Koraj

LA SINGULARIDAD DEL PUEBLO JUDÍO

En nuestra parashá leemos: “Koraj… y Datan y Aviram hijos de Eliav, y On hijo de Pelet, de los hijos de Reuvén… tomaron gente, y se levantaron contra Moshé y les dijeron (a Moshé y a Aarón) ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está .A.” (Bemidbar 16:1).

Pocas veces coincidí más con el profesor Yeshayahu Leibowitz que cuando planteaba sus puntos de vista acerca de la singularidad del pueblo judío. También con reservas… como sucede cuando llevamos a cabo estudios judíos.

“Y los hijos de Koraj no murieron” (Bemidbar 26:11) reconvenía Leibowitz que la filosofía de Koraj no desapareció con su muerte, sino que grandes pensadores judíos aceptaron su pensamiento, como si fueran sus continuadores ideológicos. Daba como ejemplo, siguiendo su estilo vocinglero y provocador, nada menos que a Rabí Yehuda Haleví (Kuzari), el Maharal de Praga, el Rav Kuk y sus seguidores. En esto no estoy de acuerdo. Leibowitz deseaba destacar que “Dentro de la realidad humana no hay unicidad absoluta. Los judíos son seres humanos como todos los demás, y no pueden ser peculiares por naturaleza, ya que todos somos, judíos y gentiles, hijos de Noaj”. Los judíos no podrían poseer aptitudes, que no son inherentes al hombre como tal. La noción de que el judío está dotado de características que los no judíos carecen (la facultad profética descrita por Yehuda Haleví; el “alma de la nación” propuesta por el rabino Kuk, y similares) deroga la importancia del judaísmo”… Leibowitz fue más allá diciendo que “el pueblo de Israel no fue elegido, sino que se le ordenó serlo”. …”Su singularidad consiste más bien en la demanda que se le impone y La gente puede o no atender esta demanda. Por lo tanto, su destino no está garantizado” (Leibowitz, Yeshayahu, Judaism, Human Values, and the Jewish State). En síntesis, la Kedushá es algo que se nos exige y no se nos otorga.

Los judíos no nacen con la Kedushá – lo santo, bendito, divino, y sagrado- sino que tienen la responsabilidad de luchar para lograrla. Aquí hago mía su idea, aunque creo que fuimos elegidos, por nuestra debilidad, fragilidad, vacilación, inseguridad, y apocamiento.

Obviamente el Rav Kuk nunca afirmó que “todas las personas de la nación son santas”, sino que Kneset Israel  -el pueblo judío- como totalidad, es una entidad sagrada, y condenó la filosofía de Koraj, diciendo que el llamado según el cual: ‘Todos en la nación son santos y .A. está entre ellos’ fue una aclamación burlesca de la sustancia de Kedushá, como no contamos con el espacio para desarrollar su ideario, lo resumiremos en el versículo: “Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará” (Yeshayahu 43:21), y pese a la afirmación del filósofo, no hay contradicción entre ambas posiciones. Tampoco hay contradicción con la idea de la lucha individual por alcanzar la santidad con el pensamiento del Maharal que señala que la elección del pueblo judío es por lo que nos ha inculcado la posibilidad de alcanzar esa santidad.

En la “Aldea Global” con sus consecuencias socioculturales de la comunicación, inmediata y mundial de todo tipo de información, a partir de aquello que posibilitan y estimulan los medios electrónicos, es muy importante apreciar la igualdad en todas las áreas particularmente cuando se consideran los derechos y privilegios de todos los seres humanos, y nosotros, como judíos, debemos ser los primeros en abrazar esa igualdad. Pero también es fundamental reconocer las incompatibilidades de nuestra vocación con la ajena y nuestra visión y la de los demás.   

Todos los seres humanos, sin distinción, sin importar donde nacieron ni en qué condición vivieron tienen la posibilidad y obligación de ser seres de bien y alcanzar sus objetivos personales, sean profesionales, educativos y económico.

Nosotros como colectivo judío, no debemos ni podemos renunciar al gran objetivo ético de luchar por la vida, pero, esa elección no es suficiente, si cada individuo no elige simultáneamente encontrar su camino a la perfección que le llevará a la santidad, que según Yeshayahu Leibowitz consiste en el cumplimiento de todas las mitzvot de la Torá.

De allí nuestra unicidad.

RIÑAS QUE NUNCA ACABAN

Nuestros sabios vieron en el conflicto entre Koraj y su grupo, el modelo de aquellas riñas y querellas entre las personas y los grupos, que no se hacen con intenciones puras. Esas luchas infructuosas se pierden de la memoria histórica. Nada sale ni saldrá de ellas en beneficio de nadie. Lo que le sucedió a Moshé, le ocurre lamentablemente, a muchos líderes y conductores que se sacrifican por el bien de la comunidad y de pronto tienen que invertir enorme energía para ocuparse en aquellos que empujados por elementos personales negativos, usan argumentos aparentemente lógicos y razonables, para destruir.

