Masei

En la halajá judía el recorrido es casi tan importante como el objetivo final

Nuestra parashá cierra el libro de Bemidbar.

Están por terminar los relatos de las atribulaciones del pueblo de Israel en el desierto. ¿Qué nos trae la lectura de esta semana? – Una línea por la senda recorrida durante cuarenta años en el yermo -. Ese largo viaje llega a su fin. El pueblo está finalizando la transición de su estado de esclavitud a su nueva condición de la libertad nacional. Ya no dependen de otra nación y tienen frente a sí su tierra propia. Pero, con ella, toman el desafío de crear una sociedad basada en la justicia y el amor al “otro”. Para precisar este cambio, la Torá nos cuenta que esa nueva sociedad será creada por aquellos que no habían pasado por la experiencia de la servidumbre. Los que salieron de Egipto, (excepto Yehoshúa y Caleb, por supuesto) dejarán sus restos en el desierto. También Aharón. Igualmente, el mismo Moshé.

¿Por qué se puntualizan todas las partes del viaje?

Rashí, dice que ello tiene el objetivo de demostrarnos que pese a que el pueblo fuera condenado a permanecer en el desierto, durante no menos que en 38 años se movieron sólo diez veces, porque el Omnipresente se compadeció de ellos. (De allí, otros comentaristas agregan que no iban huyendo de nadie, que estaban protegidos, que podían asentarse sin que los molesten).

Maimónides, (Guía de Perplejos 3:50) nos señala que la enumeración sirvió para quitar, por medio del relato histórico, las dudas que podríamos albergar sobre el relato del Éxodo y el deambular por el desierto, suponiendo que el pueblo estuvo siempre cerca de lugares con fuentes naturales de agua, o que el maná siempre caía en el mismo lugar (no necesitaban moverse para alimentarse). Najmánides, después de citar a ambos, llega a la conclusión que la respuesta no nos fue revelada, y lo que la Torá desea recalcarnos es que toda la larga expedición se hizo “al pi .A.” –obedeciendo la palabra divina. Sforno, nos enseña que el minucioso relato sirve para que comprendamos el mérito del pueblo que siguió a .A. a lo largo de todo el desierto, como nos dice Irmiahu 2:2: “De ti recuerdo el cariño de tu juventud, Tu amor de novia, De cuando me seguías en el desierto, por tierra no sembrada”. Sforno ve los ensayos y los atribulaciones del árido desierto como expresiones del comportamiento meritorio de parte de hijos de Israel; hace frente a las desgracias y a las adversidades y por lo tanto “los hace merecedores de ingresar a Eretz Israel”.

Sin duda que el viaje largo y el deambular sin fin sirvieron para purificar la nación de las impurezas de Egipto. Necesitaban hacer el corte. Lo hicieron.

Rabí Najman de Breslau explica, en sus palabras, la función de los viajes. Él ve una conexión entre dos versículos de contextos diferentes: “Estos son los viajes de los hijos de Israel” y “éstos son sus dioses, Israel” (que aparece en el pecado del becerro de oro). La trasgresión causó inestabilidad e imposibilitó continuar en la trayectoria recta; llegó a ser necesario vagar en el yermo para volver a la condición anterior, para reparar la conducta. “Estos son los viajes de los hijos de Israel” sirven para lograr la expiación de lo que sucedió con el versículo parecido de “éstos son sus dioses, Israel” – para la idolatría. Los viajes son los medios de sacudir de todo el pueblo el remanente de la idolatría. Rabí Najman detalla el proceso: la idolatría del becerro de oro despierta la cólera de .A. y crea inestabilidad que conduce a los sufrimientos del viaje; la clemencia de .A. se despierta posteriormente, y, alternadamente estimula una medida igual de compasión entre los hijos de Israel.

En nuestros días, utilitarios, cuando se habla de fútbol, importa el resultado, máxime quien hizo los goles. Sólo los expertos se detienen a ver la película de los largos 90 minutos del partido una y otra vez. Sólo muy pocos comentan aquellas acciones que no condujeron al área enemigo, y mucho menos comentan los errores de los jugadores. Sus nombres son olvidados al igual que sus acciones. Los directores técnicos cambian con gran velocidad y la platea siempre está insatisfecha. Pero, ese no es el camino de nuestra parashá.

