La frase “Y Yosef había reconocido a sus hermanos, aunque ellos no lo habían reconocido” (Bereshit 42:8), es la que sintetiza mejor que cualquier otra, la historia de nuestro pueblo.

Yosef había llegado a ser uno de los funcionarios más importantes de Egipto antiguo, después de Paró. A ese puesto llegó después de pasar por una serie de vicisitudes, porque sus propios hermanos habían decidido liquidarlo. Ahora sus hermanos necesitan comida y llegan, 22 años después, a Tzofnat Paneaj, la autoridad egipcia. El grupo no registra que el “egipcio” era su propio hermano, pero, él sí los reconoce.

El rabino Jonathan Sacks dice que Yosef   “simboliza la condición judía”, ya que sus hermanos son mayores y más fuertes que él y les molesta su presencia y su propia existencia, por lo que quieren matarlo.  No se les ocurre que el hombre que tienen frente a sí es Yosef. Para ellos no existe. “Ellos no lo reconocen ahora. Nunca lo hicieron. Ellos nunca lo reconocieron como uno de ellos, como נ hijo de su padre, como su hermano con una identidad propia y gozando del derecho a ser él mismo”.  “Yosef  reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron”.  El rav Sacks dice que el judaísmo fue el primer monoteísmo, pero no el último. El cristianismo y el Islam reclaman literal o metafóricamente, ser los únicos herederos de Abraham.  La relación entre los grupos se parece a la riña entre hermanos.

Hubo momentos – como en los principios de la España medieval en los que Yosef y sus hermanos vivieron juntos en relativa armonía-. Pero también hubo otros, muchos más, en los que los libelos de sangre, las acusaciones de envenenar los pozos o de propagación de plagas – fueron falsedades que evidenciaban sus ganas de matarlo. Y otros momentos en los que las expulsiones que se llevaron a cabo en toda Europa entre la de la Gran Bretaña en 1290 y la española de 1492, simplemente querían deshacerse de él. Deseaban que se fuera, y que sea siempre un esclavo en otro lugar, lejos de sus espacios exclusivos. Limpios de los hijos de Yaakov. Luego vino el Holocausto, la campaña orquestada cuyo fin era borrar a Yosef de la faz de la tierra.

Desde que nació el Estado de Israel, hasta hoy, los adversarios, no renuncian en buscar su exterminio, aunque no todos lo expresen tan abiertamente. Ellos niegan el derecho de Israel a existir dentro de fronteras de cualquier tipo. Sus discípulos se encuentran en todas las naciones de la tierra.

Yosef reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.

Los judíos del mundo, discuten permanentemente la política de Israel, y tienen el derecho de hacerlo, siempre y cuando comprendan que el verdadero desafío de Israel comienza con su derecho de ser reconocido por todo el mundo y que su propia existencia en libertad deje de ser cuestionada.

Una lectura cuidadosa del libro de Bereshit, que finaliza este Shabat Janucá, demostrará que el verdadero conflicto humano es la rivalidad entre hermanos.  Entre Caín y Hevel, Ytzjak e Ishmael, Yaakov y Esav, Yosef y sus hermanos, Israel y los pueblos y naciones del mundo. Janucá nos lo recuerda, si la lectura del Libro no fuere suficiente.

El Ramban, en un famoso pasaje de su comentario sobre la Torá (principio de Parashat Behaalotjá), cita al Rav Nisim Gaón (990-1062, conocido por su comentario talmúdico haMafteaj, estudió en la yeshivá de Kairouan, en Túnez.  Su alumno más famoso es probablemente Isaac Alfasi -el “Rif”-), como una alusión bíblica al milagro de Janucá. El relato de la Torá del “Janucát ha-Mishcán”- la inauguración formal del Mishcán, que aparece al final de Parashat Nasó, es seguido inmediatamente por el mandato de Dios a Aharon con respecto al encendido de la menorá. Rav Nisim Gaón, que ofrece una versión ligeramente diferente del famoso Midrash citado por Rashí, explica que Aharon estaba molesto por el hecho de que ni él ni su tribu, la tribu de Levi, participaron en la Janucát ha-Mishcán. El líder de cada una de las doce tribus trajo una elaborada serie de sacrificios para celebrar este evento, con la excepción de Aharon, cuya tribu no trajo ninguna de esas ofrendas. Dios buscó consolar a Aharon informándole de la re-dedicación del Mikdash que sus descendientes liderarían mucho más tarde, después de la victoria sobre los griegos. Esta re-dedicación,por supuesto, se destacó por el encendido milagroso de la menorá, y por lo tanto, el mandato de Aharon con respecto a la menorá alude a la historia de Janucá, cuando sus descendientes permanecerían a la vanguardia de la re-dedicación del Templo. Este conocimiento fue pensado para aliviar las preocupaciones de Aharon sobre su ausencia del Janucát hamishcan.

El Rav Nisim Gaón aquí dibuja un contraste entre dos eventos muy diferentes. Janucát ha-Mishcán marcó la culminación de la construcción del Mishcán, en el que participó toda la nación. Los estrofas en Parashat Vayakhel describen en detalle la respuesta entusiasta de la nación a la convocatoria de materiales,con todo el mundo suministrando generosamente todo lo que necesitábamos, hasta el punto en que se hizo un anuncio para instruir a la gente a dejar de donar.Esta naturaleza colectiva de la construcción de Mishcán se ve subrayada por el hecho de que los dos artesanos principales, Betzalel y Oholiav, pertenecían,respectivamente, a las tribus de Yehuda y Dan, la tribu más grande y más pequeña. Apropiadamente, todas las tribus participaron en la celebración de la inauguración del Mishcán, ya que el proyecto marcó la culminación del esfuerzo conjunto y colectivo de toda la nación.

La re-dedicación del Templo durante el tiempo del Jashmonaim, sin embargo, fue, en gran medida, la culminación de los esfuerzos únicamente de los Cohanim. Los Jashmonaim iniciaron, encabezaron y lideraron la campaña contra la opresión griega, y fueron ellos quienes volvieron a dedicarle el Templo. Mientras que la toma de posesión de Mishcán fue el resultado de un esfuerzo colectivo a nivel nacional,la re-dedicación del Templo en el tiempo de Jashmonaim fue el resultado principalmente de los esfuerzos de los Cohanim.   Los comentarios de Rav Nisim Gaón quizás nos enseñan que las mayores contribuciones se hacen cuando hay un vacío que debe ser llenado, cuando hay una necesidad urgente que nadie más está trabajando para llenar. La inauguración del Mishcán no requirió la participación de los Cohanim; los judíos que luchaban bajo la opresión griega ciertamente lo hicieron. Por supuesto, hay mucho que decirsobre unirse a la nación en tiempos de celebración nacional y celebración, ypor lo tanto la incomodidad de Aharon es comprensible. Pero Rav Nisim Gaón nos recuerda que mucho más importante es dar un paso al frente cuando nadie más está allí, emprender iniciativas que otros no desean tomar, y llenar las lagunas que nadie más puede llenar.

 

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