Devarim

SHABAT JAZÓN

La parashá de la Torá que leemos esta semana es Devarim. Sin embargo, este Shabat se conoce como Shabat Jazón, por las palabras iniciales de la lectura especial de la Haftará: “Jazón –la visión de- Yeshayahu”.

Pese a que la lectura complementaria de los profetas tiene relación con el texto de la lectura, en algunos casos, como en éste, es el calendario judío quien determina el fragmento elegido. Este Shabat precede al día de ayuno de Tishá Beav en el que conmemoramos la destrucción del primer y segundo templos en Jerusalén (586 a.e.c y 70 d.e.c.). Es la última de las tres Haftarot de “reprensión”, en el que los profetas advierten al pueblo que se arrepienta de sus acciones negativas para que sus deslices no causen la ruina nacional.

Tishá Beav fue, a lo largo de los siglos, un día de gran tristeza y arrepentimiento reflexivo. Su atracción gravitacional atrajo otros desastres históricos de la historia judía, independientemente de si ocurrieron exactamente en ese día. Así, la lista de calamidades que se relacionan a ese día es tristemente extensa.

Así, ya pensando en Tishá Beav, encontramos las palabras del profeta intensas, enfadadas y acusatorias. “¡Ay, nación pecadora, pueblo cargado de iniquidad, generación de malvados, hijos corrompidos! Han abandonado al Señor, han despreciado al Santo de Israel, se han apartado de Él, se han vuelto de espaldas. ¿En dónde golpearos ya, si seguís contumaces? La cabeza toda está enferma, toda entraña doliente. De la planta del pie a la cabeza no hay en él cosa sana: golpes, magulladuras y heridas frescas, ni cerradas, ni vendadas, ni ablandadas con aceite. Vuestra tierra es desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego; extranjeros se comen vuestro suelo delante de vosotros, y es una desolación como devastación de extranjeros.” (Yeshayahu 1:4,7).

Como fue el caso con la mayoría de los profetas, los anuncios de destrucción pretendían ser fundamentalmente advertencias. Si la gente continúa pecando, el castigo seguirá. El objetivo de los profetas era principalmente motivar la fidelidad al Pacto y al Todopoderoso, y como consecuencia evitar el destino que atraía la desobediencia.

Esta visión de la historia, que lo que les sucedió a los judíos fue determinado por su comportamiento y su [falta de] fe, funcionó prospectivamente, pero es más difícil vivirla con retrospectiva. Una cosa era decir que la gente necesitaba cambiar su comportamiento y que la sociedad debía basarse en la ética derivada de la Torá, pero era completamente diferente decir, después del hecho, que la destrucción de Jerusalén fue provocada únicamente por la falta de fe.

Cuando estudiamos la caída de grandes potencias y su desaparición de la historia, encontramos más de un paralelismo que llevó a la autodestrucción de quienes se sentían invencibles con lo que nos aconteció a nosotros mismos. No hay duda que cometimos errores y que algunos de ellos fueron particularmente autodestructivos. Muchos oscilaron en faltas al ser humano que hizo que la sociedad se corrompa y por ende demuela los pilares sobre los que estaba construida. Sociedades con esas características no pueden subsistir por mucho tiempo.

En nuestros días algunas de las endechas compuestas por insignes poetas imbuidos de fe y amor, pueden parecer extrañas. Particularmente las que describen a Yerushalaim: “¡Cómo, ay, yace solitaria la Ciudad populosa! Como una viuda se ha quedado la grande entre las naciones. La Princesa entre las provincias sujeta está a tributo” (Eijá 1) cuando las leemos en Yerushalaim esplendorosa en su belleza. ¿Entonces, por qué las seguimos diciendo? Porque Tishá Beav es una oportunidad para reexaminar el pasado mediante la cual generaciones de judíos lograron perseverar ante la adversidad, la opresión e incluso la destrucción, después de haberse equivocado. Lo es también para poder comprender, también en tiempos de peste y pandemia, que no todo lo que nos sucede es producto de una decisión divina, oculta a nuestros ojos y a nuestra comprensión, sino más bien de errores propios a los que nos condujeron líderes de turno sin que despertáramos a tiempo para ponerle límites a la injusticia, la desigualdad y la infamia.

Al volver a leer la historia, necesitamos reconocer y decir “debido a nuestros pecados”…, pero debemos tratar de descifrar en qué consistieron. Si vamos a comprender las fuerzas geopolíticas, militares y económicas que desempeñaron un papel determinante en la destrucción del primer y segundo Templos podremos continuar construyendo nuestro tercer estado independiente con menos riesgos de desintegración.

De Yeshayahu podemos aprender que no solo predicó la destrucción que se avecinaba ante sus propias narices, sino también la restauración y la renovación. “Venid, pues, y disputemos – dice .A. -: Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán”… “Sión por la equidad será rescatada, y sus cautivos por la justicia” (Yeshayahu 1:18,27).

La clave para entender la historia judía no está en aceptar las explicaciones de por qué, sino en estudiar las formas de cómo: cómo, después de un desastre tras otro, el pueblo judío encontró el coraje de comenzar de nuevo, volver a comprometerse con la Torá y reafirmar esa vida.

En nuestros días, hemos visto como surgió el estado moderno de Israel: “Voy a volver a tus jueces como eran al principio, y a tus consejeros como antaño. Tras de lo cual se te llamará Ciudad de Justicia, Villa-Leal” (Yeshayahu 1:26).

A medida que lloramos la destrucción de los Templos y la pérdida coordinada de vidas, también podemos afirmar que se puede encontrar significado y que la historia misma se puede redimir.