Del relato de los viajes podemos aprender algo más sobre nosotros mismos y sobre la forma de cumplir los mandamientos. Como cuando exploramos con la familia algún espacio nuevo durante vacaciones particularmente hermosas. Volvemos a las zonas y a las anécdotas más pequeñas, una y otra vez. Descubrimos detalles que las personas que residen en esos lugares no ven en 40 años. No nos olvidamos del rostro del frutero que no comprendía que deseábamos comprar una fruta cuyo nombre en el idioma del lugar ignorábamos o del vehículo que tomamos por error y que nos llevó en sentido contrario al que nos habíamos propuesto.

En la halajá judía el recorrido es casi tan importante como el objetivo final. La inversión más que su fruto. El esfuerzo más que el logro. Para nosotros, la acción humana está en el centro del interés. Cada paso. Cada movimiento. Cada palabra, tienen importancia. Cada detalle. Obviamente en forma equilibrada, ya que esa manera de comportamiento no justificaría la comisión de faltas a la norma que sin embargo se hicieron con la mejor de las intenciones, aún en el caso que todos los pasos previos hubieran sido correctos pero el resultado no llegara a ser el apetecido.

Pero, hay más explicaciones. De la profecía de Yeshayahu que nos dice en 35:1 “Se alegrarán el desierto y el sequedal; se regocijará el desierto y florecerá como el azafrán. Florecerá y se regocijará: ¡gritará de alegría! Se le dará la gloria del Líbano, y el esplendor del Carmel y de Sharón. Ellos verán la gloria de .A., el esplendor de nuestro D-os”. Ese será el premio por su acción. Sale la explicación que -esos lugares geográficos que nadie sabe a ciencia cierta dónde se encuentran y qué suceso trascendente ocurrió en ellos, merecen aparecer con todas las letras en el texto bíblico, simplemente porque recibieron en su seno al pueblo judío y nada sucedió allí. No lo persiguieron ni lo hambrearon, no lo vulneraron ni lo saquearon. Lo recibieron tal como se debe recibir a cualquier ser o grupo humano-. Esta explicación parece más que extraña. Como que quien la brindó pensaba que recibir a otro pueblo sin perseguirlo es una acción extraordinaria y fuera de lo común. Lamentablemente en la historia, quien así lo planteó sabía lo que escribía. A ningún otro pensador de ninguna nación sobre la faz de la tierra se le hubiera ocurrido dar esta explicación. Nadie hace favores al otro cuando lo recibe en su seno, excepto cuando se trataba de judíos. Por ello, quizás hayamos desarrollado un ojo avizor ante las injusticias y cuando otras naciones rechazan de su seno a los inmigrantes, nos indignamos y salimos a su defensa.

Pero, aún hay más. En el futuro, los desiertos serán vergeles poblados y los poblados desiertos, como que el mundo todo dará vuelta. Dice el profeta Malaji (1:3) «Yo los he amado», dice .A. «¿Y cómo nos has amado?”, replican ustedes.» ¿No era Esav hermano de Iaacov? Sin embargo, amé a Iaacov pero aborrecí a Esav, y convertí sus montañas en desolación y entregué su heredad a los chacales del desierto.» y dice Isaías, (41:17-’20) »Los pobres y los necesitados buscan agua, pero no la encuentran; la sed les ha resecado la lengua. Pero yo, .A., les responderé; yo, el D-os de Israel, no los abandonaré. Haré brotar ríos en las áridas cumbres, y manantiales entre los valles. Transformaré el desierto en estanques de agua, y el sequío en manantiales. Plantaré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivos; en áridas tierras plantaré cipreses, junto con pinos y abetos, para que la gente vea y sepa, y considere y entienda, que la mano de .A. ha hecho esto, que el Santo de Israel lo ha creado”. En otras palabras, depende de .A. pero depende también de nosotros. Con sus acciones pueden convertir el desierto en huerto y al vergel en desierto. Depende de cómo actúen los hombres respecto a D-os, y la naturaleza. También con nuestras acciones podemos convertir nuestro desierto privado, el de nuestro corazón, en oasis. O apagar irremediablemente su luz.

