Vayetzé

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Breve comentario sobre Gén 29
Breve comentario Gén, 32
Breve comentario Gén, 31

¿Soy yo acaso Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?” (Bereshit 30:1-2)

En los últimos años se ha puesto de moda enseñar adoctrinando y para ello, no sólo quienes lo hacen se alejan del texto sagrado, sino que también ignoran, con intención o no, las investigaciones y comparaciones de los exegetas clásicos. Lo más grave es que la enseñanza mutilada, es contraria al espíritu de los jajamim z”l, que no temían a las letras de la Torá y de cada una sacaban las enseñanzas más valiosas. Es ese el espíritu que queremos, también en esta parashá, plantear aspectos muy humanos de nuestros patriarcas. Seguimos así esa vieja tradición y tenemos muy presente el versículo magistral, que nos enseña: “El ojo que se burla de su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, que lo saquen los cuervos de la cañada y lo devoren las crías del águila” (Mishlé 30:17). El desafío no es simple, pero, si deseamos honrar las enseñanzas de la madre, y dignificar las instrucciones del padre, debemos aceptarlo y ver de qué manera actos y palabras de nuestros antepasados tal como los trae la Torá nos brindan enseñanzas que perduran por los siglos.

Vayetzé – “Y salió Yaakov”. No fue. Rashí nos dice que el que se va a la golá, ‘sale’, no va. Fuera, ya no puede ver la “escalinata apoyada en la tierra, y cuyo extremo superior llegaba hasta el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles de D-os…” (Bereshit 28:12). Durante toda su estadía en la casa de Lavan .A., recién aparece nombrado al final para ordenarle regresar a la casa de sus padres. Mientras estaba en tierra ajena, aun cuando el peligro lo acosaba, debe arreglárselas solo.

Y Yaakov esa persona tan sensible y tan enamorada de Rajel, el mismo que en su encandilamiento recibe fuerzas que no contaba para mover la enorme piedra que guardaba la fuente, no siempre puede guardar todas sus virtudes y todos sus modales, fuera de su medio. Cuando tiene que apoyar y contener el dolor, reacciona con enojo. Su respuesta contradice la imagen que tenemos del patriarca. ¿Con quién estaba enojado Yaakov? – Acaso, ¿consigo mismo?, ¿con .A. cuya presencia percibía lejos? ¿con su Rajel, por la manera en que le reclamó?

También en nuestros días muchas mujeres gritan como Rajel “tráeme descendencia pues si no me siento como muerta”, pese al gigantesco adelanto en los tratamientos de fecundidad, impensable hace pocos años atrás, todavía no todos logran éxito en sus anhelos de paternidad y maternidad.

De la requisitoria de Rajel y de la respuesta de Yaakov, de este grito desesperado, de otra de nuestras figuras históricas que sufrió de esterilidad, podemos aprender magistralmente cómo manejarnos en situaciones difíciles, frente a personas que atraviesan por momentos de angustia y zozobra.

Lamentablemente, cuando la persona que está frente nuestro sufre ante escenarios que no siempre se pueden manejar, dominar o elaborar, no siempre sabemos cómo reaccionar, qué decir, qué hacer, cómo poder ser útiles, cómo sobrellevar la situación.

En nuestra parashá, nos encontramos con uno de los casos en los que una persona está desesperada y reclama de otra una ayuda que ella no puede conceder, por lo que reacciona con enojo que deja ver la frustración que siente por no poder satisfacer el pedido recibido.

Los versículos de la Torá: “Cuando Rajel se dio cuenta de que no le podía dar hijos a Yaakov, tuvo envidia de su hermana [que ya en ese entonces tenía cuatro descendientes] y le dijo a Yaakov: — ¡Dame hijos! Si no, ¡muero! Pero Yaakov se enojó muchísimo con ella y le dijo: – ¿Soy yo acaso D-os, que te ha negado el fruto de tu vientre?” (30:1-2), hablan por sí solos. Rajel, no acepta esa respuesta. No la entiende. Pero, no protesta. Deseosa de lograr con su deseo le da la solución a Yaakov, la de una matriz sustituta, y le dice que tome a su criada Bilhá*.

