Lej Lejá

Lej Lejá

Un breve comentario

Evitar el riesgo de extraviarse en los laberintos de su propia confusión

  Lej Lejá es la tercera porción semanal del ciclo anual de lectura de la Torá que usamos en las comunidades judías en nuestros días. Relata varias historias de Abram (que le convertirían en Avraham) que se han convertido en constituyentes de nuestro pensamiento. Entre ellas, de cuando hace pasar a su esposa Sarai como su hermana; de la división de la tierra con su sobrino Lot; de la guerra con los reyes del lugar; del pacto de la división de las piezas; acerca de las tensiones de Sarai con su criada Agar y de ella con su hijo Ishmael, y también del pacto de la circuncisión (brit milá): “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.” (Bereshit 17:10).

R’ Avraham Elkaná Kahana-Shapira z”l (1914- 2007, rosh yeshivá de Mercaz Harav y que fuera Rabino Jefe Askenazi de Israel) escribe: “Muchos han preguntado: Si Avraham Avinu estudió y guardó toda la Torá antes de que fuera dada en Sinaí, ¿por qué no se circuncidó antes de que se le ordenara hacerlo? Y el rav explica: “La esencia de la mitzvá de la circuncisión no es el procedimiento quirúrgico; sino la formulación del pacto con Dios. Por lo tanto se llama, “Brit Milá”. Y, necesita de dos para formalizar el pacto, la persona y .A.

No era algo que Avraham pudiera haber hecho por su cuenta, aunque hubiera realizado el acto físico de la circuncisión (Imrei Shefer). Es la razón por la que la circuncisión de prosélitos antes a su conversión no puede ser considerada como un acto religioso y debe repetirse. La cirugía fue exitosa, pero, no hubo pacto, hasta que no se lleva a cabo sabiendo que es una prescripción.

R’ Tzvi Pesaj Frank z”l (1873-1960, Rabino Jefe de Yerushalaim) citando a Jacob ben Meir Tam, más conocido como Rabenu Tam (1100-1171) uno de los autores de las Tosafot, un comentario talmúdico que aparece en todas las ediciones del Talmud junto al comentario de su abuelo, Shlomó Itzjaki (Rashí), da otra respuesta: “Nuestros Sabios enseñan que quien realiza una mitzvá a través de una buena gestión que es obligatoria, es más digno de elogio que el que realiza voluntariamente la misma acción. [Una de las razones dadas para ello, es que la primera persona debe lidiar con el yetzer hará –el instinto que lo insta a trasgredir-, mientras que la última se enfrenta a un menor o a ningún desafío]. Otra, es que corre el riesgo de escribir con esa acción un ordenamiento ajeno a la propia Torá (Tomar iniciativas de acciones no prescriptas en el ordenamiento de la Halajá, es tan negativo como omitir las que aparecen. Por consiguiente, dado que el brit milá se debe realizar sólo una vez en la vida de una persona, Avraham prefirió esperar hasta que recibiera la orden para ello.

Basado en esto, R’ Frank continúa enseñando, que podemos responder con ese criterio a una pregunta halájica que surge con frecuencia: si un niño que será bar mitzvá en la primera mitad de un mes ¿debe esperar hasta después de su bar mitzvá para recitar la bendición a la luna nueva? Puesto que es una mitzvá que se puede realizar solamente una vez cada mes, parecería preferible esperar hasta que sea obligatorio (Pninei Rabenu Tzvi Pesaj, Al Hatorá).

Si una persona desea cumplir una mitzvá no prescrita pero que él cree que es un mandamiento o cumplirla de manera no señalada por los ordenamientos y recopilaciones de la halajá, haciéndola más estricta de lo que está legislado, no sólo no está cumpliendo con la Torá, sino que la trasgrede. El igual que quien por las razones que fueran descarta alguna mitzvá porque así lo cree mejor para él. Quien cree que la memoria de la nostalgia de lo que aprendió hace decenas de años en casa de sus abuelos y que no ha renovado estudiando en los libros, es la que debe regir su vida, corre el riesgo de extraviarse en los laberintos de su propia confusión. Si además supone que esa debe ser la normativa para los demás, abandera la ignorancia como señal. El judaísmo es todo lo contrario a ello.  