Si nos trajeron a un lugar es para cumplir con la misión de transformarlo en algo positivo. Nada hay peor que el desierto, pero, se puede con él.

Y cuando se pueda, cantaremos junto a Yeshayahu 12: 1-4 “En aquel día tú dirás: «.A., yo te alabaré aunque te hayas enojado conmigo. Tu ira se ha calmado, y me has dado consuelo. ¡D-os es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. .A. es mi fuerza, .A. es mi canción; ¡él es mi salvación!» Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación. En aquel día se dirá: «Alaben a .A., invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre”.

Y, con ese canto, ingresarán a Israel.


Nueve de Av

 Este sábado estamos a pocos días antes del nueve de Av.

Escribe rabí Moshé Jaim Luzzatto en Mesilat Yesharim acerca de las cualidades de la humildad como preparativos para el 9 de Av: “Cuando examinemos de cerca, veremos que la humildad depende tanto del pensamiento como de la acción. Porque al principio, una persona necesita volverse humilde en sus pensamientos y solo después, puede conducirse en los caminos de la humildad. Esto se debe a que, si aún no es humilde en sus pensamientos y desea ser humilde en sus obras, solo se convertirá en uno de los hombres “humildes” engañosos y malvados que mencionamos anteriormente (cap. 11), que pertenecen a la clase de los hipócritas, el peor tipo de hombres malvados que se encuentran en el mundo” (Mesilat Yesharim 22, 3 y 4).

Maimónides no deje lugar a dudas: “En cuanto al tonto, sin duda va a tratar de agregar a estos enunciados, por ejemplo intentará prohibir la comida o la bebida más de lo ya prohibido, o limitará la cohabitación más de lo que ya ha sido limitada, o que dé todo su dinero a los menesterosos o a consagraciones, más de lo que la Torá demandó como beneficencia o como consagración al Templo. Si así actúa, está haciendo un acto reprobable y si no se da cuenta puede llegar a uno de los extremos y desequilibrarse por completo. No escuché nunca sobre este asunto, referido a los sabios, algo más congruente que lo expresado en el Talmud Jerosolimitano, en el capítulo noveno del tratado Nedarim (9:1); allí se habla peyorativamente de aquellos que hacen promesas y votos hasta que terminan como prisioneros: “Rabí Ade dijo en nombre de Rabí Itzjak: no te es suficiente lo que te prohibió la Torá que tú te prohíbes otros asuntos” Este es el tema que mencionamos sobre el equilibrio sin exceso ni defecto” (Maimónides, 8 capítulos. Cap. 4).

 El desafío en el cumplimiento de la Torá no está en aumentar las prohibiciones o en ser más estrictos que lo que la norma establece, sino justamente en la posibilidad de vivir nuestra vida conforme a las normas que fueron establecidas, que son iguales para todos. No hay competencias de “Tzadikim”, de quién es más pío, no hay competencias de religiosidad si entendemos esto. Hay un desafío permanente personal interno y esencial para vivir la vida de la Torá.

 “Entonces Moshé habló a los jefes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que .A. ha ordenado” Bemidbar 30.1.

Esto es, ni más, ni menos.

Cuando Moshé enseña el tema de los votos y le dice a los líderes, a aquellos que pueden verse por encima del pueblo, en todas vuestras necesidades, en todas vuestras acciones, recordad: “Esto es lo que .A. ha ordenado” Bemidbar 30:1. Si realmente vuestra acción es desinteresada, podréis renunciar a las vallas que están de más, a las promesas y los votos por que la Torá no pide eso de vosotros.

Cuando el versículo “Al Señor he puesto continuamente delante de mí; Porque está a mi diestra, permaneceré firme”. Es la luz que nos guía, no hace falta cambiar lo que dice la Torá.


Un Bet Hamikdash donde ocurren asesinatos no es un Bet Hamikdash.

