Yom Hashoá

Apuntes para Yom Hashoá 2020

ESTO ES UN HOMBRE

Primo Levi (1919-1987)   

Los que vivís seguros

En vuestras casas caldeadas

Los que os encontráis, al volver por la tarde,

La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre

Quien trabaja en el fango

Quien no conoce la paz

Quien lucha por la mitad de un panecillo

Quien muere por un sí o por un no.

Considerad si es una mujer

Quien no tiene cabellos ni nombre

Ni fuerzas para recordarlo

Vacía la mirada y frío el regazo

Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:

Os encomiendo estas palabras.

Grabadlas en vuestros corazones

Al estar en casa, al ir por la calle,

Al acostaros, al levantaros;

Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,

La enfermedad os imposibilite,

Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Recordamos hoy el más terrible acto de la historia humana. Perpetuamos el dolor por la destrucción, de las comunidades judías, que fueron devastadas, exterminadas y eliminadas, por la matanza de seis millones de almas judías.

Asesinaron y torturaron a niños, hombres y mujeres sin distinción, únicamente por ser judíos o por tener en sus venas sangre judía.

Tacharon a los más grandes de nuestra nación, anularon el aporte de sus mentes imponentes, pisotearon sus almas piadosas, se burlaron de sus justos, sus maestros y sus rabinos. Acabaron quemando vivos a los directores de las academias y yeshivot, a los científicos y filósofos, hombres y mujeres de todas las edades.

Buscaron acabar la herencia de los hijos de Abraham, Itzjak y Yaacov, de Sara, Rivka, Rajel y Lea, al acabar con ellos, en el camino, se llevaron consigo a los gitanos, a quienes ni les ponían ni número, a los   homosexuales y a los deficientes mentales. No les faltaron ayudantes, de la calidad del gran muftí de Jerusalén Amil al Husseini, que había tratado de convencer a la bestia para que ampliase el exterminio de judíos a los territorios que la Francia de Vichy y la Italia fascista controlaban aún en el norte de África, y que la Luftwaffe bombardeara Tel Aviv.

Nos detenemos en estos momentos para pensar, unidos íntimamente fuera de la parafernalia a la que estamos acostumbrados, y para unir nuestros sentimientos y nuestro dolor ante la Shoá, que es la manifestación absoluta, de la ausencia del juicio y el raciocinio, sin sustraer los conceptos a sus significaciones históricas, jugando con ellos como si tuvieran un origen virginal.  

Es imposible reparar el golpe punzante que nos provocó. Quimérico para los que murieron, e insostenible para quienes sobrevivieron y crearon familias.

Por ello, debemos dejar hablar al sufrimiento ya que es la condición de toda verdad, cuando el mal alcanzó la cúspide, de un total y absoluto fin en sí mismo.

La magnitud del Holocausto no puede incorporarse a ningún criterio de significado. Cualquier intento de atribuir lo que significa la Shoá, raya de hecho en sacrilegio.

Debemos confesar humildemente que no tenemos medios intelectuales y espirituales en la búsqueda de significado. Lo contrario puede profanar la dignidad de los mártires del Holocausto.

Como dijo Paul Celan:

Nadie nos talla de nuevo de tierra y arcilla. / Nadie encanta nuestro polvo. / Nadie. /Alabado seas tú, Nadie./ Por amor a ti queremos florecer/ florecer. Hacia Ti / Una nada

fuimos, somos, seremos / siempre, floreciendo: / rosa de nada, / rosa de Nadie. Claro de alma el estilo / yermo tal cielo el estambre, / roja la corola por la púrpura palabra que cantamos sobre  / oh sobre la espina. /

¿Quién tiene respuestas que expliquen los excesos de la Bestia creadora de la Solución Final?  

Quien desea explicar el holocausto como castigo por los pecados cometidos, no solo no comprende nada. sino que niega lo que dice el salmista en el capítulo 24: “Todo esto nos vino sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza. No se habían retractado nuestros corazones, ni habían dejado nuestros pasos tu sendero, pero nos aplastaste en morada de chacales nos cubriste con la sombra de la muerte… Pero por ti nos matan cada día”.

