Cuando su interés y por su intermedio, el interés del pueblo se haya en juicio deciden por el pueblo todo.

Sin embargo, otras fuentes nos traen una interpretación totalmente diferente de los mismos versículos, que nos llevan incluso a encontrar una figura jurídica que recién en nuestra época se ha impuesto que es la del “abuso de la autoridad” para obtener medios o acciones reprobadas. Hay por cierto, una escuela completa que intenta ver en esas mismas acciones el mal personificado [4].

En el Talmud (Sotá 32 a) la esposa de Potifar, es criticada porque confabulaba abusando de su posición de ser la cónyuge del amo de Yosef, que le confería autoridad sobre el criado, para disponer de él como mejor le placía. Uno de los midrashim nos cuenta que condujo a Yosef a pasear por el palacio, llevándolo de habitación en habitación, hasta llegar a su punto de destino y allí encontró un ídolo grabado en el cielorraso, que cubrió por respeto, antes de continuar con sus intenciones. A lo que Yosef la increpó diciendo, cubres un ídolo inerme para que no te observe tu accionar y al Santo Bendito que tiene ojos en todo lugar, ¿no temes?

Nuestros sabios comenzaron a llamar a Yosef a partir de este relato que aparece en el midrash “Yosef Hatzadik” [5], sin perjuicio que en la guemará rabí Iojanán interpreta el versículo: “Pero aconteció un día, cuando entró él en casa a hacer su oficio, que no había nadie de los de casa allí” (39:11), que también Yosef sabía de qué se trataba. Ese versículo es discutido también por Rav y Shmuel, quienes se cuestionaban si había ido a trabajar realmente o simplemente porque fue a hacer sus necesidades (en una velada alusión que sabía para qué causa estaba allí). Sin embargo, Yosef huye aunque deje en manos de la mujer sus prendas que servirán para encarcelarlo.

El relato de la Torá no lo dice expresamente, pero, es evidente que las autoridades, incluyendo a Potifar, no creyeron en la confabulación que la mujer tramó, aun usando argumentos que hacían referencia al origen y la clase social de Yosef: “–Miren, nos ha traído un hebreo para que hiciera burla de nosotros. Ha venido a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces. Al ver que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y salió huyendo. Puso ella junto a sí la ropa de Yosef, hasta que llegó su señor a la casa. Entonces le repitió las mismas palabras, diciendo: –El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. Y cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera. Al oír el amo de Yosef las palabras de su mujer, que decía: «Así me ha tratado tu siervo», se encendió su furor. Tomó su amo a Yosef y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey; y allí lo mantuvo” (39:14). Si Potifar hubiera creído lo que su mujer le dijo no hubiera encarcelado a Yosef sino lo hubiera mandado a ejecutar inmediatamente. Los midrashim nos relatan que distintas pruebas que intentó fabricar la mujer fueron llevadas a expertos que demostraron que eran un embuste. Pese a todo Yosef, sale de la trampa, y después de la cárcel llega a los máximos honores.

La mujer de las Escrituras, lejana estaba de ser objeto y sus acciones dejaron su impronta en nuestra historia como nación, como la dejan en nuestra historia familiar. Parece repetitivo, pero, conviene recordar que nuestros Padres y Madres fundadores, fueron seres humanos sometidos a los mismos deseos e instintos que como a nosotros mismos, nos enfrentan con pruebas que debemos pasar exitosamente, según nuestras propias capacidades. Si ellos pudieron, nosotros también somos capaces de ello.

[1] Tamar debe enfrentarse con su suegro Yehudá, engañarlo, embarazarse de él teniendo mellizos. Uno de sus descendientes llegará a ser nada más y nada menos que David el rey de Israel, ascendente de quien esperamos el pronto nacimiento de Mesías.

[2] Jizkuni nos dice que haber tomado a la hija de Poti Fera como esposa, demuestra que no estuvo involucrado con la madre. Otros consideran que la misma familia de la mujer y Faraón necesitaban rehabilitar a Yosef después de lo que sufriera por la acción de la mujer. Para Faraón estaba claro que “el hombre inteligente y sabio”, sobre el cual “está posado el espíritu divino”, no podía haber caído en esa trampa. Es de suponer que Faraón citó a Potifar para verificar personalmente la verdad de la acusación y se convenció que no era sostenible. Por ello, Yosef no fue encarcelado sino en un instituto para detenidos políticos (39:20). La boda fue arreglada por el mismo Faraón.

[3] En varios discutidos casos, algunos de nuestros sabios son más que benévolos en sus interpretaciones, como es el caso de las hijas de Lot, en el que rabí Yehoshúa ben Korja, destaca en Nazir 23 b, que por la acción de la hija mayor, generaciones después tendríamos también como descendiente al rey David. El Santo Bendito fue quien hizo que en la cueva hubiera vino, que dieron de beber a su padre para que pierda la conciencia. Aparentemente esa indulgencia, se basa en las buenas intenciones de las mujeres que tenían según ellas entendieron una buena razón para su conducta, que era la de la salvación de la humanidad que creían podría desaparecer.

[4] Incluso nos encontramos con quienes reprueban a Iaacov por haber besado a Rajel, y a ella por haber sido besada tal como leemos: “Y sucedió que cuando Iaacov vio a Rajel, hija de Labán, hermano de su madre, y las ovejas de Labán, el hermano de su madre, se acercó Iaacov y removió la piedra de la boca del pozo, y abrevó el rebaño de Labán, hermano de su madre. Luego Iaacov besó a Rajel, alzó la voz y lloró” (Bereshit 29:10-11). Sin embargo, hay consenso entre los intérpretes en no ver allí ningún acto reprobado.