La Torá en Parashat Masey discute los arei miklat – las ciudades de refugio que servían para proteger a los asesinos accidentales, personas que provocaron la muerte de otro sin ninguna intención, de los familiares vengativos de la víctima – y luego discute la gravedad del asesinato en general. Y así leemos en el capítulo 35:22 de Bemidbar: “‘Pero si lo empuja de repente sin hostilidad, o tira sobre él cualquier instrumento sin intención, o si sin verlo hace caer sobre él alguna piedra que pueda causarle la muerte, y él muere, no siendo él su enemigo ni procurando su mal, entonces la congregación juzgará entre el homicida y el vengador de la sangre, conforme a estos decretos. La congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y lo hará regresar a su ciudad de refugio a la cual había huido, y él habitará en ella hasta la muerte del sumo sacerdote que fue ungido con el aceite santo”. Como recordamos, la norma aparece detallada en Devarim 19: “…Arreglarás el camino y dividirás en tres distritos el territorio de tu tierra que .A. tu Dios te da en heredad, para que huya allí todo homicida. Este es el caso del homicida que puede huir allí para salvar su vida: el que mata a su prójimo por accidente, sin haberle tenido aversión previamente; como el que va con su prójimo al bosque a cortar leña, y alzando su mano con el hacha para cortar un tronco, se le suelta el hierro del palo y alcanza a su compañero, de modo que este muere. Aquel podrá huir a una de aquellas ciudades y vivir. No sea que cuando su corazón arda en ira, el vengador de la sangre persiga al homicida, lo alcance por ser largo el camino y lo hiera de muerte, a pesar de que aquel no merecía ser condenado a muerte, porque no le había tenido aversión previamente”…

En la conclusión de nuestra parashá (35:33), la Torá advierte: “‘No profanarán la tierra donde están, porque la sangre humana profana la tierra. No se puede hacer expiación por la tierra, debido a la sangre que fue derramada en ella, sino por medio de la sangre del que la derramó. No contaminarán, pues, la tierra donde habitan y en medio de la cual yo habito; porque yo, el SEÑOR, habito en medio de los hijos de Israel’ ”.

El Sifrei, comentando este versículo, dice que “derramar sangre despoja a la tierra de la inmanencia divina y le quita la Shejiná; Y es por causa de los asesinatos que el Bet Hamikdash fue destruido.

            El Sifrei procede entonces a contar una historia (que también aparece en la Guemará, Yoma 23a) de dos cohanim que corrían por la rampa hacia el altar, ambos dispuestos para el privilegio de realizar la Avodá –el servicio divino-. Mientras corrían, uno de ellos tomó un cuchillo y apuñaló al otro provocándole la muerte. Y así lo relata la guemará en traducción libre: “Los Sabios enseñaron en Tosefta: Un incidente ocurrió donde había dos sacerdotes que eran iguales mientras corrían y ascendían por la rampa. Uno de ellos se adelantó cuatro codos a su colega, quien entonces, por rabia, tomó un cuchillo y lo apuñaló en el corazón”. A primera vista, el Sifrei cuenta esta historia en este contexto para sustentar su afirmación de que ” el Bet Hamikdash fue destruido debido al derramamiento de sangre”. Esta historia muestra hasta qué punto la sociedad en época del Bet Hamikdash estaba plagada de violencia, que, según Sifrei, fue la razón de su destrucción.

