El Kli Yakar comentarista bíblico del siglo 17, interpretó nuestra parashá alegóricamente. Las enfermedades que han llevado a la situación de tumá (impureza) descrita en la Torá son espirituales.

Pero, si siguiéramos el arco narrativo y argumental que divide en varios fragmentos o capítulos Parashat Metzorá, descubriríamos  el ritual de reingreso de las personas después de la recuperación de las afecciones de tzaraat de la piel de las paredes y los contenidos de las casas de las personas, y a la discusión de las descargas genitales (zav/zavá) en hombres y mujeres (exprofeso no he traducido los términos en hebreo porque es muy difícil determinar a qué mal se refieren, y hoy más de un comentarista opina que no se trata de la lepra ni de la blenorragia).

Todas ellas van desde las manifestaciones más públicas a las más privadas. Las lesiones de la piel son evidentes para cualquier persona con quien el afligido entra en contacto social así sea superficial. La tzaraat de la casa es más privada, pero es compartida con familiares y amigos cercanos. Se puede ocultar de la opinión pública, pero no de los allegados. Por último, las descargas genitales, se ocultan a todos menos a aquellos con los que estamos en el más íntimo contacto, y en ocasiones es sólo conocida por el afectado. Y, sin embargo, requieren un cierto nivel de separación y un ritual para el reingreso en la relación íntima.

Las lesiones de tzaraat, a pesar de su visibilidad, son, sólo superficiales. Los rabinos las han interpretado como una pista sobre el carácter fundamental del afligido, pero esa idea no está en el texto.

La respuesta común a todas estas situaciones es la separación – del público en general, desde el hogar y la familia de uno, de la propia pareja.

Esta parashá trata de quién está dentro y quién está fuera, quién está limpio y quién es inmundo, con quién podríamos tener contacto  y con quién no puede.

Si vemos bien trata sobre el estigma. Se trata de la forma en que los demás nos estigmatizan y la forma en que podemos estigmatizarnos a nosotros mismos. Al grado que la palabra estigma es el signo de la afección que lo señala, por ejemplo la cicatriz de una herida. En algunos lugares y épocas se acostumbraba marcar a los criminales con un estigma. El estigma social es una característica de ciertos grupos, haciéndolos víctimas del rechazo o antagonismo. La estigmatización es una manera de señalar y discriminar a muchos pacientes con VIH que pueden ser expulsados de sus hogares, centros de estudio y trabajos o negarles atención médica por el estigma del SIDA.

Nunca nos dieron una razón para el aislamiento de cualquiera de las personas mencionadas. Pero es evidente que no se trata de evitar los contagios. La separación de la que tiene una erupción en la piel podría muy bien haber sido concebida como la protección del público.

Parashat Metzorá trata de los límites de la personalidad y de la integridad y la ruptura de los límites.

El Metzorá, una vez que se juzga Tahor, debe afeitar todo el cuerpo, incluyendo el pelo de la cabeza y las cejas, antes de la inmersión en una Mikve. Se desprende de las “aguas vivas “, que se convierte en un recién nacido sin marcas faciales, como si el Metzorá ha muerto y ha nacido un nuevo individuo, que se unta con sangre en la oreja derecha, el pulgar derecho y el dedo gordo derecho. Esto es similar al rito de iniciación de los sacerdotes, y al igual que el ritual puede tener como objetivo reconocer que el Metzorá había sufrido de algo que de alguna manera siempre lo hubiera mantenido apartado si no se hubiere reinstalado.

Pensemos en la forma en que a menudo reaccionamos frente a una persona sin hogar, o al problema de la falta de vivienda en general. Pensemos en cómo  atribuimos a las personas sin hogar algún defecto de carácter, y cómo, en lugar de abordar el problema de fondo, sólo queremos que las personas sin hogar sean ocultas a nuestra vista.

Incluso el relativamente moderado y breve aislamiento del zav y la zavá, mientras que menos onerosa, más privada, y de menor duración, todavía lleva consigo el estigma de tumá.

Al final, sin embargo, Parashat Metzorá habla menos acerca de la separación, y más acerca de la reintegración del impuro. Cuando la separación es pública, se requiere de un intermediario, el sacerdote, para facilitar la reincorporación a la sociedad.

Si hay en esta parashá una lección para nosotros, es para recordarnos la necesidad de una vigilancia constante y para el desarrollo de una conciencia acerca de nuestra  incomodidad con la diferencia y de la forma en que marginan a los demás y muchas veces incluso nos estigmatizan a nosotros mismos. No se trata de la enfermedad de la Metzorá tanto como se trata de la enfermedad del resto de nosotros. Por encima de todo, nos recuerda la necesidad de corregir la injusticia de la estigmatización que todos somos demasiado rápidos para infligir al otro.

Su purificación nos cierra los argumentos para rechazarlo y nos invita a revisarnos a cada uno de nosotros.

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