[5] Los sabios aportan también otras explicaciones que justifican que le llamen el justo, a las que nos referiremos con la ayuda de H’ en el comentario de la semana próxima.


Reuvén, malogró las oportunidades que tenía de ser el continuador de su padre.

“Reuvén, tú eres mi primogénito, primer fruto de mi fuerza y virilidad, primero en honor y en poder. Impetuoso como un torrente, ya no serás el primero…” (Bereshit 49:3-4).

Reuvén no supo resolver los dilemas que se le presentaron, eligiendo caminos divergentes que no dieron respuesta positiva al desafío moral que debía solventar. En la familia de Iaacov, -como en muchas otras-, hay un hijo elegido por los favores del padre. En nuestro idioma podríamos decir que ese niño era caprichoso y hasta malcriado. Su sueño era ver a toda su familia postrada a sus pies y lo relata. Su padre no sólo que no le regaña sino que le regala una camisa de colores, que aumenta las provocaciones que hace a sus hermanos.

Cuando sus hermanos deciden librarse de Yosef, el consentido, es su hermano Reuvén quien desea ayudarle. “Cuando Reuvén escuchó esto, intentó librarlo de las garras de sus hermanos, así que les propuso: —No lo matemos. No derramen sangre. Arrójenlo en esta cisterna en el desierto, pero no le pongan la mano encima”… El mismo versículo agrega “Reuvén dijo esto porque su intención era rescatar a Yosef y devolverlo a su padre.”, explicándonos sus intenciones, que entendemos, consistían en poder regresar y salvar a Yosef. Pero, los acontecimientos se precipitan y Yosef es entregado a mercaderes que lo llevarán a Egipto para ser vendido como esclavo. “Cuando Reuvén volvió a la cisterna y Yosef ya no estaba allí, se rasgó las vestiduras en señal de duelo. Regresó entonces adonde estaban sus hermanos, y les reclamó: — ¡Ya no está ese mocoso! Y ahora, ¿qué hago?”. Cuando el versículo habla de sus intenciones, quizás desee destacar que no es suficiente tener los mejores designios, si no se actúa oportunamente. Reuvén perdió la oportunidad, y el resto es historia. Reuvén se preocupa. Reuvén piensa. Reuvén no se deja arrastrar por la furia de sus hermanos ni sus instintos más oscuros. Sin embargo, de alguna manera sus intervenciones resultan contraproducentes. No lograrán su efecto.

Es evidente que la Torá quiere que reflexionemos sobre el carácter de Reuvén, por eso nos trae otras viñetas de su personalidad.

Otra ilustración de su vida, es cuando encuentra las mandrágoras que se consideraban afrodisíacos y medicinas para la fertilidad. Sin duda, Reuvén tiene buenas intenciones, ya que desea ayudar que Lea, su madre, recupere el amor de su padre. Pero su acción provoca una amarga disputa entre las dos hermanas, Lea y Rajel. Rajel ve las mandrágoras y las quiere para sí misma. Sin perseguirlo, Reuvén provoca la acongojante discusión entre las hermanas, que no tenía precedentes en toda la Torá.

Al final, en otro apunte, encontramos que Reuvén va al lecho de Bilha la concubina de su padre. Estaba enojado porque a la muerte de Rajel, no se establece en la tienda de campaña de su madre. Iaacov no le perdonará y en su despedida le dirá: “Impetuoso como un torrente, ya no serás el primero: te acostaste en mi cama; profanaste la cama de tu propio padre”. 

Como que Reuvén carecía de confianza en sí mismo, que le empujaba a actuar torpemente. Fue un hijo querido por su madre, pero, distanciado de su padre.

En los tres relatos bíblicos vemos que en los momentos críticos, la incertidumbre le priva de la capacidad para llevar a cabo las acciones correctas.

 Registramos en Reuvén una persona con la más alta sensibilidad ética. Tenía conciencia, pero carecía de valor. Reuvén sabía lo que estaba bien, pero le faltaba la voluntad de hacerlo con valentía y decisión. No tenía el sentido de la oportunidad, ni la fuerza para convertir la intención en acción.

La Torá nos trae estos episodios para mostrarnos la importancia de actuar oportunamente para desarrollar todo nuestro potencial y no dejar que las fuerzas internas, que luchan dentro nuestro, nos alejen del logro de nuestros objetivos, particularmente, cuando están basados en criterios del bien y la justicia.


El Levirato [1]

La tensión entre Yosef y sus hermanos alcanza su punto de ebullición cuando conspiran para matarlo por celos, porque él es el hijo favorito de su padre, pero Reuvén los convence de no ir tan lejos. “Entonces, cuando Yosef se acercó a sus hermanos, le quitaron a Yosef su abrigo, la túnica de muchos colores que tenía, y luego lo tomaron y lo arrojaron a un pozo…” (Bereshit 37: 23-24).

Es oscuramente poético que el primer acto de violencia de los hermanos contra Yosef ataca su vestimenta, el abrigo especial que le dio Yaakov como un signo de favoritismo paternal. Con Yosef fuera de la imagen, el abrigo se convierte en el vehículo de los hermanos también para la venganza contra Yaakov. Lo tiñen con sangre de cabra y se lo muestran a Yaakov como una prueba falsa de que Yosef ha sido asesinado. “¿Lo reconoces?” (Bereshit 37:32) le preguntan a Yaakov, retórica y cruelmente. La vista de la capa especial, ahora rota y ensangrentada, rompe el corazón de Yaakov.