Veamos: “Y tomaron (gente) Koraj hijo de Itzhar… descendientes de Rubén, y se levantaron contra Moshé con doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel, líderes de la congregación, miembros del consejo, personas de renombre. Se reunieron para oponerse a Moshé y a Aarón, y les dijeron: –¡Basta! ya han ido ya demasiado lejos porque toda la congregación, todos ellos son santos y en medio de ellos está el Señor. ¿Por qué, pues, ustedes se encumbran sobre la congregación de .A.? … Abrió la tierra su boca y se los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Koraj y a todos sus bienes. Bajaron vivos al sepulcro, junto con todo lo que tenían, y la tierra se cerró sobre ellos y desaparecieron de en medio de la congregación”. (Bemidbar 16:1-3, 32-33).

Nuestros sabios categorizaron las contiendas según sus intenciones. Si se llevan a cabo para corregir los errores o para mejorar lo mejorable, son positivas. Si son producto de celos, de la necesidad de predominar, de odios, al final se pierden en la nada, también en el caso en que el razonamiento pudiera oírse racional.

La mishná Avot (5:17) nos indica tomar como ejemplo de lo bello y fructuoso a las discusiones entre Hilel y Shamay y alejarnos de aquellas luchas como las que nos relata nuestra parashá. En el primer tipo, el grupo se une frente a un objetivo común, en el otro, cada uno tiene un objetivo diferente, cada uno busca su porción de honor, nos enseña rabí Meir Leibush ben Yejiel Mijl, el Malbim -.

El midrash Tanjumá nos ilustra explicándonos la cercanía de la parashá de tzitzit con el conflicto de Koraj, diciéndonos que éste hacía preguntas capciosas que podrían parecer inteligentes, por ejemplo, acerca de si un talit que es todo de hilo cárdeno – tejelet- necesita o no que le aten los flecos de los tzitzit, mofándose de cómo sólo 4 hilos valen más que toda una tela. Según el midrash, Koraj cuestionaba si una casa llena de libros de la Torá, necesita mezuzot que contienen sólo varios renglones del mismo texto que igualmente se encuentra allí. Podríamos encontrar algún raciocinio en esos argumentos, si hubieran sido elevados de buena fe. Pero no tiene ningún sentido buscarlos, porque a Koraj y a sus seguidores no les importaba la respuesta, sólo la exposición de sus reflexiones que podrían haber parecido a más de un incauto como originales y sinceros. Podían aparecer sofisticaciones de personas cultas. Exposiciones de quienes están buscando la pureza de la Ley. Sin embargo, presentaban también una postura teológica completa que los llevaba a oponerse a la lógica de la Halajá. Se oponían a la legitimidad de las instituciones y a la jerarquía. Con el argumento de la santidad del talit puro y de la casa llena de libros, se olvidaron que los seres humanos, necesitamos de tzitzit y de mezuzot, y que no es suficiente tener libros ni telas de pureza si no estamos en el mundo del cumplimiento de los preceptos.

Koraj quizás tuvo razón cuando protestó por la concentración del poder en Moshé y en su hermano Aarón, cuando tenían la responsabilidad por todo el pueblo, tema que muchos jajamim esbozaron cuando debieron establecer las normas de la conducción comunitaria. Ambos eran hermanos. Tenían intereses y conflictos de intereses. Pero, es evidente que la intención de Koraj no era buscar normas más justas, ni pureza en las relaciones del poder.

Su interés estaba en otro lado. Pese a que hablaban en nombre de todos, nadie los había nombrado representantes. Se arrogaron de derechos que no tenían. Para Koraj lo importante era exponer su presencia y no ahorró razonamientos que le den una pátina de honor.

Así sucede en todos los conflictos. Quienes los inician se creen que llevan la representatividad de todos, pero, ellos no consultan a nadie. El fondo del conflicto no está en los conflictos que dicen defender sino en sus cuestiones personales.

Por ello no debe extrañar el aparentemente desmedido y desproporcionado castigo que recibieron. Koraj y su grupo estaba formado por personas importantes destinadas a ocupar puestos de liderato incluso en el terreno espiritual. Pero, la ambición los perdió.

Hay un contraste evidente entre Aarón que buscaba hacer la paz entre las personas como tan bien lo describe Avot 1:12 buscando amenguar el fuego de los conflictos, y Koraj que los avivaba cuando no era necesario.

Incluso Moshé supo ir a buscar a Datán y a Avirán, seguido por los ancianos de Israel después que estos le hubieran despreciado desconociendo su convocatoria y agregando quejas a las ya presentadas, tal como lo leemos en el versículo 25.

El fin de Koraj y su grupo nos indica lo que sucede en este tipo de conflictos. Tal como leemos en el libro de los Proverbios (11:27-28) “El que con diligencia busca el bien, se procura favor, pero el que busca el mal, le vendrá. El que confía en sus riquezas, caerá, pero los justos prosperarán como la hoja verde”.

Quienes buscan conflicto queriendo destruir, terminan destruidos. El daño que causan es luego pagado por todos.