            Sin embargo, puede haber una razón diferente por la que Sifrei consideró apropiado mencionar esta historia en este contexto. “Tosefta continúa: El rabino Tzadok se levantó luego en los escalones del vestíbulo del Santuario y dijo: Escuchen esto, hermanos míos de la casa de Israel. El versículo dice: “Si en la tierra que .A. tu Dios te da para que la tomes en posesión, se halla un muerto tendido en el campo, y se ignora quién lo mató, entonces tus ancianos y jueces irán, y medirán la distancia hasta las ciudades que están alrededor del muerto. Y sucederá que los ancianos de la ciudad más cercana al muerto tomarán una vaquilla que no haya sido aún sometida al trabajo y que no haya llevado yugo. Los ancianos de aquella ciudad llevarán la ternera abajo, a un arroyo permanente donde no se haya arado ni sembrado, y allí en el arroyo romperán la nuca a la ternera. “Después se acercarán los sacerdotes hijos de Leví, porque a ellos escogió .A. tu Dios para que le sirvan y para que bendigan en el nombre del Señor. Por el dicho de ellos se decidirá todo pleito o todo daño. Todos los ancianos de aquella ciudad más cercana al muerto lavarán sus manos sobre la vaquilla desnucada en el arroyo, y declararán diciendo: ‘Nuestras manos no han derramado esta sangre ni nuestros ojos lo han visto. .A., perdona a tu pueblo Israel al cual has redimido. No traigas culpa de sangre inocente en medio de tu pueblo Israel’. Así les será perdonada la culpa de sangre. De este modo eliminarás la culpa por la sangre inocente de en medio de ti, cuando hagas lo recto ante los ojos de .A.” (Devarim 21: 1-3).

Pero ¿qué hay de nosotros, en nuestra situación? ¿Sobre quién recae la obligación de traer la novilla y romperle el cuello? ¿La obligación cae sobre la ciudad, Jerusalén, para que sus Sabios lleven al becerro, o la obligación caiga sobre los patios del Templo, para que los sacerdotes la traigan? En ese momento la asamblea entera de la gente estalló en las lágrimas.

Tzadok se levantó en el Templo para condenar el incidente. Señaló el mandato de eglá arufá, que exige en una situación de asesinato sin resolver, cometido por un desconocido que no puede ser localizado, en el que la ciudad más cercana a la escena del crimen debía realizar un ritual especial, quebrar el cuello de una ternera, para reparar el asesinato.

El rabino Tzadok exclamó: “Meditemos para determinar quién es apropiado para traer ese ternero en la ciudad o en los patios [del Templo]!”

El rav Tzadok, planteó la cuestión hipotética de si un eglá arufá debería ser traído específicamente por los cohanim en el Bet Hamikdash, o en la ciudad de Jerusalén. (Esta pregunta es hipotética porque halájicamente hablando, la eglá arufá se debe traer únicamente cuando se desconoce la identidad del asesino.)

El significado de esta observación, como Rav Yehuda Leib Ginsburg explica en su Yalkut Yehuda (Parashat Masé), es que el sagrado dominio del Bet Hamikdash ya no puede considerarse santificado.

El rabino Tzadok insinuaba que debido al asesinato que acababa de ocurrir, el Templo había perdido su estatura como área sagrada y que se encontraba aparte del resto de la ciudad. Por culpa del asesinato del cohen, es sólo una parte regular de Jerusalén, y no un lugar especial de santidad. Si se hubiera demandado una eglá arufá, probablemente la ciudad de Jerusalén la hubiera requerido, porque, lamentablemente, el Templo ya no podía verse como una región especial y distinta.

            Esta historia, confirma la observación de Sifrei de que “el derramamiento de sangre contamina la tierra y elimina a la Shejiná”.

El lamento del rabino Tzadok capta la noción de que la presencia divina y la violencia no pueden coexistir.

Un Bet Hamikdash donde ocurren asesinatos no es un Bet Hamikdash.

            Por supuesto, esto es verdad no sólo respecto a un asesinato, sino de todo tipo de males sociales.

No podemos afirmar ser a nuestras vidas “sagradas” si tratamos a los demás con insensibilidad.

Si nuestros “Templos” – nuestras comunidades e instituciones – están plagados de deshonestidad, indecencia, descaro, impudicia, corrupción u hostilidad, entonces no pueden reclamar ningún tipo de estatura especial de santidad.

Kedushá sólo puede existir si se construye sobre una base de civilidad y comportamiento ético. Sin tal fundamento, el “Templo” se derrumba y se expone a la ruina.

Depende de nadie más que de nosotros, judíos simples, procurar elevar la santidad de nuestro espacio personal y público.