Que pasa alrededor…

Después de la captura y venta de Yosef a la esclavitud egipcia, un episodio sobre Yehuda y Tamar interrumpe la narración. Yehuda tiene tres hijos con su esposa cananea, Shúa: Er, Onán y Shelaj. Tamar se casa con Er, quien muere; Yehuda envía a su próximo hijo, Onán, a cumplir su deber fraternal al casarse con Tamar para poder engendrar un heredero para Er. Onán se niega y muere. Yehuda, temiendo la muerte de su tercer y último hijo, elude la responsabilidad de que Shelaj se case con Tamar y la envíe a la casa de su padre a esperar “hasta que mi hijo Shelaj crezca” (Bereshit 38:11). Tamar espera, e incluso después de que Shelaj alcance la edad de casarse, Yehuda se resiste.

Entonces Tamar toma su destino en sus propias manos, y aquí es donde la acción y la ropa se vuelven interesantes. Habiendo oído que Yehuda estaba viajando cerca, Tamar “desechó el atuendo de su viuda, se cubrió con un velo, se envolvió y se estacionó” (Bereshit 38:14) como una prostituta donde Yehuda se encontraría con ella. Yehuda se acerca y le hace proposiciones, y Tamar le exige una promesa de garantizar el pago de su transacción: “Tu sello, tu cuerda y el cayado en tu mano” (Bereshit 38:18). Los comentaristas medievales están en desacuerdo sobre cuáles son exactamente estos artículos. Rashí dice que el segundo artículo no es un “cordón”, sino el vestido con el que Yehuda se cubrió (véase Rashí en Bereshit 38:18). Pero Ramban no está de acuerdo: “¡No es plausible que él le diera [su] ropa y se alejara de ella desnuda!” (Ramban en Bereshit 38:18).

Vestido o no, Yehuda termina jugando el tonto. Después de su encuentro, Tamar se quita inmediatamente el velo y vuelve a ponerse el atuendo de viuda. Yehuda no puede encontrar a la “prostituta” para pagarle o recuperar sus artículos en prenda.

Él decide dejarla a ella, ¡para que no nos convirtamos en el hazmerreír! Así que Yehuda dijo: “Que se quede con ellos, a fin de que no lleguemos a ser objeto de desprecio. Sea como sea, yo he enviado este cabrito, pero tú… tú no la hallaste”. (Bereshit 38:23). Tres meses después, Yehuda descubre que Tamar está embarazada ilegítimamente, por lo que se prepara para castigarla. Pero esto le llega directamente a la mano y le dice a Yehuda:” Cuando la iban sacando, ella misma envió a decir a su suegro: “Del hombre a quien pertenecen estos estoy encinta”. Y añadió: “Examina, por favor, a quién pertenecen estos: la sortija con sello y el cordón y la vara” (Bereshit 38:25).

La situación se ha vuelto contra Yehuda. Un capítulo anterior, los hijos de Yaakov (incluido Yehuda) le presentaron el saco ensangrentado de Yosef a su padre con las palabras Haker na, “¿reconoces [esto]?” (Bereshit 37:32). Ahora Tamar usa ropa y las mismas palabras contra Yehuda para exponer su hipocresía: haker na, “¿reconoces [esto]?” (Bereshit 38:25). Redak, otro comentarista, lo resume bellamente. Citando a Bereshit Raba (85:11), él dice: “La Torá juega con humanidad: le dijo a Yehuda, ‘le dijiste a tu padre,’ haker na ‘. Por tu vida, Tamar te dice ‘haker na’” (Redak en Bereshit 38:25). 


PROBLEMA   RECURRENTE DE LA ROPA DE YOSEF, QUE SE REPITE

Después del interludio de Yehuda y Tamar, la Torá regresa al destino de Yosef. Potifar, un prominente egipcio, compra a Yosef a los comerciantes ismaelitas y lo designa como jefe esclavo de la casa. Las cosas van bien hasta que la esposa de Potifar siente simpatía por su apuesto sirviente Yosef. Él rechaza sus avances, repetidamente. Pero un día, cuando Yosef y la esposa de Potifar están solos en la casa,   “Entonces ella se agarró de él por su prenda de vestir, y dijo: “¡Acuéstate conmigo!”. Pero él dejó su prenda de vestir en la mano de ella y echó a huir y salió afuera” (Bereshit 39:12). La ropa subraya la acción: la esposa de Potifar es el agresor, agarrando la prenda de Yosef y sosteniéndola después de que huye de sus garras.

Cuando la esposa de Potifar explica a sus sirvientes y luego a su marido por qué tiene la ropa de Yosef, miente. En lugar de decir lo que la Torá acaba de decirnos: que ella agarró su ropa beyadá, “en su mano”, ella sustituye la palabra etzli, “cerca de mí”: “Pero sucedió que luego que alcé la voz y empecé a gritar, entonces dejó su prenda de vestir al lado mío y se fue huyendo afuera” (Bereshit 39:18, ver también 39:15 Y resultó que luego que oyó que yo alzaba la voz y gritaba, entonces dejó su prenda de vestir a mi lado y echó a huir y salió afuera”). Con ese juego verbal, la esposa de Potifar cambia la historia de una fábula de agresión contra Yosef a una acusación de agresión por parte de Yosef. La Torá usa a la ropa de Yosef para impulsar el drama, tal como lo hizo en el episodio de la traición de sus hermanos al comienzo de la parashá.