Por ello, hay que saber oponerse a quienes fomentan la discusión, el desacuerdo, los litigios que no tienen sentido, y detenerlos a tiempo. Esa oposición debe ser firme y valiente.

La opción es asimilar el camino de Aarón. En lo privado, en lo comunitario, y en lo nacional.

Moshé es verdadero

 La rebelión de Qoraj y sus conspiradores contra Moshé y Aarón, fue un desafío al liderato de Moshé que por ella lo reafirmó, -repito una lectura del comentario del rav Norman Lamm-.

La discusión recuerda la de Caín y Abel y si se desea, las otras disputas del libro Bereshit. Hay también aquí celos y envidia que empujaron a Qoraj a su insurrección. En estos conflictos no falta la concupiscencia, el deseo, y el apetito voraz ni tampoco la búsqueda de honor y el reconocimiento. Qoraj se sentía profundamente infeliz debido a la falta de reconocimiento que sentía que se merecía. La disputa entre Moshé y Qoraj es un drama universal, tan viejo como el hombre mismo. Mientras haya personas que se permitan ser dominadas por aspiraciones indignas, alguien va a ser aterrorizado y victimizado. En estos conflictos observamos la proyección de intenciones egoístas, utilitarias y agresivas en forma de lo noble, lo bueno y lo decente. Qoraj, volvió los ojos hacia el cielo y actuó como un verdadero demagogo, denunció a Moshé y Aarón diciendo: “¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de .A.?” La tradición judía registra además que Qoraj trató de hacer que Moshé y Aarón aparecieran como tiranos que explotaron innecesariamente a la gente para su beneficio personal y beneficio. Él se lanzó en el papel del abogado del hombre ordinario común contra la tiranía de Moshé. Es la acción, el motivo más profundo, tácito y no articulado, pero disfrazado en el manto de la piedad, que es terriblemente e indescriptiblemente malvado. Es lo que realmente cuenta. El resto es indigno de ser registrado en la Escritura. Moshé se negó a discutir las quejas de Qoraj en la forma en que fueron presentadas. En su lugar, traspasó la máscara, se dirigió directamente al corazón del asunto y arrancó las caretas de estos hombres malvados. Él les dijo (Bemidbar 16: 8-9): “Escuchen aquí, hijos de Leví ¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, acercándoos a él para que ministréis en el servicio del tabernáculo de .A., y estéis delante de la congregación para ministrarles?” Él los despojó de todas sus piadosas pretensiones y dejó que todo el pueblo vea lo que realmente deseaban estos rebeldes: poder, poder y más poder.

Debemos aprender de la historia de Qoraj y Moshé – que nunca se nos debemos dejar impresionar por estafadores piadosos, porque su altruismo es fraudulento. El mal no debe ser debatido – debe ser expuesto. Para sobrevivir física, moral y espiritualmente, debemos insistir en la verdad y buscarla con todo el poder a nuestro mando.

En los últimos años, los escritores judíos y los “intelectuales” que se sienten muy incómodos con su judaísmo se han pronunciado públicamente sobre nuestra fe de muchas maneras. Peor aún, ciertas organizaciones se han vuelto a ellos como los oráculos que decidirán por nosotros la verdadera naturaleza y el futuro del judaísmo. Debemos aprender, y deberíamos haber aprendido ya, que todo esto es una fachada. Aquellos de nosotros que somos fieles a la tradición judía y leales a nuestra Torá no necesitamos inventar nuevas definiciones de la judeidad. Como Moshé, preferimos ir directamente a la verdad. Es por una buena razón que la Agadá (Baba Batra 74a) nos dice de Raba bar Bar Janá poniendo su oído al suelo en un lugar en el desierto señalado a él por un árabe como el lugar de entierro de Qoraj y sus cohortes, les oyó declarar desde las entrañas de la tierra: “Moshé es verdadero y su Torá es verdad”. Nuestra Torá es la verdad, y nuestra verdad es la Torá. No nos quedaremos atrapados por las consignas, las “imágenes” y las posturas de Qoraj y de otros de su clase. A través de nuestra Torá de verdad nos volveremos perceptivos. Con su sabiduría, sus ideas y sus bendiciones eternas aprenderemos a vivir nuestras vidas de una manera agradable a Dios. Proclamaremos eternamente, por todo el tiempo y por todo el mundo, “Moshé es verdadero y su Torá es verdadera”


La influencia y la persuasión, contra la fuerza

El relato de la rebelión de Qoraj, una alianza non sancta de individuos y grupos que no veían con buenos ojos la conducción de Moshé, nos permite no sólo comprender los impulsos de la confabulación, sino profundizar en nuevas aristas de la personalidad del líder, -discutido también en este caso- del pueblo: Nuestro maestro Moshé.

