La parashá nos invita a reflexionar el fenómeno de las plagas que asolaron a Egipto y a sus habitantes, también a los hijos de Yaacov analizando variables que nos pueden parecer fantásticos en una primera lectura pero que igual nos dejan enseñanzas.

Podemos explicar las plagas a través de fenómenos naturales -condiciones atmosféricas, desastres meteorológicos, granizadas, lluvias torrenciales- todas las circunstancias ecológicas que podrían haber afectado al Alto Egipto en esa fatídica primavera temprana o tardía. Con ello afirmaríamos una vez más que el verdadero milagro es ver de qué manera la naturaleza actúa por mano divina, justo en el momento en que la necesitamos. Esa función de la naturaleza es el milagro para nosotros, que puede ser hermoso y un milagro terrible para nuestros enemigos.

 También podemos intentar entender a la sucesión de las plagas como un ataque teológico coordinado sobre el “Panteón egipcio”. Heket: la deidad egipcia diosa benéfica, símbolo de vida y fertilidad que preside los nacimientos y como comadrona ayudaba en el parto, representada como una rana, Sobek como dios cocodrilo, Hathor, divinidad cósmica, diosa nutricia, diosa del amor, de la alegría, la danza y las artes musicales como una vaca, Ra, dios del cielo, dios del Sol y del origen de la vida, era el símbolo de la luz solar, dador de vida, así como responsable del ciclo de la muerte y la resurrección el sol, y productor de luz, Nut: la diosa de la noche, “La Grande que parió a los dioses”, es la diosa del cielo, creadora del universo y los astros, Mafdet, representada como un felino, cuya labor era la de ofrecer protección contra animales venenosos, tales como la serpiente o el escorpión, también representaba la justicia, y con mayor fuerza la ejecución.

Cada plaga es una declaración teológica de la preeminencia del único Dios sobre todas las “deidades” egipcias. Es una negación temprana al paganismo de los pueblos de esa época. Antes que nuestros lejanos abuelos llegaron a Sinaí para oír: “No tendrás ni reconocerás a otros dioses en mi presencia fuera de mí. No te harás una imagen tallada ni ninguna semejanza de aquello que está arriba en los cielos, ni en la tierra, ni en el agua, ni debajo de la tierra. No te postrarás ante los ídolos, ni los adorarás, pues yo soy el Eterno, tu Dios, el único Dios…».

Pero hay interpretaciones más atrevidas, creativas y convincentes que surgen de superponer los primeros capítulos de Shemot, con los primeros de Bereshit. Hay allí similitudes léxicas, estilísticas y estructurales que los vinculan.  

Cuando Moshé arroja su báculo en el suelo delante de Faraón, ¿en qué se convierte? Una serpiente. En hebreo, un tanin o un najash. ¿Cuándo fue la última vez que una serpiente figuró prominentemente en la narración bíblica? En el Jardín del Edén. Avancemos. ¿Cuál es la primera plaga? Sangre. “Cada reunión de agua, mikve maim, se convirtió en sangre.” (Leamos “Y .A. dijo a Moshé: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra. Shemot 7:19) Mikve maim, la misma palabra usada cuando Dios reunió las aguas para crear el mar. ¿Qué plagas vienen después? Ranas, piojos e insectos: todas las cosas espeluznantes que se encuentran en el mar, en la tierra y en el aire. Es una extraña tríada de plagas, hasta que te das cuenta de que es exactamente la misma tríada creada en Bereshit que se multiplicó y pululaba por la tierra. ¿Qué sigue en Bereshit? La creación de la vida animal. ¿Qué sigue en Shemot? La pestilencia, una plaga cuyo objetivo es afectar la vida animal. ¿Y las langostas? – un asalto a la vegetación; y ¿qué es granizo si no es un suceso atmosférico? En cuanto a la oscuridad, representa lo opuesto al acto inicial de Dios de crear luz. ¿Y cuál fue el acto final de la Creación antes del día de descanso?: La creación de la humanidad: un acto que encuentra su horrible reversión en la plaga final, la muerte del primogénito.

Los paralelos no son perfectos, pero son bastante axiomáticas para leer las Diez Plagas como una glosa sobre la historia de la Creación. Si, como dice en Pirké Avot, la Ética de nuestros Padres, el mundo fue creado con diez enunciados (5: 1), los mismos se invierten con las plagas. Si en Bereshit vimos pasar de un estado de caos a un orden estructurado, entonces en Shemot vemos el viaje inverso al corazón del caos, todo el paradigma inicial aparece invertido y transformado.

