“Entra tú y toda tu familia en el arca, porque a ti he visto justo delante de mí en tu generación” (7:1)

Una de las preguntas más difíciles que nos presenta la Torá es la referida al Diluvio Universal y a su actor más visible, Noaj. Si Noaj es un justo, es una cuestión que en su momento, Rashí con proverbial maestría intentó contestar con la discusión entre Rabí Iojanán y Reish Lakish en Sanedrín, dejándonos de alguna manera, la elección en nuestras manos. Pero, aún seguimos preguntándonos si además del castigo a una generación que se había pervertido, el diluvio sirvió para que el ser humano sea mejor.

El diluvio universal fue un parteaguas en la Creación, provocando el nacimiento de una nueva, apenas bajaron las aguas. Uno de los más discutidos filósofos de las últimas décadas, Yeshayahu Leibowitz, veía que el mundo anterior al diluvio que fue creado por la Misericordia Divina, fue conducido sin seguir las reglas de la naturaleza. Según nuestra visión de normalidad todo en él era milagroso, en él no había orden definido, los cambios eran imprevisibles e ilógicos, las temperaturas pasaban de un extremo a otro sin que se sucedieran las estaciones, podía cambiar y ser destruido en cualquier instante. Pero, en el nuevo mundo nacido después del diluvio, hay normas universales que rigen la naturaleza y otras que rigen las conductas de los seres humanos, como los siete preceptos de los hijos de Noaj decididos aún antes de la entrega de la Torá en Sinaí. El diluvio no cambió la naturaleza humana ni modificó las conductas de los seres humanos. La única diferencia es que, al establecerse la normatividad, aparece la posibilidad del castigo por el crimen cometido, lo que hace que hasta el mismo Noaj pueda ser juzgado retroactivamente según esas pautas. Una vez que existe la norma se puede saber cuál será la consecuencia de su violación. .A. reconoce que el instinto del hombre es perverso desde su juventud, pese a lo cual promete no volver a maldecir la tierra por culpa suya, ni destruir a todos los seres vivientes, y mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches. (Ver Bereshit 8:21-22). Si aceptáramos ese razonamiento, concluiríamos que el nuevo mundo es menos bueno que el anterior. El nuevo necesita de normas más claras, de regularidad, y ya no hay confianza en las capacidades humanas de elegir entre el bien y el mal si esos valores no son normados.

El Rabino Dr. Yejezkel Lichtenstein, nos dice que Noaj y su familia fueron los primeros habitantes del nuevo mundo, sólo que se encontraban vestidos en el momento del nacimiento del nuevo universo. Pero en las personas nada cambió. Noaj se emborrachó, Jam fue maldecido, y el instinto de los seres humanos continúa siendo perverso desde la juventud. Pese a que el mundo ha cambiado, los seres humanos regresaron a ser lo que fueron antes. No escarmentaron con el terrible castigo. El rav de la yeshivá donde estudié, planteaba que también en otras oportunidades, .A. había reducido el “standard de excelencia” de sus criaturas, incapaces de elegir una vida más elevada. Enumeraba a las segundas tablas escritas por la mano de Moshé a diferencia de las primeras que, con el mismo texto, había escrito .A. mismo, a la discusión que los jajamim traen acerca de las críticas de Iosef a sus hermanos a quienes le exigía una conducta de mayor pureza, e incluso a la orden de regresar a la cueva que una Voz le diera a Shimón bar Iojai y a su hijo después que habían “quemado” a quienes se ocupaban de trabajos mundanos. El diluvio sólo logra corroborar que los seres humanos no pueden aceptar el nivel que se les exigía en la primera Creación.

