Pinjás

Amar al otro a pesar de sus fracasos

La Torá en Parashat Pinjás habla del censo de Benei Israel que Moshé llevó al final de la estadía de la nación en el desierto. Al presentar los resultados de este censo, la Torá enumera a las principales familias de cada tribu, señalando cómo el nombre del patriarca de cada familia se convirtió en el nombre de esa familia. Por ejemplo, en referencia a la primera tribu, Reuvén, la Torá escribe: “Los hijos de Reuvén: Janoj – la familia Janoji; para Palu – la familia Palui; para Jetzron – la familia Jetzroni” (26: 5-6). Este patrón continúa a lo largo de todo el censo.

            Rashí (26: 5) cita una explicación del Midrash de estos nombres de Shir Hashirim Raba (4:12), que observa que los nombres de las familias tenían el prefijo de la letra hei y el sufijo de la letra yod, como en “Hajanoji” y “Hapalui”. Simbólicamente, el Midrash comenta que esto representa la asociación del Nombre de Dios, que está formado por estas dos letras, con los nombres de las familias israelitas.

Esto se hizo en respuesta a la afirmación cínica hecha por las otras naciones de la época en que las mujeres de Benei Israel fueron profanadas por los egipcios durante el período de esclavitud, y así las generaciones más jóvenes no son los hijos biológicos de sus presuntos padres. Al tener su nombre asociado con cada familia principal entre Benei Israel, explica el Midrash, Dios confirmó que estas familias eran, de hecho, puras, y que cada persona era hijo del hombre que se suponía que era su padre.

            Varios comentaristas abordaron la cuestión de por qué surgió esta preocupación solo ahora, casi cuarenta años después del Éxodo. Un censo anterior había sido realizado treinta y nueve años antes, solo un año después del éxodo, y en ese censo (Bemidbar 1) no encontramos a las familias que son nombradas de esta manera. ¿Por qué solo en este último censo fue necesario que Dios confirmara el estatus legítimo de todos los hijos de Benei Israel nacido en Egipto?

            Una respuesta, tal vez, se relaciona con el hecho de que este censo se realizó inmediatamente después de la tragedia de Baal Peor, cuando Dios castigó a Benei Israel por su participación en la nación de Moav, entablando relaciones sexuales ilícitas y adorando al dios moabita. De hecho, Rashí anteriormente (26: 1) cita a Midrash Tanjumá como una explicación de que este censo se realizó para contar el número de personas que quedaron después de la plaga que Dios trajo a la nación como retribución por el pecado de Baal Peor. Podríamos sugerir que después de este aplastante fracaso, después de haber caído en las profundidades de la inmoralidad sexual y la adoración pagana, Benei Israel se sintió inseguro y vulnerable. Comenzaron a cuestionar su estatus singular, y comenzaron a preguntarse si tal vez los escépticos del mundo tenían razón, y que no había nada especial acerca de Am Israel. Si pudieran declinar tan bruscamente y cometer los delitos más graves, entonces, temían, que las otras naciones podrían estar en lo cierto, que ellos, Benei Israel, son como cualquier otra nación. La seguridad de Dios de su estatus singular era necesaria específicamente ahora, a raíz de uno de los mayores fracasos religiosos de los hijos de Israel, que puede haber generado serias dudas en sus mentes sobre si son, de hecho, la nación especial de Dios elegida para representarlo en el mundo. . (Kli Yakar da una explicación similar).

            Si es así, entonces el Midrash aquí quizás nos enseña la necesidad de apoyar y alentar a aquellos que han tropezado. La guemará en Baba Metzia (58b) establece que el recordar a un pecador penitente sus faltas pasadas, se viola la prohibición de la Torá de onaat devarim (opresión verbal). De los comentarios del Midrash sobre el censo en Parashat Pinjás, podemos agregar que más allá de la estricta prohibición de despreciar a los pecadores penitentes por sus errores pasados, también se nos insta a hacer todo lo contrario: ofrecerles aliento y aumentar su autoestima para que crean en sí mismos y confíen que son amados, que son hijos sagrados del Todopoderoso a pesar de los graves errores que han cometido. Así como Dios trató de tranquilizar a Benei Israel de su preciado estatus después del trágico fracaso de Baal Peor, también debemos relacionarnos con aquellos que se han equivocado como nuestros queridos hermanos a pesar de sus fracasos pasados.