Hay muchos roles aparentemente menores que deben cumplirse para facilitar la empresa

Parashat Masey comienza con una lista de todos los lugares donde Benei Israel acampó en el transcurso de sus cuarenta años de estancia en el desierto. El Midrash (Bemidbar Raba 22) comenta: ¿Por qué todos estos viajes tuvieron el privilegio de ser escritos en la Torá? Porque dieron la bienvenida a Israel, y el Todopoderoso les otorgará una recompensa en el futuro, como dice: “El desierto y la tierra árida se regocijarán… florecerán como un lirio” (Yeshayahu 35: 1). Y si esto es así con respecto a un desierto para dar la bienvenida a Israel, más aún para alguien que recibe a los eruditos de la Torá en su hogar”.

El Midrash escribe que los nombres de las áreas donde Benei Israel acampó en el desierto recibieron un “privilegio” al ser mencionados en la Torá, y estas regiones desérticas algún día florecerán en “recompensa” por su “amabilidad” en “hospedaje” Benei Israel. Ciertamente, entonces, aquellos que realizan la amabilidad de recibir a los eruditos de la Torá en sus hogares serán recompensados ​​en su totalidad.

            Jaza¨l aquí se da cuenta del hecho de que la Torá menciona los cuarenta y dos lugares donde acampó Benei Israel, incluidos aquellos donde no ocurrió nada notable. El hecho mismo de que Benei Israel acampó en estos sitios durante este período crítico en su historia les da importancia y los hace dignos de ser mencionados. Esto demuestra la importancia que la Torá otorga a las actividades “detrás de escena” que se necesitan como parte del proceso de alcanzar metas nobles. A lo largo de la búsqueda de esfuerzos importantes y significativos, hay muchos roles aparentemente menores que deben cumplirse para facilitar la empresa. Muchos de los lugares enumerados por la Torá en Parashat Masey son infértiles, habitables y generalmente poco impresionantes, y no fueron escenas de ningún evento en particular, especialmente significativo. Sin embargo, se consideran importantes porque desempeñaron un “papel de apoyo” para facilitar el desarrollo y el viaje de Benei Israel a su tierra natal. Del mismo modo, cualquier papel aparentemente pequeño que se desempeña para ayudar a alcanzar un objetivo significativo debe ser visto con importancia. Cualquier asistencia práctica brindada para ayudar a alcanzar los objetivos de la nación judía es valiosa y merecedora de recompensa. El Midrash da el ejemplo particular de apoyar la erudición de la Torá, pero la noción básica se extiende a todas las actividades importantes e idealistas. Ningún rol es un “pequeño rol” si ayuda a lograr algo importante y significativo. Incluso un páramo vacío y árido puede verse como “floreciente” si se usa con un propósito significativo y valioso. Por lo tanto, nunca debemos rehuir incluso los trabajos aparentemente pequeños y triviales que deben llenarse en el hogar o en la comunidad, ya que todos contribuyen al “viaje” que hacemos como nación para glorificar a Dios y representar la humanidad ante Él.


Oportunidades de aprendizaje que nos ayudan a crecer y mejorar

   Parashat Masey comienza con la lista de todos los lugares donde Benei Israel acampó en el transcurso de su viaje de cuarenta años desde Egipto hasta las orillas del río Jordán. Rashí, al abrir su comentario a esta parashá, cita dos razones diferentes por las cuales la Torá consideró necesario presentar esta lista, la segunda de las cuales fue tomada del Midrash Tanjuma (33: 3): “Esto es comparable a un rey cuyo hijo estaba enfermo y lo llevó a un lugar distante para curarlo. Cuando regresaron, su padre comenzó a contar todas las estaciones, diciendo: “Aquí dormimos”, “Teníamos frío”, “Aquí te dolía la cabeza”…  

            Rashí no cita la siguiente oración en el Midrash Tanjuma, que explica esta analogía: “Así lo dijo el Todopoderoso a Moshé: Cuenta para ellos todos los lugares donde me enojaron”. Según el Midrash Tanjuma, entonces, el propósito de esta lista es para recordar los pecados de Benei Israel en el desierto, todas las ocasiones en que se quejaron, protestaron, se rebelaron y desobedecieron.