El milagro más grande que debemos agradecer es que pese a todo lo que nos sucedió, aquí estamos haciendo historia y mirando hacia nuestro destino reparador, liberador y redentor.

En ello descubrimos una vez más la presencia activa del Creador.

EL ARTE DE EXPRESARNOS CORRECTAMENTE

En la primera parashá de Devarim, cuando Moshé inicia la narración de sus experiencias de sus últimos 40 años, nos permite una mejor visión de nosotros mismos y nos enseña limitar el grado en que cometemos los fracasos y de esa manera nos enseña a definir la madurez en nuestra cultura.

Moshé al final de su vida, vuelve a relatar la historia de cuando los hijos de Israel se encontraron por primera vez con la tierra prometida, y en el recuento, nos recuerda refiriéndose a la renuencia de la gente a ingresar a la tierra por su miedo a los habitantes gigantes. “Por culpa vuestra .A. se irritó también contra mí y me dijo: “Tampoco tú entrarás allí” (Devarim 1:37), cuando omite referirse a su acción con la roca. “Enseguida Moshé levantó su mano y golpeó la roca dos veces con la vara y el agua brotó a chorros. Así que toda la comunidad y sus animales bebieron hasta saciarse. Sin embargo, .A. dijo a Moshé y a Aharón: «¡Puesto que no confiaron lo suficiente en mí para demostrar mi santidad a los israelitas, ustedes no los llevarán a la tierra que les doy!» (Bemidbar 20).

Sin embargo, la sidrá de la Torá de esta semana, Devarim, la primera del último libro del Jumash, nos trae el relato de cuando el Todopoderoso le dice a Moshé: «No ataques a Moab, no le provoques al combate, pues yo no te daré nada de su país, ya que Ar se la he dado en posesión a los hijos de Lot” (Devarim 2: 9)… [Es decir, no vaya a la guerra con Moab.] Y: “y vas a encontrarte con los hijos de Ammón. No los ataques ni les provoques; pues yo no te daré nada del país de los hijos de Ammón, ya que se lo he entregado a los hijos de Lot en posesión.” (Devarim 2:19)… [Es decir, ni siquiera acoses a Ammón]

Antes de explicar las razones de la diferencia, recordemos que las dos hijas de Lot, pensando que eran las únicas sobrevivientes en el mundo después de la destrucción de Sodoma y Gomorra, yacen con su padre y tienen un hijo cada una: Moab y Ben Ami.

Ahora veremos el porqué de la divergencia: El Talmud responde: “Rabí Jiya bar Aba, citando a rabí Yojanán, dijo: ¿Cómo sabemos que el Santo, bendito sea Él, recompensa incluso el discurso cortés? Y responde: “La mayor dio a luz un hijo, y le llamó Moab [“de mi padre”]: es el padre de los actuales moabitas” (Bereshit 19:37) y entonces el Omnipotente dijo [a Moshé]: “No tengas enemistad con Moab, y no contiendas con ellos en la batalla” (Devarim 2: 9). Solo la guerra estaba prohibida, pero podrían ser fustigados. La hija menor, por otro lado, “llamó a [su hijo] Ben-Ami” [“hijo de mi pueblo”, una expresión más afable] (Bereshit 19:38) y entonces [la Torá] dice: “No hostiguen a los amonitas, ni les provoques” (Devarim 2:19).

La guemará en Nazir 23b nos enseña que los amonitas no debían ser hostigados en absoluto. ¡El Todopoderoso recompensó a la madre de Ammón por darle a su hijo un nombre más cortés que la madre de Moab! Rabí Yehoshúa ben Levi dijo: “Uno no debe pronunciar expresión grosera con la boca”… Del mismo modo, se enseñó en la escuela del rabino Yishmael: “una persona siempre debe trabar conversación eufemísticamente” (Pesajin 3a).

 La Torá dice: “Vayikrá el Moshe Vaydaber .A. Elav” – Y llamó a Moshé y le habló. (Vaykrá 1:1) “¿Por qué la Torá menciona el llamado antes del discurso? Para enseñarnos buenos modales: un hombre no debe dirigirse a otro sin dirigirse a él primero” (Yoma 4b).

 La cortesía es muy valorada en la tradición judía, ¡hasta el punto de cambiar el lenguaje de la Torá! El Talmud dice (Meguilá 25b): “Nuestros jajamim enseñaron: “Todos los versos [bíblicos] escritos de manera brusca deben leerse sustituyéndolos por frases refinadas” y trae ejemplos muy claros.

Como un pedagogo eximio el naví Moshé, comienza su despedida trayendo un relato del cual él no extrae moraleja alguna, sino que nos induce a nosotros a encontrarla. Y nada menos que los principios que nos deben guiar en el bien hablar. El lenguaje es una actividad humana, que permite comunicarnos y relacionarnos con nuestros congéneres mediante la expresión y comprensión de mensajes.

Moshé nos recuerda indirectamente una premisa fundamental: Imitar el lenguaje de la Torá que habla de todo pero que llega a hacer malabarismos para expresar lo que desea con la mayor propiedad.

En tiempos de tanto abuso comunicacional, será bueno, recordar esta lección, particularmente en estos días en los que nos encontramos en la víspera de Tishá Beav.

Búsqueda radical de la verdad

El quinto y último libro de la Torá, tiene dos nombres hebreos: Sefer Devarim, por sus primeros vocablos: ‘Estas son las palabras’”, tomado de su frase inicial; y Mishné Torá, “Repetición de la Torá” tomada de Devarim 17:18 “Y será, cuando se asentare sobre el solio de su reino, que ha de escribir para sí Mishné Hatorá (una reproducción), del original de delante de los sacerdotes Levitas”.