Qoraj, miembro de la tribu de Leví, estaba enojado por no haber recibido un papel más prominente. Otros estaban encrespados porque sus propias tribus de origen habían sido desplazadas. Reuvén había sido el primogénito de Yaakov, y algunos de sus descendientes sentían que debieron haber tenido preeminencia. El conflicto de Qoraj que habla de ambición frustrada y de pequeños celos – que los sabios calificaron en un lenguaje realmente educativo “una discusión que no fue llevada a cabo con motivaciones celestiales”. (Ver Mishná Avot Capítulo 5 Mishná 17), para diferenciarla de los conflictos ideológicos desprovistos de intereses personales.

Nos detendremos en la reacción de Moshé quien dijo: -“En esto conocerán que .A. me ha enviado para que haga todas estas cosas, y que no las hice por mi propia voluntad: Si éstos mueren como mueren todos los hombres, o si les acontece sólo la misma suerte de todos los hombres, entonces .A. no me ha enviado. Pero si .A. hace algo nuevo y la tierra abre su boca y se los traga, junto con todo lo que les pertenece, y descienden vivos al Sheol, entonces conocerán que estos hombres han menospreciado a .A.” (Bemidbar 16:28-30). Moshé utiliza la fuerza que tenía en otras esferas para eliminar la oposición. Ello en contraste a la generosidad de espíritu que demostró cuando Yehoshúa le informa que Eldad y Medad estaban profetizando en el campo lejos de Moshé y de las setenta ancianos. “Sobre ellos también se posó el Espíritu. Ellos estaban entre los que habían sido inscritos pero que no habían ido al tabernáculo, y comenzaron a profetizar en el campamento”… Luego intervino Yehoshúa…, y dijo: -¡Señor mío, Moshé, impídeselo!” Y allí Moshé en una frase majestuosa le respondió: -“¿Tienes tú celos por mí? ¡Ojalá que todos fuesen profetas en el pueblo de .A., y que .A. pusiese su Espíritu sobre ellos! “(11: 26-30)

¿Cuál era la diferencia entre las acciones de Eldad y Medad y las de Qoraj y sus confabulados? ¿Qué provoca la dispar reacción de Moshé, antes quienes en definitiva conspiran contra él? ¿Por qué el primero, fue un sentimiento legítimo, pero no el segundo?

Encontramos un atisbo de respuesta en el Otzar Hamidrashim (Eisenstein) 265: “Dice Rabí Nejemia: que “las palabras de la Torá pueden ser pobres en un lugar, pero suculentas en otros” basándose en Mishlé 31, “es como un barco mercante, de lejos trae el pan”.

Si intentamos entender un versículo que aparentemente se contradice con otro o que nos parece insuficiente, encontraremos en otro lugar de la Torá, la solución. Tal como se expresa en la última regla de hermenéutica, de las trece de rabí Yishmael, (en Sifrá Beraita de Rabí Yishmael 1 Capítulo 1), que sirven para llevar a cabo la exégesis bíblica: “donde hay dos versículos que se contradicen, el significado se encuentra en un tercero que los armoniza y decide entre ellos”.

Moshé pide a .A. para elegir al siguiente líder del pueblo. “Luego .A. dijo a Moshé: -Toma a Yehoshúa hijo de Nun, hombre en el cual hay espíritu, y pon tu mano [vesamajta et yadeja] sobre él. Harás que se ponga de pie delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación, y le comisionarás en presencia de ellos. Pondrás de tu esplendor sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca” (Bemidbar 27:18-20).

.A. ordena a Moshé que realice dos actos para la presentación de Yehoshúa. Primero él debe “poner su mano” en Yehoshúa y después darle “algo de su esplendor”. ¿Cuál es el significado de estos dos gestos? ¿Cómo se diferencian el uno del otro? El Midrash nos dice: “Apoyarás tu mano en él” – como quien enciende una vela del fuego de otra, “le darás algo de tu esplendor” – como vertiendo (líquidos) de un recipiente a otro” (Bemidbar Raba (Vilna) 21:15).

La interpretación que nos da el midrash al versículo nos permitirá ahora descifrar el enigma.

Aprendemos aquí las dimensiones y los estilos en la conducción de un pueblo y del liderazgo. Hay un modelo de gobierno autoritario que conduce todo por la fuerza, hay otra manera, que conduce por persuasión, educación e influencia. A menudo confundimos los dos. Después de todo, los que tienen fuerza tienen influencia, y los que tienen ascendiente gozan de cierta clase de poder. Sin embargo, los dos modelos no sólo son absolutamente diferentes, sino que son contrarios entre sí. De la fuerza nada queda después de haber sido usada, excepto resentimiento y división La influencia es multiplicadora. Que más usamos la fuerza, nos da menos autoridad. Cuando persuadimos, influenciamos, brindamos conocimiento, nos inspiramos, logramos más, tenemos más.

