Noaj

Los píos preocupados únicamente de ellos mismos

La personalidad de Noaj, discutida por nuestros sabios, me atrajo desde niño. ¿Era o no era tzadik? ¿Fue el “tzadik in peltz” (misericordioso envuelto en abrigo de piel, que sólo está preocupado por calentarse a sí mismo en días de frío) de nuestro folklore o un verdadero justo? ¿Podemos aprender algo de su conducta antes y después del diluvio universal o mejor leemos el texto sin detenernos? ¿Cómo hubiéramos actuado en su lugar?

En el templo al que concurría con mi padre z”l, dos filas delante de las nuestras, había un señor mayor que yo quería mucho (nos repartía dulces cuando a un guiño de él levantábamos los sidurim que otros habían dejado en sus mesas) y se llamaba Noaj, y por lo menos una vez por año era objeto de bromas por sus vecinos de asiento que pedían le inviten subir a la Torá, aunque su cumpleaños acaecía en otra fecha. Él defendía el personaje cuyo nombre llevaba, citando a Rashí, quien con proverbial maestría intentó contestar el dilema con la discusión entre rabí Iojanán y Reish Lakish en Sanedrín, dejándonos de alguna manera, la elección en nuestras manos. Después de todo Noaj, fue tratado con superlativos difícilmente aplicados a ningún otro en toda la Torá. No pude, en aquel entonces, sino unirme a quienes interpretan muy relativamente su tzadikismo. La discusión de Sanedrín 108a, aparece en Bereshit Raba entre rabí Yehudá y rabí Nejemia, casi en los mismos términos, se interroga el grado de su piedad. El versículo (7:1) en el que .A. le dice a Noaj: “Entra tú y toda tu familia en el arca, porque a ti he visto justo delante de mí en tu generación”, limita de alguna manera el primero de nuestra parashá “Noaj, hombre justo, era tamim – perfecto [¿?] – entre los hombres de su generación” (6:9).

Tamim es interpretado como humilde y paciente (Rashí), y como Tzadik en sus acciones y entero en su corazón (Ibn Ezra). Pero .A. no usa ni el término tamim y habla únicamente de la generación de Noaj sin dar lugar a las especulaciones de otros tiempos. Rashí nuevamente magistral intenta solucionar el interrogante diciendo que “en presencia de la persona no se la elogia sino parcialmente”, por lo que no hay contradicción. Nunca supe, si esa nueva enseñanza de Rashí significaba también que él personalmente creía en la superioridad espiritual de Noaj o no.

Sin embargo, hoy, tantos años después, regreso al modelo de tzadikismo pasivo de Noaj. Con su accionar se salvó junto a su familia, porque no era malvado. Pero, no ejerció el liderato que se podía esperar de él para salvar a los demás. En ello no puede compararse ni con Abraham ni con Moshé. El profeta Yejezkel, sigue esta línea de considerar tzadik a quien está en condiciones de salvarse de la destrucción (14 12): “Vino a mí palabra de .A., diciendo: «Hijo de hombre, cuando la tierra peque contra mí rebelándose pérfidamente, y extienda yo mi mano sobre ella, le corte el sustento de pan, envíe sobre ella hambre y extermine de ella a hombres y bestias, si estuvieran en medio de ella estos tres hombres: Noaj, Daniel y Job, solo ellos, por su justicia, librarían sus propias vidas, dice .A., el Señor”. Noaj caminó con .A., porque si no, no hubiera podido ser justo. Se hubiera caído. Necesitaba del apoyo. Y si él no podía sostenerse no tenía la fuerza para apoyar al otro. Abraham no necesitaba de ese apoyo. Caminaba solo. “Abram tenía noventa y nueve años de edad cuando se le apareció .A. y le dijo: Yo soy el .A. Todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto” (Bereshit 17).

Noaj se encerraba y temía mezclarse con la gente para no absorber de ellos lo negativo. Abraham salía a estar con todos sin temor alguno. Su fe era completa. Su fortaleza interior integral. De esa manera no sólo acercaba a las personas al judaísmo sino que los podía salvar de la destrucción. El conocía al otro. Se unía a él para tomar lo mejor y multiplicarlo.