El desafió de descubrir la “Tierra que te mostraré”

En buena parte, nuestra personalidad está determinada genéticamente. El ambiente y las experiencias de la vida (padres, compañeros de escuela, sociedad, amistades, cultura, etc.) se ocupan de moldearnos en una dirección u otra. El margen de cambio de la forma de ser, es por lo tanto reducido. Tenemos tendencias de repetir conductas. Errores y aciertos. Y la ley del menor esfuerzo nos abraza, esclavizándonos a sus reglas. Una persona sana tiene una buena dosis de variabilidad y flexibilidad que le permite adaptarse a distintas situaciones. La salud se comprueba en la medida en la que se puede salir de los límites de los territorios que si bien pueden sentirse propios, nos paralizan.

Debemos aprender salir de nuestra tierra, de nuestra parentela, de la casa de nuestros padres, y de sus trabas, para poder elevarnos a la búsqueda de “la tierra que te mostraré”. Esa tierra que si bien no tiene fronteras, no es de fácil acceso, porque en su entrada exigen el certificado de haber tomado la decisión correcta, contar con una mente nueva y llevar el corazón dispuesto a luchar para poder descubrirla y conquistarla. Resistiendo la tentación de abandonar los esfuerzos y regresar desandando el camino en búsqueda de la fantasía mítica de la seguridad de lo conocido. Que según el dicho popular, uno de los tantos, tan equivocados, reza que es mejor malo conocido por bueno por conocer. Terrible mentira que nos hace involucionar y retroceder en nuestro crecimiento.

No es fácil descubrir por uno mismo los cambios que se deben realizar para adquirir las nuevas cualidades. Para ello se necesita inspiración. Revelación. Voluntad. Atención. Oído. No es simple subir por empinadas cuestas, cuando uno carga el lastre de la tierra, de la parentela, de la casa que ya no es de uno. Para llegar a la “tierra que te mostraré”, previamente hay que salir del territorio ajeno, que hasta el alumbramiento se pensaba y se sentía propio. Destapar las cobijas, quitarse los pañales, despojarse de las seguridades aparentes, y respirar. Así de simple. Así de difícil. No se puede subir un escalón si los zapatos están adheridos con pegamento al inferior. Hay que hacer fuerza y despegarlos.

Cualquiera puede quedarse en la casa de su padre. Aun cuando se asfixie. Aun cuando es mantenido y pierde la independencia. Para Lej Lejá, para salir para ti y para tus intereses, sin embargo hace falta ser un Avram. Para ser un gran pueblo, para llegar a la Heredad.

Avram no se conformó con la intención. Al oír el llamado se puso en marcha. Fue la acción lo que lo convirtió en Abraham. Así pudo también recibir la bendición de “Y haré de ti una gran nación y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás una bendición”. Abraham es una bendición para el Otro, porque pudo serlo para él mismo.

 Avram hizo algo muy simple en compañía de su gente: “salieron para ir a la tierra de Canaán; y llegaron a la tierra de Canaán”. Nada los desvió. No hicieron experimentos intermedios.