Nuestros sabios compararon la respuesta de Yaakov a la angustia de Rajel, con la que dio Abraham a Sara, a su zozobra por la misma causa de su esterilidad. “Ya ves que .A. me ha imposibilitado de dar a luz; te ruego… y oyó (atendió) Abram el ruego de Sarai (16:2)”. Abram, deseoso de tener descendencia no menos que Sarai, no toma decisiones sin ella, y cuando ella viene a él, con el tema de la esterilidad y encara a su pareja, éste sólo reacciona escuchándola. Sin duda, esa actitud es la más recomendable. Abraham respondió como un sabio, nos dice el midrash, y Yaakov, desde sus entrañas.

La lección que nos da el Midrash, nos presenta varios principios de relaciones humanas. Las personas no pueden escuchar regaños cuando se encuentran deprimidas y angustiadas.

No se deben pronunciar admoniciones, ni llamar la atención, y reconvenir a quienes sufren. No se le ponen caras feas a una persona enojada ni se consuela a nadie cuando frente a él se encuentra el cadáver de la persona que quiere. Cuando queremos que alguien corrija su conducta, no necesitamos hacerle doler manipulándole puntos neurálgicos para tener éxito, con palabras amables, con una sonrisa y con un abrazo, se puede lograr mejor efecto.

En circunstancias aciagas del otro, hay que ser empático, asociarse al dolor, acompañarlo, dolerse juntos, estar en silencio, ofrecerse para servir. Llorar, oír la angustia, compartir la aflicción, sumarse a la agonía, ansiedad, amparar en el desamparo, sosegar en el desasosiego, descompostura, dolor.

En momentos de tribulación y zozobra se postergan las explicaciones eruditas y no se sacan conclusiones. No se disfraza la realidad ni se la disimula, por más dramática que sea. Se deja para otro momento la adulación, el halago, y la lisonja. No en el momento del gran dolor.

Pero…, todos tenemos la tendencia de actuar impulsivamente, de otra manera, de decir nuestras verdades, pese a que son duras. Y eso no ayuda a nadie. Ni a nosotros.

Entre la respuesta medida de Abraham y la impulsiva de Yaakov, el midrash prefiere la del primero.

Nuestra parashá comienza con la salida de Yaakov, y finaliza con su regreso a Israel.

La guemará en Ketuvot 100 b, nos dice: “quien habita en Eretz Israel, es como si tuviera D-os, y quien lo hace fuera, es como si careciere de Él”, quizás la respuesta a la actitud de Yaakov se encuentre en este simple renglón del Talmud.

Entonces .A. le dijo a Yaakov: «Vuélvete a la tierra de tus padres, donde están tus parientes, que Yo estaré contigo» (31:3).

Allí volvió a ser el patriarca Yaakov.

______________________

* Los nombres de los hijos de Bilhá nos enseñan que Rajel se consoló con ellos, y que además tenía claro que quien se los concedió no fue otro que .A., sin embargo continúa intentando ser madre. Ver el texto hebreo de 30: 6-8 “Y Rajel exclamó: « ¡D-os me ha hecho justicia! ¡Escuchó mi plegaria y me ha dado un hijo!» Por eso Rajel le puso por nombre Dan. Después Bilhá, la criada de Rajel, quedó embarazada otra vez y dio a luz un segundo hijo de Yaakov. Y Rajel dijo: «He tenido una lucha muy grande con mi hermana, pero he vencido». Por eso Rajel lo llamó Naftalí”. Rajel, entiende después lo que había entendido siempre, que la maternidad era un don divino: “Pero D-os también se acordó de Rajel; la escuchó D-os y le quitó la esterilidad. Fue así como ella quedó embarazada y dio a luz un hijo. Entonces exclamó: «D-os ha borrado mi desgracia». Por eso lo llamó Iosef, y dijo: «Quiera el Señor darme otro hijo.» (30:22-24). Después de todo, la respuesta de Yaakov no fue alejada de la realidad. Véase que en el versículo aparece el Nombre dos veces, porque fue oída y recordada.