El concepto de herencia  

El concepto de herencia surge prominente en Parashat Pinjás. Pero la yerushá (herencia) no está compuesta simplemente por el dinero y los bienes que legamos. En el corazón del concepto de heredad yacen los principios de la permanencia y continuidad. Moshé lo expresa en sus palabras a Israel en las llanuras de Moav: “porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad” (Devarim 12: 9). 

El judaísmo rechaza una perspectiva horizontal del hombre, según la cual se conecta sólo a su entorno actual. Nuestra relación no es sólo con esta generación. “Y no con vosotros solos acuerdo yo este pacto y este juramento, sino con los que están aquí presentes hoy con nosotros delante de .A. nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros.” (Devarim 29:14).

La esperanza es establecer una relación de destino compartido con el pasado, tanto en el nivel nacional como personal, independientemente de la distancia geográfica, porque todos los de Israel son garantes uno del otro, uniéndonos a los acontecimientos que tuvieron lugar hace mucho tiempo o en otro espacio con proyección de futuro.

Las acciones de nuestros antepasados nos interesan, debido a la sensación de la asociación existencial entre nosotros. Abraham y Sara, Itzjak y Rivka, Yaakov, Rajel y Lea, no sólo son los patriarcas y matriarcas de la nación, sino también nuestros antepasados. Ellos son nuestros abuelos y abuelas – y por esta razón la Torá comparte sus vidas con nosotros. La substancia de una persona en el presente se entrelaza con la historia de sus antepasados en el pasado. Uno no crece en un vacío.

Lo que constituye permanencia y crea continuidad es la heredad, ya que permite superar los límites del presente.

Los días del hombre están contados, ya que es corto de días y lleno de tormentos, como la flor que se marchita, como una sombra huye y no permanece, tal el polvo que flota, y el sueño que se va volando. Está aquí hoy y mañana, en el sepulcro. Pero en su herencia sigue brindando continuidad que la muerte no interrumpe.

Lo importante es garantizar el encadenamiento en el plano de los valores, metas y aspiraciones existenciales, que constituyen la verdadera herencia que una persona deja tras de sí. 

El lugar de tus padres debe ser de tus hijos.


Liderazgo

Si faltaban ejemplos para conocer la magnitud del liderazgo de Moshé, esta parashá nos trae una muestra del ideal en la persona de Moshé. El verdadero líder no piensa en sus intereses ni siquiera cuando se acerca la hora de su desaparición. Prefiere un sucesor práctico y avanza sin dejar detrás a quienes le siguen.
Después que Dios anunciara a Moshé su muerte diciéndole: “Sube a esta montaña de Abarim y ve la tierra que daré a los hijos de Israel. Cuando la hayas visto, entonces tienes que ser recogido a tu pueblo”.

Lo primero que el líder atina a decir es nombrar un sucesor: “Que el Eterno, el Dios de los espíritus de toda clase de carne, nombre sobre la asamblea a un hombre que salga delante de ellos y que entre delante de ellos y que los saque y que los introduzca, para que la asamblea del Eterno no llegue a ser como ovejas que no tienen pastor”.

El Eterno le dice: “Toma para ti a Yehoshúa bin Nun, un hombre en quien hay espíritu, y tienes que poner tu mano sobre él;… Y tienes que poner parte de tu dignidad sobre él, a fin de que toda la asamblea de los hijos de Israel le escuche… Por orden de él saldrán y por orden de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la asamblea”.

 Rashí lee detenidamente los versículos y deduce que el verdadero líder siempre está en la vanguardia. Es la única forma que lo sigan. Y agrega que Moshé implora por mejor suerte que la propia para su discípulo para que él sí pueda ingresar a la Tierra Prometida.

Pero el texto nos enseña otra virtud del verdadero líder.

Tiene que salir delante y regresar al frente, conducir a las personas y traerlas de regreso, asegurarse que si diera vuelta su cabeza, él no corrió ni abandonó a sus seguidores. El verdadero líder no debe ser impaciente. Debe acompañar a su gente para que elaboren los cambios que propone. Avanzar al ritmo de la masa. Educar a la gente, escuchar sus quejas, animarles. 
Si va demasiado rápido quedará solo.