El Midrash también compara a Noaj con Moshé. Acerca de Noaj sabemos que “comenzó a ser un hombre de la tierra”. Inició como justo y finalizó uniéndose a las partes más bajas de sí mismo. Moshé, fue llamado “el egipcio” en Shemot 2:19, llega a la categoría de ser “varón de .A.”, en Devarim 33:1. Por lo visto, las personas pueden iniciar su accionar en categorías bajas y elevarse, si cumplen su misión particularmente si son líderes o maestros, y pueden iniciar alto y derrumbarse porque olvidan que uno no puede elevarse solo apartado de los demás.

Nuestra época, es en muchas actitudes pre diluviana y de nuestros conductores esperamos que sepan involucrarse en el compromiso de salvar a los demás, enseñarles, unirse a ellos para lograr que mejoren y construyan una sociedad más justa y formen un pueblo que responda a los mandamientos y a los llamados de la ética y la moral. Pero… no siempre vemos satisfechas nuestras expectativas.

Pero, diluvio ya no vamos a tener. .A. aceptó que no somos mejores que los de épocas pretéritas, ni que ningún diluvio nos mejorará aún más. El diluvio no cambió la naturaleza humana ni modificó las conductas de los seres humanos. La única diferencia es que, al establecerse la normatividad, aparece la posibilidad del castigo por el crimen cometido, lo que hace que hasta el mismo Noaj pueda ser juzgado retroactivamente según esas pautas. .A. reconoce que el instinto del hombre es perverso desde su juventud, pese a lo cual promete no volver a maldecir la tierra por culpa suya, ni destruir a todos los seres vivientes, y mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches. Por eso, no debemos oír a quienes nos amenazan con nuevas inundaciones que pueden acabar éste, nuestro decadente mundo.

Con los años, y pese a que Noaj se emborrachó, y perdió la oportunidad indiscutible de ser como Abraham o Moshé, y pese a que no hemos escarmentado lo suficiente para ser justos, o quizás por eso mismo, he comenzado a juzgar a Noaj con mayor benevolencia. En su tiempo, sólo él, pudo ser la simiente de un nuevo mundo. También nuestro mundo sería distinto si por lo menos, él estuviera con nosotros.

Lástima que no se lo puedo decir a aquel Noaj que recuerdo hasta hoy día por su bondad.


Caminar con Dios

El primer verso de Parashat Noaj describe a Noaj como un “hombre justo” que “caminó con Dios” (“et ha-Elokim hithalej Noaj”). Sforno explica “caminar con Dios” en el sentido de, “Él siguió sus caminos, de ayudar a otros y reprender a sus contemporáneos”. A diferencia de otros comentaristas, que retratan a Noaj como una persona indiferente a su sociedad y apático a la decadencia moral que caracterizó a su generación, Sforno sostiene que la Torá describe específicamente a Noaj como a un individuo sensible, comprometido que trató a los demás con amabilidad e hizo un esfuerzo sincero para influir de manera positiva. Sforno hace un comentario similar (en Bereshit 5:24) en la explicación de la descripción de la Torá de Janoj porque “caminó con Dios”. Sforno explica que esta frase se refiere a la bondad y a un intento de ejercer influencia positiva. Estos dos hombres, Noaj y Janoj, finalmente fueron separados de la gente de su tiempo a causa de su piedad excepcional. Noaj fue protegido de las aguas, que asolaron a sus contemporáneos por estar aislado en el arca, y Janoj, como explica Rashí, fue llevado al Gan Edén con vida, para no caer presa de las influencias negativas de la gente de su tiempo. Podríamos haber asumido – y algunas fuentes rabínicas de hecho expresan este punto de vista – que Janoj y Noaj fueron separados de sus contemporáneos específicamente porque habían decidido separarse. A medida que los hombres justos que viven en un mundo corrupto y pecaminoso, optan por la separación y el apartamiento, Dios profundiza aún más este proceso mediante su separación de forma permanente del resto del mundo. Esta lectura puede parecer consistente con la frase “caminar con Dios”, que podría entenderse en el sentido de adherirse a Dios excluyendo a los seres humanos y eligiendo el alejamiento de la sociedad con el fin de aferrarse a la espiritualidad. Sforno, sin embargo, no podía tolerar tal interpretación. En su opinión, “caminar con Dios” sólo puede significar la adhesión a la bondad, la sensibilidad y la participación directa, e intensiva en los asuntos humanos del Todopoderoso. Si una persona se aferra a Dios, entonces él hace lo que hace Dios – que compasivamente se preocupa por los demás y trata de proporcionarles sus necesidades. Del mismo modo que Dios desciende, por así decirlo, para el cuidado de los seres humanos, las personas que “caminan con Dios” son los que – no a pesar de su elevada altura de su piedad, sino específicamente debido a su eminente estatura de su misericordia – están comprometidos con la sociedad y con personas de todo tipo, con el fin de cuidar de ellos y beneficiar y reparar al mundo. De acuerdo con Sforno, no es posible “caminar con Dios” aisladamente de la sociedad, sino participando activa y genuinamente en la preocupación por el prójimo.