Por la analogía con el padre y su hijo enfermo, está claro que el objetivo de este relato de los pecados de la nación no es condenar a la gente por sus fechorías, sino, por el contrario, reflexionar sobre el viaje que han completado. Esta lista, según el Midrash Tanjuma, es la forma en que Dios le dice a Benei Israel: “Mira lo lejos que has llegado”. Al igual que el padre y el niño celebrando la salud del niño al recordar el dolor y las dificultades que había sufrido, pero ahora son solo un memoria, de manera similar, Dios recordó las malas acciones de Benei Israel como una forma de celebrar su progreso y felicitarlos por el proceso de crecimiento que habían experimentado con éxito.

            Este pasaje midráshico es una declaración poderosa sobre la perspectiva adecuada que debemos tener sobre nuestros errores y fallas. Ciertamente, no debemos subestimar la gravedad de las malas acciones, así como Dios castigó severamente a Benei Israel por los pecados que cometieron en el desierto. Al mismo tiempo, sin embargo, la analogía del Midrash Tanjuma nos enseña a mirar nuestras fallas como estaciones, como etapas a lo largo del viaje de la vida que, después del hecho, nos ayudan a alcanzar nuestras metas. Debemos utilizar nuestros errores como catalizadores para el crecimiento, de modo que en el futuro podamos reflexionar sobre ellos y ver cómo nos hicieron avanzar y nos acercaron a donde queremos estar. El Midrash nos enseña a no olvidarnos de nuestros fracasos ni a sentirnos culpables por ellos. En cambio, deberíamos usarlos como oportunidades de aprendizaje que nos ayudan a crecer y mejorar, y así transformarlos en estaciones importantes y puntos de inflexión a lo largo de nuestro viaje por la vida.


Nos acercamos a Tishá Beav

En las tres semanas que van desde el 17 de tamuz hasta el 9 de av, conocidas con el nombre bein hametzarim – entre las angosturas del asedio-, (yo prefiero traducirlas, las tres semanas de bloqueo) denominación tomada del libro de Eijá – Lamentaciones-, se acostumbran diversas acciones que recuerdan la destrucción del Templo de Jerusalén. En esos días se leen haftarot que contienen diversas profecías, referidas a la destrucción y a las causas que la provocaron.

Desde el primer día de av, según la costumbre ashkenazí o desde el primer día de la semana en la que acaece el 9 de av según la tradición sefardí, reducimos toda acción que conlleve alegría, incluso las negociaciones, la construcción y las plantaciones. No se acostumbra ir al mar, o a la alberca, ni lavar la ropa o plancharla. Ni siquiera bendecimos la luna nueva. Y no porque ello traiga mala suerte, como algunos piensan, sino a causa que el duelo por la destrucción debe ser lo suficientemente tangible como para no pasar desapercibido en lo cotidiano.

Después de Tishá Beav, comienzan las siete semanas de consolación en las que se leen haftarot con profecías de Yeshayahu. También este shabat, como el pasado, la lectura pertenece al profeta Irmiahu que contiene versículos de la destrucción y de consuelo. En la haftará de este shabat leemos: “Y no dijeron: ¿Dónde está .A., que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos hizo andar por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y sombría, por una tierra por la cual nadie pasa, ni nadie se asienta” (2:6), finalizando, en la mayoría de las sinagogas, con el versículo 4 del capítulo siguiente: “A lo menos desde ahora, ¿no clamarás a mí, Padre mío, el amigo de mi juventud”.