El quinto libro de la Torá consiste en cinco discursos y poemas retrospectivos que Moshé dirigió a Israel en Moav poco antes de su muerte (Devarim 1: 6-4: 43, 4: 44-28: 69, 29-30, 32, 33), más dos narraciones sobre sus actos finales (Devarim 31, 34). El núcleo del libro es el segundo discurso, en el que Moshé transmite las leyes que recibiera de Dios en el Monte Sinaí 40 años antes. Entre los libros de la Torá, Devarim, es el defensor más vigoroso y claro del monoteísmo y de la lealtad ardiente y exclusiva que Israel le debe a Dios (Devarim 4: 32-40, 6: 4-5). Enfatiza el amor, la justicia y la trascendencia de Dios y el pacto entre Dios e Israel, resumido en Devarim 26: 16-19. Establecido con los patriarcas, afirmado en el Sinaí y en Moav, debe ser reafirmado tan pronto como Israel entre en su tierra (Devarim 4:31, 5: 2, 28:69, 27). Devarim regla la vida de Israel en su tierra, donde se puede establecer una sociedad que persiga la justicia y la rectitud, viviendo en armonía con Dios y disfrutando de Su generosidad (Devarim 4: 5-8, 7: 12-13). La promesa de esta tierra es condicional (Devarim 11: 8-9, 21); El bienestar de Israel depende de mantener una sociedad gobernada por las leyes sociales y religiosas de Dios. Estas leyes son un don divino para Israel, sin paralelo en su justicia y su capacidad para asegurar la cercanía de Dios (Devarim 4: 5-8). El humanitarismo de la Torá está más desarrollado en la preocupación de Devarim por el bienestar de los pobres y desfavorecidos. Devarim proclama la regla de que el sacrificio puede tener lugar solo en la capital religiosa, en un solo santuario (Devarim 12). Insta a estudiar la ley de Dios y realizar rituales que enseñen un amor reverente hacia él. Devarim tiene una fuerte orientación intelectual. Insta a todos los israelitas a estudiar las leyes de Dios. Su estilo es didáctico, explicando el significado de los eventos y el propósito de las leyes, para asegurar el consentimiento y la comprensión y voluntad de Israel. Devarim influyó fuertemente en la tradición judía posterior. El núcleo del culto judío es la recitación de la (6: 4) y la lectura pública de la Torá (en 31: 11). También se basan en Devarim el deber de bendecir a Dios después de las comidas (Bircat Hamazón, Devarim 8:10), Kidush [una oración de santificación] en Shabat (Devarim 5:12), poner mezuzot en los postes de las puertas, el uso de tefilín (filacterias) (Devarim 6: 8-9, 11:18, 20) y tsitsit (flecos) (Devarim 22:12), y la caridad a los pobres (por ejemplo, Devarim 15:8). Devarim es la fuente del concepto de que la vida religiosa debe basarse en un libro sagrado y su estudio. Ninguna idea ha dado forma a la historia judía más que al monoteísmo, que este libro afirma con tanta pasión. Leer Devarim es una experiencia muy diferente que estudiar el resto de la Torá. Abruptamente aparece la voz subjetiva de Moshé que nos ayuda a experimentar el pasado a través de su perspectiva, y lo hace profundamente relevante y significativo para la formación de nuestra espiritualidad. Por primera vez en Devarim vemos la historia judía a través de un velo, obligados a acercarnos a Dios sólo a través de las palabras de Moshé y no a través de la experiencia de primera mano. Estamos lejos de las experiencias originales de esclavitud y redención, apostasía y revelación, redención y regreso a casa. El humo del altar del Templo está tan alejado de nosotros como el fuego de la zarza, excepto por las palabras, que nos transmiten triunfos y tragedias. En ausencia de arbustos ardientes y cimas de las montañas llameantes, nos queda, la palabra. Y sin embargo, nuestro asombro es real. Las palabras de la Torá nos conmueven e inspiran en formas que son puras y auténticas. Después de todo, esto es de lo que se trata la vida judía, para nosotros, no menos que para el mismo Moshé, sintiéndonos a gusto en nuestras historias como en ningún otro lugar. Durante nuestro viaje de exploración a través de este libro en los próximos meses, tendremos ante nosotros la exigente pero sagrada tarea de forjar vidas espiritualmente significativas a partir de las palabras de .A. en Devarim. El primer versículo del Devarim se abre de esta manera: “Eile hadvarim asher diber Moshé el col Israel beever hayarden,” “Estas son las palabras que Moshé dirigió a todo Israel al otro lado del Jordán”. Estas dos frases preposicionales del verso (el col Israel, “a todo Israel” y beever hayarden “en el otro lado del Jordán”) contienen verdades complementarias que nos guiarán a medida que comenzamos nuestra nueva relectura. Nos recuerdan que la Torá ahora solo se puede ver desde la perspectiva del lado oeste del Jordán e insisten en que cada uno de nosotros, todo Israel, debemos continuar aprendiendo de nuestro maestro Moshé. Nosotros, continuamos esa antigua búsqueda radical de la verdad. Día a día, tomamos decisiones sobre la ley y el saber, la gente y el universo. Esas elecciones surgen de la espiritualidad que habitamos, incluso cuando se combinan para fortificarla. Este esfuerzo, esta gloriosa peregrinación judía a través de palabras sagradas, es la mejor manera que conocemos para acercarnos a .A. y cumplir con amor todos sus mandatos. –


SHABAT JAZÓN

La primera palabra del capítulo inicial del libro de Yeshayahu que marca la culminación de los tres haftarot de amonestación (Tlata de Poranuta) presta su nombre a este Shabat especial inmediatamente anterior a Tishá Beav – Shabat Jazón, literalmente, el ‘Shabat de la Visión’.