“Entra tú y toda tu familia en el arca, porque a ti he visto justo delante de mí en tu generación” (7:1)

Una de las preguntas más difíciles que nos presenta la Torá es la referida al Diluvio Universal y a su actor más visible, Noaj. Si Noaj es un justo, es una cuestión que en su momento, Rashí con proverbial maestría intentó contestar con la discusión entre Rabí Iojanán y Reish Lakish en Sanedrín, dejándonos de alguna manera, la elección en nuestras manos. Pero, aún seguimos preguntándonos si además del castigo a una generación que se había pervertido, el diluvio sirvió para que el ser humano sea mejor.

El diluvio universal fue un parteaguas en la Creación, provocando el nacimiento de una nueva, apenas bajaron las aguas. Uno de los más discutidos filósofos de las últimas décadas, Yeshayahu Leibowitz, veía que el mundo anterior al diluvio que fue creado por la Misericordia Divina, fue conducido sin seguir las reglas de la naturaleza. Según nuestra visión de normalidad todo en él era milagroso, en él no había orden definido, los cambios eran imprevisibles e ilógicos, las temperaturas pasaban de un extremo a otro sin que se sucedieran las estaciones, podía cambiar y ser destruido en cualquier instante. Pero, en el nuevo mundo nacido después del diluvio, hay normas universales que rigen la naturaleza y otras que rigen las conductas de los seres humanos, como los siete preceptos de los hijos de Noaj decididos aún antes de la entrega de la Torá en Sinaí. El diluvio no cambió la naturaleza humana ni modificó las conductas de los seres humanos. La única diferencia es que, al establecerse la normatividad, aparece la posibilidad del castigo por el crimen cometido, lo que hace que hasta el mismo Noaj pueda ser juzgado retroactivamente según esas pautas. Una vez que existe la norma se puede saber cuál será la consecuencia de su violación. .A. reconoce que el instinto del hombre es perverso desde su juventud, pese a lo cual promete no volver a maldecir la tierra por culpa suya, ni destruir a todos los seres vivientes, y mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches. (Ver Bereshit 8:21-22). Si aceptáramos ese razonamiento, concluiríamos que el nuevo mundo es menos bueno que el anterior. El nuevo necesita de normas más claras, de regularidad, y ya no hay confianza en las capacidades humanas de elegir entre el bien y el mal si esos valores no son normados.