 [1] La ley del levirato o simplemente el levirato es un tipo de matrimonio en el que la mujer se casa con uno de los hermanos de su marido a la muerte de éste, si no ha tenido hijos, para continuar la línea sucesoria y la descendencia familiar. El término deriva del latín levir, “hermano del marido”. En el judaísmo, el matrimonio por levirato, conocido como yibum, es la unión ordenada por la Torá en el libro del Devarim, que obliga al hermano de un difunto a casarse con la viuda si éste no ha tenido descendencia. Hay una provisión, llamada jalitzá por la que una o ambas de las partes pueden elegir no cumplir la ley del levirato. En diversas zonas rurales de España se han documentado prácticas del levirato (cuando fallecía el padre la madre debía casarse con un hermano de su marido) y el sororato (cuando fallecía la madre el padre debía casarse con una hermana de su mujer).

Un cambio de destino (y vestimenta)

Mirando hacia la próxima parashá (Miketz), somos testigos del ascenso de Yosef al poder en Egipto. El incidente con la esposa de Potifar lo hizo arrojar al calabozo, y su habilidad para interpretar sueños se convirtió en su boleto de salida. Cuando Paró se entera de que Yosef podría interpretar sus inquietantes sueños, “Y Paró dijo además a Yosef: “Yo soy Paró, pero sin autorización tuya no podrá hombre alguno alzar la mano ni el pie en toda la tierra de Egipto”” (Bereshit 41:14). Este momento crea una explicación literaria para el abuso de Yosef por parte de sus hermanos. Mientras que le despojaron de su buena ropa y lo arrojaron a un pozo, Paró ahora restaura la ropa de Yosef y lo saca de un pozo. La inversión de la fortuna y la indumentaria hacen que Yosef cumpla su sueño juvenil de gobernar a sus hermanos y padre mientras se postran ante él (véase Bereshit 37: 5-11). Paró completa el cambio de imagen de Yosef después de designarlo como supervisor de los preparativos de hambruna de Egipto. “Paró se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de Yosef, lo vistió con adornos de lino y colocó la cadena de oro   alrededor de su cuello” (Bereshit 41:42). El atuendo real de Yosef incluye artículos que Tamar usó para exponer a Yehuda, vinculando ese interludio con la narrativa principal a través de la vestimenta. A lo largo de estos episodios, las prendas de vestir resaltan e impulsan el drama que se desarrolla y que es descrito en forma tan real.     


presenta la saga de Yosef.

De los acontecimientos descritos por la Torá podemos ilustrarnos de qué manera, personas cuyo destino es muy importante, se perjudican por actitudes provocadas por las circunstancias y por sus defectos, sin percibir hasta dónde están dañando a los demás.

Yosef, el undécimo hijo de Yaacov, es un pastor de 17 años que trabaja en los campos junto con sus hermanos mayores. Yosef relata a Yaacov cuentos maliciosos sobre los hermanos y al llevar el hermoso abrigo multicolor que su padre le ha dado, Hace alarde de que él es el hijo favorito. Por lo tanto, no es sorprendente que “Cuando sus hermanos llegaron a ver que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, empezaron a odiarlo, y no podían hablarle pacíficamente” (Bereshit 37: 4). Yosef es un “joven”, naar, todavía inmaduro biológica y emocionalmente. Parece ser un narcisista que, como muchos otros, desconoce los mundos internos de los demás.

Rashí y Rambán (Najmánides) excusan el comportamiento de Yosef debido a su juventud, citando variaciones sobre midrashim como Bereshit Raba 84: 7, que describen a Yosef como un joven que se comporta más preocupado por cómo se ve que por lo que hace y si ello molesta o no a quienes comparten su vida, con la extravagancia juvenil de los adolescentes narcisistas de todos los tiempos.

Las desagradables historias que Yosef le cuenta a Yaacov sobre sus hermanos y que aprendemos del midrash, y su narración, como la ostentación de su apariencia, son expresiones de puerilidad, trivialidad, frivolidad, y ligereza. El midrash nos enseña, que Yosef llega a decirle a Yaacov que sus hermanos comen extremidades arrancadas de animales vivos… (Bereshit Rabá 84: 7).

Mi Maestro en la Yeshivá, nos enseñaba que esos relatos eran verdaderos en el contexto de exageradas exigencias de cumplimiento religioso reservado para pocas personas y que uno puede aplicar si lo desea sobre su actitud personal, pero que jamás debe extender a quienes, como sus hermanos, se comportaban como judíos corrientes preocupados por no agregar prohibiciones a las normas que la Torá y que los jajamim no exigen.

El uso inicial de Yosef de su don para interpretar sueños es análogamente inmaduro. Las formas en que describe su contenido revelan un egocentrismo e indiferencia ante los sentimientos de los demás que hacen que el joven Yosef sea una figura difícil de admirar.

Cuando, por ejemplo, les cuenta a sus hermanos acerca de un sueño suyo “y lo refirió a sus hermanos, y ellos hallaron más razón para odiarlo. Y pasó a decirles: “Escuchad, este sueño que he soñado. Resulta, pues, que estábamos atando gavillas en medio del campo, cuando sucedió que mi gavilla se levantó y también quedó enhiesta, y sucedió que vuestras gavillas procedieron a rodear mi gavilla y a inclinarse ante ella”, no nos debe sorprender que sus hermanos “hallaran nueva razón para odiarlo por sus sueños y por sus palabras”. (Bereshit 37: 8).