El libro de Yeshayahu es comúnmente conocido por sus mensajes de consuelo y bálsamo espiritual, pero la haftará de este Shabat especial no es nada reconfortante. Es un mensaje puro y simple de punición. Su mensaje es sombrío y aleccionador, desafiando al pueblo judío tanto por sus injusticias morales como por su abandono de Dios. Incluso en algunas costumbres varios de sus versos son leídos con la entonación desconsolada del libro de Eijá que se lee en Tishá Beav. Es difícil sentir empatía a acusaciones, incluso cuando se justifiquen. “Oigan cielos y presta oído, tierra, porque .A. mismo ha hablado: “Hijos he criado y educado, pero ellos mismos se han sublevado contra mí… mi propio pueblo no se ha portado con entendimiento… Ay de la nación pecadora, el pueblo cargado de error, descendencia malhechora, hijos ruinosos”. Estas palabras de admonición parecen una acusación y muestran más un signo de abandono que un intento de acercamiento. El Rebe de Slonim, Shalom Noaj Berezovsky (8 de agosto de 1911 – 8 de agosto de 2000) en su obra Netivot Shalom, vio este mensaje como un tremendo desafío. ¿Cómo se puede encontrar a Dios en una oscuridad tan absoluta, cuando la revelación de la maldad es tan abrumadora que parece que no hay salida ni lugar para el optimismo? El rebe encontró una respuesta en el siguiente Drashá del Talmud: “A medida que se enseña: Hijos sois de .A. vuestro Dios’ (Devarim 14:1); cuando te comportas como niño, te llaman niño; si no eres tan pequeño, no eres designado un “niño”: Este es el punto de vista del rabino Yehudá. Rabí Meir dijo: En ambos casos sois llamados hijos… porque dice el escrito: “Hijos he criado y educado, pero ellos mismos se han sublevado contra mí” (Yeshayahu 1: 3) (ver Kidushin 36a). El rabí aprende de la interpretación del rav Meir que Dios como el padre ama a sus hijos y no los abandonará incluso cuando necesiten ser castigados. (Véase Netivot Shalom Bemidbar, página 197) No estamos abandonados ni en nuestros momentos más oscuros. Hay esperanza, luz y razón para el optimismo. Es esta fe la que ha llevado al pueblo judío a fortalecerse a través de todos los momentos oscuros de su historia. La oscuridad no significa la perdición cuando uno entiende que hay luz que se puede encontrar si solo levantamos nuestros ojos y miramos a lo Celestial. Que el ayuno de Tishá Beav que comienza a la salida del próximo shabat, sea significativo para todos nosotros y nos dé fuerza para amar cada vez más a nuestro padre celestial para seguir con amor sus indicaciones y comprobar una vez más la presencia divina en el proceso de reconstrucción de Sión que compartimos, para inspirarnos también para la redención total de Israel.  


¿Qué sucede con Moshé?

“Estas son las palabras [devarim] que habló Moshé a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en Aravá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Jatzerot y Di Zahav” (Devarim 1:1), dice el Midrash Raba 17:3 “no leas ‘ele hadvarim’, -estas son las palabras- sino ‘ele hadvarim’ –estas son las abejas, que mueren inmediatamente después de morder a una persona”

El quinto libro del Pentateuco contiene las palabras de despedida de Moshé, términos en los que se queja por las actitudes del pueblo, rebelde y agitador, turbulento y desobediente. Ya habíamos analizado en nuestro comentario a Parashat Pinjas el cuidado que deben tener los líderes espirituales y políticos del pueblo, incluso de la altura del hijo de la tribu de Leví o del profeta Eliyahu, cuando se trata de amenazar o denunciar ante Dios al pueblo de Israel.

¿Qué sucede con Moshé?

Moshé amó al pueblo de Israel con todo su corazón. Por él, renunció al palacio de Faraón y a la posibilidad de sucederle. Era humilde y modesto. Por la solidaridad con sus hermanos, no dudó en defenderlos incluso violentamente cuando vio a alguien en peligro, arriesgando su propia existencia. Aceptó la misión divina de presentarse ante Faraón pese a que no se consideraba capaz para ello y lo hizo con amor. Después de conducir el acto libertario debe enfrentarse con su pueblo- el nuestro – de dura cerviz y finalmente llega hasta las puertas de la Tierra Prometida después de casi 40 años de vagar por el desierto y tener bajo su responsabilidad al díscolo pueblo. Y allí, al final de su vida, reúne a todos para su despedida. Los que están frente a él, ingresarán a Israel, Moshé quedará privado del sueño de su vida.

¿Qué decirle a su pueblo que se renovó generacionalmente, que debía prepararse nuevamente para cambiar de conducta, de ser esclavos e hijos de siervos, a ser una masa que recibe normas y que no tiene tierra propia, ni se puede asumir como nómada? ¿Qué plantearle a quienes se dirigen a la Tierra de Promisión, encontrándose con pueblos que obviamente no desean que lleguen y que les ofrecen resistencia? ¿Cómo dirigirse a seres que forman una masa en búsqueda de su destino colectivo sin haber encontrado el personal?

Moshé debe resolver su dilema. ¿Hablarles como líder? ¿Cómo profeta? ¿Cómo uno de ellos? ¿Halagarles y dejarles el sabor de un líder que busca su aprobación? ¿Regañarles? ¿Quejarse por lo que le hicieron?