El Rabino Dr. Yejezkel Lichtenstein, nos dice que Noaj y su familia fueron los primeros habitantes del nuevo mundo, sólo que se encontraban vestidos en el momento del nacimiento del nuevo universo. Pero en las personas nada cambió. Noaj se emborrachó, Jam fue maldecido, y el instinto de los seres humanos continúa siendo perverso desde la juventud. Pese a que el mundo ha cambiado, los seres humanos regresaron a ser lo que fueron antes. No escarmentaron con el terrible castigo. El rav de la yeshivá donde estudié, planteaba que también en otras oportunidades, .A. había reducido el “standard de excelencia” de sus criaturas, incapaces de elegir una vida más elevada. Enumeraba a las segundas tablas escritas por la mano de Moshé a diferencia de las primeras que, con el mismo texto, había escrito .A. mismo, a la discusión que los jajamim traen acerca de las críticas de Iosef a sus hermanos a quienes le exigía una conducta de mayor pureza, e incluso a la orden de regresar a la cueva que una Voz le diera a Shimón bar Iojai y a su hijo después que habían “quemado” a quienes se ocupaban de trabajos mundanos. El diluvio sólo logra corroborar que los seres humanos no pueden aceptar el nivel que se les exigía en la primera Creación.

En cuanto a Noaj, tratado con superlativos difícilmente aplicados a ningún otro en toda la Torá, desde que escuché por primera vez el concepto de “tzadik in peltz”, -un pío envuelto en abrigo de piel- (que sólo está preocupado por calentarse a sí mismo en días de frío), no pude sino unirme a quienes interpretan muy relativamente su tzadikismo. La discusión de Sanedrín 108a, aparece en Bereshit Raba entre rabí Yehudá y rabí Nejemiá, casi en los mismos términos: que fue tzadik, ambos coinciden, la pregunta es cuál fue el grado de su piedad. El versículo (7:1) en el que .A. le dice a Noaj: “Entra tú y toda tu familia en el arca, porque a ti he visto justo delante de mí en tu generación”, limita de alguna manera el primero de nuestra parashá “Noaj, hombre justo, era tamim –perfecto [¿?]- entre los hombres de su generación” (6:9).

Tamim es interpretado como humilde y paciente (Rashí), y como Tzadik en sus acciones y entero en su corazón (Ibn Ezra). Pero .A. no usa ni el término tamim y habla únicamente de la generación de Noaj sin dar lugar a las especulaciones de otros tiempos. Rashí nuevamente magistral intenta solucionar el interrogante diciendo que “en presencia de la persona no se la elogia sino parcialmente”, por lo que no hay contradicción. También para .A., siguiendo ese criterio Noaj es casi perfecto.

Sin embargo, regreso al modelo de tzadikismo pasivo de Noaj. Con su accionar se salvó junto a su familia, porque no era malvado. Pero, no ejerció el liderato que se podía esperar de él para salvar a los demás. En ello no puede compararse ni con Abraham ni con Moshé. El profeta Yejezkel, sigue esta línea de considerar tzadik a quien está en condiciones de salvarse de la destrucción (14 12): “Vino a mí palabra de .A., diciendo: «Hijo de hombre, cuando la tierra peque contra mí rebelándose pérfidamente, y extienda yo mi mano sobre ella, le corte el sustento de pan, envíe sobre ella hambre y extermine de ella a hombres y bestias, si estuvieran en medio de ella estos tres hombres: Noaj, Daniel y Job, solo ellos, por su justicia, librarían sus propias vidas, dice .A., el Señor”. Noaj caminó con .A., porque si no, no hubiera podido ser justo. Se hubiera caído. Necesitaba del apoyo. Y si él no podía sostenerse no tenía la fuerza para apoyar al otro. Abraham no necesitaba de ese apoyo. Caminaba solo. “Abraham tenía noventa y nueve años de edad cuando se le apareció .A. y le dijo: –Yo soy el .A. Todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto” (Bereshit 17).

Noaj se encerraba y temía mezclarse con la gente para no absorber de ellos lo negativo. Abraham salía a estar con todos sin temor alguno. Su fe era completa. Su fortaleza interior integral. De esa manera no sólo acercaba a las personas al judaísmo sino que los podía salvar de la destrucción. El conocía al otro. Se unía a él para tomar lo mejor y multiplicarlo.