Una ética de trabajo duro y responsabilidad

Leeremos en unos minutos en Parashat Vayetzé sobre el arreglo de Yaakov con su tío, Lavan, que trabajaría durante siete años en el pastoreo de sus rebaños, después de lo cual Lavan le daría a su hija, Rajel, como esposa.
Jizkuni plantea la pregunta de por qué Yaakov hizo una oferta inicial tan alta: siete años completos de trabajo. Al parecer, al menos debería haber comenzado proponiendo un precio “más barato” para la mano de Rajel, tal vez tan solo uno o dos años de servicio. Sin embargo, Yaakov no hizo esa oferta, y desde el principio expresó su voluntad de trabajar durante siete años. Jizkuni se responde: “Yaakov no imaginó que le darían a una mujer tan hermosa como Rajel por un corto período de trabajo, y entonces dijo siete años”. Yaakov valoró mucho el privilegio de casarse con Rajel, por lo que no consideró siete años de trabajo a un alto precio a pagar.
Los comentarios de Jizkuni tal vez reflejan uno de los rasgos importantes de Yaakov: una ética de trabajo duro y responsabilidad. Yaakov no se sentía con derecho a nada. Entendió que las bendiciones de la vida, como casarse con la mujer que deseaba como esposa, requieren tiempo, trabajo y sacrificio. En lugar de tratar de cumplir sus deseos con el menor esfuerzo posible, reconoció la necesidad de dedicar una gran cantidad de tiempo y trabajo. Siguiendo el comentario podemos aprender no buscar cosas fáciles y de bajo costo que a la larga salen muy caros.
El Rambam, en el pasaje final de Hiljot Sejirut, señala a Yaakov como el modelo de las responsabilidades de un empleado, citando la propia descripción de Yaakov hacia el final de Parashat Vayetzé de su dedicación al ganado de Lavan (Y Yaakov se encolerizó y se puso a reñir con Lavan, y en respuesta Yaakov pasó a decir a Lavan: “¿Cuál es la sublevación de parte mía, cuál el pecado mío, como razón para que me hayas perseguido acaloradamente? Ya que has palpado todos mis efectos, ¿qué has hallado de todos los efectos de tu casa? Ponlo aquí enfrente de mis hermanos y tus hermanos, y decidan ellos entre nosotros dos. Estos veinte años he estado contigo. Tus ovejas y tus cabras no sufrieron abortos, y los carneros de tu rebaño nunca comí. El animal despedazado no te lo llevaba a ti. Yo mismo sufría la pérdida de él. Si uno era hurtado de día o si era hurtado de noche, de mi mano lo demandabas. Ha sido mi experiencia que de día el calor me consumía, y de noche el frío, y el sueño huía de mis ojos. 31: 36-40).
A pesar de que su empleador trató de engañarlo y manipularlo, Iaakov se sintió responsable de invertir el máximo esfuerzo en cuidar a las ovejas, desafiar el mal tiempo y mantenerse despierto por la noche cuidando con devoción al ganado bajo su cargo. En lugar de bajar sus estándares por conveniencia, se enfrentó a cada desafío que surgió de un agudo sentido del deber y la obligación. Aprendemos de Yaakov el valor de la responsabilidad, no dar nada por hecho, reconocer que no tenemos derecho natural a nada, y estar preparados para trabajar arduamente para obtener lo que necesitamos y queremos.