Pinjás y Eliyahu

“.A. le dijo a Moshé: «Pinjás, hijo de Eleazar e hijo del sacerdote Aarón, ha hecho que mi ira se aparte de los hijos de Israel, pues ha actuado con el mismo celo que yo habría tenido por mi honor. Por eso no destruí a los hijos de Israel con el furor de mi celo. Dile, pues, a Pinjás que yo le concedo mi pacto de paz, por medio del cual él y sus descendientes gozarán de un sacerdocio eterno, ya que defendió celosamente mi honor e hizo expiación por los israelitas.» El hombre que fue atravesado junto con la madianita se llamaba Zimri hijo de Salu, y era jefe de una familia de la tribu de Shimón”. (Ver Bemidbar 25:7-15)

“Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de .A., el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Eliyahu? El respondió: He sentido un vivo celo por .A. Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han destruido tus altares, y a tus profetas mataron a espada; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de .A. Y he aquí .A. que pasaba, y un grande y poderoso viento rompía los montes, y quebraba las peñas delante de .A.; pero .A. no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero .A. no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero .A. no estaba en el fuego. Y tras el fuego una voz apacible y delicada”. (I Melajim 19:9-12)

En una de mis clases de Torá uno de los participantes relató esta historia: “Se cuenta acerca de uno de los tzadikim que cuando era joven decidió lograr resolver los problemas del mundo judío y cumplir con el concepto de Tikún Olam, siguiéndolo textualmente. Diez años después, redujo su objetivo a sólo su Polonia natal. No tardó más de diez años para llegar a la conclusión que había fracasado por lo que repararía sólo la situación espiritual de los judíos de su poblado. Y un decenio posterior, llegó a la determinación que iba a comenzar a subsanar los errores de su comunidad. Antes de morir, llamó a sus alumnos y les dijo que lamentaba haber iniciado obras gigantescas e imposibles y que casi no le quedaba tiempo para componerse a sí mismo, que ése debió haber sido desde un principio su máximo objetivo”.

Vivimos una época en la que demasiadas personas presumen de ser como Pinjás de nuestra parashá y desean resolver los problemas de todo el pueblo de Israel dedicándose sistemáticamente a destacar los errores y las fallas de los judíos con la intención, sincera en la mayoría de los casos, de componerlos.

Sus acciones a veces llegan a individuos que por su influencia revisan sus actos y mejoran su actitud hacia la vida, llegando a obtener una existencia plena de judaísmo en lugar del vacío en el que se encontraban previamente. Pero, esos pretendidos Pinjás, adulterados, no se detienen en pequeñeces y sus prédicas destruyen familias, separan hermanos, y alejan a muchos de sus comunidades, cansados de oír sus amenazas de ser quemados por las llamas que existen en sus mentes.

Regresemos por un instante a los antecedentes de Pinjás. Leví, va acompañado por su hermano Shimón, a cobrar la afrenta que había sufrido su hermana Dina y matan a toda la gente de Shjem, siendo escarmentados por Yaakov, su padre, nuestro patriarca: “¡Malditas sean la violencia de su enojo y la crueldad de su furor! Los dispersaré en el país de Yaakov, los desparramaré en la tierra de Israel” (Bereshit 49:7).

Yaakov no acepta esos celos fanáticos de sus hijos. No pueden continuar juntos, deben ser separados. Shimón será absorbido por la tribu de Yehudá. Los descendientes de Leví permanecerán en el servicio divino, pero separados del resto de las tribus.

En el pecado del becerro de oro, vuelve a presentarse la violencia de los hijos de Leví. Cuando Moshé convoca a quienes están con Dios para que se dirijan a él, (en Shemot 32:26), leemos “y se unieron a él todos los hijos de Leví” que ese día mataron cerca de 3.000 personas.

Y en nuestra parashá, otro descendiente de Leví, Pinjás hijo de Eleazar el cohen, mata. Y el Shulján Aruj, Oraj Jaim, 128-35, establece la halajá según la cual “Un cohen que hubiera matado a una persona, aun involuntariamente, no podrá bendecir al pueblo aunque se hubiera arrepentido”, obviamente conociendo el contenido de nuestra parashá, deseoso de darnos una lección perpetua, a partir de la norma.