Por último el midrash también compara a Noaj con Moshé. Acerca de Noaj sabemos que “comenzó a ser un hombre de la tierra”. Inició como justo y finalizó uniéndose a las partes más bajas de sí mismo. Moshé, fue llamado “el egipcio” en Shemot 2:19, llega a la categoría de ser “varón de .A.”, en Devarim 33:1.

Las personas pueden iniciar abajo y elevarse si cumplen su misión particularmente si son líderes o maestros, y pueden iniciar alto y derrumbarse porque olvidan que uno no puede elevarse solo apartado de los demás.

Nuestra época, es en muchas actitudes pre diluviana y de nuestros conductores esperamos que sepan involucrarse en el compromiso de salvar a los demás, enseñarles, unirse a ellos para lograr que mejoren y construyan una sociedad más justa y formen un pueblo que responda a los mandamientos y a los llamados de la ética y la moral.

Pero, diluvio ya no vamos a tener. .A. aceptó ya que no somos mejores que los de épocas pretéritas, ni que el diluvio nos mejorará aún más. Por eso, nuestro compromiso social debe ser aún mayor.


La tragedia de Noaj

El Zohar explica que Noaj tenía miedo de que si oraba por su generación, él mismo no estaría a salvo. ¿Cómo podemos entender esto? Para ello tenemos que hallar la naturaleza de la tefilá. Para implorar por alguien, tienes que entenderlo; te tienes que identificar con sus luchas, sus miedos, su historia, su persona. Noaj tenía miedo que su oración le acercaría a su generación y tal vez se vería influenciado por su mala conducta. Por el contrario, Abraham entendió a la gente de Sdom, dándose cuenta de lo que hacían. Pero no tuvo ambages de orar por ellos.

Curiosamente, el Zohar relata que Noaj al salir del arca, inspeccionó la destrucción a su alrededor, llorando: “Dios, ¿es ésta tu misericordia?” Dios entonces reprendió a Noaj: “Durante 120 años [el tiempo que se tardó en construir el arca] esperé por sus oraciones…”

Este Zohar acentúa la tragedia de Noaj que tenía el potencial para salvar a su generación, ya que era uno de ellos. Sin embargo, en lugar de ser pro-activo, simplemente renunció a ampararlos. El Talmud (Sanedrín 108a) describe el origen de su maldad: “se convirtieron en vanidosos y pretenciosos como resultado de la bondad que Dios les otorgó”. “Su alta calidad de vida, les hizo rechazar a Dios”, “Dicen, pues, a Dios: apártate de nosotros, Porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él? (Job 21: 14-15)”.

El midrash, además, comenta sobre el estilo de vida de su generación. Su tecnología fue avanzada hasta tal punto, que el midrash relata, que rara vez tenían que trabajar.

Rabí Tzadok Hacohen Rabinowitz de Lublin (Kreisburg, 1823 – Lublin, Polonia, 1900) escribe que los miembros de la generación de Noaj disfrutaban de demasiado tiempo libre. ¿Qué podría Noaj lograr en una cultura de este tipo con una gran cantidad de tiempo libre, pero en la que no había aspiraciones espirituales? Quizás Noaj razonaba, “No puedo llegar a la gente en un mundo así. Dios mismo tiene que cambiar la naturaleza del mundo y no yo.”

Si rabí Tzadok viviera hoy, podría hacer una declaración similar acerca de nuestra propia cultura. Oramos para gozar del tiempo libre, así podremos estudiar Torá. Pero ¿qué pasa con los que aún no están familiarizados con la Torá, o los que rechazan la Torá? ¿Cómo utilizan su tiempo libre? Cada uno tiene su propia respuesta…

Noaj se incomunicó a sí mismo de su generación, y se encontró aislado en el arca. Triste suerte que él mismo se creó.


Comentario del rabino Norman Lamm

De Derashot Ledorot del rabino Norman Lamm. (OU Press y Maggid Publishers)

En esta sidrá leemos sobre la generación de Noaj y las malas vidas que llevaron. Su castigo, como se registra en la Torá, fue la destrucción completa, a excepción de Noaj y su familia, en el gran diluvio. Después de ese episodio, leemos de otra generación siguiendo los pasos de la primera. Esta es Dor Hahaflagá, la generación de la división. Las personas de esta generación evidentemente no habían podido aprender de la trágica lección que habían enseñado a sus predecesores. Eran un pueblo marcado por la arrogancia y la presunción.    

