La segunda mitad de la parashá de esta semana (capítulo 8) describe el proceso de siete días de Miluim (consagración) durante los cuales Moshé realizó la Avodá, el servicio sacerdotal. Al final de la parashá, Rashí (8:28 s.v. Vayakter) cita una intrigante guemará (Avodá Zara 34 a) que dice que Moshé no realizó esta Avodá mientras llevaba las vestimentas sacerdotales regulares, sino vestido con una túnica blanca llana. Tosafot (s.v. Bamé) explica que Moshé tenía el estatus de un cohen cuando realizó la avodá, pero no llevaba las vestiduras sacerdotales porque aún no estaban consagradas. Según Tosafot, Moshé fue considerado de hecho uno de los sacerdotes, además de Aarón y sus hijos. Sin embargo, Aarón y sus hijos, así como las vestiduras sacerdotales, necesitaban a los Miluim de siete días antes de que pudieran comenzar a servir. Así, sólo Moshé fue capaz de realizar la avodá durante estos siete días, ya que él era el Cohen que ya estaba preparado para la tarea (presumiblemente debido al tiempo que pasó en Har Sinaí). En el octavo día de ese período, descrito en el capítulo 9, la transferencia de la quehuná (deber sacerdotal) se hizo a Aarón ya sus hijos. Después de esa transferencia divergieron los papeles de Moshé y Aarón. Moshé era sobre todo el profeta, y Aarón era el Cohen. Mientras que Moshé sirvió como un cohen, y Aarón también era un profeta, sus papeles principales estaban claramente establecidos. Como sus nombres tradicionales indican, “Moshé Rabenu” – Moshé era el profeta y maestro, y “Aarón Hacohen” – Aarón sirvió como el cohen. Moshé fue el que recibió los mensajes divinos y los transmitió al pueblo. Aarón se ocupó de conducir la avodá en el Mishcán, de acuerdo con las directrices que Dios había mandado a Moshé. Esta división entre los papeles de profeta y Cohen, y el conflicto entre ellos, surge a menudo a lo largo de las Escrituras. Una cuestión que los profetas a menudo reprenden es la falta de sinceridad religiosa en la avodá, el ritual divino. Un ejemplo es la historia de Shmuel I (capítulo 15), donde el rey Shaúl salvó a los animales de Amaleq, contra el mandato de Dios de destruirlos totalmente. Shaúl entonces explicó a Shmuel que él dejó los animales de Amaleq vivo así que podrían ofrecerse como sacrificios. Respondió Shmuel (15:22): “¿Quiere .A. las ofrendas tanto como Él quiere que presten atención a Su mandato? ¡Obedecer es mejor que una ofrenda!” Dios desea que cumplamos Su mandato, incluso a expensas de perder la oportunidad de ofrecer sacrificios. En otras palabras, el profeta a menudo tiene que recordar a la gente que el ritual sacrificial debe ponerse en perspectiva con otras formas de servicio Divino. Las profecías de Yeshayahu (ver 1: 10-17) e Irmiahu (ver capítulo 7) también reflejan una contienda constante entre el profeta y los Cohanim, los que realizan el servicio ritual en el Templo. Este conflicto se deriva de una diferencia fundamental en sus funciones. El papel de Cohen es guardar los rituales con cuidado, para realizar la avodá de acuerdo con un reglamento dado. El principio rector de su servicio es la rutina y la regularidad, la lealtad al sistema y su correcto funcionamiento. En cambio, el papel primordial del profeta es transmitir nuevos mensajes. Su objetivo es inducir al cambio. Él es un personaje vibrante, infundiendo significado espiritual en la vida de las personas y nueva vitalidad en su servicio Divino. Debido a las diferencias entre estos roles, es comprensible que haya habido tantos conflictos entre sus respectivos representantes. Es precisamente por esta escisión profundamente arraigada entre las posiciones de Cohen y el profeta que había una necesidad especial de la participación de Moshé en el proceso de Miluim. Cuando se estaba iniciando la rutina y el ritual del Mishcán, era necesario que el más grande de todos los profetas (como se dice claramente en Bemidbar 12: 6-8, Devarim 34:10 y citado como el séptimo principio de fe en la lista de Rambam) propague ese ritual con el fuego Divino. Posteriormente, estos roles se dividirían, y Aarón sucedería a Moshé como el Cohen. Sin embargo, Aarón esperaba mantener el espíritu de Moshé. Aarón estaría realizando la avodá –el servicio divino- infundido con esa misma dirección divina y el equilibrio espiritual que era evidente cuando Moshé lo realizó. Para enfatizar este ideal, la unidad de estos dos roles, Moshé mismo tenía que ser el que realizaba la avodá en su etapa inicial. En nuestras vidas, es importante que cada persona infunda su Mikdash personal, el santuario que es su propio yo, con estos dos elementos. Es muy significativo que una persona tenga una rutina rica en actividad religiosa. Como un cohen, debe participar en acciones y rituales constantes que mantendrán su conexión con el Judaísmo y el mundo de Halajá. Más allá de eso, sin embargo, una persona debe complementar esta rica rutina, sumando el aspecto de ser “Cohen”, con el aspecto del ser “profeta” que está dentro de él. Él tiene que desarrollar la profunda conexión con Dios que es estar detrás del cumplimiento de los actos aparentemente rituales que realiza pero, debe sentir la conexión espiritual que se supone viene como resultado del cumplimiento de los rituales. Si uno tiene la oportunidad de pasar algún tiempo en un ambiente como una yeshivá, nos enseñaba el rav Aarón Liechtenstein z”l, este objetivo puede ser alcanzable temporalmente sin demasiada dificultad. Pero, ese desafío es mucho más difícil de cumplir con el compromiso profundo que conlleva mientras participa en la “vida cotidiana”. A pesar de que sólo un pequeño porcentaje del tiempo de una persona puede dedicarse a acciones que se definen estrictamente como ritualistas (ya sea de aprendizaje, de oración u otras mitzvot), es de suma importancia que infunda estas actividades con vitalidad profética y pasión. De esta manera, él será verdaderamente un digno sucesor de los profetas y un judío digno de formar parte de nuestro pueblo. Desplazar la profecía del ritualismo es vaciarlo de todo sentido. En el judaísmo se debe sumar.

2 Comments

  • Grace Nehmad, 25 marzo, 2021 @ 11:16 pm Reply

    Inspirador!

  • Grace Nehmad, 25 marzo, 2021 @ 11:18 pm Reply

    Inspirador! Concentrarnos en el ritual y tener fe en las conexiones. Abrirnos a ellas.Gracias!

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