‘En aquel día lo explicarás a tu hijo diciendo: “Se hace esto con motivo de lo que .A. hizo conmigo cuando me sacó de Egipto”’ Shemot 13:8

Nuestra tradición está colmada de acontecimientos históricos dramáticos, pero, según la Torá, no hay duda que el Éxodo es el acaecimiento más importante. Cuatro parashot, Shemot, Vaerá, Bó, y Beshalaj, tratan este tema y además existe un mandamiento muy peculiar “porque aprisa saliste de tierra de Egipto, para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto” (Devarim 16:3). Normativamente cumplimos ese mandato todos los días con la lectura del Shemá, y además contamos con las referencias al hecho en las obligaciones de Shabat (Ver Devarim 8: 15), las tres fiestas de peregrinación (Vaikrá 23 y otros), el rescate de los primogénitos (Shemot 13:14), los tefilín (Shemot 13:16), y la lista continúa.

El relato debemos hacerlo largamente en la noche del Seder.

Paradójicamente no existe una obligación de relatar la recepción de la Torá en Sinaí, que pareciera ser uno de los dos objetivos del Éxodo, ya que el otro es el ingreso del pueblo liberado a su tierra. Tampoco existen acontecimientos que sirvan para “recordar la Entrega de la Torá”. La respuesta pareciera estar en: “Tomen un manojo de hisopo, mójenlo en la sangre que estará en una palangana, y unten el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el recipiente. Que ninguno de ustedes salga de las puertas de su casa hasta la mañana, pues .A. pasará hiriendo a los egipcios, y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará .A. de largo por aquella puerta, y no dejará entrar al heridor exterminador en sus casas para herir. Guardarán esto por estatuto para ustedes y para sus hijos para siempre. Cuando entren en la tierra que .A. os dará, como prometió, también guardarán esta ceremonia. Y cuando les pregunten sus hijos: “¿Qué significa esta ceremonia?”, ustedes responderán:

“Es la ofrenda de la Pascua de .A., el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios y libró nuestras casas”». (Shemot, 12:22-27).

Pero, en estos versículos hay algo verdaderamente absurdo: ¿Acaso .A. no distingue por sí mismo cuáles son las casas en las que no debe castigar? La respuesta es más que obvia, entonces, ¿para qué toda la ceremonia? – Dios necesitaba cerciorarse si el pueblo que él deseaba sea verdaderamente libre, seguía con los temores de la esclavitud. Aquellos que expresaron, después de las primeras cuatro plagas, cuando Faraón les convocó y les pregunta qué es lo que desean, y Moshé y Aharón vuelven a expresarle que desean salir rumbo al desierto por tres días para adorar a .A. y Faraón contesta:

“—Vayan y ofrezcan sacrificios a su Dios aquí en el país.  —No estaría bien hacerlo así —contestó Moshé—, porque los sacrificios que ofrecemos a .A. nuestro Dios resultan ofensivos para los egipcios. Si a la vista de ellos ofrecemos sacrificios que les son ofensivos, seguramente nos apedrearán.  Tenemos que hacer un viaje de tres días, hasta el desierto, para ofrecerle sacrificios a .A. nuestro Señor, pues así nos lo ha ordenado”.

Así, hablaban los esclavos: Con temor. Temen ser lapidados por los dueños de casa, aun cuando estos se encuentran a la defensiva y en retirada y de esa manera les permiten seguir dominándolos. Por eso .A. pide ahora el sacrificio del cordero venerado por los egipcios. ¿Acaso también después de la Plaga Décima temerán? Quien tenía que ver los dinteles pintados con sangre no era Dios sino los egipcios, los ex dueños de la voluntad de los hijos de Israel.

Por ello, debemos vernos en cada generación y en cada instante de nuestra vida, como si estuviéramos saliendo de Egipto, porque aún no hemos podido liberarnos de los patrones que nos sojuzgan en las naciones. Debemos recordar el Éxodo, porque sin él, no hubiéramos llegado a Sinaí. Sin él, no podríamos aceptar la Divinidad y sin él, no seríamos merecedores de estatutos y preceptos que sólo hombres libres pueden cumplir. Aún aquellos que nunca pisaron la tierra de Egipto deben expresar su recuerdo a esa acción y recordarla con los hijos, es para recordar que alguna vez nuestros padres temieron y sólo cuando se liberaron totalmente pudieron servir a Dios.

Esa es la acción que en definitiva nos convierte en un pueblo. Dado que también hoy, hay quienes temen afectar las creencias del otro, por sentirse en condiciones de inferioridad, el recuerdo a ese acto constitutivo no ha perdido actualidad.

Por último recordemos que en cuatro oportunidades aparecen las respuestas del padre a las preguntas que el hijo formulará, en Shemot 10:20, en 13:8, en 13:14, y en Devarim 6:20 (*), y ya los sabios del Midrash nos dijeron que las buenas respuestas son las que se ajustan a las capacidades de quienes formulan los interrogantes y que por lo tanto no hay una respuesta única y universal.

De allí que la Hagadá nos hable también de cuatro clases de hijos, a los cuales, se les podrá ajustar una respuesta según sus personalidades, sus capacidades, su sinceridad en la búsqueda de la respuesta.

Cuando volvemos a leer y a recordar la epopeya de la liberación, incompleta aún en nuestros tiempos, recordamos que la profecía de Irmiahu, parece cumplirse en nuestros propios días:

»Por eso —afirma .A.—, vienen días en que ya no se dirá: “Por la vida de .A., que hizo salir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto” sino: “Por la vida de .A., que hizo salir a los israelitas de la tierra del norte, y de todos los países adonde los había expulsado.” Yo los haré volver a su tierra, la que antes di a sus antepasados. (Irmiahu 16:14-15).

Quizás sólo dependa de nuestra memoria y de nuestra acción.

1 Comment

  • Grace Nehmad, 22 enero, 2021 @ 11:00 pm Reply

    Recordar y transmitir y continuar el centro de quienes somos y de nuestra misión en la tierra.

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