Analicemos , unos fragmentos de las Escrituras que nos pasan muchas veces desapercibidos: “Y tomó Teraj a Avram, su hijo, y a Lot, hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Saray, su nuera, mujer de Avram, su hijo; y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y llegaron hasta Jarán y allí se establecieron (11:31). Como vemos, Teraj el politeísta, también intentó llegar a la tierra de Canaán, pero, se quedó en la mitad del camino. Si Avram no se hubiera despegado de su padre, hubiera muerto en Jarán, y junto con él se hubiera enterrado en su Jarán, el embrión del pueblo del que salió, porque él emergió. Teraj no había oído el Lej Lejá – Vete (por ti) de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Salió por su cuenta. En una aventura o una fuga. Quería llegar a Canaán, pero, no a “la Tierra que te mostraré”. Terrible diferencia, que en nuestro lenguaje podríamos traducir así: Teraj sabía que el ideal consistía en llegar a Canaán, e hizo mucho más que muchos líderes e ideólogos sionistas en la última centuria. Enfiló a Canaán. Pero, se quedó en el camino, quizás diciendo discursos, quizás enviando a otros, a lo mejor haciendo turismo institucional. Desde Jarán deseaba que otros lleguen a Canaán. Reconoció la centralidad de su Canaán, pero quería que otros vayan allí. Avram no dijo discursos. No escribió artículos. No buscó pasajes rebajados y subsidiados que lo acerquen por unos días a Canaán para seguir a París y a Madrid, y volver a Jarán. Decidió unirse a la “Tierra que te mostraré” para hacerla suya. Para construirla y construirse en ella. Pese a los peligros. A la incertidumbre. A la presión de Teraj. Del Teraj, el padre pagano, servidor de Nimrod, nieto de Jam, el hijo de Noaj, un hombre atrevido y de gran fortaleza de manos. que no pudo sacudirse la esclavitud de la comodidad supuesta.

Abraham, el hombre de fe, vivió siempre bajo gran presión. De su padre, de sus esposas, de sus hijos, pero, pudo abandonar su futuro pagano asegurado por el régimen y sus prebendas, su popularidad en el séquito de los cómplices de Teraj, pero se liberó encontrando el sentido a su vida.

Ese Abraham libre, después de la Revelación personal, no teme enfrentarse con el Creador peleando con él por el futuro de Sodoma y Gomorra. Lej Lejá, fue para él, ir hacia el mismo. Confrontándose en sus propias disyuntivas tuvo la fuerza de liberarse e ir hacia la tierra que te mostraré. Abraham aprobó diez pruebas a las que fue sometido. Y convirtió la tierra que te mostraré en la propia y la de sus hijos. Superó su ambiente y las experiencias de la vida. A su padre. A sus compañeros de la escuela. A su sociedad, amistades y cultura. Logró desmoldarse para que nosotros seamos libres en la Tierra que le fue prometida para él y para sus hijos. La tierra de Israel. Que es mía. Que es la de los hijos de Abraham, cuando decidan el Lej Lejá.


Cuando hay un llamado, aparece un objetivo que va más allá de lo geográfico

Al final de parashat Noaj leemos que: “Téraj salió de Ur de los caldeos rumbo a Canaán. Se fue con su hijo Avram, su nieto Lot y su nuera Saray, la esposa de Avram. Sin embargo, al llegar a la ciudad de Jarán, se quedaron a vivir en aquel lugar” (11:31). Allí, está más que claro, que Avram se dirige a Canaán llevado de la mano de su padre, y no por mandato divino, que no se dirigieron a una tierra que luego les iban a mostrar sino a un lugar muy definido. Pero, Teraj, no siguió su camino. Allí se quedó. Allí murió. No ingresó a Canaán, ni ningún miembro de su comitiva se adhirió.

Es difícil aceptar que Teraj, que había sido un importante funcionario en el régimen de Nimrod, y había aceptado sus normas, se dejó llevar por su hijo rebelde y lo condujo para cumplir lo que recién aparece en el versículo siguiente, tal como lo explica Redak [1] , y parece más lógica la interpretación de Jizkuni (Rabí Jizkiyáhu ben Janoj) [2], que Teraj fue hacia Canaán con su familia en búsqueda de las tierras que como descendiente de Shem le correspondían, y que habían estado en manos de descendientes de Jam.

