Por la popularidad que cuenta, Purim parece estar en la cima de la alegría entre las festividades del calendario pero, ciertamente no es la fecha más importante. La salvación de los judíos de los decretos de Hamán no puede compararse con la gesta de Janucá, por ejemplo, y mucho menos con la historia de las fiestas de peregrinación. No en vano no se recita el Halel en Purim.

Incluso después del milagro de Purim, nuestros antepasados siguieron siendo los sirvientes de Ajashverosh, ya que permanecieron en el exilio bajo el dominio persa, y en consecuencia, la salvación, fue incompleta.  Sin embargo, nuestros sabios acordaron que la lectura del rollo de Ester no se suprimirá, tampoco en los tiempos en los que se dejen de leer otros libros bíblicos.

Además, Purim disfruta de un estatus sin igual para el resto de las festividades  hasta que dijeron en el midrash: “los días de Purim nunca serán anulados, como se dice (Ester 9:28): “Así, estos días de los Purim, conmemorados y celebrados de generación en generación, en todas las familias, en todas las provincias y en todas las ciudades, no desparecerán de entre los judíos, y su recuerdo no se perderá entre sus descendientes” (Midrash Mishlé 9:3).

Resulta que hay algo único en el evento de Purim que nunca se había visto antes. La Mishná ve que la Meguilá es apropiada para el ser leída porque habla de un soberano “que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias” (1:2), y de esto los sabios aprendieron que Ajashverosh era el rey del mundo conocido (Meguilá 11a), y lo que  caracteriza a esta nación federativa es su diversidad ya que tuvo que enviar “el rey cartas a todas las provincias, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua” (Ibíd 1:22).

Además, según el texto del libro de Ester, los persas no conocen a los hijos de Israel, e incluso Hamán no hubiera sido consciente de la existencia de los judíos si no le contaran que Mordejay lo era (Ibíd 3:6), ya que incluso no era conocido como judío hasta que él mismo acudió a los sirvientes del rey (Ibíd 3:4) “Y cuando le notificaron a qué pueblo pertenecía, no contentándose con poner la mano sobre él solo, intentó exterminar, junto con él, a todos los judíos de todo el reino de Ajashverosh.”

Recién ahora que se ha emitido el decreto y se han enviado esquelas a todos los países en todos los idiomas para destruir y matar a todos los judíos, todos los miembros del reino ya son conscientes de la existencia de esta gente especial… “un pueblo esparcido y diseminado entre los pueblos en todas las provincias de su reino; sus leyes son diferentes de las de todos los demás pueblos, y no guardan las leyes del rey, así que no conviene al rey dejarlos vivos” (Ib. 3:8). Y de pronto, muchos ya saben que existe una negación total de la fe judía a la idolatría.

Cuando la revolución tuvo lugar en Shushán, Mordejay tomó el lugar de Hamán y se otorgó a los judíos la autoridad de defenderse, “decía que los judíos estuviesen preparados para aquel día, para vengarse de sus enemigos” (Ib. 8:13) se produjo una revolución en todo el reino: ” Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos”.

Este es un fenómeno que no se había visto en la historia hasta entonces: que los judíos salgan a auto defenderse de sus opresores y que muchos se unan al judaísmo. Y esta es una visión que se supone debe caracterizar el fin de los días, cuando muchas naciones se unirán a nuestra fe como se dice: “Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí que vengo, y moraré en medio de ti, dice .A. Y se unirán muchas naciones a .A. en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti;… Y .A. poseerá a Yehudá como su heredad en la tierra santa, y escogerá de nuevo a Jerusalén” (Zacarías 2:14).

Esto puede explicar la fecha establecida para Purim ya que habría sido apropiado establecer la fiesta de Purim al día del año en que fueron salvados, “en el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían”. Pero este no es el día en que se determina Purim, sino que “les ordenó que celebraran todos los años el día catorce y el día quince del mes de Adar, “porque en tales días obtuvieron los judíos paz contra sus enemigos, y en este mes la aflicción se trocó en alegría y el llanto en festividad; que los convirtieran en días de alegres festines y mutuos regalos, y de donaciones a los pobres” (Ib. 9:22).

Singularmente enfatizamos y festejamos los días de paz y tranquilidad y no la fecha de la victoria. Quizás los días de Purim se determinaron precisamente para los días de descanso, ya que prefiguran el futuro, en el que se enfatizarán las guerras contra los impíos del mundo.

Maimónides en (Leyes de los Reyes 12: 1), describió estos días de la siguiente manera:   “El fondo del asunto es que Israel habitará seguro con los impíos del mundo, que son comparados con lobos y tigres, como dice, “el león de la selva los matará, los destruirá el lobo del desierto, el leopardo acechará sus ciudades; cualquiera que de ellas saliere será arrebatado; porque sus rebeliones se han multiplicado, se han aumentado sus deslealtades.” (Yrmiahu 5: 6). Pero todos regresarán a la religión verdadera y no robarán ni destruirán. Más bien, comerán cómodamente los alimentos permitidos…”

Los días de Purim fueron celebrados por los judíos en diferentes períodos en un doble sentido: como una admisión de su existencia y como una expresión del milagro de la misma en el presente, a pesar de los decretos y las víctimas, los disturbios y los desastres que les fueron infligidos por los gobernantes y vecinos.

Bajo el velo de las máscaras podían expresar su corazón y disipar su ira y frustración ante los perseguidores y sus complots.

En los términos más simples, los días festivos bíblicos marcan eventos históricos como Pesaj con el Éxodo de Egipto y Shavuot con la entrega de la Torá. Pero esta es solo una manera muy limitada de entender las festividades. “Cada día festivo no es solo una conmemoración de un evento que ocurrió una vez”, nos enseña el rav Pinchas Winston que “representa la apertura de un portal a una luz espiritual que no está disponible a diario y que nos permite lograr grandes cosas espirituales. La luz a la que accedemos en festividades en realidad pertenece a un período del tiempo futuro”.

“La luz de Purim corresponde a uno de los niveles más altos en el mundo espiritual y su luz continuará brillando a lo largo de los días.

Durante la historia que se desarrolla en el Libro de Ester, la mano abierta de Dios está oculta. Reconocer a Dios cuando su poder no es visible completa y obviamente, es una habilidad espiritual avanzada.

La luz distintiva de Purim, que está encarnada en la capacidad de reconocer a Dios incluso cuando está oculto, nunca se extinguirá. Dios le otorgó una recompensa eterna al pueblo judío por reconocer a Dios en los eventos de la historia de Purim a pesar de que estaba escondido. Esa recompensa es la garantía de que nunca perderemos la capacidad de ver y entender quién está realmente dirigiendo el mundo.

“Purim continuará existiendo, porque la gente continuará necesitando una ventana de oportunidad para acceder a ese tipo particular de luz”. También este año debemos alegrarnos con la salvación de los antiguos judíos a pesar de la sombra de las más recientes calamidades.

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