No quería amonestarles ni castigarles, pero, sintió la obligación de despertarles. Moshé, después de los pecados y trasgresiones del pueblo, después de su derrumbe moral con el becerro de oro y sus rebeliones que no fueron contra el líder sino contra el Creador, les recuerda cual es el camino recto. Sus palabras le provocaron más dolor a él que al pueblo. Fue Moshé quien quedó sin fuerzas, agotado, al grado que no las pudo soportar. Por ello el Midrash lee dvorim –abejas- en lugar de devarim –palabras-, ya que Moshé los picó como una abeja, como un tábano, porque le urgía que no se duerman antes del comienzo de nuevas acciones que necesitan de otro tipo de fuerza moral. Sin embargo, el pueblo se recompuso de la picadura, pero Moshé no. El pueblo gracias a sus palabras sobrevivió. Moshé por su dolor, no pudo seguir viviendo y en este libro maravilloso se despide de nosotros, si se quiere prematuramente, agobiado, agotado y entristecido.

El comentario que hace Rashí sobre el versículo 5 del primer capítulo de Devarim: “al otro lado del Jordán en el país de Moab comenzó a explicar Moshé esta Torá…”, diciéndonos que la expuso en setenta idiomas, queriendo significarnos que el mensaje de la Torá es válido para todas las culturas, lenguas, e idiosincrasias. No había allí personas que necesitaran tantas versiones, y eso lo sabía obviamente el clásico exégeta francés, así que la intención de su comentario debe ser otra: las palabras de Moshé interpretando la Torá e incluso reprendiendo a la generación del desierto antes de su ingreso a Israel, trascienden el tiempo y el espacio. El mensaje bíblico es universal. Cuando desde fuera se debaten los versículos, debe haber respuesta a cada contendiente filosófico, en su propio idioma, es decir en su propio código. Hay una obligación, además de conocer la Torá para cumplir los mandamientos, expresada en el dicho de “da ma lehashiv laepicoros”- la de tener elementos dialécticos para dialogar con los epicúreos de aquella época, que son los analfabetos o los post-judíos de la nuestra (pero sin sus conocimientos y sin su pasión). Es la obligación de saber confrontar las ideas, posibilidad que surge de la profundización del conocimiento y de su adaptación a los códigos de la época.

Moshé habla a su generación, y no se conforma con la amonestación. También les recuerda las normas que ya les había enseñado a lo largo de los cuatro tomos anteriores del Pentateuco. Habla a esa generación del desierto, pero su mensaje es a todos. A quienes están allí y a quienes los seguirán. A quienes pertenecen a su cultura y a aquellos que tienen otra. A los cercanos y a los lejanos en el tiempo, en el espacio, en la convicción y en la fe. A todos los que desean seguir un camino de valores.

Moshé nos enseña que debe brindársele a cada uno una respuesta diferente según sus antecedentes y según su idiosincrasia, pero todas basadas en lo escrito. Es éste un desafío nada fácil. Poder alejarse del texto para serle fiel. Innovar para guardar el mensaje y permitir su aplicación. Deducir conclusiones diferentes de las mismas letras. Hacer el texto trascendente a cada época sin traicionarlo. Discurrirlo con quienes no están de acuerdo, sin temor, para terminar afirmando la seguridad de la fe.

“Recuerda los días de antaño; considera los años de generación y generación” (Devarim 32:7), es interpretado por Jidushei Hari”m que cada generación debe interpretar al Torá según sus necesidades, usando los fundamentos necesarios para poder dar respuesta a las nuevas preguntas de cada época.

Esa es la función del líder espiritual de cada generación y de cada lugar. La Torá contiene todas las respuestas. Lo que se espera del líder es que las encuentre, las entienda, las explique y las aplique.

Cuando el profeta Yeshayahu (44:6-8) nos dice: “Así dice Dios, Rey de Israel, y su Redentor, Dios de los ejércitos: Yo el primero, y Yo el último, y fuera de mí no hay Dios… ¿Y quién llamará como yo, y denunciará esto, y lo ordenará por mí, desde que hice el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir. No teman, ni se amedrenten: ¿no te lo hice oír desde antiguo, y te lo dije? Luego ustedes son mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay fuerte: no conozco ninguno”, nos confirma que no debemos temer a nadie en la confrontación ideológica en la discusión de los conceptos y los principios de la Torá.

Es éste el mensaje de despedida del Maestro Moshé, ¡Despiértense y no cometan más errores!, ¡Tomen la ley y estudien los preceptos al grado de poder, basándose en ellos, dialogar con todos sin temor, los disidentes de afuera y de adentro! ¡Cumplan las normas que son la esencia de la ética y la moral, para nosotros, para todas las generaciones y para todos los pueblos! ¡No teman en innovar en las respuestas a las preguntas de las futuras generaciones! ¡No se encierren en las contestaciones fáciles y sin compromiso! ¡Dialoguen con quienes tienen otros códigos y decodifíquenlos para hacer comprensible el eterno mensaje de la Torá!

¡Voy a morir, y me asumo como el moscardón que les pica para mantenerles despiertos después de mi partida, para que guarden el mensaje perenne y lo distribuyan, -para que asuman sus errores y no los repitan! – nos dice Moshé, y sus últimas palabras nos obligan a todos.


La Haftará “Sión será rescatada con juicio y sus arrepentidos con la justicia”

Eijá es una palabra muy fuerte que nos conduce a preguntarnos las razones de la destrucción.

El pueblo de Israel vive días difíciles en todo el mundo y en su propia tierra. Cuando se acerca el mes de av nos esforzarnos para sentir el duelo y para elaborarlo. Para aprender qué nos sucedió y poder superarlo. No es fácil. Como no es fácil alegrarse cuando comienza el mes de Adar, y para ello debamos esforzarnos.