Pero, que en esa caminata rumbo a la tierra no había ningún mandamiento espiritual. Pertenecía a los intereses del pasado y no del futuro. Teraj pudo haber llegado a Canaán – Israel, sin darse cuenta que estaba en Tierra Santa. También Avram hubiera podido llegar, sin saber qué superficie estaba pisando, si no hubiera oído el llamado de Lej Lejá.

Allí está toda la diferencia. Aquí está el contraste que vivimos todavía en nuestros días, entre quienes están en la tierra de Shem que les pertenece, por ser descendientes de Abraham y aquellos que están en su tierra por haber seguido el llamado de Lej Lejá, de cortar con el pasado, con creencias anteriores, con solidaridades caducas, con lazos familiares y con sus amistades, su cultura y su idioma.

El Salmista (45:10) nos deleita diciéndonos: “Escucha, hija, fíjate bien y presta atención: Olvídate de tu pueblo y de tu familia. El rey está cautivado por tu hermosura; él es tu señor: inclínate ante él”, describiendo la rebelión necesaria contra los padres y el lugar de nacimiento, para elegir seguir la senda de .A. que parece señalarnos el primer versículo de la lectura de esta semana. Sólo faltaría en él, el mandato de dirigirse a una tierra desconocida.

Cuando hay un Llamado, aparece un objetivo que va más allá de lo geográfico.

Sobre Teraj, no se hubiera podido aplicar el versículo que aparece poco más adelante: «Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino de .A. y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así .A. cumplirá lo que le ha prometido» (Bereshit 18:19), porque su viaje no tenía un mandato. No tenía nada que aleccionar a su familia más que en las artes de la subsistencia.

El llamado de Lej Lejá, resuena también para nosotros, estemos incluso residiendo en la Tierra de Israel.

Es una voz que no ha dejado de repicar en nuestros oídos y corazones desde entonces. Como que aún no hemos llegado a la heredad que no acabamos de descubrir porque todavía no se cumplió del todo el anuncio hecho a nuestro patriarca.

La diferencia parece estar marcada por lo que nos enseña el Sfat Emet [3], citando el Midrash que también Rashí nos presenta: “¿Por qué no le reveló (.A.) inmediatamente el lugar? – Para hacerlo amable a sus ojos y para poder retribuirle por cada paso, y el rav de Gur, nos da su respuesta: “Simplemente porque una de las características para llegar a Eretz Israel, es anular todos los sentimientos y deseos frente a la aspiración de .A.

De allí debemos aprender el principio según el cual debemos estar preparados para oír y para aceptar lo que no podemos, que debemos mirar y escuchar lo que está por encima de nuestras percepciones”.

Si Dios le hubiera dicho a Avram, “sube a Israel”, Avram hubiera seguido siendo el mismo ser. El hijo del aristocrático Teraj preocupado por poseer más territorios, fiel a su rey y a su lugar de nacimiento, con capacidad de liderazgo que había aprendido las artes de la negociación y la guerra que luego debería usar, sólo hubiera cambiado su lugar de residencia y su espacio vital. Pero, difícilmente hubiera cambiado lo suficiente para convertirse en el Patriarca del Pueblo de Israel, para ser Abraham.

Ir a la “Tierra que te voy a mostrar”, implicaba un cambio interior muy profundo. Una verdadera transformación en la persona, en el espíritu y en la fe. Un corte. Una nueva dinámica. Implicaba una revelación y un descubrimiento. Exigía una dosis muy grande de humildad y preparación, para abrir los ojos y exigirse para descubrir esa muestra. Tener todos los sentidos puestos en saber ¿dónde estoy? ¿A quién soy fiel? ¿Cuál es mi misión? Poder cruzar el río y dejar a todos del otro lado. Ser ivrí-hebreo.

Ser ivrí, -es estar del otro lado-, es ser capaz de vivir frente a todo el mundo luciendo unos valores que los demás o desprecian o ignoran o combaten.