Shimón defendió en Bereshit el honor de su familia, pero cuando reaparece en nuestra parashá, lo hace en un papel más que deplorable. En el tema del becerro, cuando el celo era por una causa ideológica, Shimón no figura. En Shemot 32: 27 leemos: “Entonces les dijo Moshé: «.A., Dios de Israel, ordena lo siguiente: “Cíñase cada uno la espada y recorra todo el campamento de un extremo al otro, y mate al que se le ponga enfrente, sea hermano, amigo o vecino”.

Allí, cuando se debe actuar sobreponiéndose a los intereses más cercanos de la familia, Shimón, el celoso, no está presente. Esa causa no es la suya.

En nuestra parashá de manera excepcional, Pinjás descendiente de Leví, logra con su sinceridad y con su devoción auténtica, ser reconocido y premiado, pese a que Dios no desea el crimen.

Para comprender hasta donde el caso de Pinjás es excepcional, y que Dios no se satisface con los resentidos que más de una vez confunden la causa divina con la causa personal, aun cuando tengan un pretexto real, hablaremos brevemente del profeta Eliyahu.

Eliyahu, cuya historia tan ligada a la de Pinjás y a quien se considera ser su continuación, no logra con sus celos, el mismo reconocimiento que Pinjás. Hay en él, una de las más preciadas personalidades del pueblo judío, algo incompleto que es rechazado. Dios no desea oír sus quejas acerca del incumplimiento de las normas de los hijos de su pueblo. Mientras que Pinjás recibe las garantías que sus hijos continuarán con el servicio divino, Eliyahu recibe la orden de nombrar a Elisha en su lugar. Dios deseaba contener su ira contra el pueblo de Israel, y allí Eliyahu, impaciente, que debía pedir misericordia para los hijos de Abraham, de Itzjak y de Yaakov, no lo hizo.

Allí acusó. Allí fracasó en su misión. Maimónides determina los marcos de la profecía con estas palabras: “Que será enviado a alguna de las naciones del mundo, o a las personas de la ciudad, o del reino, para conducirles y para avisarles qué les sucederá o para evitar las malas acciones que estuvieran cometiendo”.

En otras palabras, la función del profeta es la de reparar las acciones incorrectas amonestándoles si fuera necesario, pero nunca acusarles ante Dios, o pedir que sean castigados. Y cuando Dios le plantea a Eliyahu: “¿Qué haces aquí, Eliyahu?”, y él respondió: ‘He sentido un vivo celo por .A. Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han abandonado tu pacto, han tumbado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscaron para quitarme la vida. .A. le dijo: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Jazael por rey de Aram. A Iehú hijo de Nimshi ungirás por rey sobre Israel; y a Elisha hijo de Shafat, de Abel-Mejola, ungirás para que sea profeta en tu lugar” (I Melajim 19: 9-16).

Shimón y Leví unidos frente a Shjem, no se encuentran frente al becerro de oro y se enfrentan sangrientamente en nuestra parashá. Pinjás y Eliyahu unidos más que nadie en el espíritu, se separan ante Dios cuando éste último acusa a los hijos de Israel por haber abandonado el pacto. Uno es premiado con paz eterna, el otro destituido de su función.

Son como en el relato del tzadik. Pero, en este caso, Shimón se queda con lo que no pudo obtener casi al principio de su camino porque sus intenciones eran egoístas, Eliyahu llega casi hasta el final del proceso interior, pero falla cuando por exceso de celo, critica ante Dios a su pueblo. Sólo Pinjás sale victorioso de la difícil prueba porque logra enmendarse a sí mismo en celo por Dios, poniendo sus intereses de lado. No actúa por resentimiento por algo que le hicieron. No busca reconocimiento. Al contrario, pone en peligro su propia vida por su ideal. Y…, no nos engañemos, en nuestro tiempo, nadie puede hacerse pasar por Eliyahu, hasta que llegue el verdadero, para anunciar la Redención, ni por Pinjás, que con su acción pueda salvar al pueblo aún a costa de una acción intrínsecamente reprobada. Dios quiere otra cosa de sus líderes y de sus maestros, y prefiere darles la oportunidad de enmendarse y poder perdonarles, antes que oír acusaciones contra Sus hijos o las amenazas de las maldiciones y las calamidades contra ellos.