La diferencia es tan abismal, que la Torá asigna dos papeles distintos al rey y al profeta. Los reyes podrían imponer impuestos, reclutar a gente para servir en el ejército, y decidir cuándo y contra quién se debe emprender la guerra. Podrían, incluso, imponer castigos para preservar el orden social. Los profetas, por el contrario, no tenían ninguna fuerza formal ni informal. No comandan a ningún ejército. No tienen otro poder que hablar con la palabra de .A., pero no tenían ningún medio de hacerla cumplir. ¡Todo lo que tenían era ascendiente e influencia! Recordemos la lucha de Eliyahu contra la corrupción, la llamada de Amós a la justicia social, la visión de Yeshayahu sobre el final de los días, que hasta hoy nos brindan inspiración. ¿Quién, se conmueve hoy por las vidas de Ajab, Yehoshafat o Yehu, que fueron reyes tan poderosos? Cuando un emperador muere, termina su poder. Pero, cuando muere un profeta, recién en ese momento comienza su influencia. Moshé ocupó los dos papeles de la dirección: fue mandatario y profeta. En una mano, tenía la fuerza y era el equivalente funcional de un rey y condujo al pueblo fuera de Egipto, le ordenó en la batalla, designó los líderes y jueces y dirigió la conducta de la gente. Pero Moshé era también un profeta, el más grande y más importante de todos. Era un hombre de visión. Él oyó y habló la palabra de .A.

Su influencia es incalculable. Convirtió a gente dispersa, esclavizada y perseguida, en una nación que sobrevivió en el exilio a países mucho más poderosos durante siglos.

Cuando Moshé nombra a Yehoshúa le da autoridad como profeta. La misma frase usada por la Torá – vesamajta et yadeja, ` pon tu mano’ en él – pasa el fuego de las manos del Maestro al discípulo. En segundo lugar, le da también la fuerza del esplendor que quizás debamos traducir como majestad. La naturaleza de este papel como el jefe de estado y comandante del ejército se hace absolutamente clara en el texto. .A. dice a Moshé: “dale algo de tu esplendor de modo que la comunidad lo obedezca… Bajo su mando, el pueblo saldrá a luchar, y bajo mando regresarán.” Ese es el lenguaje de la fuerza. El significado del midrash, es ahora claro, elegante y exacto. La transferencia de la influencia (“posa tu mano en él”) es “como la iluminación de una luz que se enciende de otra”. Cuando tomamos una vela para hacer arder otra, la luz de la primera no disminuye. Cuando compartimos nuestra influencia con otros, no perdemos nada de la misma, tenemos más que antes. La suma total de la luz aumenta. La fuerza, sin embargo, es diferente. Es como “verter líquido de un recipiente a otro”. Cuanto más vertemos en el segundo, menos queda en el primero. La fuerza disminuye con su uso.

Cuando Yehoshúa temió que Eldad y Medad amenazaran la autoridad de Moshé, éste contestó que todo el pueblo estaba formado por profetas. El joven Yehoshúa había confundido influencia con fuerza. Eldad y Medad ni buscaron ni ganaron fuerza. En total, por un rato, gozaron de una parte del “espíritu profético” que estaba en Moshé. Participaron en su influencia. Nunca amenazaron a la autoridad profética. Por el contrario, cuando se comparte más extensamente, es más fuerte. La fuerza, sin embargo, es lo que buscaron Qoraj y sus seguidores – y en ese caso la rivalidad amenaza a la autoridad. “Hay un líder para una generación”, dijeron los sabios, “no dos”. Sin el monopolio del uso legítimo de la fuerza coactiva, no hay gobierno. La petición de Moshé que Qoraj y sus seguidores sean tragados por la tierra no fue por cólera ni miedo. Ni fue motivada por ninguna consideración personal. La profecía puede ser compartida, pero no el poder. Si hay dos o más fuentes competentes del poder dentro en un dominio, no hay rumbo. De la rebelión de Qoraj contra Moshé debía emerger un sólo vencedor; ambos no podían ganar. Las profecías de otros, que es muestra de la libertad de la palabra no causan conflicto, se pueden compartir sin pérdida o se puede disentir con ellas. Los que las comparten con otros, agregan a la abundancia espiritual de una comunidad sin perder ninguno de sus atributos.

Respecto a Qoraj, Moshé ejerce la fuerza ya que no tenía más remedio, pero, la deja en manos de .A., en cuanto a los profetas en su campamento, los tolera, casi los festeja. En ambos casos hizo lo que debía.


Un modelo de riñas que nunca acaba ni aún en nuestros días

Nuestros sabios vieron en el conflicto entre Qoraj y su grupo, el modelo de aquellas riñas y querellas entre las personas y los grupos, particularmente cercanos al trabajo comunitario y nacional, que no se hacen con intenciones puras.

Esas luchas infructuosas que se pierden de la memoria histórica por ser intrascendentes. Nada sale ni saldrá de ellas en beneficio de nadie. Lo que le sucedió a Moshé, le ocurre lamentablemente, a muchos líderes y conductores que se sacrifican por el bien de la comunidad y de pronto tienen que invertir enorme energía para ocuparse en aquellos que empujados por elementos personales negativos, usan argumentos aparentemente lógicos y razonables, para destruir.