Al llegar a Israel por el mandato divino, y no por orden del padre, Avram se comporta sin intereses. Puede pedir a Dios por los pecadores de Sdom, e intentar la paz con Avimelej el rey de los filisteos. Puede construir altares para un Dios invisible y lo que no es menos importante, poder litigar con Dios mismo, para intentar salvar las vidas de otros, que ni siquiera eran de su familia.

Avram puede ser el hombre de la fe total, por esa orden: “Como no me has dado ningún hijo, mi herencia la recibirá uno de mis criados. — ¡No! Ese hombre no ha de ser tu heredero —le contestó .A. Tu heredero será tu propio hijo. Luego .A. lo llevó afuera y le dijo: —Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia! Avram creyó a .A., y el Señor lo reconoció a él como justo.” (15:3-6)

Cuando Avram recibió la orden Lej Lejá, pudo al fin liberarse de los dioses terrenales y poder mirar hacia las Alturas para descubrir allí, que lo que le anunciaban y que era absolutamente imposible por la lógica, sería real por la fe.

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[1] Redak (Rabí David Kimji), 1160 – 1235, nació y murió en Narbona, en el sur de Francia. Su padre Iosef y su hermano Moshé también fueron distinguidos estudiosos de la Torá y escribieron sus comentarios. Redak siguió a Maimónides a quien defendió contra quienes se oponían a su filosofía.

[2] Jizkuni (Jizkiyáhu ben Manoaj), fue un comentarista del S. XIII (1250-1310), pero las fechas exactas de su nacimiento y muerte no han sido confirmadas. Su comentario fue impreso por primera vez en Venecia, y luego en Cremona en 1559. En la introducción de su obra dice que buscó por naciones y comentaristas lo mejor para incluir en su trabajo. En sus escritos se encuentran las huellas de Rashí, Rashbam, y Rabí Iosef Bejor Shor, pero, Jizkuni no trae las fuentes.

[3] Rabí Iehuda Arié Leib Alter (1847-1905), es el segundo admu”r de la jasidut de Gur, que fue llamado Sfat Emet por los libros que escribió. Nació en Varsovia y quedó huérfano muy pequeño, por lo que pasó a vivir con su abuelo. Cuando le ofrecieron ser el rebe se negó y recién aceptó suceder a rav Janoj Henij Hacohen de Alexander cuando tenía sólo 23 años.


El primer hebreo y pionero de la Tierra Prometida

 “Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Eshcol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram. Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan” (Bereshit 14: 13-14)

Abram no sólo es un pionero de la Tierra Prometida y el primer hebreo (ivrí), sino también un hábil guerrero.

Abram acosado reunió a todos los hombres de su familia, un total de 318 hombres. Les animó y los armó bien, y los llevó a la batalla.

Rabenu Bahya ben Asher ben Halawa, nacido a mitad del siglo XIII en Zaragoza y muerto en 1340, dice que sin embargo no tenían ningún entusiasmo para la acometida. Abram se dirigió a ellos de nuevo y dijo: “¿Hay alguien entre ustedes que es pusilánime? ¿Hay alguien que tiene miedo de ir a la batalla? Vuélvase ahora. “… Muchos de sus 318 hombres tomaron su ofrecimiento y regresaron a casa. Sólo unos pocos se quedaron con Abram; uno de ellos era su siervo Eliezer. [“Eliezer” = 318 en Guematria –el valor de sumar numéricamente las letras del nombre].

Rabenu Bahya se hace eco de un pasaje en el libro de Devarim en el que se les instruye a los potenciales soldados israelitas que se mantengan alejados del combate si son propensos a sufrir de diferentes tipos de distracción.

¿Por qué los comentaristas rabínicos buscan hacer una conexión entre las historias de nuestros antepasados con la ley de la Torá? ¿Es útil pensar en Abram como una persona “observante de la Torá”, aunque la Torá aún no había sido revelada? El lenguaje de Abram es un marcador clave de su identidad. Muchos jajamim piensan que nuestros patriarcas observaban las mitzvot antes de Sinaí. Por lo que es fácil comprender la opinión de Rabenu Bahya, pero, además de ello, Abram pensaba y hablaba como judío.

