Balac

 Una tensión embebida en nuestra parashá

Hemos experimentado generaciones de persecución, y vimos cómo la negatividad de los demás puede arraigarse dentro de nosotros y transformarse en dudas acerca de nuestro proceder y en casos extremos y patológicos en auto-odio. Ese fenómeno psicológico consiste, siendo uno judío, en sentir enemistad y aversión hacia los judíos, simpatizar con el antisemitismo y colaborar con causas antijudías. Esta anomalía, se ha estudiado, puede incluso acarrear el suicidio. Casos conocidos de auto-odio, han sido el judío americano Dan Burros que perteneció al Kuk Klux Klan y al Partido Nazi Americano, el de Lincoln Rockwell que ocultó su origen, hasta que se hizo público mediante una investigación del Times, por lo que Burros se suicidó. Su vida inspiró la película The Believer. Otro ejemplo es el escritor Arthur Koestler, autor de La Treceava Tribu. Koestler, cuya madre era judía, fue durante su juventud adepto de esta religión, pero posteriormente la rechazó y se declaró ateo. Posteriormente, hizo en algunas de sus obras afirmaciones sobre el judaísmo consideradas por algunos como polémicas. En La decimotercera tribu anticipó la polémica tesis según la cual los judíos ashkenazíes no descienden de los antiguos judíos sino de los jázaros, un pueblo turco del Cáucaso que se convirtió masivamente al judaísmo en el siglo VIII d. e. c. y más tarde fue desplazado hacia el oeste, para arraigarse en Rusia, Ucrania y Polonia. Koestler afirmó que parte de su intención al escribir esta obra fue desarmar el antisemitismo, derribando la identificación de los judíos europeos con los hebreos bíblicos, y así quitar todo sentido a la acusación antisemita tradicional de deicidio. En tiempos posteriores, la teoría del origen jázaro fue usada con los fines más variados, incluso para refutar la posición israelí en el debate acerca de los antecedentes históricos de la vinculación de los judíos con Palestina. Algunos sectores antisemitas se adhirieron, paradójicamente, a la idea. Koestler apoyaba la existencia del Estado de Israel pero se oponía a la cultura judía de la diáspora. En una entrevista publicada en el London Jewish Chronicle en los tiempos de la creación del Estado israelí, Koestler afirmó que todos los judíos deberían o bien establecerse en Israel o bien asimilarse completamente con sus culturas locales. En Israel se desarticuló el Partido Nazi conformado por judíos rusos. Uno de ellos al ser arrestado dijo: Mi abuelo es medio judío, así que no voy a tener hijos para que ese pedazo de mierda (su hijo) no tenga una gota de sangre judía. La lectura de la Torá de esta semana, Parashat Balac, nos ayuda a considerar los efectos de la persecución en nuestra psique. En ella, nos encontramos con Bilam, un profeta de alquiler, a quien el rey moabita Balac alista para maldecir a los israelitas. Bilam, sin embargo, no puede cumplir su comisión. Bilam cuenta: “Entonces dio principio a su expresión proverbial y dijo: “Desde Aram, Balac el rey de Moav trató de conducirme, desde las montañas del este: ‘Dígnate venir, de veras maldíceme a Yaacov. Sí, dígnate venir, de veras denuncia a Israel’. ¿Cómo pudiera yo execrar a los que Dios no ha execrado? ¿Y cómo pudiera denunciar a los que .A. no ha denunciado? Porque desde la cima de las rocas los veo, y desde las colinas los contemplo. Allí como pueblo siguen residiendo aislados, y a sí mismos no se cuentan entre las naciones. ¿Quién ha numerado las partículas de polvo de Yaakov, y quién ha contado la cuarta parte de Israel? Muera mi alma la muerte de los rectos, y resulte mi fin después como el de ellos”. (Bemidbar 23: 7-9) Bilam, mirando hacia el campo de los Hijos de Israel desde las alturas de los picos circundantes, resume la historia del pueblo hasta ese punto y en el futuro: “Hay un pueblo que habita aparte, no se ha contado entre las naciones” canta. Nuestros comentaristas reflexionan sobre el significado de estas frases. Observan una tensión: ¿Es “morada aparte” de las otras naciones del mundo realmente una bendición y no una maldición? De hecho, Rashí señala la ambivalencia de esta bendición en su lectura, siguiendo una tradición midráshica, “Cuando ellos [los israelitas] son gozosos, no hay nación que se alegre con ellos”, enseña. ¿Cuál es la virtud de la alegría si no hay nadie para que la compartamos? Vivimos solos porque nadie más se dignará a sentarse a nuestro lado. Esta lectura es especialmente clamorosa a la luz de los acontecimientos descritos al final de la porción de la Torá de la semana pasada, Parashat Jukat. Allí, los israelitas, en su viaje a la Tierra Prometida, piden permiso para pasar por los territorios de los pueblos vecinos, primero los edomitas y luego los amorreos. “Déjame pasar por tu país”, los enviados israelitas piden a los respectivos monarcas de esos pueblos. “No nos desviaremos a campos o viñas, y no beberemos agua de pozos, sino que seguiremos el camino del rey hasta que hayamos cruzado tu territorio” (Bemidbar 21:22). En ambos casos, la respuesta es un resonante “No”. Los edomitas y los amorreos hacen que los israelitas tomen el camino largo. El camino difícil. Como los otros no están dispuestos a ayudarlos en su momento de necesidad, los israelitas van solos. Y sin embargo, nuestros comentaristas también identifican otra lectura de la conmovedora frase de Bilam: “Hay un pueblo que habita aparte, no se cuenta entre las naciones”. Tal vez, el carácter distintivo y el aislamiento del pueblo judío es un sello de su elección. El pueblo judío, según Ramban, “Estará a la cabeza del mundo y no habrá gente que los alcance, ni ningún otro pueblo al que Dios cuide”. Y según el Targum, son “un pueblo aparte” porque “solo heredarán el mundo sin competidores”. ¿Vivimos aparte porque somos víctimas de desprecio, persecución y brutalidad o porque somos superiores a todos los demás? De hecho, aquí encontramos una tensión embebida en nuestra parashá, en la historia de nuestra gente y en la psicología humana. Tan a menudo, es sólo provocado por la oposición y la burla que aprendemos a celebrar nuestra singularidad estimulo que no nos alcanza en tiempos de buenaventura. Una manera de entender la canción de Bilam y las interpretaciones de nuestros comentaristas es verlas como un intento de “llenar y desbordar” el “vacío de compañía, empatía y solidaridad” que dejaron siglos de persecución. Hemos desarrollado la capacidad de imaginamos un futuro donde “heredaremos el mundo” porque esa realidad parece tan distante en el presente. Necesitamos orgullo para contrarrestar el desprecio. Necesitamos amor para contrarrestar el odio. No somos ni mejores ni peores que otros, pero estamos cansados de tanto hostigamiento y de tener que reconocer nuestras instituciones por las bardas de protección y los soldados y policías que nos cuidan en la ajenidad. A diario comprobamos que los vecinos no se alegran con nuestra alegría pero si se regocijan con nuestras pérdidas. Si elaboráramos la historia correctamente, y nos comportáramos seguros de nuestros valores y de nuestro aporte generoso al Universo todo, no tendríamos espacio para el auto-odio sino un gigantesco terreno para amarnos y sentirnos orgullosos.el contraste entre la profecía de Moshé y la venal brujería que inspiró a Bilam


El contraste entre la profecía de Moshé y la venal brujería que inspiró a Bilam

En nuestra época hay cada vez más personas convencidas que existen individuos con energía suficiente como para predecir acontecimientos futuros. Si ello fuera cierto, ¿tiene sentido ir en su búsqueda para encontrar alivio en los momentos difíciles que nos abruman? Y, si no pudieren ayudarnos, hay manera de desarraigar esas creencias que en un mundo súper-racional conquistan cada vez más a adeptos, incluso con altos niveles intelectuales, y a muchos de quienes declaran no creer en nada ni en nadie.

¿Esas actitudes, tienen efectos sicológicos sobre las personas? ¿Podemos luchar contra esos modelos mágicos que nos llevan a buscar saber nuestro futuro haciéndonos leer el café, tirar las cartas o leernos las manos? Si leyéramos esta parashá y acompañáramos su lectura con los comentarios del Talmud en Sanedrín, que parcialmente citamos en estos renglones, no sólo nos regodearemos con la admirable habilidad de nuestros sabios de expresar sus opiniones, insertando en ellas no pocas dosis de humor, sino que podremos aprender algunas lecciones para nuestra vida cotidiana.

Cuando leemos en esta parashá que Balac desea que los hijos de Israel sean maldecidos por un hechicero o un adivinador, pero éste se inspira no sólo para bendecir a Israel sino para retratar el destino del pueblo judío a través de metáforas poéticas, ¿qué nos desea enseñar? ¿cuál es el mensaje que nos quiere dar la Torá en esta parashá y en algunos episodios similares? ¿Por qué nuestro texto bíblico yuxtapone la sublime poesía de Bilam con el relato de la asna que habla? ¿Quién es Bilam? ¿Posiblemente el ben bli am – la persona sin pueblo y sin nación- a la que el Talmud en Sanedrín 105 a, usando las letras intenta retratar? ¿O, acaso el que agotó al pueblo? [Aquí usa la palabra ‘balá’, se tragó, como significado de Bilam]. El Talmud continúa relatándonos que según rabí Iojanán, Bilam era cojo de un pie, y tuerto,…y tenía raras costumbres que se pueden consultar en el texto talmúdico.

Si Bilam ben Beor murió junto a los madianitas enemigos del pueblo durante la conquista de Israel, tal como leemos en Yehoshúa 13:22: “Los hijos de Israel también mataron a espada, entre otros, al adivino Bilam hijo de Beor” ¿podemos pensar que era un inspirado divino?

El Rav Shlomó Riskin nos enseña que esta parashá nos marca el contraste entre la profecía legítima de Moshé y la venal brujería que inspiró a Bilam. La Torá entiende que existen individuos que fueron dotados con energías especiales: una fuerza física óptima, una memoria fotográfica fenomenal, una visión aguda, la capacidad de concentrarse intensamente, la facilidad para comunicarse. Nuestros sabios, sin embargo, no se ponen de acuerdo si tales fenómenos reflejan hechos reales o son ilusiones simples. Cuando las Escrituras registran la tentativa del rey Shaúl de descubrir su destino pidiendo que la bruja de Endor busque los consejos del profeta Shmuel que ya había muerto – y ella le proporciona el verdadero mensaje que “el Todopoderoso rasgará el reino de sus manos y lo dará a su amigo David” – los comentaristas se dividen en cuanto a si fue o no verdadera su inspiración. Saadia Gaón acepta la historia bíblica tal como reza su letra, y sin embargo, Shmuel ben Hafni Gaón insiste que la bruja de Endor engañó a rey Shaúl (I Shmuel, capítulo 28 y sus comentarios).

Maimónides llama a todas las declaraciones que emanan de comunicaciones sobrenaturales – incluyendo la escritura y el uso de los amuletos místicos (kameot) – “falsas e inútiles”, que lindan con la idolatría (Maimónides, Mishné Torá, leyes del Idolatría 1, 16); sobre esta base, Yosef Caro rechaza igualmente todos los encantamientos mágicos como “inservibles,” excepto porque tienen influencia psicológica positiva sobre los individuos que buscan señal de socorro (Shulján Aruj, Yoré Deá 179, 6). Rav Shlomó Ben Aderet (Rashbá, Responsa 548), cuando tuvo que juzgar la credibilidad de un rabino llamado Nisim que alegó haber recibido mensajes de un ángel; insistió que la comunicación divina relacionada con la profecía puede basarse solamente sobre quién es verdaderamente sabio y piadoso, fuerte y valeroso, y suficientemente rico, como para no necesitar de las contribuciones monetarias de aquellos que buscan su consejo.

La verdad es que la Torá es indudablemente clara cuando nos advierte contra los que desean buscar soluciones a través de la magia o de la brujería y nos suplica que seamos sinceros y puros en nuestro servicio del divino, tal como leemos en esta traducción libre: “Cuando entres en la tierra que .A. tu Señor te da, no aprenderás a hacer las cosas abominables de esas naciones. No sea hallado en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni hechicería, o sea agorero, o hechicero o encantador, o médium, o espiritista, ni quien consulte a los muertos. Porque cualquiera que hace estas cosas es abominable a .A.; y por causa de estas abominaciones .A. tu Señor expulsará a esas naciones de delante de ti. Serás intachable delante de .A. tu Señor. Porque esas naciones que vas a desalojar escuchan a los que practican hechicería y a los adivinos, pero a ti .A. tu Señor no te lo ha permitido. Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará .A. tu Señor; a él oirán”. (Devarim 18:9-14).

Nuestros profetas no tenían como propósito principal anunciar el futuro, sino exigir un comportamiento más ético y más genuino. Si se dedicaran sólo a adivinar no serían mejores que el “burro que habla” en nuestra parashá.; un profeta de .A. debe primero ser un modelo en sus acciones y ser piadoso.

El Talmud nos dice acerca del pasuk: “Entonces .A. puso –davar- palabra (o cosa) en la boca de Bilam y le dijo: –Vuelve a donde está Balac, y háblale así… (Bemidbar 23:5) dijo rabí Eleazar, le puso un ángel (para frenarle la lengua)- dijo rabí Yonatán, un anzuelo. Dijo rabí Iojanán por las bendiciones de este malvado, se conocen sus pensamientos (ocultan las maldiciones que quería decir)… Quiso maldecir para que no tengan casas de oraciones ni de estudio y dijo: -“Que hermosas son tus tiendas, Yaakov”-… que no repose sobre ellos la presencia divina, dice -“tus moradas Israel”- (24:5)… que su reino no perdure y dice –”como arroyos están extendidas”-… que no tengan olivares ni viñedos… “-como jardines junto al río-“… que su fragancia no se expanda… “-como áloes plantados por .A.-“… que sus reyes no se encumbren… “-como cedros junto a las aguas-“, que no tengan rey hijo de rey, (que sus reinados no continúen con sus dinastías) dice “-agua correrá de sus baldes, y su simiente estará junto a muchas aguas-“… que su reino no domine otras naciones… -que su reino no sea poderoso-, “enaltecerá su rey más que Agag”, que su reino no sea engrandecido, “y su reino será exaltado”…

Dijo Rabí Aba bar Cahaná, todas las bendiciones se trasformaron nuevamente en maldiciones, – se cumplió lo que pensaba y no lo que decía… excepto lo de las casa de oración y de estudio. Dijo Rabí Abá bar Cahaná, le dijo Bilam a Balac, ‘el Dios de estos odia la lujuria y ellos tienen preferencias por el lino, ven te daré un consejo que les vendan lino’. -Instaló tiendas desde la montaña nevada hasta Bet Haieshimot (Bemidbar 33:49), y puso en ellas viejas rameras, afuera y jóvenes adentro. Cuando un israelita comía y bebía, se ponía contento y salía a pasear por la calle. La añeja le decía ¿quieres comprar ropa de lino (que usaban las personas distinguidas)?, la veterana le ofrecía por su valor real y la joven más barato, repetía dos o tres veces, luego le decía ahora eres como si fueras de la familia, siéntate y elige… Tenía a su lado botijas de vino amonita… [Aun no se había prohibido beber vino de gentiles]… ¿quieres un vaso de vino?- le decía. Excitado después de beber, decía él entrégate y ella sacaba del pecho un ídolo y contestaba adóralo, -soy judío-. (Ver: Sanedrín 101 hasta 106).

Bendecir a alguien que sea como cedro, es desearle que el primer viento tormentoso lo arranque del suelo.

Paradójicamente Balac y los moabitas no son castigados por el pedido de “Ven ahora, te ruego, y maldíceme a este pueblo porque es demasiado poderoso para mí; quizá pueda derrotarlos y echarlos de la tierra. Porque yo sé que a quien tú bendices es bendecido, y a quien tú maldices es maldecido”.

Todos conocemos el final de esta parashá y el inicio de la otra. La bendición convertida en maldición, dicen nuestros sabios, se cumple. El inconsciente de Bilam no lo traiciona y más que una adivinación es una conclusión a partir la observación que el hechicero hace sobre el pueblo. Bilam sabe que el pueblo de Israel rechaza la prostitución, pero, aconseja estratégicamente a Balac a derrotar a los hijos de Israel a través de ese medio. El sistema es fácil. Convoca a los judíos a ti. Muéstrate ser su amigo. Ofréceles mercadería. Dales de beber vinos embriagantes y ofrécele las más bonitas y seductoras de tus mujeres.

Por esta acción .A. castiga a los madianitas. Ellos engañaron, mintieron y falsificaron.

Las hechicerías son propias de los pueblos cananeos, pero, ajenas a nosotros. A ellos –los moabitas-, no se les castiga por querer provocarnos el mal a través de la palabra. A los otros sí, por sus acciones. “Entonces habló .A. a Moshé, diciendo: Hostiguen a los madianitas y hiéranlos; pues ellos les han sido hostiles con sus engaños, con los que os engañaron en el asunto de Peor, y en el asunto de Cozbi, hija del jefe de Midián, su hermana, que fue muerta el día de la plaga por causa de Peor” (25: 16-18).

Pero, “.A. me dijo: “No molestes a Moav, ni los provoques a la guerra” (Devarim 2:9).

Moshé fue un profeta. Bilam un malabarista de la palabra. Moshé habla los términos de .A., Bilam se vende por oro y por plata. Nosotros preferimos al profeta y denostamos a los que juegan con las adivinaciones. Seguimos eligiendo a Moshé. También ahora cuando es más fácil y menos comprometido encontrar oráculos privados.


no todo lo que es natural es saludable

“Mientras los israelitas acampaban en Shitín, comenzaron a prostituirse con las mujeres Moabitas, las cuales los invitaban a participar en los sacrificios a sus dioses… comían delante de esos dioses y se inclinaban a adorarlos. Esto los llevó a unirse al culto de Baal Peor. Por tanto, la ira de .A. se encendió contra ellos.” (Bemidbar 25: 1-3). Sabemos que la deidad principal de Moav no era Peor, sino Kemosh (ver Bemidbar 21:29, Melajim I 11:33, Irmiahu 48:46, etc.) que era adorado a través de sacrificios y genuflexiones. Peor, sin embargo, era adorado de una manera muy diferente: no a través de inmolaciones, sino desnudándose y evacuando sobre la figura de ídolos (véase la Guemará citada por Rashí).

Es significativo que la Torá nos hable de la ira de .A. por Peor. Además, cada vez que la Torá se refiere al pecado con las mujeres de Moav, lo representa como “el asunto de Peor” (Bemidbar 25:18, 31:16), lo que es una clara indicación de que Peor representaba la esencia del pecado. El número de personas que murieron como resultado de esta caída fue de 24.000, que frente a las 3 mil muertes provocadas por el pecado del becerro de oro, nos indica su gravedad.

Pensemos por un momento más allá de la forma concreta en que Peor era adorado, y consideramos la ideología que yacía detrás de él. Peor representa una ideología de moda también hoy en día, el comportarnos como lo haríamos en estado natural, y como consecuencia, haber perdido la sensación de vergüenza (bushá) cualidad que distingue al hombre de los animales.

Según esta ideología, no hay ninguna razón para que el hombre sienta vergüenza. “Lo que es natural es bueno” ¿Por qué deberíamos ocultarnos para realizar las funciones físicas más básicas y naturales? Visto desde esta perspectiva, la forma del culto a Peor es de hecho elocuente, que expresa una postura filosófica desarrollada – una actitud, que sin embargo, el Judaísmo rechaza enérgicamente. La Torá comienza con la tensión entre la naturaleza en estado puro y la vergüenza. El efecto de comer del árbol del conocimiento, como se recordará, fue “conocer la diferencia entre el bien y el mal” (Bereshit 2:17). Inmediatamente después de la degustación de ese árbol adquirimos la capacidad de distinguir. La primera acción de Adam y Java cuando “se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez…, entretejieron hojas de higuera para cubrirse” (Bereshit 3: 7). Adam reacciona al darse cuenta de que no estaba vestido, con turbación y desasosiego: “Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí…” (3:10). Hasta que más tarde, es .A. mismo el que le “hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió” (3:21).

Los cabalistas expresan esta idea como elemento central de toda la creación. Al mezclar las letras de la primera palabra de la Torá, “Bereshit”, se puede obtener “yere boshet” –“consciente de la vergüenza”, que representa la antítesis de la naturaleza incontrolada representada por Baal Peor. El compromiso del hombre es trascender y perfeccionar a la naturaleza y no ser simplemente parte de ella. Entre los días de Baal Peor y nuestros tiempos, ha habido otros que cuestionaron la afirmación teológica de que el hombre debe alterar en un cierto grado la creación de .A. El rechazo de la ideología de Peor se expresa no sólo en varias mitzvot de la Torá, sino también en la descripción de la tumba de Moshé Rabenu, cuando la Torá dice “Y fue sepultado en Moav, en el valle que está frente a Bet Peor, pero hasta la fecha nadie sabe dónde está su sepultura” (Devarim 34: 6). Podemos preguntarnos si la Torá no alcanzaba encontrar una manera más estética para describir la ubicación, y si no podría haber cerrado un tema tan sensible con imágenes más bonitas que la de Peor. Moshé permanece eternamente sublevado contra Peor. Uno de los principios de nuestra Torá es que no todo lo que es natural es saludable.

Y en efecto, toda la Torá desde Bereshit a Vezot Habrajá, entreteje recordatorios muy fuertes de este valor.


Encontrar justas proporciones en la vida personal y nacional

Iniciamos las oraciones matutinas con Ma Tovu, cuyo primer versículo aparece en esta parashá en boca del profeta Bilam, por una razón muy importante.

Bilam describe la paz que vio en el campamento israelita del desierto: ríos, tiendas de campaña, jardines y huertos. Pero a sus ojos esa tranquilidad cambia repentinamente por un torrente gigante que anuncia guerras que no cesan. “¡Cuán bien parecidas son tus tiendas, Jacob!, ¡Qué bello es tu campamento, Israel! Como valles torrenciales se han extendido por larga distancia, como jardines junto al río. Como áloes que el Eterno ha plantado, como cedros junto a las aguas. Sus cántaros rebosan de agua; y su descendencia está junto a muchas aguas… Se inclinó, se echó como un león, se tiende como una leona: ¿quién se atreverá a molestarlo? Consumirá a las naciones, a sus opresores” 24:5-9.

Sorprendentemente Rashí se aparta del contexto para interpretar los contrastes expresados por el profeta profano y nos dice: “cuando ellos –nosotros-, se despiertan tienen la fuerza del león joven y del león para aferrarse a las mitzvot, envolverse en el talit, leer el Shemá y colocarse los tefilín. Y a la noche, yace en su lecho, después que comió y destruyó a todos los que desean atacarle. ¿Cómo es ello posible? Lee el Shemá en su cama y coloca su alma en manos del Omnipresente, y el santo bendito derrota a sus adversarios”. Como que entre la espada para defenderse de sus agresores y el cumplimiento de los preceptos, se encuentra encerrada la potencia del pueblo de Israel. Los campamentos militares, en los que se conmueven todos los principios de la desvergüenza, se convierten en un espacio de santidad en el que las entradas de las tiendas de campaña apuntan discretas a la zona en la que están cubiertas de los ojos y la curiosidad del otro.

Esos leones suelen atacar y suelen quedarse postrados, y saben cuándo luchar y cuando moderar su fuerza y cómo hacer para no ser seducidos por el instinto asesino.

La posibilidad de esa combinación entre la fe y la fuerza, entre la potencia y la contención, entre la promiscuidad y el recato, no existía para Bilam y sus adictos, de allí su sorpresa y su exaltación.

Ma Tovu matinal es un recordatorio de la necesidad de encontrar justas proporciones en la vida personal y nacional.


Un pueblo que ha de habitar solitario

La lectura de la Torá de esta semana, nos ayuda a considerar los efectos de lo que a veces sucede en nuestra psique. Nos encontramos con Bilam, un profeta “de alquiler”, a quien Balac el rey de Moav, alista para maldecir a los israelitas. Bilam, sin embargo, es incapaz de cumplir con su comisión y relata: “De Aram me trajo Balac, rey de Moav, de los montes del oriente; ven, maldíceme a Yaakov, y ven, execra a Israel. ¿Por qué maldeciré yo a quién Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que .A. no ha execrado? Porque de la cumbre de las peñas lo veré, y desde los collados lo miraré; he aquí un pueblo que ha de habitar solitario y que no ha de ser contado entre las naciones” (Bemidbar 23: 7-9).

Bilam resume la historia del pueblo judío hasta ese momento y en el futuro: “un pueblo que ha de habitar solitario y que no ha de ser contado entre las naciones”.

No pasaron muchos años desde que judíos consideraban que era indeseable ser vistos como judíos y así fueron perdiendo su identidad, incluso la mantenían en secreto, para poder conseguir altos puestos profesionales en universidades, hospitales y empresas que no aceptaban judíos o no les permitían progresar. Se afeitaron las barbas, se quitaron los sombreros, modificaron sus apellidos. Se avergonzaban del estereotipo que habían fijado para los judíos. Y no deseaban heredar ese malestar ni esa indeseabilidad. Ello sucedió no sólo en tiempos de persecución, sino también de malestar discriminatorio real o imaginario. Se sentían estar fuera de sintonía con la mayoría. Pudieron desterrar el desprecio de los demás, pero no consiguieron evitar las miradas despectivas y los comentarios denigrantes. La negatividad de los demás se fue grabando en ellos y se metamorfosearon al grado de hacerles dudar de ellos mismos y llevarlos al auto-odio que en nuestros días sufren intelectuales judíos bien trazados.

Nuestros comentaristas reflexionaron sobre el significado de las frases del profeta gentil. “Habitar apartado” de las otras naciones del mundo ¿es una bendición o una maldición? Rashí toma nota de la ambivalencia de esta bendición siguiendo una tradición midráshica, “Cuando ellos [los israelitas] están alegres, no hay nación que se alegre con ellos”, enseña, citando Devarim 32:12. ¿Cuál es la virtud de la alegría, si no hay nadie con quien compartirla? “Pero cuando las naciones experimentan la prosperidad, ellos comen con alegría junto a cada uno de ellos”, pero entre los pueblos no será contado.

Esta lectura es especialmente clamorosa a la luz de los acontecimientos que se describen al final de Parashat Jukat leída la semana pasada. Allí, los hijos de Israel, en su camino hacia la tierra prometida, solicitan permiso para pasar por los territorios de los pueblos vecinos, en primer lugar el de los edomitas y luego los amorreos. “Déjame pasar por tu tierra. No nos desviaremos por los campos ni por las viñas. Tampoco beberemos agua de los pozos. Iremos por el camino del Rey hasta que hayamos pasado por tu territorio” (Bemidbar 21:22). En ambos casos, la respuesta es un rotundo “No”. Los edomitas y los amorreos obligan a los israelitas a tomar el camino más largo. El camino difícil. Como los otros, no están dispuestos a ayudarles en su momento de necesidad, por lo que los israelitas irán solos. Y, sin embargo, nuestros comentaristas identifican también otra lectura de las palabras punzantes de Bilam, “Hay un pueblo que mora aparte, no contado entre las naciones”. Tal vez, el carácter distintivo y el aislamiento del pueblo judío es un sello distintivo de un pueblo que de acuerdo con Ramban, “pretende estar a la cabeza del mundo”.

¿Nos hemos quedado aparte porque somos las víctimas del desprecio, la persecución y la brutalidad o porque pretendemos ser mejores que todos los demás? De hecho, aquí nos encontramos con una tensión incrustada en nuestra parashá, en la historia de nuestro pueblo, y en la psicología humana. Muy a menudo, es sólo cuando enfrentamos el duro rostro de la oposición y la burla que aprendemos a celebrar nuestra singularidad.

Una manera de entender las interpretaciones de los comentaristas sobre el texto de Bilam es verlo como un intento de “llenar y desbordar” el “vacío abismal” dado por siglos de persecución convirtiéndolo, como sugiere Rashí, en una “celebración”. Imaginemos un futuro en el que “heredaremos el mundo”, ya que esa realidad parece todavía lejana en el presente. En ese momento recuperaremos el orgullo para contrarrestar el desprecio y el amor para contrarrestar el odio. Y serán días de alegría sin par.


Maldiciones y Bendiciones 

“¡Cuán hermosas son tus tiendas, Yaakov!, ¡Qué bello es tu campamento, Israel! Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como áloes plantados por el Señor, como cedros junto a las aguas”. (24:5-6)

Nuestros sabios llamaron a esta parashá también con el nombre de Bilam. Así aprendimos en Baba Batra 14b: “Moshé escribió su libro y la parashá de Bilam”. En el Talmud de Jerusalén, aparece con el nombre de Balac y Bilam. Dos personajes unidos por una causa, el odio a los hijos de Israel, gracias al cual consiguieron lograr un fragmento completo de la Torá que otros más justos no tuvieron.

En esta parashá aparecen las frases más insignes pronunciadas acerca del pueblo de Israel desde su salida de la esclavitud. Incluso estos versículos no muy fáciles de comprender que se refieren al glorioso futuro del pueblo de Israel: « Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca. Una estrella saldrá de Yaakov; un rey surgirá en Israel. Aplastará las sienes de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set» (24:17-18).

Esta parashá es tan importante que provocó una discusión entre nuestros sabios si debía o no ser incluida, toda o parcialmente, en la lectura cotidiana del Shemá, que finalmente no se autorizó. En la profecía de Bilam (23:22), hay referencia al Éxodo de Egipto y al reinado Divino y ella hubiera podido reemplazar la parashá de los tzitzit cuyo objetivo es similar, opinaron algunos. Según otros, su inclusión en la lectura diaria hubiera contestado a quienes mofándose querían afirmar que fue Bilam quien la incluyó en la Torá y no Moshé. Pero, prefiero pensar que independientemente de las razones de la exclusión, sean técnicas o estructurales, las palabras de Bilam ocupan un lugar fundamental en nuestra memoria histórica. Sus intenciones se vieron frustradas, porque confió que iba a encontrar al pueblo debilitado y en esa instancia hubiera podido maldecir y dañar.

Pero, estas profecías, tan importantes, no fueron proferidas por Moshé ni por ninguno de los profetas descendientes de Abraham sino por quien, nacido fuera del pueblo de Israel, alcanzó a ver lo que muchos miembros del mismo no verían jamás. Lo que percibió Bilam, no lo vieron los miembros de la generación del desierto. Su “Ma Tovu” es usado por nosotros en el comienzo de nuestras plegarias cotidianas al extremo que al pronunciarlas nos olvidamos de su autor.

De Bilam aprendemos que la profecía no fue conferida con exclusividad al pueblo de Israel, que la revelación proviene de fuente divina y que no se trata de adivinación ni de predestinación. Hay en las profecías que hoy ya no tenemos, un factor subyacente y es que la libre determinación de los individuos acerca de quienes se realiza la profecía, influye en el tiempo y en el modo de su cumplimiento.

“No hubo en Israel, profeta como Moshé – pero sí entre las naciones y fue Bilam” nos dice el Midrash quizás basándose en Rosh Hashaná 21b. ¿Cuál es la diferencia entre las profecías de Moshé y las de Bilam? – Bilam “dice el que oyó los dichos de .A., el que vio la visión del Omnipotente; caído, pero abiertos los ojos” (24:4) Habla con el Señor pero cae. Moshé habla con el Señor y permanece de pie. Habla “panim el panim”. Cara a cara. Bilam se desploma. Sin embargo, no se puede reducir en nada la importancia de ese enemigo de Israel que muy dentro de sí buscó encontrar en la Revelación maneras de colaborar con los designios de Balac de borrar a las hijos de Israel de la faz de la Tierra, aún antes que se conviertan en nación. Bilam fue también poeta, y sus palabras tienen especial sentido estético. Las palabras bien usadas se graban mejor en la memoria y antes que en ella, en los corazones. Es él quien usa el término am – pueblo para referirse al grupo de esclavos redimidos.

“Mas no quiso .A. tu Señor oír a Bilam; y .A. tu Señor te convirtió la maldición en bendición, porque .A. tu Señor te amaba” (Devarim 23:5), nos recuerda Moshé. Quien decide no es el profeta, nos recuerda el visionario por antonomasia. Yehoshúa (24:10) también recuerda a Bilam en su último discurso: “Después se levantó Balac hijo de Tzipor, rey de los moabitas, y peleó contra Israel; y envió a llamar a Bilam hijo de Peor, para que os maldijese. Mas no quiso escuchar .A., tu Señor, a Bilam, por lo cual los bendijo repetidamente, y los libró de sus manos”, dejando en claro en quien se encuentra el poder de bendecir. El profeta Mijá (6:5), no queda indiferente, al decir casi imperativamente “Pueblo mío, acuérdate por favor qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Bilam hijo de Peor, desde Shitín hasta Guilgal, para que conozcas las justicias de .A.”, dando lugar a que algunos sabios vean en sus palabras la orden de recordarlo diariamente, acaso en el Shemá. Y Nejemiá (13:2) dice: “Aquel día se leyó en el libro de Moshé, oyéndolo el pueblo, y fue hallado escrito en él que los amonitas y moabitas no debían entrar jamás en la congregación de .A., por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a Bilam para que los maldijera, mas nuestro Señor volvió la maldición en bendición”.

Tan fuerte fue el impacto de estos versículos que son traídos una y otra vez en la Torá, en los Profetas y en los Quetuvim, pese a ello, al igual que los Diez Mandamientos, quedan fuera de la lectura del Shemá, inclusión que también fuera discutida en su momento.

Dios no autorizó la maldición porque el pueblo estaba bendecido. El pueblo estaba bendecido porque pese a sus errores, continuó guardando aquellos principios que permitieron que, aún contra su voluntad, Bilam deba reconocer que las tiendas de Israel son bellas. Había en ellas pureza. Gozaban de la paz y de la convivencia. De ellas emanaba santidad.

El pueblo de Israel “se agacha como un león, se tiende como una leona: ¿quién lo levantará?” (24:9), cuando .A. lo protege puede estar tranquilo, nadie lo molestará. Se acuesta y se levanta profiriendo las palabras de la fe, el Oye Israel. Cuando los profetas ajenos ven nuestros defectos y nuestras virtudes, debemos creerles más que a los propios, que tantas veces se auto engañan e intentan engañar a sus oyentes, llenándonos de elogios o de acerbas críticas, ni las primeras reales ni las segundas tan amenazadoras como para darles tanto furor.

De las bendiciones y elogios del enemigo, entenderemos que esos eran los puntos que él hubiera deseado socavar pero no pudo porque eran demasiado fuertes, dicen nuestros sabios hace muchas generaciones usando psicologismos puestos de moda muchos siglos después. Bilam, dicen, no toleraba las tiendas de Israel, y a ellas elogia cuando por dentro pide por su impurificación.

No habrá maldición que nos alcance si nuestras generaciones continúan reforzando la santidad de los hogares, la pureza de sus templos.

Aprendamos a contemplarnos sin esperar que el “otro” nos descubra, reforcemos lo bueno, corrijamos los errores, y las maldiciones se convertirán en bendiciones y no habrá quien nos pueda seguir dañando. Aun cuando los profetas nos abandonaron y debemos valernos por nosotros mismos para llegar a la Revelación.


Vivir felices y bendecidos

La Torá en Parashat Balac habla de los intentos realizados por Bilam, un vidente gentil, de poner una maldición sobre Benei Israel por orden del rey moabita. Dios impidió que Bilam pusiera una maldición y obligó a Bilam a bendecir a Benei Israel, en su lugar.

La guemará en Masejet Berajot (7a) discute este episodio, y en un pasaje, explica cómo sucedió que Bilam falló en su búsqueda de maldecir a nuestros antepasados. El poder de Bilam, según los comentarios de la guemará, surgió de su habilidad para determinar el momento preciso en que Dios se enoja cada día. La guemará cita el verso en Tehilim (7: 2), “Ve-Kel zo’eim be-jol yom” – “Levántate, sí, oh .A., en tu cólera; álzate ante los estallidos de furor de los que me muestran hostilidad, y de veras despierta para mí, [puesto que] has dado orden para el juicio mismo”, de lo que entiende que “Dios se enfurece cada día”, y explica que esto significa que hay un momento todos los días cuando Dios está enfadado. Bilam tenía el poder profético para determinar este momento, y así pudo hacer una maldición al declarar su “hechizo” en este momento preciso. Su intento de maldecir a Benei Israel no tuvo éxito, comenta la guemará, porque a lo largo de este período, Dios hizo una excepción a su rutina ordinaria, por así decirlo, y no se enojó.

En medio de esta discusión, la guemará toma nota del hecho de que este momento diario de “zaam” (“rabia, furia, arrebatamiento, arrebato”) es infinitamente pequeño. Una opinión dice que dura solo 1 / 58,888 de una hora, mientras que según otra, dura únicamente el tiempo necesario para decir la palabra “rega” (“momento”).

Al igual que muchos pasajes Agádicos en el Talmud, debemos asumir que hay una capa más profunda de significado subyacente en el texto, y que nuestros Sabios aquí buscaron transmitirnos, como en tantos otros comentarios, lecciones importantes mediante el uso de la metáfora y la alegoría.

Se ha sugerido que la discusión de la guemará pretende enseñarnos que la esencia de una “maldición” es un enfoque excesivo en los momentos diarios de “rabia” que nosotros experimentamos cada día. El concepto de “VeKel zoem bejol yom”, que Dios se enoja cada día, es que todos y cada uno de nosotros experimentamos algún tipo de infortunio, ya sea significativo o trivial, todos y cada uno de los días de nuestras vidas. Ningún día es perfecto, y cada día trae consigo algún desafío, alguna forma de decepción, frustración, angustia o zozobra. Bilam, que personificó la calidad de “ayin raa” (ver a las personas y al mundo con un “ojo malvado”, con negatividad (Avot 5:19)) dominó el arte de centrarse en este momento de nuestra angustia. Una persona está “maldita” cuando su vida se define por los momentos diarios de “zaam”, de fracaso y decepción. Cuando abultamos los contratiempos que experimentamos y nuestras ambiciones frustradas, vivimos vidas “malditas”, vidas de infinita desdicha y desesperación.

Lo opuesto a esta mentalidad “maldita” es la capacidad de reconocer la duración infinitamente pequeña de nuestros momentos de “zaam”. Si vemos nuestras vidas con un “ayin tová – con optimismo” en lugar de un “ayin raa- de pesimismo y desesperanza”, seremos capaces de poner nuestras frustraciones y decepciones en una perspectiva adecuada, y reconocer cuán insignificantemente pequeñas son en relación con las bendiciones en nuestras vidas. La Guemará nos enseña que tenemos el poder de reducir el “zaam” de cada día a una proporción minúscula de nuestra experiencia diaria. Tenemos la opción de permitirle que defina toda nuestra vida, o reconocerla como solo una pequeña porción de una vida feliz, exitosa y satisfactoria. Si bien no podemos negar la realidad de “VeKel zoem bejol yom”, que cada día trae su cuota de desafíos y decepciones, debemos asegurarnos de no seguir el ejemplo de Bilam de centrarse en estos elementos de nuestras vidas, y debemos en lugar de eso, vivir con un “ayin tova” y tratar de poner nuestro “zaam” en la perspectiva adecuada, para que podamos vivir vidas verdaderamente felices y bendecidas.

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