Fue suficiente con un Pinjás, el único que aparece en nuestra parashá.


Asumir nuestras propias responsabilidades en forma cotidiana y en ocasiones especiales sin esperar que nadie las cumpla en nuestro lugar.

Leemos en esta parashá la petición de Moshé que, a tiempo, piensa que se debe encontrar quien continúe su camino y le pide a Dios que designe a un sucesor que conduzca al pueblo de Israel después de su muerte, En respuesta, Dios instruye a Moshé a designar a Yehoshúa como su sucesor en una ceremonia pública. Así leemos en Bemidbar 27: 15-19: “Entonces Moshé habló a .A., y dijo: “Que .A., el Dios de los espíritus de toda clase de carne, nombre sobre la asamblea a un hombre que salga delante de ellos y que entre delante de ellos y que los saque y que los introduzca, para que la asamblea de .A. no llegue a ser como ovejas que no tienen pastor”. Por eso .A. dijo a Moshé: “Toma para ti a Yehoshúa hijo de Nun, un hombre en quien hay espíritu, y tienes que poner tu mano sobre él; y tienes que tenerlo de pie delante de Eleazar Hacohen y delante de toda la asamblea, y tienes que comisionarlo ante los ojos de ellos”. Inmediatamente después, .A. presenta los mandamientos con respecto a los temidin y los musafin – las ofrendas ofrecidas cada día y los sacrificios adicionales ofrecidos en ocasiones especiales (Shabat, Rosh Jodesh y festividades). ’ Moshé no dejó la elección del conductor del pueblo a la elección de los jefes de las tribus, que ya habían demostrado su incapacidad de cumplir con la misión de determinar las características de la tierra a la que el pueblo judío ingresaría. No eran conocedores de la misión a cumplir ni de las cualidades para realizarla. Esa falta de criterio los inhibía de elegir al nuevo líder. No conocían las características que éste debía reunir. Por ello, Moshé ni los consulta, no sea que alguno de ellos arrebate el poder por ser más fuerte, o porque su tribu es la más numerosa. Yehoshúa sabía lo importante que era estar bajo cobertura espiritual. Era un hombre de fe y visión: “Nosotros podemos más…” Era un hombre de decisión y determinación: “Mi casa y yo serviremos a .A.” (Yehoshúa 24:15). Tenía el Espíritu de Dios –Ruaj .A.- con él. La misión de Moshé fue sacar al pueblo de Egipto, pero la de Yehoshúa era introducirlos a la tierra que .A. les había prometido. Rashí (28: 2), citando a los Sifrei, explica claramente por qué el mandato de “temidin u-musafin” las ofrendas diarias y las de ocasiones especiales, aparece inmediatamente después del relato de la designación de Yehoshúa: “El Todopoderoso le dijo [a Moshé]: Hijos míos, después de que Dios obedeció “el pedido” de Moshé de nombrar un sucesor, le recordó a los hijos de Israel que ellos también debían obedecer las prescripciones establecidos para ellos. Jaza¨l advierte contra quienes piensan que el liderazgo, reemplaza las responsabilidades propias y no prestan la debida atención a los compromisos que cada uno tiene que cumplir, tamid –siempre- y musaf en ocasiones especiales. Significativamente, Jaza¨l hace este comentario en particular referencia a la temidin u-musafin. El mensaje subyacente a estas mitzvot es que cada día se nos presentan obligaciones de cumplir y desafíos a enfrentar (“temidin”), y algunas responsabilidades surgen en ciertas ocasiones o en circunstancias particulares (“musafin”). Nuestro enfoque primordial deben ser nuestros “temidin u-musafin”, las responsabilidades que debemos atender cada día a lo largo de nuestras vidas. Como tantos versículos en la Torá, las instrucciones de .A. son, por supuesto, más de lo que parecen. Por ello Jaza”l se preguntan sobre el significado de la frase “tienes que comisionarlo ante los ojos de ellos” (v. 19). Según Rashí y el midrash Sifrei, el “comisionamiento” de Yehoshúa debe enseñar al joven sucesor que la gente es “molesta e insubordinada” y que conducirlos a la Tierra Prometida no será nada fácil. Ramban-Najmánides, sin embargo, se opone a esta interpretación ya que es improbable que Moshé hubiera hablado tan duramente sobre el pueblo en un discurso público, es decir, “a la vista” de todos los israelitas. Tal consejo sería más apropiado para una charla privada. Las palabras –entiende- infundirían confianza popular en el nuevo liderazgo porque se trata de un discípulo de Moshé. “Sabrán que Yehoshúa caminará delante de ellos por los caminos de la verdad y la justicia, ya que su maestro así le enseñó y así le ordenó hacerlo”, escribe Najmánides. Tenemos que ver “con nuestros propios ojos”, que Yehoshúa respeta los principios básicos de la Torá que incluyen las relaciones de cada ser con su prójimo y los principios de justicia y probidad y no por los ojos de otros, para tenerle confianza. Y, nuestra actitud debe ser asumir nuestras propias responsabilidades en forma cotidiana y en ocasiones especiales sin esperar que nadie las cumpla en nuestro lugar.