El desafío de luchar por la espiritualidad

¿Cómo sentimos la presencia de Dios?
Casi no hay un niño y un adulto que al estudiar el sueño de Yaacov de esta parashá no haya sentido envidia de nuestro patriarca que logró percibir lo cerca que estaba de .A.
Quienes estudian seriamente el Zohar describen las experiencias místicas como “una lucha por la unidad, una ruptura de barreras ilusorias para revelar el gran secreto de la unidad de todo ser”.
La experiencia de Yaakov en esa luz es cuando llega el momento. Es el momento en el que comprende que es parte de algo más grande y que el viaje de su vida tiene un significado.
Si creemos que .A. es omnisciente y omnipresente, debemos entender que “las entradas a la santidad están en todas partes”. ¿Cómo entonces tenemos tanta dificultad de revelarlas? ¿Cómo podemos ayudarnos a encontrarlas?

RESPUESTAS
A
La primera forma es aprender. En palabras de Elie Wiesel: “encontrar a .A. no es como preparar café instantáneo”. No hay misticismo fugaz. “Para tener un sentido de presencia divina, recurrimos al texto sagrado, creyendo que el estudio puede darnos una idea de .A.”.
B
La segunda forma es la oración. El Talmud de Babilonia, Berajot 26 b enseña de que Yaakov está asociado con la oración de la tarde debido a la experiencia de su sueño, descrito en la parashá de esta semana. Entonces, cuando vengamos al servicio de la tarde, debemos ponernos en las sandalias de Yaakov, vulnerables e inciertas. Si podemos hacer espacio para llevar a nuestro yo completo a la oración, podemos esperar una conexión más profunda.
C
La tercera forma es la acción. Psicólogos creen que la diferencia entre la tristeza y la depresión es la desesperación. Especialmente a raíz de los recientes acontecimientos políticos, muchos de nosotros hemos experimentado ese tipo de desesperación, sin esperanza de que podamos ayudar a hacer el cambio. Pero una sinagoga, en el mejor de los casos, es un lugar donde las personas se unen para marcar la diferencia. La espiritualidad de la acción puede ayudarnos a sentir dominio sobre nuestras vidas, y un vínculo a los valores que nos sobrevivirán.
 
.A. está en este lugar; podemos saberlo. Podemos experimentarlo.
¿Cómo podemos hacer para que sea más fácil?
A
Preparándonos antes de ingresar a la sinagoga para ir al encuentro de .A.
Vestirnos para la ocasión.
Llegando antes del inicio de las plegarias y concentrándonos en el pensamiento de la plegaria.
Tomar un versículo y estudiarlo.
Cantar las canciones con fuerza.
. A. está donde lo dejemos entrar.
Si hacemos de la sinagoga un espacio amable lo encontraremos.

Los dos períodos en la vida de Yaakov

Al principio de Parashat Vayetzé leemos cómo Yaakov durmió en el camino mientras se dirigía a Jarán, y tuvo su famoso sueño de la escalera. La Torá dice que cuando cayó la noche, “vayishkav bamakom hahu” – “durmió en ese lugar” o “se puso a pasar la noche allí” (28:11). Rashí comenta que la frase “en ese lugar” debe interpretarse como   un punto de contraste: Yaakov dormía allí, pero no había dormido durante los catorce años anteriores, que pasó absorto estudiando en la academia de Shem y Ever.
El origen de este comentario es el Midrash (Bereshit Rabá 68:11), que cita al rabino Yehuda como quien propuso esta lectura del verso. El rabino Nejemia, sin embargo, como el Midrash cita, ofrece una lectura ligeramente diferente: “Aquí él dormía, pero durante los veinte años que pasó en la casa de Lavan, no dormía“. Según el rabino Nejemia, la frase “bamakom hahu “no excluye los años previos, sino los siguientes, que Yaakov pasó con Lavan, y durante los cuales no durmió. El rabino Nejemia probablemente basa esta lectura en el propio testamento de Yaakov más tarde en Parashat Vayetzé (31:40), “vatidad shenati meieinai”, que apenas durmió durante los veinte años pastoreando las manadas de ovejas de Lavan, comprometido con la seguridad y el bienestar de las ovejas. Y así el contraste implicado por “hamakom hahu”, en la visión del Rabino Nejemia, es entre el sueño de Yaakov en el camino y los años subsiguientes de trabajo incansable para Lavan.
Como es el caso con respecto a muchos “debates” que encontramos en Midrash, estas dos lecturas no necesariamente reflejan un desacuerdo real entre dos Tanaim. Por el contrario, pueden verse como complementarios, que, tomados en conjunto, transmiten un mensaje significativo.
En este caso, el Midrash señala el hecho de que Yaakov ejerció el máximo esfuerzo en dos períodos muy diferentes de su vida: el tiempo que pasó con Shem y Ever, y el tiempo que pasó con Lavan. Durante estos dos períodos, Iaakov tenía dos responsabilidades muy diferentes: en el primero, su trabajo era estudiar, y en el segundo, su trabajo era servir lealmente a su empleador. Y en ambos contextos, Yaakov se esforzó al máximo para hacer lo mejor que pudo. No necesitamos entender la fase “no durmió” literalmente, como lo que sugiere que Yaakov no durmió en absoluto. Por el contrario, esta descripción probablemente se refiere al esfuerzo incansable y al máximo esfuerzo. El rabino Yehuda y el rabino Nejemia transmiten el mensaje de que sin importar en qué etapa nos encontremos en la vida, y cuáles son nuestros compromisos actuales, debemos darles toda nuestra energía y esfuerzo. Ya sean los catorce años con Shem Ever o los veinte años con Lavan, sin importar las responsabilidades que tengamos en la actualidad, debemos invertir plenamente en ellos y tratar de satisfacerlos al más alto nivel que podamos. 