Veamos: “Y tomaron (gente) Qoraj hijo de Itzhar… con Datán y Avirán hijos de Eliav, y On hijo de Pelet, descendientes de Reuvén, y se levantaron contra Moshé con doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel, líderes de la congregación, miembros del consejo, personas de renombre. Se reunieron para oponerse a Moshé y a Aarón, y les dijeron: –¡Basta! ya han ido ya demasiado lejos porque toda la congregación, todos ellos son santos y en medio de ellos está el Señor. ¿Por qué, pues, ustedes se encumbran sobre la congregación de D- os? … Abrió la tierra su boca y se los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Qoraj y a todos sus bienes. Bajaron vivos al sepulcro, junto con todo lo que tenían, y la tierra se cerró sobre ellos y desaparecieron de en medio de la congregación”. (Bemidbar 16:1-3, 32-33).

El conflicto es un concepto social, educativo y conductual que tiene gran impacto en la vida de las personas y de la sociedad y que exige de enorme fuerza para no verse enredado en él.

Nuestros sabios categorizaron las contiendas según sus intenciones. Si se llevan a cabo para corregir los errores o para mejorar lo mejorable, son positivas. Si son producto de celos, de la necesidad de predominar, de odios, al final se pierden en la nada. Aun cuando el razonamiento pudiera oírse racional.

La mishná Avot (5:17) nos indica tomar como ejemplo de lo bello y fructuoso a las discusiones entre Hilel y Shamay y alejarnos de aquellas luchas como las que nos relata nuestra parashá. Son un ejemplo de lo peor. En la primera, en la búsqueda de la verdad, las partes persisten y perduran. Las otras son intrascendentes. En el primer tipo, el grupo se une frente a un objetivo común, en el otro, cada uno tiene un objetivo diferente, cada uno busca su porción de honor, nos enseña rabí Meir Leibush ben Yejiel Mijl, el Malbim -.

El midrash Tanjumá nos ilustra explicándonos la cercanía de la parashá de tzitzit con el conflicto de Qoraj, diciéndonos que éste hacía preguntas capciosas que podrían parecer inteligentes, por ejemplo, acerca de si un talit que es todo de hilo cárdeno – tejelet- necesita o no que le aten los flecos de los tzitzit, mofándose de cómo sólo 4 hilos valen más que toda una tela. Según el midrash, Qoraj cuestionaba si una casa llena de libros de la Torá, necesita mezuzot que contienen sólo varios renglones del mismo texto que igualmente se encuentra allí. Podríamos encontrar algún raciocinio en esos argumentos, si hubieran sido elevados de buena fe. Pero no tiene ningún sentido buscarlos, porque a Qoraj y a sus seguidores no les importaba la respuesta, sólo la exposición de sus reflexiones que podrían haber parecido a más de un incauto como originales y sinceros. Podían aparecer sofisticaciones de personas cultas. Exposiciones de quienes están buscando la pureza de la Ley. Sin embargo, presentaban también una postura teológica completa que los llevaba a oponerse a la lógica de la Halajá. Se oponían a la legitimidad de las instituciones y a la jerarquía. Con el argumento de la santidad del talit puro y de la casa llena de libros, se olvidaron que los seres humanos, necesitamos de tzitzit y de mezuzot, y que no es suficiente tener libros ni telas de pureza si no estamos en el mundo del cumplimiento de los preceptos.

Qoraj quizás tuvo razón cuando protestó por la concentración del poder en Moshé y en su hermano Aarón, cuando tenían la responsabilidad por todo el pueblo, tema que muchos jajamim esbozaron cuando debieron establecer las normas de la conducción comunitaria. Ambos eran hermanos. Tenían intereses y conflictos de intereses. Pero, es evidente que la intención de Qoraj no era buscar normas más justas, ni pureza en las relaciones del poder.

Su interés estaba en otro lado. Pese a que hablaban en nombre de todos, nadie los había nombrado representantes. Se arrogaron de derechos que no tenían. Para Qoraj lo importante era exponer su presencia y no ahorró razonamientos que le den una pátina de honor.

Así sucede en todos los conflictos. Quienes los inician se creen que llevan la representatividad de todos, pero, ellos no consultan a nadie. El fondo del conflicto no está en los conflictos que dicen defender sino en sus cuestiones personales.

Por ello no debe extrañar el aparentemente desmedido y desproporcionado castigo que recibieron. Qoraj y su grupo estaba formado por personas importantes destinadas a ocupar puestos de liderato incluso en el terreno espiritual. Pero, la ambición los perdió. El castigo es ejemplar para las generaciones venideras, que no siempre parece que comprendieron el mensaje.

Hay un contraste evidente entre Aarón que buscaba hacer la paz entre las personas como tan bien lo describe Avot 1:12 buscando amenguar el fuego de los conflictos, y Qoraj que los avivaba cuando no era necesario.

Incluso Moshé supo ir a buscar a Datán y a Avirán, seguido por los ancianos de Israel después que estos le hubieran despreciado desconociendo su convocatoria y agregando quejas a las ya presentadas, tal como lo leemos en el versículo 25.