Vio el acto y recordó a la ley

Los versículos finales de Parashat Balak hablan del incidente inquietante de Baal Peor, donde Benei Israel se relacionó con las mujeres de Moav y adoró a la deidad de esa nación, y el líder tribal de Shimón, Zimri, cohabitó públicamente con una mujer midianita. Dios castigó a la nación trayendo una plaga mortal, hasta que Pinjás detuvo la plaga matando a Zimri y a la mujer midianita.

Rashí (25: 7), citando a la Guemará (Sanedrín 82a), describe la reacción de Pinjás ante la vista de la ofensa pública de Zimri, escribiendo: “Raa maasé venizkar halajá” – “Vio el acto y recordó a la ley”. Esto se refiere a la disposición extraordinaria de “kanain poguin bo”, que se aplica en casos muy raros y excepcionales, que autorizan a un fanático a matar a un infractor (aunque también permite que el infractor mate al mismo fanático). -defensa). Cuando Pinjás vio la brecha pública de Zimri, se le recordó este halajá y procedió a actuar en consecuencia.

Podríamos preguntarnos, ¿qué es exactamente lo que la guemará intenta agregar a nuestro entendimiento de este incidente a través de este comentario? Más tarde, Dios expresa su enfática aprobación del polémico acto violento de Pinjás (25: 10-13), lo que indica claramente que el fanatismo excepcional de Pinjás estaba justificado. ¿Qué agrega Jaza”l al decirnos que Pinjás vio lo que hizo Zimri y luego recordó la disposición extraordinaria que autoriza una respuesta violenta?

La respuesta, tal vez, es que la guemará busca enfatizar que la validez de una respuesta celosa no estaba en la mente de Pinjás antes de presenciar el acto de Zimri. La licencia otorgada a los fanáticos en estas circunstancias fue algo que entró en la conciencia de Pinjás como resultado de la vista que vio, no algo que siempre había estado en su mente. Algunas personas viven sus vidas como “fanáticos”, persiguiendo activamente una causa, buscando ansiosamente algo para protestar y oponerse. A estas personas no se les “recuerda” la ley de “kanain poguin bo”; esta ley está a la vanguardia de su conciencia en todo momento, y buscan constantemente alguna impropiedad con la que puedan justificar una oposición feroz. Pinjás no estaba buscando algo de lo que estar celoso. Vio una indignación y luego recordó que el fanatismo en tal caso es legítimo; Él no estaba buscando una oportunidad para actuar con celo. Aquí, Jaza”l nos enseña que incluso en las raras circunstancias en que se justifica una feroz oposición, pierde toda legitimidad si una persona está buscando tales oportunidades.

Estas situaciones requieren una acción fuerte solo si uno no las busca, y necesita que se le “recuerde” la licencia para reaccionar con firmeza.

Realizar una mitzvá en la primera oportunidad que podamos

La Torá en Parashat Pinjás presenta el comando del korbán tamid, el sacrificio diario que se ofrece dos veces al día, con una oveja sacrificada por la mañana y una segunda por la tarde. Este sacrificio fue acompañado por un nesej – una libación de vino que se derramó sobre el altar (“junto con su libación, un cuarto de hin por cada cordero. Derrama para .A. en el lugar santo la libación de licor embriagante” Bemidbar 28: 7).