Aún más, cuando les dice a los hermanos que soñó que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él, sus hermanos llegaron a detestarlo, porque incluso antes de ofrecer una interpretación, Yaacov, que también es un intérprete de sueños, reenciende a Yosef por insinuar que un día él, y Rajel (la madre de Yosef) y los hermanos tendrían que “postrarse ante él” (Entonces lo contó a su padre así como a sus hermanos, y su padre empezó a reprenderlo y a decirle: “¿Qué significa este sueño que has soñado? ¿Acaso yo y también tu madre y tus hermanos vamos a venir de seguro e inclinarnos a tierra ante ti?” Bereshit 37:10). Por lo tanto, es comprensible que después de que Reuvén convenza a sus hermanos de no matar a Yosef, como inicialmente planearon hacer, accedan a apoderarse de él, quitarse el abrigo que había alardeado delante de ellos, arrojar a Yosef a un pozo vacío sin agua y venderlo, a los ismaelitas como un esclavo.

Los ismaelitas llevan a Yosef a Egipto, donde lo venden a Potifar, uno de los oficiales del Faraón (ver el relato bíblico de Bereshit 37: 28-36).

Sin embargo, después de que Yosef es encarcelado por la falsa acusación de haber agredir sexualmente a la esposa de Potifar (Bereshit 39: 11-20), sufre un cambio significativo.

Por primera vez, la Torá describe que .A. estaba con Yosef. Es la bondad de Dios lo que hace que el guardián de la prisión mire con buenos ojos todo lo que hace Yosef, por lo que lo nombra como jefe de los superintendentes (Bereshit 39: 21-22).

Yosef va desarrollando una madurez y un sentido de humildad que antes no poseía. Así, cuando el copero (mayordomo jefe) y el panadero de Faraón vienen a Yosef para interpretar sus sueños, Yosef primero dice: “Por lo cual le dijeron: “Hemos soñado un sueño, y no hay intérprete con nosotros”.

De modo que les dijo Yosef: “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Contádmelo, por favor”

(Bereshit 40: 8). Y cuando le cuentan sus sueños, los interpreta con la verdad y, resulta que con precisión, su auto-engrandecimiento del pasado ha desaparecido.

Para el copero, cuyo sueño, según Yosef, predice su restauración en tres días a su posición anterior, Yosef simplemente solicita que, cuando todo le vaya bien, recuerde a Yosef y le pida a Faraón que lo libere.

Yosef todavía no muestra suficientes cualidades de liderazgo.

Es sólo más tarde, después de experimentar las consecuencias negativas de sus palabras y acciones hacia sus hermanos, abriéndose a la presencia de Dios cuando está en prisión y usando su don como un intérprete de sueños, deja de jactarse de su superioridad, y ayuda a otros a aprender de manera inteligente y honesta sobre su futuro.

De esa manera Yosef comienza a mostrarse digno de convertirse en un líder.

Para el final de la parashá de esta semana, Yosef parece más sabio, aunque ingenuo. El copero olvida hablarle a Faraón acerca de él. Por lo tanto, aprendiendo de su confianza equivocada en la gratitud del mayordomo, la próxima vez, Yosef tomará el asunto en sus propias manos.

Solo entonces Yosef se convertirá en un líder.

Para ello tuvo que recorrer un largo camino de errores y sufrimiento, tal como nos sucede a todos los humanos.

Buscando la armonía

Esta parashá nos permite reflexionar acerca del libre albedrío, la precognición y la responsabilidad.

Cuando nos detenemos a analizar los sueños de Yosef, vemos como están íntimamente ligados a temas más profundos.

Yosef primero tiene sus propios sueños y sólo después interpreta las visiones de los demás.

La pregunta que la historianos plantea a nosotros -y hasta cierto punto a su padre, Yaakov- es si los sueños   representan sus ambiciones personales o si deberían ser vistos como una fina cortina del velo que   escondeun drama mayor del cual también nosotros somos parte.

Sigmund Freud se limitó a verlos sueños dentro del contexto del mundo empírico y el de las emociones. Pero rechazó que los sueños están relacionados con el futuro y la capacidad de predecirlo. No consideró que podamos tener acceso a una visión más amplia que trascienda nuestros deseos personales.

En tiempos bíblicos, la adivinación de cualquier tipo estaba mal vista. Ello nos obliga también a recordarque el judaísmo rechazó, a diferencia de otros credos, que haya una concepción  que se encuentra entre el libre albedrío y el determinismo: el del destino.

El libre albedrío sugiere que nosotros y las otras fuerzas en este mundo somos los únicos determinantes tanto del significado como del valor de nuestras acciones.

El determinismo sugiere quelo que “es” no podría haber sido de otro modo, es decir, simplemente estamos viviendo en un drama prescripto.

El destino funciona de manera muy diferente: ni nos controla ni nos ignora. Más bien, nos invita a vivir una vida más allá del concepto estrecho de interés propio. Podemos vivir nuestras vidas haciendo lo que hacemos, sin reflexionar sobre ningún todo más grande en el que podamos estar participando. Pero si se levantara el velo, como lohiciera Yosef, nuestras vidas estarían imbuidas de significado y dignidad.

No se nos coacciona ni se nos engaña para que reflexionemos sobre nuestro destino, apenas somos invitados. Y con esta invitación viene la posibilidad de pasar de una vida “accidental” a una que esté en armonía con la bondad de la creación original.  

La esposa de Potifar espresentada como la persona que deseó seducir y, por lo tanto, poner a prueba a Yosefy para ser la causa inmediata de su lanzamiento al calabozo.  También sirve para ejemplificar a una persona que no puede ver más allá de sus propios deseos inmediatos. Yosef no es unejemplo moral para ella, sino una tentación. Una vez que Yosef haya reconocido su propio destino, fácilmente podría haberle dicho a la esposa de Potifar lo que más tarde les diría a sus hermanos: “Encuanto a vosotros, teníais pensado un mal contra mí. Dios lo tenía pensado parabien, con el propósito de obrar como sucede hoy, para conservar viva a muchagente” (Bereshit 50:20).