 Una escalera que se extendía desde el suelo

Vayetzé (וַיֵּצֵא – “y él se fue”, es la primera palabra en la parashá de la séptima porción semanal de la Torá (פָּרָשָׁה, parashá) en el ciclo anual judío de la lectura de la Torá. La parashá habla de los viajes de Yaakov y el regreso de Harán. La parashá relata el sueño de Yaakov, el encuentro de Yaakov con Rajel en el pozo, el tiempo de Yaakov trabajando para Lavan y viviendo con Rajel y Lea, el nacimiento de los hijos de Yaakov y la partida de la familia de Yaakov de Lavan.
Leemos en Parashat Vayetzé el sueño de Yaakov, que tuvo mientras hacía su camino desde Canaán hasta la casa de su tío en Jarán. Jarán se identifica casi universalmente con Harán, una ciudad cuyas ruinas se encuentran dentro de la actual Turquía. Harán aparece por primera vez en el Libro de Bereshit como el hogar de Teraj y los descendientes de éste, y como el hogar temporal de Abraham. 
El sueño que todos conocemos, mostraba una escalera que se extendía desde el suelo donde dormía hasta el cielo, con ángeles que ascendían y descendían por la escalera (“Y empezó a soñar, y, ¡mire!, allí estaba una escalera situada sobre la tierra, y su parte superior alcanzaba hasta los cielos; y, allí estaban los ángeles de Dios ascendiendo y descendiendo por ella” .28:12).
Rashí, citando el Midrash (Bereshit Rabá 68:12), explica que los ángeles que habían acompañado a Yaakov en Eretz Israel ahora regresaron a los cielos, y nuevos ángeles – que lo acompañarían al extranjero – descendieron para asumir su papel de proteger a Yaakov.
Simbólicamente, la descripción de Rashí expresa el hecho de que requerimos diferentes “ángeles” en diferentes lugares y circunstancias. Los “ángeles” que acompañaron a Yaakov en Canaán, con sus estrategias y técnicas que Yaakov necesitaba para superar sus desafíos y alcanzar sus metas, ahora tendrían que ceder el paso a un nuevo grupo de “ángeles”. Su partida de Eretz Israel lo empujó a   diferentes circunstancias y problemas que necesitaría abordar, y por lo tanto necesitaría un grupo diferente de “ángeles” para tener éxito.
Así sucede con nosotros en cada paso de nuestras vidas. Las personas que nos acompañan en algunas misiones no pueden ni deben ser las que vengan en todas. Nosotros tenemos que tener cuidado para que nuestros ángeles sean realmente los que necesitamos.
La Torá escribe que en el sueño de Yaakov, además de la visión de la escalera, Yaakov también vio a Dios “parado sobre él” (“Vehinei .A. nitzav alav” – 28:13) “Y, allí estaba .A. apostado por encima de ella”. Rashí comenta brevemente que Dios “se paró” allí cerca de Yaakov “leshomrá” – para protegerlo.
Rav Heschel de Cracovia, en su Janukat Hatorá, ofrece una lectura inteligente de la observación de Rashí. En ese momento, cuando los ángeles de Eretz Israel ascendieron a los cielos y los nuevos ángeles bajaron la escalera, Yaakov se encontró en un estado de vulnerabilidad. Los ángeles de Eretz Israel ya estaban en camino hacia las alturas, y los ángeles de jutz laaretz seguían descendiendo hacia la Tierra.
Durante estos pequeños pero fuertes momentos, Yaakov se quedó sin protección, y entonces Dios vino a apoyarlo y protegerlo.
Hay momentos en la vida en que nos encontramos sin “ángeles”, sin los recursos o el conocimiento que necesitamos para cuidarnos y tener éxito. Los “ángeles” en los que hemos confiado en el pasado ya no son relevantes, y todavía tenemos que recibir los medios o las habilidades que necesitamos para enfrentar nuestros nuevos desafíos. En tales momentos, debemos confiar en que “vehinei .A. nitzav alav”: Dios nos extiende Su ayuda y protección. Cuando nos sentimos desamparados y perdidos, indefensos y extraviados, sin nuestros familiares “ángeles” para que nos guíen y cuiden, podemos encontrar consuelo y seguridad en el conocimiento de que el Todopoderoso está a nuestro lado y nos ayuda en cada paso del camino. Si lo sabemos no temeremos ninguna amenaza.
.A. Imajem. Dios está con vosotros!
​ Yevarejejá .A., y Dios te bendecirá. 


