La festividad de Purim es definida por algunos como el “carnaval judío”. En ella, la gente se disfraza, acude a bailes, come y bebe hasta emborracharse, envía regalos a sus seres queridos y a los necesitados. Y todo siguiendo las prescripciones de la festividad, según nuestros sabios.

Del valor espiritual de esta fiesta material es que trata este artículo.   

El festejo de Purim contiene los siguientes elementos: la lectura de Meguilat Ester (el Rollo de Ester), que cada persona envíe regalos a su prójimo, dar obsequios a los necesitados, leer la Torá, decir al hanisim (por los milagros) en la Amidá (una de las plegarias diarias) y en la oración de gracias de las comidas, participar en banquetes; beber y comer y abstenernos de ayunar y de decir panegíricos por los fallecidos.  

Purim se conmemora el 14 y el 15 del mes de adar, según se trate o no de ciudades amuralladas desde “la época de Yehoshúa”, en recuerdo de la salvación de los judíos de los decretos de Hamán en la época de Asuero, según los cuales se debía exterminar a todos los judíos. Hamán incluso realizó un sorteo para determinar la fecha de la realización de su designio.   Revisando rápidamente la lista de actividades prescritas para esas fechas, podemos comprobar que los festejos de Purim no son únicamente espirituales. Hay un exhaustivo mandato de realizar actividades materiales. Aquí estamos, existimos, comemos, bebemos, estamos alegres. Este mandato no siempre es fácil de realizar, paradójicamente. De allí provienen el banquete de Purim y el envío de presentes, y los obsequios a los menesterosos, que desean expresar nuestra preocupación por el prójimo.

Los festejos son una manifestación visible a los herederos de Hamán, que continúan su senda en todas las generaciones, que no lograrán su objetivo de exterminarnos. Son un mensaje a nosotros mismos para interrumpir nuestra indiferencia respecto a los que tienen menos. Ante quienes sufren porque carecen de empleo, de ingresos suficientes, de techo, de ropa, de comida. De lo mínimo, de lo indispensable, de lo que permite vivir con dignidad.   Los días de Purim fueron fijados como jornadas de alegría y festines.

Hay un mandato de realizar un agasajo durante el día. La entrega de obsequios en Purim está destinada a fomentar y estimular el aprecio, la armonía y el respeto entre las personas.   Siguiendo la letra del mandato, cada obsequio debe estar compuesto por lo menos por dos alimentos por cada persona, que deben repartirse durante el día de Purim; son el mishloaj manot. La medida de los obsequios a los necesitados es el doble del de los regalos a los amigos. Se deben entregar obsequios a dos menesterosos por lo menos, a fin de acentuar las cualidades de piedad que poseemos. Son los llamados matanot laevionim. En este último caso no es obligatorio dar alimentos, al contrario, es preferible dar dinero a quien lo necesita o a las colectas que se reúnen para ser repartidas equitativamente.  