Nos mataron porque ninguna de las víctimas traicionó la alianza y ninguno de los corazones había dejado el sendero, incluso los no judíos entre las víctimas.

El Mal absoluto nos vio como su enemigo, por ser distintos y defender nuestro derecho a serlo, por lo que se ensañó con nosotros como nunca lo había hecho previamente ningún grupo humano con ningún otro grupo humano.

¿Quién puede explicar la indiferencia de las poblaciones cercanas a los campos de exterminio que continuaron con sus actividades cotidianas sin preguntarse siquiera si debían hacer algo?

¿Quién puede calificar a las comunidades judías que no poseyeron la conciencia adecuadamente desarrollada del destino y del sufrimiento, para empatizar con la angustia e hicieron poco y nada para salvar a nuestros hermanos afectados?

¿Dónde estaban los líderes de los países que conocían los crímenes nazis y que pudieron detenerlos?

No tenemos respuestas, pero aunque las preguntas no tienen respuestas lógicas, debemos seguir preguntándolas.

El espanto del régimen nazi no procedió de la normalización del crimen a través de las leyes y las instituciones. Al convertir el delito en obligación cívica, la sociedad se transformó en una gigantesca máquina de triturar seres humanos, en palabras de Alain Finkielkraut

Hubo, y todavía existe, una tendencia tal vez natural de evitar las perplejidades teológicas obvias que plantea el Holocausto. Pero, aquellos que tienen fe no hacen preguntas, y para aquellos sin fe no hay respuestas.

Solo reconociendo en el Holocausto una réplica del ciclo de catástrofes terribles de la historia judía seguido de supervivencia y regeneración, podrían enfocarse en el futuro en lugar de en el pasado.

La inclusión de la historia judía, desde su inicio hasta nuestros días, es la más alta forma de significado de nuestra existencia, y de su proyección hacia el futuro.

Las víctimas no fueron conducidas como rebaños de ovejas al matadero. La mayoría contó con un heroísmo sobrehumano. Ver el asesinato de los hijos de temprana edad, incluso, bebés, la separación por la fuerza de esposos y de hermanos. Presenciar las golpizas y los insultos de LA BESTIA y gritar Shemá Israel, fueron acciones de privilegiados. Reafirmaron su fe en sus expresiones y nos enseñaron una lección de fidelidad a la esperanza de nuestro pueblo. En Varsovia, el 5 de agosto de 1942, las calles de la ciudad polaca, a la sazón capital universal de la infamia, fueron ese día, escenario de una extraña comitiva: más de doscientos niños huérfanos, acompañados por los responsables del orfanato, recorrían las calles convencidos de iniciar sus vacaciones estivales. Y allí se vivió otra derrota de la razón. Al frente de la fatídica expedición, el doctor Janusz Korczak, llevaba en sus brazos a uno de los pequeños y mantenía la ficción vacacional, haciendo que los huérfanos entonasen canciones mientras se encaminaban a una muerte ignominiosa.

No le faltaron a Korczak —médico y pedagogo— oportunidades de salvar su vida, evitando la deportación. Las desechó una tras otra. Incluso, cuando un comandante nazi le recuerda que no había motivo para que compartiese el destino de los niños, la réplica es contundente: “¡Fuera de aquí, hijo de perra! ¿Acaso no ve con qué alegría los niños judíos van al encuentro de la muerte?”

La única respuesta posible para esa conducta de Korczak en una situación tan extrema, es su conciencia moral. Cuando la barbarie desatada arreciaba, se dedicó al auxilio de los más inermes y desamparados: los huérfanos judíos del gueto.

Renunció al porvenir profesional para socorrer a la infancia indefensa; renunció a la posibilidad de salvación personal para compartir el destino de los más desheredados entre los desheredados. Desdeñó su futuro por compartir la muerte con los más inocentes.