Conexión con el sonido de las voces de Yaakov

El tercer patriarca del pueblo judío, Yaakov, entró en negociaciones con su suegro Labán, y en su transcurso usó, las primeras palabras en arameo o siríaco “yegar sahaduta”, «montículo del testimonio», para nombrar las piedras erigidas como un monumento conmemorativo de la alianza entre él y Yaakov. Y Yaakov lo llamó Galaad en hebreo (Bereshit 31:47).

Cuando fuimos exiliados a Babilonia, no sólo aprendimos las formas escritas y habladas de arameo, sino que también modificamos la “escritura hebrea” o “ktav d’etz” con letras arameas, que se utilizamos hasta el día de hoy. La creciente importancia del arameo como la lengua hablada entre los que regresaron a la Tierra Santa fue el factor principal que obligó la compilación de las traducciones arameas ya en el período de Ezra. Como afirman los estudiosos rabínicos en Meguilá, 3 b,…“Ezra llevó la ley ante la asamblea, que estaba compuesta de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender la lectura, y la leyó en presencia de ellos en la plaza que está frente a la puerta del Agua” que nos cuenta el libro de Nejemía 8, es una referencia a la explicación de la Torá en la traducción aramea. No es sorprendente que nuestros sabios rabínicos establecieron lo siguiente en la Mishná 4 de Meguilá 4: “El que lee la Torá no puede leer menos de tres versículos; él no puede leer al traductor más de un versículo a la vez, o tres en el caso de la lectura de los profetas; pero si estos tres forman tres párrafos separados deben leerlos uno por uno…”. En los tiempos talmúdicos, una persona traducía los pasajes de la Torá a la congregación.

El arameo perdió su estatus cuando fue abandonado por la sociedad en especial con el surgimiento del Islam y el uso de los idiomas árabes. No obstante, sigue siendo utilizado como segunda lengua santa para nosotros y es de vital importancia en la literatura talmúdica, los midrashim y en el libro de oraciones, el sidur. Con las palabras que guardamos en ese idioma nos unimos al sonido de las voces de Yaakov y otros de los grandes patriarcas de nuestro pueblo.