            La guemará en Masejet Yoma (34 a-b) cita y discute un debate entre los Tanaim sobre la relación entre las libaciones de la mañana y la de la tarde. La opinión mayoritaria entre los Tanaim interpreta el versículo aquí en Parashat Pinjás que requiere una libación para acompañar el sacrificio de la tarde, mientras que el requisito de una libación que acompaña a la ofrenda “tamid” de la mañana fluye de la asociación entre las dos. Yehudá Hanasí, sin embargo, sostuvo que, por el contrario, la Torá habla de un nesej que acompaña al tamid de la mañana, y la asociación entre las dos ofrendas indica que aplicamos este requisito incluso al sacrificio de la tarde.

            Tosefot (34b) explica que la importancia de este debate implica una situación en la que hay escasez de vino, de modo que los cohanim en el Bet Hamikdash pueden realizar solo una de las dos libaciones. Si solo hay suficiente vino para un nesej (es decir, la cantidad de una libación) en un día determinado, ¿deberían los cohanim usar el vino con el tamid de la mañana o con el tamid de la tarde? La respuesta, escribe Tosefot, depende de este debate entre el rabino Yehudá Hanasí y los otros Sabios. Si la obligación primaria de nesej se aplica en la mañana, y la libación de la tarde se deriva solo de manera secundaria, en virtud de la paridad halájica que existe entre los dos sacrificios tamid, entonces el vino debe usarse por la mañana. Sin embargo, según la opinión de la mayoría, el nesej principal es el que acompaña al tamid de la tarde, entonces los cohanim deben realizar el tamid de la mañana sin la libación que lo acompaña, y guardar su suministro limitado de vino para el tamid de la tarde.

            Rav Yitzjak Zilberstein, en Jashukei Jemed (Yoma, pp. 245-246), señala el supuesto latente que subyace en la discusión de Tosefot, a saber, que una futura mitzvá de nivel superior tiene prioridad sobre una mitzvá de nivel inferior que se aplica en el momento presente. Según Tosefot, la opinión de la mayoría requeriría que los cohanim renuncien al nesej de la mañana en favor del nesej de la tarde, que es la mitzvá primaria, porque el cumplimiento de la mitzvá primaria tiene prioridad sobre la mitzvá secundaria, aunque la mitzvá secundaria es relevante anteriormente. Normalmente, la Halajá prohíbe retrasar innecesariamente una oportunidad de cumplir con una mitzvá, y requiere realizar una mitzvá en la primera oportunidad que podamos. Sin embargo, parece que al menos en la opinión de Tosefot, uno debería renunciar a una oportunidad de mitzvá inmediata si es necesario para facilitar una mitzvá de nivel superior en el futuro.

            Al discutir la suposición de Tosefot, el Rav Zilberstein advierte que no se debe confundir esta pregunta con la conocida controversia que rodea el tema de retrasar una mitzvá para cumplirla a un nivel más alto. Rav Yaakov Reischer (Shevut Yaakov, 34), por ejemplo, sostuvo que una persona que, en Sucot, anticipa recibir un etrog de alta calidad más tarde en el día, debe esperar hasta que llegue el etrog antes de realizar la mitzvá. Otros, sin embargo, están en desacuerdo y mantienen que el valor del desempeño inmediato reemplaza el valor del desempeño en un estándar más alto. (Vea la sección 7 de Rav Asher Weiss en Zerizin Makdimin Lemitzvot). Rav Zilberstein aclara que esta cuestión se mantiene aparte y aparte de la suposición hecha por Tosefot con respecto a los nesajim que acompañan los sacrificios de tamid. La pregunta tratada por Rav Reischer involucra una mitzvá única que puede observarse en un estándar promedio inmediatamente, o en un estándar más alto en el futuro, y la pregunta entonces es cuál de estos dos valores importantes, la prontitud y los estándares altos, tiene prioridad. Sin embargo, la situación que aborda Tosefot involucra dos mitzvot separadas, una de las cuales se sabe que es una mitzvá de mayor nivel que la otra, y las circunstancias permiten observar una, pero no ambas. Aquí, la pregunta no es si una mitzvá debe retrasarse para que se pueda realizar a un nivel más alto, sino más bien si uno debe descuidar una obligación actual por el bien de una obligación futura de mayor nivel, y Tosefot parece haber sostenido sin vacilar lo que uno debería.

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