De allí aprendemos que el lenguaje sigue siendo un componente importante de la definición de un pueblo. Abram haivrí –el hebreo-, es autor del pensamiento filosófico que le permitía actuar con coherencia judía.


Abraham nos enseña que podemos amar al Creador cuando somos conscientes que las vallas no nos detendrán

Rashí y los grandes comentaristas coinciden que, cuando se le ordenó a nuestro patriarca Abraham que se vaya de su tierra, sería para su propio bien.

¿Qué tiene de bueno tener que arrancarse de raíz de su país y deambular continuamente? 

Una de las respuestas a esa pregunta es que Abraham fue el ejemplo más excelso de la mitzvá de hajnasat orjim, -recibir a las visitas-, atendiendo maravillosamente a sus huéspedes.

En la tienda de Abraham cada alma caminante encontró descanso para su cuerpo y alimentos, también para su alma.

Sin embargo, hasta que se le ordenó dejar su tierra natal, Abraham era un miembro de la nobleza de su ciudad. Nunca había experimentado la angustia de ser un vagabundo. Ahora condenado a una existencia desarraigada, él sabría, no sólo a través del poder de la imaginación, sino a través de la mejor escuela, la de la experiencia, lo que significa estar sin refugio y alimento. De esta manera, la mitzvá que cumplió con tanto ahínco, le sirvió para mejorar la misión de su vida. Serviría a la gente, atendiéndolos también con su corazón. Es por eso que se le dijo que fuera “Lej Lejá”; para su propio beneficio.  

Mirando hacia atrás en el camino de la vida podemos encontrar, que, como Abraham, todos tenemos grandes almacenes de tesoros sin explorar, enterrados en cajas etiquetadas bajo el nombre “dificultades” y “fracasos”. Esas experiencias se convierten en el Servicio Divino en el momento que elijamos.

Todos hemos conocido a personas que después de haber fracasado en su vida personal, familiar o pública, o tuvieron a un ser que sufrió de ellos, puede levantarse del polvo “mekimi meafar dal”, y lograr las máximas alturas. “¿Quién como nuestro Dios que, posado en las alturas, baja su mirada para contemplar cielos y tierra? Del polvo levanta al humilde y del cenagal al desvalido, para ubicarlos junto a los majestuosos magnates de su pueblo”- decimos en Tehilim 113.

Abraham nos enseña que podemos amar al Creador cuando somos conscientes que las vallas no nos detendrán. El patriarca nos invita a utilizar la sabiduría total de nuestras experiencias, ser exigentes y llegar a la meta con todas nuestras fuerzas, también si hemos perdido posiciones de nobleza y nos   encontramos con dificultades-


Las migraciones y los inmigrantes

La guemará en Baba Batra 91 a dice que Rav bar Janán bar Rava dijo que Rav expresó: Nuestro antepasado Abraham fue encarcelado durante diez años, porque rechazó el culto a los ídolos que fue aceptado en su tierra. Estuvo preso tres años en la ciudad de Khuta y siete años en Kardu. Y Rav Dimi de Nehardea enseña lo contrario, que estuvo encarcelado siete años en Khuta y tres en Kardu. Rav Jisda dijo: El pequeño pasaje de Khuta, este es Ur de los caldeos (ver Génesis 11:31).

Sin embargo, como tantas personas en la historia que fueron perseguidas no tomó la iniciativa de migrar.

Nuestro patriarca sabía sin duda las consecuencias de la migración.

La experiencia de la inmigración y el tipo de sufrimiento que implica vivir en una sociedad y cultura que no es propia; los inmigrantes se ven obligados, por respeto a sí mismos y al grupo que les permitió abandonar su país de origen, a minimizar el sufrimiento de su emigración pero no siempre lo logran.