Diferentes enviados para acciones distintas

La Torá, exaltando los pequeños gestos para que saquemos nuestras propias conclusiones, nos expone que tanto Lea como Rajel lloraron profusamente en sus vidas.

“Lavan tenía dos hijas. La mayor se llamaba Lea, y la menor se llamaba Rajel. No había brillo en los ojos de Lea, pero Rajel tenía una hermosa figura y una cara bonita” (Bereshit 29:16).

Bereshit 29:17 relata: “No había brillo en los ojos de Lea” que puede traducirse también que sus ojos eran débiles. El profeta Irmiahu, 31:15, escribe: “Así dijo .A.: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Rajel que lamenta por sus hijos, no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron”.

 ¿Por qué la Torá elige describir a una de sus figuras femeninas como una mujer con ojos “tiernos”? ¿Por qué describe algo aparentemente negativo, cuando Lea tiene tantos atributos? La Torá a veces critica defectos de carácter, y pecados, que son el resultado del libre albedrío, pero en el caso de Lea sus ojos “delicados” son parte de su físico, que Dios le ha dado y está más allá de su control. ¿Por qué entonces la Torá se enfoca en algo que ella no tiene poder para cambiar? ¿Cuál es el significado más profundo detrás de los sensibles ojos de Lea?

Rashí nos dice: “Los ojos de Lea eran enfermizos, porque lloraba constantemente cuando oraba para no tener que casarse con Esav. La gente solía decir que dado que Rivka tenía dos hijos y Lavan dos hijas, la hija mayor se casaría con el hijo mayor, mientras que la hija menor estaba destinada a enlazarse con el hijo menor. Yaakov se casaría con Rajel, mientras que su hermano Esav se casaría con Lea.

Dado que Lea tenía la opción de aceptar o rechazar a Esav, ¿por qué decidió llorar, en lugar de negarse simplemente a casarse con él? La respuesta está en el hecho de que Lea tenía la capacidad de inferir el futuro en las acciones que otros pasarían sin precisarlas. Lea sabía que, en realidad, los comentarios mundanos de la gente sobre su matrimonio con Esav reflejaba la voluntad de Dios para ella. Ella vio intuyó proféticamente que las dos parejas – Yaakov y Rajel, y ella misma con Esav – iban a establecer la Nación Judía, al engendrar seis tribus cada una.

Lea estaba completamente comprometida con esta misión, mientras que Esav claramente no estaba interesado en cumplirla.

El dolor de Lea reflejaba su temor de que, debido a que Esav no estaba a la altura de la tarea, no podría participar en la construcción del pueblo judío.

Las lágrimas de Lea, como una expresión de su oración para ser liberada de su destino con Esav, tuvieron efecto. El Midrash nos dice: “Grande es la oración, porque la plegaria de Lea trajo la anulación del decreto de que ella se casaría con Esav, e incluso le permitió ser la primera en casarse con Yaakov y tener hijos con él”. También dio a luz a más tribus de Israel más que cualquier otra mujer de Yaakov.

No obstante, la forma en que Lea se casó con Yaakov parece contradecir su grandeza. Mientras que se suponía que Yaakov se casaría con Rajel -y había trabajado durante siete años para su padre, Lavan- en este sentido, en la noche de bodas Lavan se las ingenia para sustituir a Lea por Rajel (Bereshit 29:22), y Lea finalmente consiente en seguir adelante, y se casa con Yaakov.

¿Dónde está la grandeza en la colaboración de Lea con este plan? ¿Por qué se permitió cooptar el lugar de Rajel con Yaakov? Además, ¿por qué la Torá no la critica por esta elección? Como se indicó anteriormente, la Torá es a veces franca sobre los defectos de carácter y los errores de juicio. Las acciones de Lea parecen ser precisamente este tipo de errores.

