• Cuando en la sinagoga se leen las genealogías, muchas veces no les prestamos atención. Nos parecen aburridas y sin sentido. Sin embargo, la Torá nos enseña principios también cuando nos trae linajes, más allá de saber la sucesión de las familias. Por ello es importante aguzar el oído no sea que perdamos importantes enseñanzas.

El Rav David Silverberg, observa que en Parashat Vayigash la Torá enumera los nombres de los hijos, nietos y bisnietos de Yaakov que se mudaron con él de Canaán a Egipto y que incluían a Jushim al único hijo de Dan (Bereshit 46:23). Pero… curiosamente, al mencionar a Jushim, la Torá habla en plural de los “hijos” de Dan: “Uvnei Dan, Jushim” (“Y los hijos de Dan eran Jushim”). Ibn Ezra y siguiéndolo también Jizkuni, sugiere que se usa la forma plural porque Dan en realidad tuvo dos hijos, uno de los cuales murió y, por lo tanto, no se menciona por su nombre. Por lo tanto, la Torá habla de los “hijos” de Dan, pero enumera por su nombre solo a Jushim, el sobreviviente.

Rav Hilel Poisic, en su obra Hilel Omer (acerca de Yoré Deá 58), entendió que Ibn Ezra interpretaba el versículo en el sentido de que los dos hijos de Dan se llamaban Jushim. Por lo tanto, sostiene que este versículo sirve como fuente jurídico-halájica para permitir llamar a dos hijos por el mismo nombre, lo que fue objeto de controversias entre los rabanim.

Rav Eliezer Waldenberg, sin embargo, en su Tzitz Eliezer (11:56), descartó esta prueba, señalando que Ibn Ezra no menciona en absoluto que los dos hijos de Dan hayan llevado el mismo nombre. Ibn Ezra afirma simplemente que Dan tuvo un hijo además de Jushim, y es por eso que la Torá usa el término plural “Uvnei”. Por lo tanto, no hay prueba de este versículo permita llamar a los niños con el mismo nombre.

Debe notarse, sin embargo, que el rav Poisic también trae una segunda prueba en su obra, tomada del libro Divrei Hayamim I (3: 6,8), donde los versículos enumeran el nombre de los hijos de David que nacieron después de que él se estableció en Jerusalén, y menciona dos nombres dos veces: Elishamá y Elifelet. Rashí explica que el rey David tuvo dos hijos con estos dos nombres que murieron, y nombró a dos de sus hijos posteriores con estos nombres. Esto sin duda parecería probar que a un niño se le puede dar el mismo nombre que se le dio a un hermano mayor.

En términos prácticos, Rav Poisic concluye que, como práctica común es no dar el mismo nombre a dos niños, esto debe evitarse, aunque es aceptable darles nombres que sean incluso ligeramente diferentes entre sí, como Elazar y Eliezer. Esta es también la conclusión de Rav Waldenberg, aunque agrega que no se debe dar a dos niños nombres similares si la intención es nombrarlos como el mismo familiar fallecido. Señala los comentarios de Rav Malkiel Tzvi Tenenboim de Lomza, en Divrei Malkiel (3:75), quien escribe que sería una falta de respeto a los padres nombrar a dos de sus hijos después de ese padre, ya que esto podría dar la falsa impresión de que en realidad tenían más que un padre. Por lo tanto, incluso si hay alguna pequeña diferencia entre los nombres, uno no debería, según Rav Waldenberg, nombrar a dos niños para honrar o recordar a la misma persona.

Estas razones no tienen que ver con la creencia en el mal de ojo, a la que hago amplia referencia en mi libro sobre las Supersticiones y Creencias Populares del judaísmo y que todavía muchos creen que son las fuentes de esas costumbres tan claramente explicadas por los jajamim nombrados en esta reseña.

 

 

 

 

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