El fin de Qoraj y su grupo nos indica lo que sucede en este tipo de conflictos. Tal como leemos en el libro de los Proverbios (11:27-28) “El que con diligencia busca el bien, se procura favor, pero el que busca el mal, le vendrá. El que confía en sus riquezas, caerá, pero los justos prosperarán como la hoja verde”.

Quienes buscan conflicto queriendo destruir, terminan destruidos. El daño que causan es luego pagado por todos.

Por ello, hay que saber oponerse a quienes fomentan la discusión, el desacuerdo, los litigios que no tienen sentido, y detenerlos a tiempo. Esa oposición debe ser firme y valiente.

La opción es asimilar el camino de Aarón. En lo privado, en lo comunitario, y en lo nacional.

PARASHAT QORAJ – De Moshé se dice que “era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra”

Es conocido el midrash Tanjumá, citado por Rashí, que nos cuenta que Qoraj se dirigió a Moshé acompañado por sus compañeros de conspiración, y le recordó su última alocución: “Habló .A. a Moshé diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: hagan para ustedes tzitzit en los extremos de sus prendas, a través de sus generaciones, y dispondrán sobre los tzitzit de los extremos, un hilo tejelet” (Bemidbar 15: 37 – 38). Todos estaban vestidos con túnicas de color tejelet y preguntaron: ¿Acaso una prenda totalmente de color “tejelet”, está exenta de los tzitzit? Moshé respondió: “Es obligatorio colocarle los tzitzit”. Qoraj clamó: “¿Una prenda que es totalmente color ‘tejelet’ no logra eximirse a sí misma, y cuatro hilos si la dispensan?” (Tanjumá, Qoraj 4; Rashí en Bemidbar 16: 1.)

El Midrash muestra cómo Qoraj desafió la autoridad de Moshé y el liderazgo de Aarón. “Porque la entera asamblea son todos santos”, son como sus prendas todas de color tejelet. En ese caso no necesitan de ningún agregado porque no se distinguiría. Sería totalmente superfluo. Un pueblo santo, para que sea más sagrado todavía, no necesita gente venerable adicional como Moshé y Aarón. La idea de una jerarquía de liderazgo en “un reino de sacerdotes y una nación santa” es una contradicción en los términos. Todo el mundo es como el sacerdote. Todo el mundo es santo. Si todos son iguales en dignidad ante .A., la jerarquía no tiene lugar.

Una primera lectura del texto nos induce a pensar que Qoraj tenía razón. Entonces ¿en qué se equivocó?

El error de Qoraj fue ver el liderazgo en términos de estatus. Para Qoraj, un líder es el controlador, director, dominador, ante quien la gente se postra. Es el jefe, el comandante, el superior, la persona a quien todos deben glorificar con “adhesión inquebrantable”. Eso es lo que los líderes eran y son en las sociedades jerarquizadas. Eso es lo que Qoraj significó al decir que Aarón y Moshé estaban por encima de las personas.

Pero ése no es el modelo de liderazgo enseñado en la Torá. De Moshé se dice que “era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra” (Bemidbar 12: 3). Acerca de Aarón y los sacerdotes, en su condición de aquellos que bendicen al pueblo, dice “así invocarán mi nombre…, para que yo los bendiga” (Bemidbar 6: 27). En otras palabras, los sacerdotes eran meros vehículos a través de los cuales fluye la fuerza divina. Ni el sacerdote ni el profeta tenían poder o autoridad personal. Eran transmisores de una palabra que no era suya. Es por eso que la humildad no fue un accidente personal en el perfil psicológico de Moshé, sino parte de la esencia misma de su función.

Incluso el más mínimo indicio de que estaban ejerciendo su propia autoridad, hablando su propia palabra o hacer su propia obra, era invalidada inmediatamente. Eso, de hecho, es lo que selló el destino de Moshé y Aarón cuando las personas se quejaron y dijeron: “Luego Moshé y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moshé dijo: « ¡Escuchen, rebeldes! ¿Acaso tenemos que sacarles agua de esta roca?» (Bemidbar 20: 10).

Hay muchas interpretaciones de lo que salió mal en esa ocasión pero, sin lugar a dudas, es que atribuyeron la acción a sí mismos en lugar de adjudicarla a .A. (véase Jizkuni ad loc.). Incluso al rey se le ordena ser humilde. Debe llevar un rollo de la Torá con él y “la tendrá siempre a su alcance y la leerá todos los días de su vida. Así aprenderá a temer al Señor su .A., cumplirá fielmente todas las palabras de esta ley y sus preceptos,   no se creerá superior a sus hermanos ni se apartará de la ley en el más mínimo detalle… “(Devarim 17: 19-20, y ver Rambam, Leyes de Reyes, 2: 6).

