“Y el sacerdote se pondrá su vestidura de lino, y vestirá calzoncillos de lino sobre su cuerpo; y cuando el fuego hubiere consumido el holocausto, apartará él las cenizas de sobre el altar, y las pondrá junto al altar. Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras ropas, y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio (Vaikrá 6: 10-13).

Dijo el rabino Yehudá Haleví, hijo del rabino Shalom amoraíta de Palestina de la cuarta generación (no confundir con Yehudá Haleví el filósofo y médico sefardí):

“La conducta del Santo, bendito sea, no es como la conducta de los mortales. ¿En qué manera? El mortal tiene ropa bonita. Cuando sale en público, los usa, pero cuando se trata de cocinar, se quita la ropa agradable y se viste con otras simples, gastadas, quizás manchadas de grasa y cuando él le toca limpiar las ollas y el horno, lleva incluso ropaje más gastado y simple. Pero cuando el sacerdote toma las cenizas del altar y la prepara ante el Santo Servicio, usará prendas muy finas, como está escrito (Vaikrá 6),”Y el sacerdote se pondrá su vestidura de lino”. ¿Por qué? es para enseñarnos que no hay orgullo ante el Omnipresente, y así nos encontramos con que Eleazar, el sacerdote, se conducía con humildad ante el Omnipresente, y lo demostraba con la elección de las ropas apropiadas que tenían otra lógica que la nuestra (Bemidbar Rabá, 4).

Las circunstancias eran otras, y la importancia de la acción estaba determinada no por las presunciones sino por el servicio.

 

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