Exogamia: diagnóstico y prevención / Yerahmiel Barylka (2002)

Este libro actualiza, a partir de la realidad israelí la obra Matrimonio Mixto publicada previamente en dos ediciones en México, para tratar el flagelo más grande que tiene el pueblo judío en nuestro tiempo su desintegración como resultado de la asimilación cultural en las sociedades abiertas. La mayoría de las personas que buscan casarse con personas de otra fe, olvidan su pertenencia al pueblo de sus antepasados, abandonan las tradiciones y en muchos casos se convierten (en el caso de los judíos) en auto-odio y son los más grandes detractores del pueblo de Israel y de su Estado.

A lo largo de historia las comunidades judías se encontraron ante dos limitaciones muy claras, la primera debida a la prohibición del incesto que obligaba a evitar el parentesco en las relaciones familiares tal como están descritas desde las Escrituras bíblicas y talmúdicas, y la otra, en encuentro con personas de pensamiento pagano o que impidiera la educación en el marco judío de la descendencia.

A la finalización de la segunda guerra mundial que por la Shoá mermó radicalmente la cantidad de judíos al grado de poner en peligro la continuidad de la nación, se percibió un aumento radical de las bodas fuera de la comunidad cuando la generación siguiente cortaba los lazos con sus raíces.

Exogamia, presenta una visión sicológica que explica razones de las elecciones de pareja fuera del núcleo, por primera vez en idioma español y analiza los límites de los líderes comunitarios en el tratamiento de los casos. 

El matrimonio mixto es consecuencia de una identidad judía deteriorada o inexistente, y en otros casos, de dificultades objetivas y subjetivas para poder formar pareja dentro del marco comunitario, dice Barylka. 

 Los padres no saben entender el fenómeno y se culpan. Los jóvenes que desean seguir siendo judíos se enfrentan con muchas dificultades para su continuidad.

Nuestro convencimiento, dice Barylka, no se basa en la suposición que el judío es superior, más inteligente, más noble, más hacendoso, mejor ni peor que cualquier otro descendiente de Adán. Ser judío no hace a nadie especial. Un judío dice Kagan, “es como los demás hombres, como algunos otros hombres y como ningún otro hombre; entre ellos hay gente por debajo del promedio, iguales al promedio, por encima de los usual, algunos talentosos, otros creativos y también unos cuantos genios al igual que unos cuantos malandrines”.

Las personas se reconocen en su sufrimiento y en la gloria, más no en elementos externos. Por lo que no hay espacio para división ni para discriminación. Pero, simultáneamente, tenemos el derecho inalienable e imprescriptible de preservar a nuestro pueblo, derecho de igual valor al de todos por luchar por su continuidad y por sus costumbres. 

 “El hombre – dijo el rabí Meir – se diferencia en tres cosas de su prójimo, en la voz, en el aspecto y en la mente” y el mismo rabí Meir dice más adelante: “El polvo del primer hombre (el polvo que sirvió para crearlo) fue recogido en toda la tierra…”

Vemos que era claro para nuestros maestros que todos los humanos son iguales, distinguiéndose únicamente por su individualidad física, la independencia del pensamiento y la conducta, la elección de credo y de las prioridades de la vida. No se iguala a las personas borrándole esas particularidades sino respetándolas. Para ello, cada grupo debe seguir siendo fiel a sí mismo.

Se recomienda la lectura de Exogamia-diagnóstico y prevención, a dirigentes comunitarios, rabinos, padres de familia, jóvenes y personas que buscan pareja para formar un hogar judío.

 

 

 

 

 

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