En cuanto a Noaj, tratado con superlativos difícilmente aplicados a ningún otro en toda la Torá, desde que escuché por primera vez el concepto de “tzadik in peltz”, -un pío envuelto en abrigo de piel- (que sólo está preocupado por calentarse a sí mismo en días de frío), no pude sino unirme a quienes interpretan muy relativamente su tzadikismo. La discusión de Sanedrín 108a, aparece en Bereshit Raba entre rabí Yehudá y rabí Nejemiá, casi en los mismos términos: que fue tzadik, ambos coinciden, la pregunta es cuál fue el grado de su piedad. El versículo (7:1) en el que .A. le dice a Noaj: “Entra tú y toda tu familia en el arca, porque a ti he visto justo delante de mí en tu generación”, limita de alguna manera el primero de nuestra parashá “Noaj, hombre justo, era tamim –perfecto [¿?]- entre los hombres de su generación” (6:9).

Tamim es interpretado como humilde y paciente (Rashí), y como Tzadik en sus acciones y entero en su corazón (Ibn Ezra). Pero .A. no usa ni el término tamim y habla únicamente de la generación de Noaj sin dar lugar a las especulaciones de otros tiempos. Rashí nuevamente magistral intenta solucionar el interrogante diciendo que “en presencia de la persona no se la elogia sino parcialmente”, por lo que no hay contradicción. También para .A., siguiendo ese criterio Noaj es casi perfecto.

Sin embargo, regreso al modelo de tzadikismo pasivo de Noaj. Con su accionar se salvó junto a su familia, porque no era malvado. Pero, no ejerció el liderato que se podía esperar de él para salvar a los demás. En ello no puede compararse ni con Abraham ni con Moshé. El profeta Yejezkel, sigue esta línea de considerar tzadik a quien está en condiciones de salvarse de la destrucción (14 12): “Vino a mí palabra de .A., diciendo: «Hijo de hombre, cuando la tierra peque contra mí rebelándose pérfidamente, y extienda yo mi mano sobre ella, le corte el sustento de pan, envíe sobre ella hambre y extermine de ella a hombres y bestias, si estuvieran en medio de ella estos tres hombres: Noaj, Daniel y Job, solo ellos, por su justicia, librarían sus propias vidas, dice .A., el Señor”. Noaj caminó con .A., porque si no, no hubiera podido ser justo. Se hubiera caído. Necesitaba del apoyo. Y si él no podía sostenerse no tenía la fuerza para apoyar al otro. Abraham no necesitaba de ese apoyo. Caminaba solo. “Abraham tenía noventa y nueve años de edad cuando se le apareció .A. y le dijo: –Yo soy el .A. Todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto” (Bereshit 17).

Noaj se encerraba y temía mezclarse con la gente para no absorber de ellos lo negativo. Abraham salía a estar con todos sin temor alguno. Su fe era completa. Su fortaleza interior integral. De esa manera no sólo acercaba a las personas al judaísmo sino que los podía salvar de la destrucción. El conocía al otro. Se unía a él para tomar lo mejor y multiplicarlo.

Por último el midrash también compara a Noaj con Moshé. Acerca de Noaj sabemos que “comenzó a ser un hombre de la tierra”. Inició como justo y finalizó uniéndose a las partes más bajas de sí mismo. Moshé, fue llamado “el egipcio” en Shemot 2:19, llega a la categoría de ser “varón de .A.”, en Devarim 33:1.

Las personas pueden iniciar abajo y elevarse si cumplen su misión particularmente si son líderes o maestros, y pueden iniciar alto y derrumbarse porque olvidan que uno no puede elevarse solo apartado de los demás.

Nuestra época, es en muchas actitudes pre diluviana y de nuestros conductores esperamos que sepan involucrarse en el compromiso de salvar a los demás, enseñarles, unirse a ellos para lograr que mejoren y construyan una sociedad más justa y formen un pueblo que responda a los mandamientos y a los llamados de la ética y la moral.

Pero, diluvio ya no vamos a tener. .A. aceptó ya que no somos mejores que los de épocas pretéritas, ni que el diluvio nos mejorará aún más. Por eso, nuestro compromiso social debe ser aún mayor.

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