Para explorar más a fondo, en un nivel práctico, no tenía sentido que Lavan sustituyera a Lea por Rajel. Sabía que Yaakov finalmente descubriría su truco y se divorciaría de ella, o que el matrimonio se vería afectado negativamente por su estratagema. ¿Qué esperaba ganar entonces Lavan?

Además, Lavan fuerza a Lea a reemplazar a Rajel. Esto no asusta a Lea. El hecho de que Lea se adelante y se case con Yaakov refleja el hecho de que ella ve la mano de Dios detrás de las acciones ilógicas de Lavan y las circunstancias inusuales que la impulsan hacia Yaakov. Por lo tanto, a pesar de los recelos propios de Lea y de su comprensión de la dificultad en que podría incurrir una vez que Yaakov la descubre, Lea decide ser pasiva y permitir el plan de su padre.

R ‘Aharon Kotler, (1891 – noviembre 29, 1962) que fuera uno de los más prominentes líderes de la ortodoxia, y el fundador del Bet Midrash Gavoa de Lakewood, New Jersey, observa que, “todas las maquinaciones de Lavan, sin embargo, no podrían haber tenido éxito si Dios no hubiera querido, porque es ilógico creer que Yaakov no pudo haber detectado nada anormal hasta la mañana… después de su encuentro nupcial con Lea, sin impedimentos porque el plan de Dios requería que Yaakov y Lea se convirtieran en marido y mujer. “Evidentemente, Lea estaba sintonizada con esta realidad”.

El Midrash nos dice que, por la mañana, Yaakov pregunta a Lea por qué ella, hija de Lavan el embaucador, a su vez lo ha engañado. Lea responde que Yaakov, en efecto, había hecho lo mismo cuando tomó la bendición de Itzjak que había sido destinada a Esav (Bereshit 27:27).

Tal réplica es inconsistente con el personaje estelar de Lea. Obviamente no intentaba justificar sus propias acciones señalando un movimiento aparentemente deshonesto de Yaakov.

(De hecho, Yaakov había tomado la bendición de su hermano, porque el comportamiento de Esav indicaba que no quería una participación forjando la nación judía). Como se mencionó anteriormente, Yaakov y Esav iban a ser socios, con Yaakov como maestro del reino espiritual, y Esav como supervisor del reino físico. La bendición de Isaac estaba destinada a Esav, ya que la bendición en sí misma estaba dirigida hacia el mundo físico, y esta era la esfera de la misión de Esav.

Una vez que Yaakov se dio cuenta de que debía estar solo, tomó la bendición de Esav, para recibir las herramientas para asumir las responsabilidades de Esav). En esencia, Lea le recuerda a Yaakov la bendición cooptada para indicarle que ella, como compañera de Esav, debería ser ahora socia de Yaakov, el hombre que ha asumido el papel de Esav.

En resumen, el matrimonio de Lea con Yaakov, y el de Rajel con Yaakov siete días después, no son simplemente una historia de la picaresca polígama, tienen un sentido verdadero y noble.

Ambas mujeres estaban enfocadas en la construcción del pueblo judío, y el curso de los acontecimientos en sus vidas fue motivado por sus impulsos espirituales. Siendo este el caso, no es de extrañar que la Torá nos habla acerca de los ojos “tiernos” de Lea. En lugar de un defecto, son clave para su grandeza, ya que son el resultado de la expresión física de su anhelo de contribuir al surgimiento de una nación.

El llanto en la plegaria para pedir favores divinos es un millón de veces preferible al que provoca lágrimas en el lamento por los errores y pérdidas.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Grace Nehmad dice:

    Gracias mi Rav! Muchos aspectos me sacuden esta vez, la necesidad de ángeles y del apoyo divino, la importancia del trabajo, lo vulnerables que somos, el tema de los sueños, rl tema de la esterilidad y las historias que se repiten. El poder ser afines al otro y apoyarlo en todo momento. La importancia del rezo y estudiarlo y prepararnos para y cantarlo y conectarnos con más fuerza. Trabajar para no lamentar. Cuántas cositas por hacer! Paso a paso!

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