Es un buen judío aquel que elige por su propia conciencia hacer acciones correctas.

Soñar no cuesta nada, pero,los sueños no deciden la realidad. Las circunstancias las deciden únicamente nuestras acciones.



La importancia de la ropa

El  maestro jasídico MenajemNajum de Chernóbil[1] nos ofrece el concepto de que el mundo y nuestras acciones en él, son en realidad las vestiduras de Dios.

El Santo bendito se viste yse oculta con diferentes atuendos: lo que él usa por la mañana, no lo usa en lanoche (Tikuné Zohar 65a; Tikún 22). Y así es, de maneras infinitamente diferentes.

 Se mueve entre sus anfitriones y oye y vetodo, como dice: “Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo elmal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses”. (Devarim 31:18) con diversos atuendos y medios para esconderse… Incluso cuando hacemos negocios para nuestras propias necesidades, para nuestros propios fines, el Santo, elRey, el Rey de Reyes, está oculto, vestido con todo lo que hacemos (Sefer MeorEynayim, Likutim Shir Hashirim).

Este concepto tan abstracto no sólo es poético sino altamente moral.

Las prendas de vestir, que generalmente están destinadas a ocultar lo que está debajo de ellas, sirven para revelar aspectos conmovedores de la historia.

Esta parashá nos permite detenernos en la importancia de la ropa y la manera en la que la Torá marca los matices de sus personajes según van vestidos. 

La ropa dramatiza los temas de la historia de Yosef.   

Ya la Torá había usado referencias a las ropas como por ejemplo:

“E Israel amaba a Yosef más que a todos sus otros hijos, porque era el hijo de su vejez; y mandó hacerle una prenda de vestir parecida a camisa, larga y rayada. 37:3.  : “De modo que aconteció que, en cuanto Yosef llegó a sus hermanos, estos se pusieron a quitar a Yosef su prenda de vestirlarga, sí, la larga prenda de vestir rayada que llevaba puesta” (37:23). En una especie de venganza poética leemos: “Sin embargo, ellos tomaron la larga prenda de vestir de Yosef y degollaron un macho cabrío y metieron la larga prenda de vestir repetidas vecesen la sangre.  Luego enviaron la larga prenda de vestir rayada y la mandaron llevar a su padre y dijeron: “Esto es lo que hallamos. Examina, por favor, si es la prenda de vestir larga de tu hijo o no”.  Y él se puso a examinarla y exclamó: “¡Es la larga prenda de vestir de mi hijo! ¡Una feroz bestia salvaje debe de haberlo devorado! ¡De seguro ha sido despedazado Yosef!” (37:31-33).

Entonces ella se agarró de él por su prenda de vestir, ydijo: “¡Acuéstate conmigo!”. Pero él dejó su prenda de vestir en la mano de ella y echó a huir y salió afuera.  Sucedió, pues, que luego que ella vio que él había dejado suprenda de vestir en la mano de ella para poder huir afuera, (39:12-13)

Y resultó que luego que oyó que yo alzaba la voz y gritaba, entonces dejó su prenda de vestir a mi lado y echó a huir y salió afuera”. 16  Después de aquello, ella mantuvo la prenda de vestir de él colocada a su lado hasta que el amo de él vino a casa. (15-17)

Pero sucedió que luego que alcé la voz y empecé a gritar, entonces dejó su prenda de vestir al lado mío y se fue huyendo afuera (18)

Así leemos que “Paró se quitó el anillo de sellar de su mano y lo puso en la mano de Yosef; y lo vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello” Bereshit 41:42.

Las ropas siguen usándose para determinar los cargos y no únicamente los uniformes de los militares sean de fajina sean de lujo para las pomposas ceremonias. Son su documento de identidad. Hasta hoy se conservan en las pirámides muestras de las ropas entre las que se cuentan las gargantillas, que llegaron a tener varias filas de oro y piedras. En las tumbas egipcias aparecen los ceremoniales.     

Otro aspecto del ciclo de Yosef es que, en comparación con otras partes del Bereshit es la presencia de Dios con Yosef en la casa de Potifar y en la prisión (Bereshit 39: 2-3; 21-23), y de hecho los hermanos le atribuyen a Dios algunas de las acciones de Yosef (leemos“Entonces dijo a sus hermanos: Me ha sido devuelto mi dinero, y he aquí, está en mi costal. Y se les sobresaltó  el corazón, y temblando se decían el uno al otro: ¿Qué esesto que Dios nos ha hecho?” Bereshit 42:28), pero solo al final de la resolución de la historia dice el mismo Yosef que Dios lo trajo a Egipto para salvar sus vidas (Ahora pues, no fuisteis vosotros los que me enviasteis aquí, sino Dios; y Él me ha puesto por padre de Paró y señor de toda su casa y gobernador sobre toda la tierra de Egipto. Bereshit 45: 8). Solo leyendo más adelante, sabiendo lo que sucede, se revelala presencia de Dios. La presencia de Dios está vestida en la fe de las figuras bíblicas; en una serie de eventos en los que los hermanos cosechan lo que siembran; y en la llegada de Yosef a Egipto, lo que lleva a una de las mejores historias de libertad jamás contadas, y sus mensajes para nosotros hoy mismo.