La lectura de nuestra parashá que está unida siempre a la haftará que es el primer capítulo de Yeshayahu, nos introduce al libro Eijá –de las Lamentaciones-, del 9 de av.

Los tres textos están unidos por la palabra Eijá – ¿Cómo? -. Moshé nos dice “¿-Eijá -Cómo puedo seguir ocupándome de todos los problemas, las cargas y los pleitos de ustedes?” Yeshayahu (1:21) describe la situación del pueblo judío ciento cincuenta años antes de la destrucción con estas palabras: “¡-Eijá -Cómo se ha prostituido la ciudad fiel! Antes estaba llena de justicia. La rectitud moraba en ella, pero ahora sólo quedan asesinos.” Irmiahu ya habla en los días de la misma tragedia de la destrucción (Eijá 1:1; 2:1; 4:1).

“-Eijá – ¡Cómo se encuentra desolada la que fue ciudad populosa! ¡Tiene apariencia de viuda la que fue grande entre las naciones! ¡Hoy es esclava de las provincias la que fue gran señora entre ellas!”. “¡-Eijá -Cómo oscureció .A. en su ira a la hija de Sión! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel; no se acordó del estrado de sus pies en el día de su furor”. ¡-Eijá – Cómo se ha ennegrecido el oro! ¡Cómo ha perdido el oro puro su brillo! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.”

Tres profetas tienen visiones diferentes de pueblo judío en épocas diferentes y reaccionan con la pregunta ¿Eijá? – ¿Cómo es posible? Ellos ven lo que otros quieren no ver, sienten lo que otros reprimen. Se lamentan cuando los otros no perciben aún la tragedia. Gimen y lloran también por esa indiferencia. Por quienes al no apreciar la gravedad de la situación, no actúan. Las palabras de los profetas no son solamente lamentaciones ni descripciones de la realidad. Hay en ellas suficiente material para aprender y actuar. Sus amonestaciones y apercibimientos no son para castigar al pueblo sino para despertarlo. Lamentablemente no siempre lo logran, pero igualmente no renunciar al mandato recibido.

En el caso de Moshé, cuyo plañido leemos esta semana, el pueblo se encontraba aparentemente en un momento excelente. Tranquilo. Sin amenazas. Sin enemigo visible. Sin preocupaciones económicas. Sin embargo, el anciano líder se lamenta. Al grado que sus palabras firmes y concretas se interpretan por Sforno y por otros exegetas, como mucho más duras que lo que ya de por sí suenan a nuestros oídos. Moshé percibe lo que sucede con el pueblo. Hace un diagnóstico y suspira por él. Llora por su pueblo. Gime por su destino. Solloza por su propio fracaso al no haber podido educar a la generación que tuvo a su cargo. No pudo evitar que la gente se pelee, -dice Sforno-, pese a que estaban por entrar ya a la tierra de Israel. Debió nombrar un juez cada diez personas para hacer justicia en las demandas comerciales, en la manera de proveer las necesidades de las personas, en las discusiones por cualquier tema. Rashí es más agudo aún y vale la pena releerlo.

Moshé descubrió con tristeza que no hace falta que el enemigo asedie para que la situación interna sea mala. La falta de solidaridad, la envidia, la búsqueda de lo negativo, las riñas por pequeñeces, la competencia, son el ácido que consume a la sociedad. Yeshayahu no ahorra adjetivos para describir la situación del pueblo, cuando nos dice en el fragmento arriba citado: “¿Cómo te has convertido en ramera, tú, la ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad, ¡pero ahora la habitan los homicidas! Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua. Tus gobernantes son rebeldes y cómplices de ladrones. Todos aman el soborno y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano ni llega a ellos la causa de la viuda. Por tanto, dice .A. el Señor de los ejércitos, el Fuerte de Israel: « ¡Basta ya! ¡Tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios! Volveré mi mano contra ti, limpiaré hasta con lejía tus escorias y quitaré toda tu impureza”. Aquí el profeta aporta la solución diciendo que “Haré que tus jueces sean como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán “Ciudad de justicia”, “Ciudad fiel”, y por fin, “Sión será rescatada con juicio y sus arrepentidos con la justicia”. Pero, antes, en el versículo 8 ya describe la situación concreta con estas palabras: “La bella Sión ha quedado como cobertizo en un viñedo, como choza en un melonar, como ciudad sitiada”, después que Asiria limpiara la tierra de habitantes. ¿Cómo se comportaban los judíos en ese tiempo? El profeta (22:12) vuelve a describir la situación diciéndonos: “En aquel día .A., el Señor Todopoderoso, los llamó a llorar y a lamentarse, a raparse la cabeza y a hacer duelo. ¡Pero miren, hay gozo y alegría! ¡Se sacrifican vacas, se matan ovejas, se come carne y se bebe vino! « ¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!». Los que tienen, miran su presente pero no perciben el futuro. No desean luchar contra la corrupción, no quieren salir de la situación. Aprovechan los últimos momentos para llenarse de los bienes materiales.

Irmiahu, con sus profecías desafió la política de los reyes de Judea y anunció el castigo de .A. por la violencia y corrupción social, – “Hablan de paz, pero no hay paz,”- amonestó.

En el año 587 Nebujadnetzar derrotó a Israel, llevó cautivos a las personas importantes y esclavizó a miles más, mató al rey y destruyó el Templo de Yerushalaim. Y, hoy, todavía lo lloramos, como lloramos la destrucción del segundo por obra de los romanos.