En el judaísmo el liderazgo no es una cuestión de Estado, sino de la función. Pero, la ausencia de jerarquía no significa la ausencia de liderazgo. Un líder no tiene por qué ser mejor que sus dirigidos. Su papel es diferente. Debe coordinar, dar estructura y formar, asegurarse de que todo el mundo está siguiendo el mismo guion, viajando en la misma dirección, actuando como un conjunto y no como un caos. Tiene una visión y debe comunicarla. A veces tiene que imponer la disciplina. Sin liderazgo, incluso la gama más brillante de talentos produce solo ruido. Cuando no hay liderazgo sucede como en la época de los jueces: “en aquella época no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor.” (Shoftim 17: 6, 21, 25). Eso es lo que sucede.

En el judaísmo un líder es el siervo de .A., no de la gente, pero tampoco es el amo superior del pueblo llano. Nunca está por encima de ellos: él y ellos son iguales. Él no es más que su maestro, su guía, y defensor. Su tarea es recordarles sin cesar su vocación y les ayuda a ser fiel a ella.

Ese fue, pues, el error de Qoraj. Pensó que los líderes son los que deciden sobre la congregación. Sin tzitzit, una túnica azul de tejelet es sólo un vestido, no una prenda sagrada. Sin el liderazgo, el pueblo judío es sólo un pueblo, un grupo étnico, no una nación santa. 

La forma de pensar de Qoraj no perduró. La humildad de Moshé nos sigue iluminando aún en nuestros días.

   Reflexión

Nuestro ideal es hacer todo “Leshem Shamaim”, para honrar el Nombre Celestial. Ello obliga a ser coherentes, sin descuidar prestar atención a nuestra voz interior. Existimos como pueblo mientras aprovechamos la libertad del pensamiento y el compromiso a la Halajá. Quienes abandonaron ese umbral, incluso sin proponérselo, se separan del pueblo judío. Debemos a aprender a ser medidos. La halajá se mueve a su ritmo, y a veces nos inquietamos deseosos que el mismo se altere, pero, la historia nos demuestra que es mejor que sea así. Si comenzáramos a alterar esa cadencia nos veríamos fuera de juego porque perderíamos la coherencia. La vida sinagogal, así como la comunitaria, deben ser totalmente libres en la expresión del pensamiento y muy cuidadosas en no liberar los límites de la norma bajo ninguna circunstancia. 

 “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría [Instrúyenos en las profundidades de nuestras almas cuán corto es nuestro tiempo]. De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años en que vimos el mal. [Muéstranos que todas las cosas son transitorias y cuán precioso es cada día]. Sea la luz de .A. nuestro Dios sobre nosotros, afianza la obra de nuestras manos; ¡Afirma, sí, nuestro trabajo! [Y deja que el trabajo de nuestras manos prospere]”. Tehilim 90, in fine, comentado por el autor. 

Las autoridades deben saber detener los intentos de desborde, sean provocados por los que desean una secularización de la vida religiosa para que se acomode a sus fantasías, como la de quienes entienden que el diálogo sobre la interpretación de la Torá debe ser abortado, porque creen que así se respetarán las normas más eficientemente. El resultado de estos últimos fue sumir a comunidades enteras en la más profunda ignorancia y como resultado de ello terminaron desconociendo la halajá o quedándose con normas distorsionadas influenciadas por el paganismo, sin ser conscientes de ello. Y a los padres de jóvenes, una pequeña recomendación. Padres excesivamente sensibles y protectores, que permiten un comportamiento de sus hijos que se expresa por medio de berrinches, temores inadvertidamente crecientes y ansiedad generada, termina en angustia y depresión. La negligencia benigna, que intenta fomentar la independencia y la iniciativa, no es una estrategia que se ajuste bien. El enmascaramiento, la sobreprotección, y el conflicto, que intentan inculcar a sus hijos, cuando se presentan, sólo hacen daño. Intentar apariencias les coloca frente a un mensaje incomprensible porque les aleja de la verdad. Obligar a los hijos a trasgredir las normas porque de esa manera pueden lograr éxito académico o en la vida, les quita autoridad. Enseñan a sus hijos a borrar los rastros de su identidad ante el otro y ante ellos mismos. Durante generaciones nos vimos colmados de logros, casualmente porque no renunciamos a los principios ni a los valores. Mantuvimos la identidad cuando no la enturbiamos con simulaciones. “Sea la luz de .A. nuestro Dios sobre nosotros, afianza la obra de nuestras manos; ¡Afirma, sí, nuestro trabajo!”

7 comentarios

  1. Pienso mi Rav que como dices, tenemos mucho que aprender de esas rebeliones fundadas en los celos y envidias y no en el bien común. Es importante saber discernir a cada paso y saber desde dónde viene cada comentario para sopesarlo y seguir los llamados puros hacia la ayuda y el bien comnún.

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  2. Yerahmiel,,muy querido y respedtado amigo, una vez más muchas gracias por seguirnos teniendo presentes a los de Girona, y por enriquecer nuestro conocimiento bíblíco con tus comentarios. Un fuerte y cordial abrazo de Bernardo y familia

    ________________________________

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