Regresemos ahora a la cita del rabí de Chernóbil y démosle otra lectura: Es poderoso considerar que nuestras acciones son las vestiduras de Dios. Esta enseñanza nos invita a examinar cómo nuestras propias acciones ocultan y revelan la presencia de Dios en nuestras propias vidas y en las de los demás. Y de qué manera, podemos suponer, cómo Dios se vería a sí mismo, debiendo cubrirse con nuestras acciones.


[1] El rabino Menajem Najum Twersky de Chernóbil (nació en 1730, Norynsk,Volinia, falleció en 1787 en Chernóbil, Mancomunidad de Polonia-Lituania)   fue elfundador de la dinastía jasídica Chernóbil. ​Menajem, fue un discípulo del BaalShem Tov, (el rabino Israel ben Eliezer) y del Maguid de Mezeritch. Twerskypublicó una de las primeras obras del pensamiento jasídico.



La saga de Yosef

De los acontecimientos descritos por la Torá podemos ilustrarnos de qué manera, personas cuyo destino es muy importante, se perjudican por actitudes provocadas por las circunstancias y por sus defectos, sin percibir hasta dónde están dañando a los demás.

Yosef, el undécimo hijo deYaacov, es un pastor de 17 años que trabaja en los campos junto con sus hermanos mayores. Yosef relata a Yaacov cuentos maliciosos sobre los hermanos y al llevar el hermoso abrigo multicolor que su padre le ha dado, hace alarde de que él es el hijo favorito. Por lo tanto, no es sorprendente que “Cuando sus hermanos llegaron a ver que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, empezaron a odiarlo, y no podían hablarle pacíficamente” Bereshit 37: 4). Yosef es un “joven”, naar, todavía inmaduro biológica y emocionalmente.  Parece ser un narcisista que, como muchos  otros, desconoce los mundos internos de los demás.  

Rashí y Rambán (Najmánides) excusan el comportamiento de Yosef debido a su juventud, citando variaciones sobre midrashim como Bereshit Raba 84: 7, que describen a Yosef como un joven que se comporta más preocupado por cómo se ve que por lo que hace y si ello molesta o no a quienes comparten su vida, con la extravagancia juvenil de los adolescentes narcisistas de todos los tiempos. 

Las desagradables historias que Yosef le cuenta a Yaacov sobre sus hermanos y que aprendemos del midrash, y su narración, como la ostentación de su apariencia, son expresiones de puerilidad, trivialidad, frivolidad, y ligereza.   El midrash nos enseña, que Yosef llega a decirle a Yaacov que sus hermanos comen extremidades arrancadas de animales vivos…(Bereshit Rabá 84: 7).

Mi Maestro en la Yeshivá, nos enseñaba que esos relatos eran verdaderos en el contexto de exageradas exigencias de cumplimiento religioso reservado para pocas personas y que uno puede aplicar si lo desea sobre su actitud personal, pero que jamás debe extender a quienes, como sus hermanos, se comportaban como judíos corrientes preocupados por no agregar prohibiciones a las normas que la Torá y que los jajamim no exigen.

El uso inicial de Yosef de su don para interpretar sueños es análogamente inmaduro. Las formas en que describe su contenido revelan un egocentrismo e indiferencia ante los sentimientos de los demás que hacen que el joven Yosef sea una figura difícil de admirar.

Cuando, por ejemplo, les cuenta a sus hermanos acerca de un sueño suyo “y lo refirió a sus hermanos, y ellos hallaron más razón para odiarlo.  Y pasó a decirles: “Escuchad, este sueño que he soñado. Resulta, pues, que estábamos atando gavillas en medio del campo, cuando sucedió que mi gavilla se levantó y también quedó enhiesta, y sucedió que vuestras gavillas procedieron a rodear mi gavilla y a inclinarse ante ella”, no nos debe sorprender que sus hermanos “hallaran nueva razón para odiarlo por sus sueños y por sus palabras.” (Bereshit 37: 8).

Aún más, cuando les dice a los hermanos que soñó que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él, sus hermanos llegaron a detestarlo, porque incluso antes de ofrecer una interpretación, Yaacov, que también es un intérprete de sueños, reenciende aYosef por insinuar que un día él, y Rajel (la madre de Yosef) y los hermanos tendrían que “postrarse ante él” (Entonces lo contó a su padre así como a sus hermanos, y su padre empezó a reprenderlo y a decirle: “¿Qué significa este sueño que has soñado? ¿Acaso yo y también tu madre y tus hermanos vamos a venir de seguro e inclinarnos a tierra ante ti?” Bereshit 37:10). Por lo tanto,es comprensible que después de que Reubén convenza a sus hermanos de no matar a Yosef, como inicialmente planearon hacer, accedan a apoderarse de él, quitarse el abrigo que había alardeado delante de ellos, arrojar a Yosef a un pozo vacío sin agua y venderlo, a los ismaelitas como un esclavo. Los ismaelitas llevan a  Yosef a Egipto, donde lo venden a Potifar, uno de los oficiales del Paró (verel relato bíblico de Bereshit 37: 28-36).

Sin embargo, después de que Yosef es encarcelado por la falsa acusación de haber agredido sexualmente a la esposa de Potifar (Bereshit 39: 11-20), sufre un cambio significativo.

Por primera vez, la Torá describe que .A. estaba con Yosef. Es la bondad de Dios lo que hace que el guardián de la prisión mire con buenos ojos todo lo que hace Yosef, por lo que lo nombra como jefe de los superintendentes (Bereshit 39: 21-22).