La Torá no describe simplemente mitos poéticos. Tenemos corroboración sustancial de ese episodio de la ciencia de la arqueología. Sabemos que los mesopotámicos de hace aproximadamente 3,600–3,800 años comenzaron a habitar grandes ciudades y a construir enormes templos paganos en ellas. Estos templos fueron construidos como torres altas como un signo de la igualdad de los constructores con los dioses paganos que adoraban. En sus escritos, algunos de los cuales todavía tenemos, se jactan de haber sido construidos en los cielos, incluso según lo registrado en la sidrá. A principios del siglo pasado, una torre de arqueología alemana descubrió en ruinas la torre de la que habla la Biblia. Era claramente una estructura impresionante e imponente. Estas tremendas torres expresaron el deseo de los babilonios de imaginarse a sí mismos como una raza superior, un “herrenvolk”. Finalmente, las ciudades y las torres fueron destruidas, y fue frustrada toda construcción posterior.

Si relees la historia de la torre, observarás el terrible sarcasmo con el que la Torá describe todo el episodio. Solo un ejemplo: el nombre Bavel (o Babel o Babilonia) dado a ese lugar por Dios. Este es un juego de palabras sarcástico, ya que los propios mesopotámicos llamaron a su ciudad Babel porque en su idioma el nombre se derivaba de las palabras bab-ili, que significa la Puerta de Dios, o en plural, bab-ilani, la Puerta de los Dioses. (de ahí: Babilonia). Sin embargo, en hebreo el nombre bavel es similar a la raíz b-l-l que significa: confusión. Luego, la Torá nos dice que lo que estos mortales pensaban que era la puerta a su propia divinidad no era más que la confusión de sus pobres mentes.

Y sin embargo, a pesar del sarcasmo, la amargura y el ridículo que la Torá acumula sobre la generación de la torre, la acusación de esta generación no está completa. Simplemente comparemos estas dos generaciones, la del diluvio y la de la torre: la generación del diluvio fue, con la excepción de Noaj y su familia, completamente destruida; la generación de la torre no fue destruida en absoluto, simplemente fue castigada por disensiones internas con gran exilio y dispersión. ¿Por qué la generación de la torre fue tratada con tanta indulgencia comparativa a pesar de sus pecados de arrogancia?

Nuestros rabinos (Génesis Rabá 38: 6) nos dieron la respuesta, basada en una pista en la Biblia misma. Nuestra Torá menciona que el mundo entero hablaba un idioma, lo que significa, por supuesto, que había unidad, cooperación y amistad. Y por lo tanto, “La generación de la inundación, ya que estaban inmersos en el robo, lo nishtayrá mehem pleita – ninguno de ellos quedó. Pero la generación de la torre, ya que se amaban, quedaba de ellos un remanente”.

Hay algo que se puede salvar de la generación de la torre, algo de valor duradero y permanente, y es: amor, amistad. Lo que nuestros rabinos obtuvieron de este episodio de la generación de la torre fue que cada generación puede convertirse en una generación imponente si aprende a amar; que incluso si las personas son arrogantes, sin Dios los criminales, pueden escapar de la ira celestial si aprenden a amar a las criaturas de Dios. La única forma de nishtayrá mehem pleita, de sobrevivir a un mundo de frialdad, traición, producción en masa y proyectos audaces que oscurecen al individuo, es a través del amor.

Se dice que un judío le preguntó una vez a su rabino: “¿Por qué decimos” lejayim “a nuestros amigos antes de recitar la bendición sobre el vino o el aguardiente? ¿No es irrespetuoso bendecir a nuestro prójimo antes de bendecir a Dios? El rabino respondió que la práctica es válida ya que la Torá nos ordena aceptar la mitzvá de “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Vayikrá 19:18) antes de decirnos: “Ama al Señor tu Dios” (Devarim 6: 5).