Pero, hoy, también somos más conscientes de las causas de esas tragedias. En las breves palabras de Moshé en nuestra parashá está toda su esencia. La haftará en las palabras de Yeshayahu, sólo las actualiza. La clave está en Eijá. Por ello, Irmiahu, pone en nuestras endechas la misma pregunta.

En su respuesta correcta, está la solución.

Yeshayahu la resumió así: “Sión será rescatada con juicio y sus arrepentidos con la justicia”.

¿Nosotros ya hicimos nuestro resumen? Los próximos son días más que propicios para ello.


Recuerda la necesidad de analizar nuestros problemas

Hacia el comienzo de Parashat Devarim, mientras Moshé relata los preparativos de Benei Israel para abandonar el Sinaí y viajar a la Tierra de Israel, recuerda sentirse abrumado por la gran cantidad de casos judiciales que se le presentaron. En ese momento se vio obligado a designar un equipo de jueces para trabajar a fin de aliviar la carga de atender las disputas.

            Para explicar la relevancia de este relato, Sforno (1:12) escribe: “Les dijo esto para recordarles su maldad, que aunque les informó que entrarían a la tierra sin ninguna guerra, y este asunto les daría más beneficios y honor que todas sus propiedades y asuntos en el desierto, ellos [sin embargo] no se abstuvieron de provocar peleas entre sí de tal manera que necesitaba nombrar una jerarquía de jueces…” 

El conocimiento de que Benei Israel pronto entrarían y se establecerían en la Tierra de Israel, donde disfrutarían de prosperidad y éxito, debería haber hecho insignificante cualquier disputa financiera que pudieran haber tenido en el desierto. En ese momento, se suponía que su condición en el desierto era muy breve, ya que en cuestión de varias semanas habrían ingresado a la Tierra de Israel, donde construirían casas grandes y cómodas y desarrollarían grandes campos y viñedos. Cualquier reclamo que tuviera uno contra el otro en el desierto apenas era trascendente, ya que en cualquier caso estaban a punto de entrar en Eretz Israel donde todo cambiaría y vivirían juntos cómodamente y en paz. Por lo tanto, Moshé criticó a la gente por su miopía al preocuparse por los asuntos financieros que pronto se volverían prácticamente intrascendentes. 

            Muy a menudo, los problemas que parecen problemáticos en el presente se desvanecen rápidamente después de un corto período de tiempo. Muchas de las dificultades y decepciones que experimentamos en el pasado nos parecen ahora, con el beneficio de la retrospectiva y una perspectiva más clara, que han sido relativamente triviales y apenas valen la pena que sufrimos en ese momento. Los comentarios de Sforno nos recuerdan la necesidad de analizar nuestros problemas y decepciones desde una perspectiva más amplia, y reconocer que pronto parecerán mucho menos significativos de lo que parecen en el presente.


No debemos evitar tareas desafiantes

En Parashat Devarim, Moshé recuerda su nombramiento de los jueces y las instrucciones que les transmitió. Les advirtió que escucharan todos los casos presentados ante ellos, tanto grandes como pequeños, y que no temieran a nadie al tomar sus decisiones. Moshé concluye este versículo instruyendo a los jueces que los casos difíciles que se sienten incapaces de decidir deben presentarse a él para su dilucidación (1:17).

 Parece, a primera vista, que esta instrucción final está separada de las otras en este versículo. Después de que Moshé ordena a los jueces que juzguen todos los casos que se les presentan y que no tengan miedo de los poderosos litigantes, simplemente agrega, en conclusión, que los casos más difíciles deberían presentarse ante él.

 Se ha sugerido (ver Yekara De-orayta de Rav Yejiel Tzik), sin embargo, que estas instrucciones están, en verdad, relacionadas íntegramente entre sí.

Moshé estaba preocupado de que los jueces designados pudieran tratar de retirarse de un caso por una de dos razones, ya sea porque involucra una gran suma de dinero o produce otras repercusiones significativas, o porque uno (o ambos) de los litigantes es una persona de fuerza e influencia. Un juez puede tener miedo de fallar sobre un asunto muy pesado, y también presidir un caso que involucre a una persona de alta posición, y podría verse tentado en tales casos a llevar el caso a Moshé. En este verso, Moshé instruye a los jueces a que le difieran solo si el caso es realmente demasiado difícil y complejo para que ellos decidan. No deberían ceder ante él por temor a las implicaciones de su decisión, sino solo si los complejos problemas legales que se requieren   su experiencia única. 

            A veces nos decimos que cierta empresa es demasiado difícil para nosotros como excusa para absolvernos de la responsabilidad. “No puedo” es a menudo una forma deshonesta de decir “no quiero poner el esfuerzo”. La advertencia de Moshé a los jueces recién nombrados es, en esencia, una advertencia para todos nosotros, para absolvernos de desafíos difíciles solo si estamos verdaderamente y honestamente convencidos de que son demasiado difíciles de superar para nosotros. Ciertamente, no tiene valor persistir en tratar de hacer cosas que están más allá de nuestras capacidades. Al mismo tiempo, sin embargo, no debemos evitar tareas desafiantes que requieren esfuerzo y sacrificio, pero que están a nuestro alcance. Incluso cuando conlleva un cierto grado de dificultad, debemos esforzarnos para lograr el objetivo en lugar de afirmar falsamente que no podemos.


La devoción

El haftará leído en el Shabat que precede a Tishá B’Av es el primer capítulo de Sefer Yeshayahu, en el que el profeta distorsiona a la gente de su tiempo por sus graves fallas morales. Cuando presenta su dura condena, Yeshayahu, en nombre de Dios, se lamenta: “Un toro conoce bien a su comprador, y el asno el pesebre de su dueño; Israel mismo no ha conocido, mi propio pueblo no se ha portado con entendimiento” (1: 3). Yeshayahu lamenta el hecho de que mientras los animales son instintivamente leales a sus dueños que los alimentan y cuidan de ellos, Benei Israel ha sido desleal a Dios. 