Yosef va desarrollando una madurez y un sentido de humildad que antes no poseía. Así, cuando el copero (mayordomo jefe) y el panadero de Paró vienen a Yosef para interpretar sus sueños, Yosef primero dice: “Por lo cual le dijeron: “Hemos soñado un sueño, y no hay intérprete con nosotros”. De modo que les dijo Yosef: “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones?  Contádmelo, por favor” (Bereshit 40: 8). Y cuando le cuentan sus sueños, los interpreta con la verdad y, resulta que con precisión, su auto-engrandecimiento del pasado ha desaparecido.

Para el copero, cuyo sueño, según Yosef, predice su restauración en tres días a su posición anterior, Yosef simplemente solicita que, cuando todo le vaya bien, recuerde a Yosef y le pida a Paró que lo libere.

Yosef todavía no muestra suficientes cualidades de liderazgo.

Es sólo más tarde, después de experimentar las consecuencias negativas de sus palabras y acciones hacia sus hermanos, abriéndose a la presencia de Dios cuando está en prisión y usando su  don como un intérprete de sueños, deja de jactarse de su superioridad, y ayudaa otros a aprender de manera inteligente y honesta sobre su futuro.

De esa manera Yosef comienza a mostrarse digno de convertirse en un líder. 

Para el final de la parashá de esta semana, Yosef parece más sabio, aunque ingenuo. El copero olvida hablarle a Paró acerca de él. Por lo tanto, aprendiendo de su confianza equivocada en la gratitud del mayordomo, la próxima vez, Yosef tomará el asunto en sus propias manos. 

Solo entonces Yosef se convertirá en un líder.

Para ello tuvo que recorrer un largo camino de errores y sufrimiento, tal como nos sucede a todos los humanos.


Yosef el soñador

El concepto de dimensiones duales dentro de la historia nacional, así como en la personal, es uno de los más importantes fundamentos de las ideas que surgen de la historiosofía bíblica. En nuestra parashá las dos opciones convergen alrededor de los sueños. Un sueño es, por un lado análogo a una profecía, porque es predeterminado, pero, por otro lado, es también un enigma que puede ser interpretado según las fantasías personales y las emociones ocultas, de modo que el mismo sueño puede dar lugar a resultados diferentes.

Yosef es el soñador, el ‘baal hajalomot’. En hebreo puede interpretarse de dos maneras: como ‘soñador’ o como “maestro de sueños”. El desafío de Yosef esmadurar lo suficiente para pasar de ser simplemente un soñador a ser quien capitanee sus sueños.

Cada uno de nosotros tiene frente a sí un reto similar.

Yosef comienza la narración con una mentalidad determinista: Permanece pasivo. Él vio sus sueños como “destino” – un futuro divino, pre-determinado que tenía que ser cumplido. Yosef no se pregunta a sí mismo las preguntas correctas:”¿Qué quiere decirme el sueño? ¿Me pide que haga algo? ¿Qué misión se me confía?”.

Ese fue su error y su pecado. Él comparte su sueño con sus hermanos, esperando que lo acepten de forma automática, y que el sueño se cumpla por sí. Las tragedias griegas hablan de la arrogancia y el orgullo de los hombres que tratan de escapar de su destino revelado por el oráculo. El destino, según ellos, es inevitable. En última instancia, no hay libre elección ni opción. 

La sociedad post moderna defiende la misma demanda, utilizando alegatos socio-económicos y genéticos, y a los padres, por nombrar únicamente a algunos, para liberar a gente de la responsabilidad de sus acciones.

La Torá rechaza por completo esta sentencia. Nos enseña que los sueños, no son premonitorios como profecías, ni revelan el futuro, sino más bien, tienen como fin prepararnos para saber cómo actuar en relación a las cuestiones que presentan.

Incluso podemos generalizar y decir que los profetas de Israel vaticinaban situaciones para evitar que se cumplan sus anuncios. Sus amenazas de castigo son siempre un llamado al arrepentimiento, que cuando se logran anulan el correctivo.

El sueño de Yosef no era un llamado a la grandeza, sino una convocatoria a la acción, que podría conducir al honor y la fama.

El momento en que Yosef entiende que su capacidad cuasi-profética no es para darle  una ventaja personal ni para traerle el éxito, sino   le asigna una misión, es el punto de inflexión donde deja de actuar como un soñador del futuro y comienza a actuar como un “profeta”,  un “maestro de los sueños”. Esta transición también cambia el comportamiento de Yosef en relación con sus sueños egocéntricos y por ende pecaminosos, y los convierte en morales y responsables, que le hacen digno de su profecía.

El desafío que enfrentan personas como Yosef es relevante para nosotros.

¿Cómo debemos interpretar los acontecimientos que nos rodean, tanto a nivel personal como  nacional? ¿Cómo vamos a reaccionar ante las dificultades y tragedias?¿Vamos a ceder a la desesperación? ¿Vamos a aceptar lo que sucede como destino inmutable? ¿O vamos a estar a la altura del desafío, y asumir la responsabilidad de hacer del mundo un lugar mejor?

La respuesta parece clara.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. FRANCISCO OSORIO ACEVEDO dice:

    Esperamos mucho de usted, rav.
    MAZAL TOV!

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  2. Grace Nehmad dice:

    Gracias mi Rav por iluminarnos y aclarar en dónde debemos concentrar nuestros esfuerzos.

    Le gusta a 1 persona

  3. Daniel harari dice:

    Hola yerajmiel .me encanto tus comentarios .un abrazo .dani harari de argentina

    Le gusta a 1 persona

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