Con frecuencia hablamos de la mitzvá del amor vecino y, sin embargo, generalmente no lo entendemos y, por lo tanto, no lo practicamos. La dificultad es simple: algunas personas simplemente no son amables. ¿Me pides que tenga verdadero cariño por tal y tal? ¿Cómo puedo, cuando pienso que él es repulsivo? O bien, ¿cómo puedo hacerlo si simplemente no lo apruebo, lo que él piensa y lo que hace? Soy crítico con tantas cosas sobre él y me niego a renunciar al derecho de ser crítico con él; es parte de la composición racional de un hombre ser crítico. Y si no lo apruebo y no tengo vínculos emocionales con él, ¿cómo puedo observar el mandamiento de amarlo?

Esa es una buena pregunta, en la que sin duda has pensado, y que debemos ser capaces de responder si alguna vez tenemos éxito en hacernos nosotros mismos, que tenemos tantos defectos y rasgos malvados de la generación de la torre, una generación imponente: si queremos sobrevivir como seres humanos decentes y buenos judíos.

Una respuesta más profunda y adecuada es la sugerida por ese gran judío alemán, el rabino Shimshón Refael Hirsch. Hirsch hace la observación de que con respecto al versículo, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, la Torá no dice “Veahavta et reajá”, sino “lereajá”, que es difícil de traducir. Pero, ¿qué significa eso realmente? “Et reajá” implica un lazo emocional, un amor completo y no crítico de tu prójimo, que puede ser muy bueno pero no suele ser posible. Pero ” lereajá ” conlleva el significado de que no tienes que aprobarlo ni nada de lo que dice o quiere, pero lo que se requiere es empatía, es decir: ponte en su lugar, para que participes en sus sentimientos, en lo que sea que le pase, eso es lereajá; comparte lo que le pasa. Si hace una gran fortuna, sé feliz por él, como si te hubiera pasado a ti. No te preocupes y no seas indiferente. Si le ocurre una tragedia, comparte su pena y siente que le sucedió a ti: “camoja”. Y cuando puedas establecer esa identificación y participar profundamente tanto en sus alegrías como en sus penas, ciertamente te sentirás conmovido para aumentar la alegría y aliviar las penas. No debes aceptar nada de lo que dice e incluso puedes considerar que su personalidad es defectuosa, pero es un ser humano con sentimientos y sensibilidades, y la mitzvá del amor vecinal requiere que consideres esos sentimientos como si fueran tuyos. La Torá no nos pide nada que esté más allá de nuestras capacidades. No nos pide que no seamos críticos al aceptar confidentes o amigos. No nos pide que brotemos de dulzura sobre alguien que detestamos. Dice que no importa cuál sea nuestra opinión de una persona, debemos tener suficiente amor en nuestras almas que podamos sentir no solo por él, no solo simpatía; pero como si fuéramos él, empatía.

Esta exigencia de la Torá de que practiquemos el amor al prójimo no es una exigencia de ser un ángel. Es un desafío al ser humano. Pocos de nosotros encontramos posible aprobar a una persona por completo y sin crítica. Pocos de nosotros podemos formar vínculos emocionales profundos con todos los que conocemos. Pero todos fuimos creados a imagen de Dios. Y eso significa que podemos practicar el amor vecinal “lereajá”; podemos aprender empatía, podemos considerar los sentimientos de los demás como si fueran nuestros. Porque ese es el significado del mandamiento de la Torá: es practicable, varonil y supremamente humano.

Es eso y solo lo que nos puede convertir en la pleitá, los sobrevivientes de esta generación, que como la mencionada en esta sidrá, está fervientemente ocupada en la construcción de todo tipo de estructuras, armas e industrias, y derivando de allí la arrogancia colectiva que produce nosotros pensamos que somos superhombres. La generación de la torre fue perversa y, por lo tanto, condenada al fracaso. Pero su única característica redentora, el amor, es lo que puede hacer de nosotros y de cualquier otra generación una generación imponente. Que esa sea la voluntad de Dios.

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