LOS NECESITADOS ESTAN CERCA  

Desde la época talmúdica en los países del exilio judío se acostumbró realizar colectas especiales para satisfacer las necesidades de la fiesta de los estratos desaventajados, dinero que alcanzaba en muchos casos para cubrir lo imprescindible de la festividad siguiente: Pésaj.   Esta es la fría letra de lo decidido por la codificación rabínica. Es la norma. Es la mitzvá, aun cuando las comunidades judías viven momentos en los que no hay necesitados cerca. Hay que buscarlos.   En nuestro tiempo, lamentablemente, las personas necesitadas están cerca y no hay pretexto y no debe haberlo para mirar hacia otro lado.   Purim nos dice que para poder enfrentar a quienes quieren exterminarnos, debemos estar unidos socialmente, en la solidaridad amplia.   Sin avergonzar a nadie.   Con discreción. Casi en forma anónima.   Pero, para que llegue a todos.   No hay que esperar que los pobres pidan. Hay que adelantarse.   Matanot laevionim es también dar trabajo. Hay que reducir al mínimo los regalos a los amigos que tienen y pasar el gasto y el esfuerzo para el necesitado. Si, no se debe olvidar a los amigos en la fiesta, pero, para ellos, si tienen todo, es suficiente un alimento preparado en casa, algo simbólico que no exige inversión. Dar de más a los que todo tienen y no repartir a los menesterosos, no es sólo de mal gusto, sino de perversidad indescriptible.   De los fondos que los pobres recibirán debe alcanzar hasta Pésaj.   ¿Por qué no adelantar el vaciado de alacenas en algunos días? Si lo hiciéramos, podríamos entregar esas latas que no guardaremos después de Pésaj a quienes pueden consumir su contenido hoy mismo y saciar su hambre.   ¿Por qué no revisar los armarios para Purim? Quizás encontremos más de una prenda que ya no nos sube y, seguros de no recuperar jamás la silueta que tuvimos hace 20 años, regalarla a quien no tiene ropa buena para cambiarse.   En Meguilá 7 a, leímos: “Dijo Rav Yehuda, dijo Shmuel: Ester no vuelve impuras las manos…”, y un poco más adelante leemos: “Rut, el Cantar de los Cantares, y Ester, vuelven impuras las manos”. ¿Qué significa esta críptica discusión? Algo muy simple. Cuando los pergaminos vuelven impuras las manos con el tacto, se trata de textos recibidos del Espíritu Divino, textos que tienen santidad, que son canonizados. En Yadaim, Cap. 3 mishná 5 leemos: “Todas las sagradas escrituras, vuelven impuras las manos”.   Quizás la verdadera causa de esa decisión de nuestros sabios haya quedado olvidada, es probable que se trate de profundas cuestiones espirituales que están lejanas de nuestro entender. Quizá la caracterización no se refiera a la piel o al pergamino, sino a sus letras.   Sin embargo, la Guemará en Shabat 14 a, nos enseña: “Está prohibido el contacto con las Sagradas Escrituras, para que no sean usadas para guardar entre ellas los alimentos de trumá, porque los ratones podrían pasearse entre ellos”. Respuesta sin filosofía. Simple. Concreta. Al declarar la impureza de quienes tocan los textos sagrados, se evita la mezquindad de quienes desean ocultar los alimentos en los lugares de acceso exclusivo de los privilegiados. De los dueños del poder.

La trumá, era la ofrenda alzada que los agricultores estaban obligados a entregar a los cohanim y éstos con la disposición de la impurificación que los incapacitaba ritualmente, ya no pudieron ocultar los alimentos entre los libros sagrados.   La discusión se acabó. Ester forma parte de los libros canonizados. Vuelve impuras las manos.  

CUIDADO CON LOS RATONES  

En nuestros días, en los que no guardamos el principio de la impureza de las manos, quizás haya que entender la decisión talmúdica de esta manera: puedes tocar, acariciar, ver, leer, enrollar el pergamino. Ester forma parte de las escrituras sagradas, pero puedes acercarte a su texto. Nada te pasará en las manos. Pero no se te ocurra guardar, en el día de su lectura, comida que te sobre, porque vendrán los “ratones” y no la podrás usar. Esa comida, sagrada, está reservada para ser entregada como matanot laevionim, los obsequios a los humildes. Que no quede en tu casa junto a la meguilá. Si decidieras guardarla, la convertirías en impura. Se vencería. No sólo desde el punto de vista bromatológico, sino, lo que es mucho peor, humanamente impura. Quedaría fuera de la posibilidad de dar vida, de brindar dignidad, alimento, amor, solidaridad. Reservada para los ratones y las alimañas.   Úsala para alimentar a los que no tienen cómo poner la mesa, o pagar las cuotas de las escuelas de sus hijos, o que carecen de ropas y calzado. Toma el dinero que tienes y que no usarás en los próximos días y entrégalo a quien lo necesita para cubrir sus necesidades inmediatas en este Purim. Hazlo generosamente para que alcance para Pésaj.  

Ningún descendiente de Hamán se animará con quienes saben gozar la fiesta compartiéndola con su hermano necesitado. La unión entre los judíos y de ellos con toda la humanidad, no es producto de proclamas, ni se logra con debates intelectuales. Se da también en Purim, cumpliendo sus preceptos.  

Y con esa alegría en el espíritu, la de saber que no hay mesa sin manjares en el banquete de Purim, uno puede beber abundantemente hasta perder la cuenta entre maldito Hamán y bendecido Mordejai. Porque nos reiremos de Hamán y sus hijos.

Y la bendición de Mordejai nos cubrirá.


 

0 Comment

  • Grace Nehmad, 21 marzo, 2019 @ 1:13 am Reply

    Muchas gracias mi Rav por enriquecer nuestro conocimiento de estos detalles y reflexiones dd Purim! Me ayudas mucho a profundizar en mis rezos y meditaciones y en pulir mi práctica.

  • Gracw nehmad, 21 marzo, 2019 @ 1:17 am Reply

    Mi Rav mil gracias por iluminarne con estos detalles de Purim! Spoyas mis nefitaciones, rezos y práctica.

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