Es un fenómeno verdaderamente sorprendente que muy pocos de los sobrevivientes perdieran la fe en el crisol de su indescriptible tortura.

Pero el testimonio de los vivos es aún más convincente por su demostración de que permanecen perdurables las actitudes condicionadas por la esperanza invencible,

Las rebeliones del ghetto, particularmente el levantamiento del Ghetto de Varsovia, que comenzó en Pesaj, el 15 de Nisan son una muestra que no necesita de más comentarios.

Hoy estamos reunidos, tan cerca uno del otro, y tan lejos en la geografía, apenas finalizado Pesaj, en medio del Conteo del Omer que nos recuerda otra masacre, tan cerca de Yom Hazicarón por los caídos por el Establecimiento y la Defensa del Derecho a tener una tierra propia que permite celebrar el Día de la Independencia, y el Día de Jerusalén. En todo el mundo y en Israel reconstruida y bella, que también en estos días mantiene su espíritu.

Luchamos hoy al conmemorar el Holocausto, por dejar atrás la imagen oprimida del judío exiliado mientras forjaba una nueva identidad nacional de fuerza e independencia.

Recordar hoy Yom Hashoá es recordar e inculcar la necesidad de que los judíos se defiendan. 

Pero poco y nada hacemos contra los neonazis que cada día tienen más éxito en trasladar la culpa de los delincuentes a las víctimas, y propician un nuevo exterminio de judíos, o en negar el Holocausto por completo y ganan posiciones cada vez más poderosas.

¿Qué hacemos contra los que usan el antisionismo como arma contra los judíos? 

Nos corresponde idear una manera en que podamos conmemorar lo que se perdió y recordar que compartimos un destino común.

Nos corresponde no dejarnos vencer por el impulso de pensar que la tumba es un lugar de refugio para nosotros; porque contra nuestra voluntad fuimos concebidos, contra nuestra voluntad nacimos, contra nuestra voluntad moriremos, PERO VIVIMOS SEGÚN NUESTRA PROPIA VOLUNTAD Y ACTUAMOS POR NUESTRA PROPIA ELECCION,

Cuando nos involucramos con nuestro entorno, somos hacedores de nuestro destino por medio de nuestras elecciones, innovaciones, fuerza y acción.

El enfoque judío, dice el Rav SOLOVEICHIK, es la transición de una vida predestinada a una vida destinada. En las “vidas predestinadas“, el mal nos sucede. Sufrimos y no tenemos control. En una vida de destino no nos enfocamos en la tragedia que nos acontece, sino en la senda por la cual andar cuando sufrimos de amenazas y riesgos.

En esas circunstancias, la reacción al sufrimiento y al mal es extremadamente única. Debemos utilizar el sufrimiento de manera productiva. “Las aflicciones llegan para elevar a una persona, para purificar y santificar su espíritu… para refinar su alma y ampliar sus horizontes. La función del sufrimiento es reparar lo que es defectuoso en nuestra personalidad.

El que sufre, comete un pecado grave si deja que sus problemas se desperdicien y permanezcan sin significado ni propósito.

Debemos encontrar una manera de reparar el mundo. Reparándonos a nosotros repararemos al otro.

Pese a que perdimos seis millones de judíos, hemos salido victoriosos.

Aún mantenemos nuestra identidad; todavía estamos comprometidos con los mismos objetivos a los que se comprometieron nuestros antepasados hace milenios y tenemos un hogar nacional. 

Es hora de preguntarnos ¿cómo podemos responder al mal de una manera que nos permita salir de esta experiencia como mejores seres morales y espirituales?

Es el mejor homenaje, a los bebés, infantes, jóvenes, ancianos que fueron las víctimas del Jurbán, la aniquilación, y el exterminio.

Ese es el mensaje que nos dejaron con sus muertes y sus torturas, con su sometimiento a experimentos criminales que daban placer a los victimarios.

Sean sus memorias benditas por siempre jamás.

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