Nuestros sabios tuvieron la capacidad de encontrar pistas de gran significado en las letras de la Torá y así nos enriquecieron con sus habilidades.

Pero, no se trata de divertimientos sin moraleja. Todas tienen una enseñanza a la que igualmente se hubiera podido llegar sin ese esparcimiento enriquecedor por sí mismo.

Un ejemplo nos lo da el discípulo del Baal Shem Tov, (el rabino Israel ben Eliezer) y del Maguid de Mezeritch, Rav Menajem Najúm Twersky de Chernobyl, en su obra Meor Einayim sobre parashat hashavúa, quien afirmó que la celebración de Janucá fue “prevista” por Avraham e Yosef, dos figuras que aparecen en el Sefer Bereshit.

Mientras Avraham se dirigía con Yitzjak al monte Moriá para cumplir con el mandato de dedicar a su hijo, dice el Meor Einayim, que les dijo a sus asistentes que esperaran aquí por él y por Yitzjak mientras él e Yitzjak avanzaban – “neljá ad co“, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. (Bereshit 22:5).

La palabra “co”, señala Meor Einayim, se escribe con las dos letras “caf” y “hei”, que numéricamente equivalen a 25, y este número alude así a la victoria de los Jashmonaim del 25 de kislev, tal como lo rememoramos en  Janucá.

Y Yosef, como leemos en nuestra parashá, le expresó un deseo especial a Binyamin cuando fue llevado a Egipto, “Elokim yojnejá bení” – “Dios tenga misericordia de ti, hijo mío”. (43:29). Las últimas tres letras de la palabra “yojnejá” son j.n.c, la raíz de la palabra “Janucá .”

¿Qué conexión podría haber entre Janucá y estos dos contextos (la historia de Akedat Yitzjak y la historia de la reunión de Yosef y Binyamin en Egipto) que haya llevado al Meor Einayim a encontrar una alusión a Janucá en estas narraciones bíblicas?

Con respecto a la Akedá de Yitzjak, la respuesta probablemente esté en la noción de sacrificio. Así como Avraham estaba dispuesto a ofrendar a su amado hijo en cumplimiento del mandato de Dios, los Jashmonaim demostraron una lealtad y una obediencia total a la Torá frente a la opresión feroz e implacable que estaban sufriendo. Se dispusieron valientemente a arriesgar sus vidas para defender su fe y tradición que fueron objeto de un brutal asalto, quizás inspirándose en la devoción ilimitada de Abraham a Dios que se mostró en Akedat Yitzjak.

Pero, ¿Cómo podríamos explicar la segunda alusión de Meor Einayim: la bendición de Yosef a Binyamin a la llegada de este último a Egipto?

El afecto especial de Yosef por Binyamin se derivaba no solo de que él era el único hermano completo de Yosef, del mismo padre y madre, sino también de que Binyamin era el único hermano que, como enseña la tradición, no participó en la venta de Yosef como esclavo.

Binyamin, por lo tanto, quizás represente a la minoría disidente, el individuo o grupo de individuos que se niega a dejarse desviar por la mayoría. Sirve como símbolo para aquellas figuras heroicas que tienen el coraje de nadar a contracorriente, que escuchan a su conciencia en lugar de a sus compañeros, y que se quedan al margen cuando los demás actúan mal. Y así, Meor Einayim señaló a Binyamin como un símbolo temprano de la lucha librada por los Jashmonaim, quienes resistieron la ola de helenismo que barrió la nación judía en ese momento, y defendieron heroicamente la creencia y la práctica judías. Como Binyamin, eran la pequeña “jarra” que permanecía “pura” cuando el resto estaba “contaminado”. Nos enseñan que podemos y debemos permanecer fieles a nuestros principios incluso cuando son impopulares, y reunir la fuerza, el coraje y la confianza para hacer lo correcto también cuando la mayoría de las personas que nos rodean no lo son.

Ilusración: Marc Chagall – la Tribu de Benjamim

 

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