En muchos países la cercanía de Januca se percibe simultáneamente con los anuncios y pegajosas canciones comerciales de la Navidad. En algunas naciones, incluso en hogares judíos, se engalanan con el arbolíto típico colocado relativamente cerca del candelabro festivo.

En tiempos de globalización y de pérdida de los límites nacionales y culturales no debiera llamar la atención la búsqueda de sincretismo que consciente e inconscientemente motiva a los publicistas a acercar dos fechas que entre si no tienen nada que ver y dos tradiciones que no poseen la misma fuente ni se relacionan entre si en ningún elemento.

Es comprensible que quieran aprovechar el mercado comercial potencializando conmemoraciones distintas. Seguramente asi mejoran sus ventas y sus adornos, tan desgastados, pueden servir por el mismo precio para dos mercados que son uno : el de los avizorados consumidores de bienes perecederos o imperecederos que aún en épocas de mucha depresión consiguen aprisionar más productos cerca de fechas cúspide. También entre los más desventajados y desposeídos.

No es mi intención hablar hoy ni de compras ni de ventas; ni de mercados, ni de publicidad sino exclusivamente de la contradicción que se produce al mezclar los símbolos de dos festividades antes nombradas que pertenecen a dos filosofías diferentes y de los peligros educativos inherentes de ese modelo de actitud. Podría agregar el ridículo que hacen judíos al levantar copas de sidra en Navidad, pero, cuando de cuestiones gastronómicas o de bebidas se trata, ¿ quién puede ser tan valiente para salir contra la corriente ?

En aquellas escuelas donde la población es minoritariamente judía, las autoridades pueden creer que la colocación de un candelabro junto al árbol de Navidad es un acto digno que subraya el pluralismo y la igualdad de credos, pero ello es un error.

Januca es el arquetipo festivo del antisincretismo; es el resultado de una lucha denodada contra todos los elementos de influencia pertenecientes a otras culturas, para disolver las pecualiaridades de la fe y del cumplimiento de los preceptos estrictamente judíos.

Los macabeos no solo lucharon contra Antíoco Epifaneo sino también contra sus propios hermanos ” encantados ” por los avances estéticos y prácticos de la cultura helenizante. Ellos pedían libertad para ser judíos y no ventajas económicas, luchaban también por la independencia en el plano cultural.

Durante la historia, paradojalmente, la manera elegida para la conmemoración de la gesta macabea igualó en importancia el hecho histórico que la motivara. No se resaltan los triunfos militares sino el milagro del aceite, es decir, la memoria histórica hacia el fenómeno espiritual y cultural aquel que nos permitió que sigamos existiendo como pueblo en todas las condiciones.
Si algún mensaje quiso traernos la forma como recordamos Januca, es la necesidad de repudiar todo sincretismo con culturas dominantes.

Hoy el mundo cristiano se ha convertido en gigantesca mayoría numérica en todos o casi todos los países en los que hay población judía y su fuerza cultural invade todos los espacios provocando una mayor necesidad por obtener distinción y posibilidades de pensar en forma distinta. Nadie obliga a pensar no judaicamente a los judíos, pero, la masiva injerencia de un mensaje cultural apabullante anula las posibilidades de distinción. En circunstancias como estas es menester no agregar elementos sincréticos que destiñan los límites porque las minoría no pueden darse el lujo de ser absorvidos por las mayorías. A todos les cabe el mismo derecho de individualidad y distinción.

Janucá es fiesta alegre; bendecimos las luminarias y las exponemos; se juega con los niños; se los agasaja con regalos; se les enseña a ser independientes y libres. Se los educa.

La misma palabra Janucá significa consagración al mismo que tiempo que educación. En la educación se debe renovar y adecuar. Se debe acercar a las raíces; se debe alimentar de la propia savia.

El Talmud en Masejet Shabat 21- B dice que ” la luz de Janucá debe ser colocada del lado exterior de la puerta del hogar pero en caso de peligro es suficiente sobre la mes “, esto nos invita a evaluar en que época vivimos. Cuando hay peligro de pérdidas culturales, se debe reforzar la mesa, el hogar, y no pretender salir a iluminar a otros.

En ese caso, también se debe dejar sobre la mesa sólo el candelabro. Otras luces y otros adornos evitan la educación, impiden la consagración.
Han pasado los peligros físicos de la noche de San Silvestre que tantas veces en la historia judía, con la ayuda de la bebida en exceso,provocaron daños y muerte en los hogares judíos. No han pasado los peligros espirituales.
El 25 de Kislev es el día en que se inicia el reforzamiento de la propia identidad.. En Janucá cada año debemos reaprender que nuestra subsistencia depende únicamente de la adherencia a nuestro propio estilo de vida; a nuestra fe, a nuestro idioma, a nuestra costumbres y pensamiento.

 

Janucá 2009

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