Ningún inmigrante puede cantar, jugar, trabajar o escribir bien, sin vivir momentos del dolor y la angustia más profundos. Todo talento real ha conocido momentos de tortura y depresión cuando el corazón en su agonía ha clamado a Dios: “¿Por qué me has desamparado? ¿Qué he hecho para que sufra tanto?”

“El destino puede ser tan cruel como le plazca; pero si tenemos calor y amor en nuestros corazones, nunca estaremos solos, nunca desesperados, y nunca pensaremos en la autodestrucción, aunque solo sea por compasión por todos nuestros hermanos que sufren, quienes, mientras vivamos, nosotros siempre tenemos la oportunidad de ayudar”.

Abraham tuvo que recibir la orden divina de partir y comenzó su emigración acompañado por sus familiares que en su mayoría no llegaron al nuevo destino.

“Y luego, mucho después en el momento más oscuro, ¡de repente, el velo se les arranca de los ojos! La verdad, con su antorcha encendida, se para delante de ellos, y entienden que Dios les envía sufrimiento a fortalecer y ennoblecer su talento, para que pueda tocar los corazones de los hombres y mostrar a los vagabundos cansados en la tierra vislumbres del cielo”.

“Ese sufrimiento no distingue entre raza, etnia, inmigración e identidad y hoy día es estudiado en sociología, antropología, estudios culturales, política y geografía”.

Los fragmentos entrecomillados los tomé de textos de Lyubov Dostoyevskaya, comentando el libro The Emigrant, que describen con suma delicadeza la terrible situación por la que atraviesan quienes empujados por razones políticas, militares y por el hambre, toman la decisión de dejar sus lugares de residencia y parten a un destino desconocido sin tener ninguna certeza que llegarán a él y aún en ese caso, de poder brindar educación a sus hijos e integrarlos o para organizarse en comunidades independientes sin morirse de hambre.

Abraham migró porque tuvo una revelación y descubrió su misión. Pese a ello nada le fue fácil. A su familia le fue muy difícil vivir con armonía. La absoluta mayoría de sus hijos no quedó registrada como continuadora de su padre. Tuvo que pasar por pruebas que difícilmente otra persona hubiera podido superar.

Su nuevo hogar fue abierto a todos los que pasaban por allí. Sara era proactiva en la enseñanza de los principios que creía debía compartir con los lugareños. Tuvo dificultades en encontrar familia para sus hijos. Y la hambruna le obligó a migrar y salir de la tierra prometida. “Y hubo hambre en la tierra; y Abram descendió a Egipto para pasar allí un tiempo, porque el hambre era severa en la tierra” (Bereshit 12:10).

Cuando leemos los versos de la parashá no podemos evitar pensar en la manera en la que buenas personas y buenos gobiernos maltratan a los migrantes, los discriminan, y en no pocas oportunidades provocan su muerte.

La historia colocó a los hijos de Abraham en esas circunstancias terribles cada vez que debieron cambiar su lugar de residencia perseguidos y expulsados por los señores.

Hoy sus hijos tienen ya un espacio propio donde vivir y muchos hermanos desparramados por el mundo siguen temiendo asumir la orden que Dios le dio a Abraham, porque no desean pagar el precio que él tuvo que pagar. La primera consecuencia es que tampoco les queda misión que cumplir.

Y en paralelo no podemos menos que solidarizarnos con otros pueblos perseguidos y a ellos debemos ayudar a sobrevivir incluso si se trata de culturas muy lejanas a la nuestra.

Abraham nos lo enseña en esta parashá.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Grace Nehmad dice:

    Gracias mi Rav! Está muy especial la grabación y complementa muy bien! Me hace soñar esta paradha!! La posibilidad de un nuevo comienzo y un cambio real profundo que no necesariamente es migrar! La importancia del pacto que es mucho más que físico, de dejar atrás lo conocido para crear lo nuevo, el monoteísmo en este xasi.

    Me gusta

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