Estamos llamados a preguntarnos qué objetos e ideas que tratamos como ídolos, paradojalmente nos mantienen lejos de guemilut jasadim, la caridad, la filantropía, la benevolencia, la ayuda desinteresada y el respeto al prójimo, y de los preceptos que tenemos hacia nosotros y hacia .A., creando una barrera.

Sustituimos estar en presencia de .A., inefable y omnipotente, por todo tipo de talismanes y objetos mágicos fabricados por el hombre, y nos alejamos de la divinidad y sus mandamientos.  Respetamos más el rollo de la Torá cuando desfila gloriosamente en la sinagoga que el contenido de las mitzvot que enseña. Nos aferramos más a las estructuras que al contenido, a la forma que al fondo, sacrificando en su altar el cambio que promueve el tzedek –la justicia-. Olvidamos que al monte Sinaí no le quedó ningún resabio de santidad después que Moshé descendiera de él. Cuando afirmamos que no tenemos tiempo para trabajar por el cambio educativo, cultural, espiritual y social, estamos tratando a nuestros horarios como ídolos fijos, inmutables, y todopoderosos, y los ponemos al servicio de las vanidades y engreimientos.

Cuando estudiemos parashat Ki Tisá, neguémonos a adorar a los becerros de oro en nuestras propias vidas y en nuestras comunidades.


 

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