En pocas generaciones los judíos habían olvidado la antes tan predominante Presencia divina. Ya que de otra manera, seguramente no se hubieran apartado del camino al extremo de traer sobre sí mismos la destrucción. Este shabat leeremos las parashot Matot y Masey con las que finaliza el libro de Bemidbar, trayéndonos las últimas referencias al largo viaje y a las rebeliones de nuestros antepasados por el desierto que se extendió por 40 años. Es evidente que la lista con esos detalles y lugares geográficos que la mayoría de los que asisten a la lectura de la Torá ni siquiera saben dónde están ubicados, es larga y aburrida. La Torá que no tiene ni una letra que sobre o que falte, hubiera podido saltearse esos detalles. Sin embargo, las enumera hasta el cansancio. Rambam, (este gran sabio nacido en 1138 en Córdoba, España y fallecido a fines del año 1204, hace poco más de ochocientos años), nos salva nuestra perplejidad, cuando nos dice que todos los milagros y maravillas que sucedieron fueron reales para la generación que los presenció, pero las que siguieron, no pueden percibirlas propias sin un recordatorio. Rambam temía al olvido de aquellos que no habían estado allí. A ello debemos agregar que el mismo Rambam destaca que el largo peregrinar por el desierto no fue porque los ex esclavos no conocían el camino de salida, sino que allí quedaron –al pi .A.– por decisión divina y que los lugares enumerados permiten ilustrarnos más que claramente que no se movían como los beduinos que siempre encuentran sustento guiados por su perspicacia histórica en el desierto. Hubo allí una decisión que los obligó a permanecer allí y nosotros debemos ser conscientes de ella.

Nuestra realidad, varios siglos después que el eximio filósofo escribiera sus palabras, es mucho más grave. En nuestros días, no recordamos pocos meses después, las maravillas y portentos que vivimos, como tampoco somos capaces de guardar en la memoria las desgracias más terribles por las que pasamos. Cierto, la desmemoria tiene ventajas. Sin ella nuestra existencia sería muy difícil. Nos limpia el camino de los dolores del pasado. Nos permite mirar al futuro. Pero, si bien ello puede ser válido en el nivel personal, no lo es en el nacional. Ello es lo que nos trata de decir Maimónides: dejen marcas claras, imborrables, concretas de los sucesos constituyentes del pueblo judío, que sirvan para evitar la desmemoria colectiva y los intentos de quienes desean reescribir la historia. Cuando en nuestros días el mundo islámico trata de borrar todo rastro judío en el Monte del Templo y nos acusa, como en tiempos pretéritos, de haber falsificado las escrituras para demostrar nuestros derechos, no hace nada nuevo. La historia es siempre escrita por los vencedores y la mentira de tanto ser repetida se hace “verdadera” aun cuando vaya contra la naturaleza e intente demostrar lo indemostrable. En nuestra época hay también intentos de reescribir el presente y esos intentos no sólo vienen de lejos sino también de nuestras propias filas.

Peor aún, cuando todavía se encuentran entre nosotros sobrevivientes del Holocausto, muchos de ellos con sus números indelebles grabados en su piel, aumentan quienes desean desmentirlo y logran crear la confusión entre propios y extraños. Si no recordamos lo que es el presente de muchos que se encuentran entre nosotros, no podremos recordar el pasado de quienes ya no están.

Por eso viene la haftará de esta semana a completar la larga enumeración geográfica de las expediciones de la generación del desierto que ni siquiera pudo ingresar a la tierra prometida, reclamando que las personas que vivieron en el tiempo anterior a la destrucción del Primer Templo “no dijeron: ¿Dónde está .A., que nos hizo subir de tierra de Egipto, que nos hizo andar por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre”, ya que si lo hubiera podido decir hubieran alejado la destrucción.

Pero… en esas tierras desiertas y desoladas, secas y lóbregas, por la cuales no pasó individuo, ni moró hombre, vagamos en muchos momentos de la historia y sin embargo, pudimos salir de allí y prepararnos para la Redención.

Por eso mismo, el profeta, en la lectura de la semana anterior, nos habla de la otra memoria, del otro recuerdo amable: “De ti recuerdo tu misericordia juvenil, del amor de tu desposorio, cuando me seguiste en el desierto, en tierra en que nada se siembra”. Teniendo presente el pasado, garantizamos el presente y nos preparamos para un futuro mejor. Para la Redención verdadera que llegará con amor y misericordia, en nuestros propios días.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. libe boguszewicz dice:

    GRACIAS QUERIDO MORE POR SU MAGNIFICO TRABAJO!!

    UN FUERTE ABRAZO LIBE Y SALOMON

    ________________________________

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