Todos los grandes protagonistas de la historia han intentado que hablemos una sola lengua y obedezcamos una sola voz. Pero, al igual que cada tribu de nuestros antepasados cruzó el Mar Rojo por caminos distintos, entre muros de aguas y unos se veían a otros, nosotros sabemos que la verdadera belleza vital está en la variedad. Sólo D’s es Uno, los seres humanos, tenemos por nuestra propia naturaleza, la distinción.
Desde Sargón (como arquetipo) pasando por Alejandro Magno, los emperadores romanos, Napoleón, y de algún modo los grandes imperios actuales, todos los “grandes de la tierra” intentaron eliminar las minorías asimilándolas. Intentaron volver a la Fiesta de Babel: “Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras” (Bereshit 11: 1). Pero, .A. con su propia mano los confundió y confunde una y otra vez, logrando que “ninguno entienda el habla de su compañero”. El intento de establecer un imperio global no tendrá éxito en imponer su autoridad sobre toda la tierra pese a que “nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer” (Ib. 11:6). Solamente siendo “uno mismo” se logra la verdadera supervivencia.
Nosotros, en tanto judíos, debimos buscar refugio muchas veces entre los pliegues de la historia para evitar someternos a “una sola lengua y a unas mismas palabras”. Nuestros opresores, una y otra vez pretendían y siguen pretendiendo asimilarnos o derramar nuestra sangre a raudales.
Pero, por otra parte, la unión es una maravillosa promesa divina, que depende de la intención y del respeto mutuo. Si es para dominar al otro, caerá derrotada como
cada vez que el nuevo Dictador se ha erigido en el Gran Arquitecto de Babilonia.
Nuestros profetas tienen visiones escatológicas de la superación de la división entre las personas: “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios” dice Tzefaniá (3: 9). Pero “a los pueblos”, cada pueblo, cada tribu, según sus propias tradiciones. La diversidad de facetas es precisamente donde reside la belleza de los diamantes.
En tiempo de la Redención, cada uno hablará su propia lengua, pero podrá entender el “lenguaje” de los demás, sin conculcarle sus derechos. Que así sea

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