Yom Kipur es el día más sagrado del año judío. También se lo conoce como el sábado de los sábados. Es el día de la expiación después de Rosh Hashaná, el año nuevo.

En este día, los judíos le piden a Dios perdón por sus pecados y se abstienen de comer y beber, bañarse, ponerse aceites o cremas en la piel, tener relaciones maritales y usar zapatos de piel. Durante Kipur, los judíos asisten a los servicios y leen de un majzor, un devocionario que se usa durante las festividades, en el que aparecen oraciones específicas para ese día. En las comunidades ashkenazíes se recita el Izcor, servicio de recordación a los familiares fallecidos en la que se incluye el recuerdo a los caídos en las guerras por la independencia y la defensa de Israel y por las víctimas de la Shoá. Al final de los servicios, se toca un shofar o cuerno de carnero para señalar el final de Yom Kipur.

En ese día se recuerda también, que cuando Moshé bajó del Monte de Sinaí encontró a los israelitas adorando un becerro de oro y que después de que expiaron su pecado, Dios los perdonó y le ofreció a Moshé un segundo juego de tablas con los Diez Mandamientos, que reemplazó las que habían quedado abatidas.

Tras la destrucción del Templo, los sabios establecieron que cada judío recite por sí mismo el formato de la confesión colectiva y cada quien ponga la intención de incluir sus inconductas particulares al recitarla.

El Gaón Amram, jefe de la yeshivá babilónica de Sura durante el siglo IX, ordenó alfabéticamente un listado, que seguimos hasta hoy, en la que enumera los pecados y que comienza con las palabras Ashamnu y Bagadnu. La idea es que cometimos todas las faltas posibles de ser escritas por las letras hebreas. Entre ellas encontramos que: calumniamos, traicionamos, mentimos, corrompimos… y muchas más.

Esta fórmula nos indica que estamos hablando apenas como individuos de una colectividad en la cual se suman faltas de otros por los que nos hacemos garantes, quizás porque por acción e inacción fuimos responsables por la actitud del otro.

El rabino Adin Even-Israel Steinsaltz, que falleciera hace poco más de dos años, enseñó que, aunque la confesión es larga y detallada, es posible agregar un “pecado” que no aparece en las listas: la falta cometida por perder el tiempo. Desde que Yom Kipur del año pasado hasta este Yom Kipur, el Creador nos dio una vida de un año, que usamos para muchas cosas buenas, y quizás en ella, más de una que debemos confesar. Quizás incluso “robamos”, “fuimos hostiles”, “hablamos de más”, “odiamos” e incluso matamos de verdad cuando desobedecimos los cuidados para evitar la propagación de la pandemia.

Pero recibimos el año pasado para devolverlo. Día a día hora a hora. Y cuando nos encontramos nuevamente en Yom Kipur ¿qué podemos restituir?

Después de todo, nos dio esos días para que pudiéramos mejorarlos, perfeccionarnos, y optimizar a otros y para que eventualmente le reintegráramos más de lo que nos dio.

Cuando nos miramos y vemos también a quienes tenemos a nuestro alrededor, vemos que hay quienes lo devolvieron con agujeros, con días y horas perdidas, con oportunidades desaprovechadas, distraídos en tonterías y en el vacío, particularmente cuando en tiempos de aislamiento y cierres de colegios y trabajos, tuvimos más horas que normalmente.

Este pecado puede no tener corrección, tal vez el tiempo perdido no pueda ser restaurado. Pero, podemos intentar descontar lo que no hicimos y hacerlo ya mismo, pero no podemos reclamar el tiempo en sí mismo.

¿Acaso podemos componer el daño causado al globo? ¿Hay un arrepentimiento reparador para ello?

En este Yom Kipur que comienza en pocas horas, podemos comprometernos a laborar el doble para recuperar lo perdido y no distraernos de nuestro objetivo como judíos y humanos para poder llegar a todas nuestras metas.

Si nos comprometemos a semejante esfuerzo, no le quedará remedio al Creador de todas las creaturas a ampliarnos los plazos fijados por él para que lleguemos a tiempo en nuestra misión.

¡Que seamos inscritos y confirmados en un año de vida, con buena salud, alegría y felicidad, aprovechando cada instante para dar de nosotros lo mejor, sin perder un instante!

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