Si bien es entretenido extraer estos paralelos y yuxtaposiciones, la verdadera pregunta que debemos hacernos es “¿y qué?” ¿Qué significa todo esto? Bien, si entendemos que la audiencia prevista de las plagas fue Faraón y los egipcios, entonces la respuesta es bastante directa. “Usted, Faraón, que se atrevería a convertirse en un Dios, está muy lejos de su alcance. Yo, el Dios de Israel, le mostraré el caos que puedo infligir. Le mostraré lo que significa ser Dios. “Pero como muchos han señalado, las plagas no deben ser entendidas como una táctica dura de negociación por parte de Dios. Si ese fuera el caso, ¿por qué tantas plagas y por qué estas diez específicamente? De hecho, el texto hace explícito que la “audiencia” a la que estaban destinadas las plagas no fue Faraón o los egipcios, sino el pueblo de Israel, que “vio lo que Dios había hecho y creyó en .A. y en Moshé, su siervo” (Shemot 14:31). La explicación mucho más plausible es que la correlación de las plagas con la Creación fue un eco que solo podía ser entendido y apreciado por los israelitas. El número, el orden, la manera de las plagas, el camino hacia la libertad sirvieron para ser una fuente de fe, seguridad y cumplimiento incluso mientras iban a dirigirse a un territorio nuevo e incierto.

Quizás el objetivo de todo esto era los egipcios. Tal vez fueron los israelitas. Lo podemos discutir.  La intención divina es difícil de entender por nosotros. Pero unos miles de años más tarde, el mensaje se vuelve bastante claro, y nos lleva al círculo completo de donde comenzamos.

El mismo Dios que es capaz de realizar actos de creación vivificadora también es capaz de infligir un daño masivo; una observación que no debemos esforzarnos por conocer, es tan cierta hoy como lo fue en la Torá. Pero también significa algo más. También significa que si Dios puede funcionar en múltiples capacidades, creando y destruyendo, entonces cada uno de nosotros, creado en esa imagen divina, puede hacer lo mismo. Como Dios, podemos ser compasivos, misericordiosos y creativos; o como Dios, podemos ser vengativos, castigar y destruir. Como escribió Erich Fromm: “Que el hombre pueda destruir la vida es una hazaña tan milagrosa como que él puede crearla… En el acto de destrucción, el hombre se pone por encima de la vida; él se trasciende a sí mismo como una criatura. Por lo tanto, la mejor elección para un hombre, en la medida en que se ve forzado a trascenderse a sí mismo, es crear o destruir, amar u odiar”. (Fromm, The Sane Society) En última instancia, lo más importante de comparar a Egipto con el Jardín de Edén no se trata de cosas escalofriantes, oscuras o incluso serpientes. El punto más importante de la comparación es que ambas son historias del Éxodo, narraciones sobre personas que abandonan un lugar, Egipto y Edén, a las que, aunque deseen hacerlo, – nunca volverán. En ese sentido, tanto Egipto como el Edén son historias sobre las alegrías y las responsabilidades que conlleva la libertad, y no son diferentes a las nuestras. Imbuido de la capacidad divina de distinguir el bien del mal, dada la libertad de hacer nuestras elecciones, ¿con qué propósito direccionaremos la chispa divina? ¿Al igual que Adam y Javá, habiendo comido del fruto del conocimiento, continuaremos siendo responsables de completar la creación de Dios? O, como el Faraón, endureceremos nuestros corazones, ¿abdicaremos de nuestra humanidad de una manera que demuestra ser nuestra perdición?

Es una prueba de fuego tan buena como cualquiera, en la esfera política, en nuestras relaciones interpersonales, en todas nuestras acciones. Creados a la imagen de lo divino, ¿estamos eligiendo construir o derribar la creación de Dios?

La elección es nuestra única pregunta, en realidad, es en qué camino, qué historia eliges hacerla tuya.

Quizás cuando aspiramos “vernos como si saliéramos de Mitzraim”, estemos anhelando “crear el paraíso Gan Edén, de la Creación”.


 

6 Comments

  • Grace Nehmas, 2 enero, 2019 @ 11:05 am Reply

    Sin embargo, a veces la intuisión nos lleva a mejores decisiones. Como si el corazón fuera guiado por .A. y no necesitara más. Difícil determinar cuándo es autoengaño.

  • gavriel ben avraham, 2 enero, 2019 @ 4:06 pm Reply

    Magnífico comentario. A mí me resulta difícil creer en un Dios vengativo y misericordioso a la vez, me parecen dos cosas opuestas. Me encanta creer que nuestro querido Elok’m es un Dios muy bondadoso.

  • Emilio, 2 enero, 2019 @ 4:22 pm Reply

    Excelente es poco !!!!

    • Grace Nehmad, 3 enero, 2019 @ 6:27 pm Reply

      Cierto! Me parece que aún no hemos comprendido el términos venganza porque es más bien lección, consciencia, educación para aproximarnos cada vez más de ,A,

    • Grace Nehmad, 19 enero, 2020 @ 3:46 pm Reply

      Mi Rav gracias! Es conciencia y trabajo! Saber escuchar y sentir en amor!

  • Grace Nehmad, 26 enero, 2020 @ 2:29 pm Reply

    Gracias mi Rav! Aclaras mucho! Discernimiento y todo viene de . A.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *