Emor

Nuestra relación con el Otro

Emor, la parashá de esta semana, contiene 63 de las 613 mitzvot de la Torá. Comienza con las reglas específicas para el sacerdocio y se ocupa de las ofrendas sagradas. Un capítulo, -el 23-, describe los días de fiesta incluyendo Shabat, el siguiente, introduce reglas referentes al Tabernáculo y cuenta una historia sobre un hombre que blasfemó, y allí aparecen nuevas normas para esos casos.

El texto es tan rico y variado que es difícil elegir un tópico para tratar. Toda elección es arbitraria. Por ello, quisiera intentar tratar un tema que hoy día tiene mucha actualidad en los países del mundo con población pobre que emigra y aquellos en los que las condiciones económicas son mejores y son los que los reciben, y que no siempre recibe la atención necesaria. Las migraciones entre países provocan discriminación, dolor e incluso muerte, cuando los más necesitados se animan a tomar barcazas inseguras y mueren en alta mar o son muertos por las guardias de las naciones que no los desean.

Comencemos recordando aquella pregunta de Midrash Tanjumá en Vayakel, 8: “¿Por qué la Torá fue concedida en el desierto? –Para decirnos que tal como el desierto pertenece a todas las personas, así las palabras de la Ley son propiedad de todo aquel que desee estudiarla. Nadie puede presentarse y alegar ‘yo son un ben Torá’ (un erudito en las enseñanzas) y la Torá me fue entregada y a mis antepasados, y tú no lograrás nunca el conocimiento de la Ley porque eres extranjero y tus padres no supieron Torá, ya que también ellos eran forasteros. Por eso dice la Torá, que la Ley nos fue ordenada por Moshé, morashá kehilat Yaakov, -heredad de la congregación de Israel- para indicarnos que aquel que se acerca a la congregación (kehilá) de Yaacov, aún los extranjeros que estudian Torá, tienen el mérito del Cohen Gadol (Devarim 33). Es la continuidad del texto “Por tanto, guardarán Mis estatutos y Mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple. Yo soy .A.” que habla del hombre en cuanto ser humano (Vaikrá 19:5). Por ello no nos debe extrañar ya que en Bemidbar 15:15-16 leamos: “En cuanto a la asamblea, un estatuto habrá para ustedes y para el extranjero que reside con ustedes, un estatuto perpetuo por sus generaciones; como ustedes son, así será el extranjero delante de .A.. Una sola ley habrá, una sola ordenanza, para ustedes y para el extranjero que reside con ustedes”. ‘Habrá una misma ley para ustedes; será tanto para el extranjero [guer] como para el residente [ezraj], porque Yo soy .A. su Dios.” (Vaikrá 24:21).

En Baba Kamá, 84 a, aprendimos que la ley debe ser igual para todos. Jizkuni nos comenta acerca el versículo que “tal como debemos demandar por las ofensas sufridas por un residente, debemos hacerlo igualmente por las sufridas por el extranjero…”. Sforno, comenta “tanto para el extranjero como para el residente, porque Yo soy .A. su Dios”, nos dice que es el mismo Dios, el del guer y el del ezraj, que no reconoce el grito contra el menesteroso.

¿Quién es el guer de este versículo? – Bejayie nos explica que la palabra hebrea guer deriva de garguir, -un grano, o una baya- que se ha separado del árbol, y se usa para significar el estado de quien viene de otro país y que se ha separado de su tierra, y que ezraj es como un plantío llevado a cabo muchos años atrás. Pero, la ley debe ser igual para ambos. La aparición del Nombre en este versículo debe leerse, continúa Bejayie, que si así se comportaran, Yo seré su Dios, y si no, se apartarán de la Divinidad, porque negaron lo principal de la misma fe. El exégeta continúa reafirmando que se trata de una norma fundamental, que si no es respetada provoca Jilul .A. –la profanación del Nombre- .

La Torá usa en numerosas oportunidades el vocablo guer: respecto a los judíos cuando fueron esclavos en Egipto; a los egipcios y miembros de otras minorías que eligieron unirse a los judíos durante el Éxodo; a los trabajadores que fueron aceptados como aguateros, y leñadores; a los refugiados que escaparon de la explotación política o económica en las tierras vecinas que eligieron buscar el asilo y reconstruyen sus vidas en la tierra de Israel; huéspedes y prosélitos. A menudo se refiere al guer como necesitado y empobrecido a quien hay que apoyar. La Torá no ahorra acentuar esta ordenanza y así encontramos en Devarim 10:17.19 “Porque .A. su Dios es Dios de dioses y Señor de señores. Es Dios grande, poderoso y temible, que no hace distinción de personas ni acepta soborno. Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y también ama al extranjero y le da pan y vestido. Por tanto, amarán al extranjero, porque extranjeros fueron ustedes en la tierra de Egipto”.

El pueblo que incluyó en sus plegarias el versículo de Tehilim 146:9: “.A., el que guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda levanta; y el camino de los impíos trastorna”, no puede conformarse mostrando solamente compasión y amor, sino que debe proponerse proteger los intereses del guer, absteniéndose de explotar su trabajo y procurando que reciba su salario cuando corresponda. No debemos retener los salarios de un trabajador empleado pobre o indigente, de sus hermanos o de sus extranjeros que estén en su tierra dentro de las ciudades.

Recordemos Devarim 24:14-15 que no olvida al extranjero en esta disposición, “No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habita en tu tierra y en tus ciudades”. “En su día le darás su jornal antes de la puesta del sol, porque es pobre y ha puesto su corazón en él; para que él no clame contra ti a .A., y llegue a ser pecado en ti”. Y pocos versículos más adelante, (17-18) nos ordena no pervertir el juicio al guer, “No pervertirás la justicia debida al extranjero ni al huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, sino que recordarás que fuiste esclavo en Egipto y que .A. tu Dios te rescató de allí; por tanto, Yo te mando que hagas esto”.

Si no fuera suficiente también debemos garantizar al extranjero su descanso, “Seis días trabajarás, pero el séptimo día dejarás de trabajar, para que descansen tu buey y tu asno, y para que el hijo de tu sierva, así como el extranjero renueven sus fuerzas” (Shemot, 23:12).

Si necesitábamos pruebas del alcance de la Torá en los principios que guían las relaciones entre los seres humanos, pudimos comprobar en este extracto de citas, lo que se puede aprender de un versículo escondido entre temas que por lo general son considerados como más importantes. Pero, no es menester esforzarse demasiado para que nuevamente veamos hasta donde la Torá nos ordena cuidar nuestra relación con el “otro”.__

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Ovadia Sforno nació alrededor del año 1475 y murió en Bolonia, Italia en 1550. Estudió Torá, matemática, filosofía y medicina. Compuso un comentario a la Torá a parte de los libros de los profetas, sobre el Cantar de los Cantares, Salmos, Job, Jonás, Habacuc, Zejariá y Eclesiastés. Su conocimiento talmúdico era fuera de lo común al grado que varios de los rabinos más importantes, también askenazíes se dirigían a él en consultas.


Necesitamos que nos repitan las órdenes

Parashat Emor comienza cuando Dios le dice a Moshé que transmita a los cohanim la prohibición de entrar en contacto con un cadáver humano:

“.A. le dijo a Moshé: «Habla con los sacerdotes descendientes de Aarón, y diles que no se hagan impuros por causa del cadáver de alguno de sus parientes, excepto en el caso de algún pariente cercano, como su madre, su padre, su hijo o su hija, su hermano o su hermana”- luego continúa  con otras restricciones impuestas a los cohanim, específicamente, a las mujeres con las que se les permite casarse.

            Observando las expresiones aparentemente redundantes, “Habla con los cohanim” y “Diles“, el Midrash (Vayikrá Raba 26: 5) comenta: “Los seres en el mundo superior, en quienes no se encuentra la inclinación al mal – una sola orden es suficiente para ellos… ¡Pero los seres en el mundo inferior, que tienen una inclinación al mal, difícilmente sean suficientes dos afirmaciones! “La formulación repetitiva de “Emorveamarta“, según el Midrash, refleja el hecho de que los seres humanos, a diferencia de los ángeles, a menudo requieren repeticiones múltiples de un comando antes de que estén dispuestos a cumplir, y aun así, el cumplimiento no está garantizado. Mientras que los ángeles reaccionan de manera inmediata e instintiva a cada orden que se les da, obedeciendo sin renuencia o vacilación, los seres humanos somos insubordinados por naturaleza, y experimentamos una amplia gama de fuertes impulsos e impulsos que deben resistirse en el proceso de observar el mitzvot Y así, para los ángeles, un solo comando basta para obtener la respuesta y el cumplimiento deseados, pero para nosotros, son necesarios múltiples comandos mientras luchamos con nosotros mismos y tratamos de superar nuestra resistencia innata a la sumisión.

            Sin embargo, surge la pregunta: ¿por qué este mensaje se transmite aquí, específicamente en el contexto de las leyes de los cohanim?

            Rav Dovid de Kotzk (Emet Mi-Kotzk Titzmaj, p. 297) explicó que este mensaje es especialmente conmovedor en el contexto de los cohanim, quienes sirvieron como figuras espirituales de la nación. Uno podría haber asumido que mientras la gente común requiere el doble comando de “emor” y “veamarta“, mientras luchamos con nuestros impulsos e instintos, los cohanim, los oficiales sagrados en el Templo de Dios, se parecen a los ángeles y responden de inmediato, sin ninguna reticencia a cada orden.

El Midrash viene a enseñarnos que incluso los cohanim requieren “emor” y “veamarta”, que incluso aquellos que han alcanzado la grandeza espiritual deben luchar. Como seres humanos, somos incapaces de cumplir nuestras obligaciones religiosas con el cumplimiento instintivo de los ángeles celestiales. Todos nosotros, independientemente de cuánto crezcamos y logremos, enfrentamos los desafíos que nos presenta el yetzer hará, y por lo tanto, todos nos sentiremos renuentes, incluso si estamos sinceramente comprometidos a obedecer los mandatos de Dios.

La lucha de “emor veamarta” es endémica de la condición humana, y siempre será una parte integral de la vida religiosa. Y la Torá, por lo tanto, enfatiza específicamente en el contexto de las leyes especiales de los cohanim, la elite espiritual de la nación, que la observancia no siempre es fácil, ya menudo está llena de obstáculos y luchas difíciles.


La obligación de ayudar al pobre y al extranjero

A la finalización del mandato de festejar Shavuot, que se asocia con la entrega de la Torá, aparece este mandamiento: “Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás”. ¿Acaso no parece racional, que ayudemos al pobre y al extranjero sin necesidad que la Torá nos lo ordene? A principios del siglo XX el mundo creía que la mente racional llevaría a realizar actos racionales y significativos, tales como la protección de los necesitados. Sin embargo, esa mente creó el terror irracional e inhumano del Holocausto y los genocidios en Ruanda, Bosnia y Darfur. La mente racional permite hacer caso omiso de los necesitados que están justo delante de nuestras narices y de los miles de niños que van a la cama con hambre cada noche en nuestros países.

Para observar Shavuot, la fiesta que conmemora la entrega de la Ley, debemos obedecer el mandato de proteger al necesitado, porque sin caridad y compasión no podremos proclamar que renovamos la recepción de la Torá. La Torá nos recuerda prestar atención a lo que parece ordinario, mundano e instintivo y no sólo a las mitzvot que podríamos calificar de incomprensibles para nuestra razón. La persona que ha construido un muro alrededor de sí mismo no puede celebrar Shavuot, o cualquier festividad, como una santa convocación. Debe romper esa pared para conectarse con .A. y su comunidad. Despedazar la muralla que construyó su ego, es descubrir el punto débil de la compasión divina que se encuentra en lo profundo de cada uno. Si eso sucede, entonces seremos capaces de tener compasión no sólo por nosotros mismos, sino también por otros. Entonces podremos unirnos como una comunidad santa, a todos los judíos y a toda la humanidad para recibir la Torá.

El versículo está colocado exactamente en ese lugar para que lo recordemos.

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