            Esta analogía, a primera vista, parece injusta para los hijos de Israel. Las bestias como los bueyes y los burros son naturalmente capaces de domesticación y cumplen los deseos de sus dueños por puro instinto. ¿Se puede decir lo mismo sobre la fidelidad a las leyes de Dios? ¿Puede Dios realmente esperar el mismo tipo de devoción por parte de Benei Israel que los animales muestran a sus dueños por la fuerza de sus instintos naturales y arraigados? 

            Una respuesta, quizás, emerge del contenido de la profecía que presenta este versículo. En esta profecía, Yeshayahu condena a Benei Israel por ser un apasionado de las ofrendas de sacrificio en el Bet Ha-Mikdash, pero completamente indiferente a la moral básica y elemental. Los acusa de derramamiento de sangre (1: 15,21), de ignorar la difícil situación de los huérfanos y las viudas (1:17), y de usar dinero falsificado y vender mercancías defectuosas (1:22), y describe a sus líderes como ladrones (1:23)

La imagen que representa es una de valores y prioridades completamente distorsionados, de personas que ofrecen con entusiasmo sacrificios costosos a Dios, sintiéndose espiritualmente satisfechos y piadosos, mientras se mienten y engañan unos a otros y no tienen en cuenta los gritos de los desfavorecidos.

Parece que las personas de esta época sintieron que podían ser santas sin ser éticas, que podían ganarse el favor de Dios a través de sus esfuerzos sagrados y violar los estándares más básicos y elementales de ética y moralidad. 

            Como este es el mensaje claramente comunicado por esta profecía, quizás podamos sugerir una nueva explicación para la analogía de la lealtad instintiva de los animales domésticos a sus dueños.

Yeshayahu está condenando precisamente a las personas por ignorar las reglas éticas básicas e intuitivas mientras persiguen logros espirituales elevados. Enseña que la honestidad y la decencia están arraigadas en el sentido natural e intuitivo de la moralidad del ser humano, que tratar a las personas con dignidad y cuidar a los necesitados es tan instintivo para los seres humanos como comer del comedero del propietario para un burro.

El punto de Yeshayahu es precisamente que Am Israel estaba actuando en oposición al instinto ético humano, que sus aspiraciones espirituales los llevaron perversamente a violar sus sensibilidades morales intuitivas, en lugar de mejorarlas y refinarlas. En medio de su mordaz censura de la corrupción del pueblo, Yeshayahu los compara con las ciudades de Sdom y Amorá (1:10). Estas ciudades, por supuesto, fueron destruidas siglos antes, en tiempos de Abraham, debido a su iniquidad. El profeta Yejezkhel (16:49) declara explícitamente que el pecado de estas ciudades fue ignorar la difícil situación de los necesitados. Las fuentes midráshicas describen en detalle la objeción ideológica de Sdom a la hospitalidad y la caridad, y la Torá misma cuenta la reacción furiosa de la gente del pueblo cuando un residente, Lot, se atrevió a recibir a dos invitados (Bereshit 19). La caridad no está incluida en las Siete Leyes de Noaj, y nunca se dio una directriz explícita de Dios que exigiera que las personas reciban a los viajeros cansados ​​o alimenten a los hambrientos pobres. Este requisito universal se deriva de nuestro sentido humano intuitivo de decencia y compasión, y por lo tanto, Sdom y Amorá fueron destruidos a pesar de que nunca recibieron una orden explícita para ayudar a los necesitados. Yeshayahu invoca este precedente en su condena del sentido distorsionado de piedad de Benei Israel, enfatizando que no puede haber piedad sin adherirse primero a estándares elementales e intuitivos de decencia. 

            Este capítulo fue elegido como la profecía para ser leída y estudiada antes de Tishá B’Av, tal vez para instruir que a medida que buscamos mejorar a nosotros mismos para que seamos dignos de la redención, primero debemos abordar los conceptos básicos. Antes de intentar elevarnos a niveles exaltados de santidad, primero debemos establecer una base firme de moral y ética elementales. Por supuesto, el proceso de arrepentimiento y crecimiento no debe terminar allí, pero aquí es donde absolutamente debe comenzar. Solo una vez que nos adherimos a los principios básicos de integridad y sensibilidad, estamos preparados para avanzar y establecer objetivos espirituales elevados

5 comentarios

  1. Gracias mi Rav! Qué momento para nuestro pueblo! Prepararse para recibir las últimas señales de Moshé, recyento y sumar fuerza moral para lo que sigue. Pienso que en estos días en especial somos llamados a hacer esos recuentos y a armarnos de valor pats lo que sigue. Ver los eventos, revisar las leyes, escuchar las enseñanzas de los profetas y seguir adelante llevando a cabo nuestra misión como pueblo. Que surta efecto el piquete y veamos todo con claridad y sin ya necesitar de poquetes para actuar conforme a nuestras leyes.

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  2. Mi Rav gracias! Pues sí que nos piquen como abejas para despertar pero Moshé se va con mucho dolor y eso es posible que de alguna manera lo cargamos… cómo redimirlo? Siempre es el tema de muchos sacrificios y las buenas acciones dónde quedan?

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  3. Mi Rav gracias! Pues sí que nos piquen como abejas para despertar pero Moshé se va con mucho dolor y eso es posible que de alguna manera lo cargamos… cómo redimirlo? Siempre es el tema de muchos sacrificios y las buenas acciones dónde quedan?

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