Shabat Hagadol

REPAREMOS LAS FALTAS QUE CONDUCEN A LA SERVIDUMBRE

Querido hermano, querida hermana, ¡Shalom desde Israel!

El Talmud en Shabat 10b enseña que la animadversión a Yosef, provocada por la preferencia de Yaakov por él, llevó a sus hermanos a odiarlo tan intensamente que decidieron dañarle y que esa fue la causa última que provocó la esclavitud de los judíos en Mitzraim.  

Rashí en Bereshit 49:5 dice: “Shimón y Levi fueron hermanos en el complot contra Shjem y contra Yosef: “se decían uno a su hermano: ‘venid, matémosle y echémosle en un pozo cualquiera, y diremos que algún animal feroz le devoró” (Bereshit 37:19-20) basado en Midrash Tanjuma, Vayejí 9.

Si no hubiera sido por Yehudá que “dijo a sus hermanos: ‘¿Qué ganancia habría en caso de que matáramos a nuestro hermano y encubriéramos su sangre?” (Ib. Ib., 26), lo hubieran matado.

El Talmud describe la venta de Yosef, como la “pesik reisha“, una acción que normalmente se permitiría, pero que causará definitivamente un efecto secundario no deseado, una gestión que estaría prohibida, y en este caso, hizo inevitable el cumplimiento de la profecía de la esclavitud del pueblo judío. Esa acción, nos condujo al punto de no retorno. A partir de él ya fue demasiado tarde para evitar la esclavitud. El odio entre hermanos, que muchos años después produjo la destrucción de Yerushalaim y el exilio, nos arrastró a la servidumbre y al sometimiento.

Todos sabemos cómo continuó la acción hasta que llegamos a Bereshit 42:24 que enseña que Yosef “se apartó de su lado y lloró; y volviendo donde ellos tomó a Shimón y le hizo amarrar a vista de todos.” Este acto sirvió como la reparación y enmienda por el papel que Shimón había tenido contra Yosef.

Levi se unió a Shimón, pero en realidad no empujó a Yosef al pozo. Tampoco protestó para cambiar el curso de la acción. Moshé ben Amram, hijo de Quehat, hijo de Leví, se convirtió en príncipe, pero cuando vio a un egipcio lesionando a un judío, lo salvó. Por ello su vida cambió totalmente y se convirtió en un forajido que tuvo que huir al exilio. Pudo haber ignorado lo que vio y nadie se hubiera percatado, pero, al actuar proactivamente, subsanó la falta de su bisabuelo Leví. Salvó la vida de un hermano poniendo en peligro la propia.

Los dos hermanos repararon sus faltas y el odio ancestral a Yosef, cada uno a su manera. Shimón queda en prisión amarrado hasta que los otros hermanos llevasen a Biniamin a Egipto. Moshé, ocupando el lugar de Leví, lo redime por su acción, sacando al pueblo de Israel de la esclavitud.

Las faltas cometidas por el odio, se remedian y dispensan por el amor. El arrepentimiento sincero, es el ingrediente que años después permitirá liberar a los hijos de Israel de la esclavitud a la que ingresaron por su propia responsabilidad.

Cuando estamos en vísperas de Shabat Hagadol, podemos tratar de imitar la reparación a la incorrección del odio, para volver a salir del encierro y de la oscuridad. Shimón y el nieto de Leví nos pueden inspirar para otros modelos de solidaridad y sostén.

Notemos como los médicos y los paramédicos arriesgan su vida y permanecen atados a sus pacientes sin poder regresar a ver a sus familias hasta que el último enfermo se sane.

No quedemos indiferentes cuando asesinos en potencia no se protegen del contagio y así transmiten el virus a sus familias y al resto de la población. Denunciémoslos.

Custodiemos a los ancianos que están aislados. Adoptemos una abuela y un abuelo para llamarles por teléfono y veamos sus rostros por los medios técnicos, así enjugaremos sus lágrimas y les arrancaremos una sonrisa de esperanza. Alentemos a los enfermos hasta su total sanación, cumpliendo la mitzvá de Bikur Jolim.

Repartamos a quienes se han quedado sin trabajo y consiguientemente sin alimento o techo lo que podamos.

Estudiemos Torá a distancia buscando una o dos parejas y compartamos el material toraní tan hermoso que recibimos, a los amigos. Cuidemos de nuestro alimento espiritual.

Busquemos a las personas con las que no hemos mantenido contacto el último tiempo para renovarlo.

Hagamos las paces con quiénes nos hemos disgustado. Contribuyamos a curar las heridas del resentimiento en los grupos a los que pertenecemos.

Adoptemos algún proyecto de beneficencia comunitario ahora que muchos no pueden seguir arrimando el hombro como siempre lo hicieron. Hagamos realidad concreta y tangible el Col Dijfin Ietei VeIejul (que venga todo aquel que tenga hambre), para que su texto no quede huérfano.

Revisemos nuestros hogares y nuestros corazones para llegar a Pesaj en las mejores condiciones espirituales, sin residuos de Jametz, ni material ni espiritual.

El korbán Pesaj -la Ofrenda Pascual-, es la única que se toma para toda la familia, pero no se puede dedicar en altares privados sino en públicos, combinando nuestra función familiar con la nacional. No lo olvidemos, este Pesaj en el que nos veremos privados de compartir con los parientes y con la comunidad.

Hagamos de este Shabat Hagadol un día de elevación espiritual. Preparémonos para apreciar de corazón el valor de la libertad.

No te rindas

¡No te rindas! ¡No te dejes vencer! ¡No cedas! ¡No aflojes! ¡No capitules! ¡No sucumbas! ¡No te doblegues! Ese fue el encargo que Moshé insufló a nuestros abuelos cuando debían cruzar el mar para salir de Mitzraim en el instante en el que sus ilusiones y esperanzas casi se esfumaron cuando vieron que el ejército egipcio que los perseguía había cortado distancias.

La Torá en Shemot 14:13-15 trae lo que Moshé le dijo al pueblo: «No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que .A. os otorgará en este día…, El SEÑOR peleará por vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos”. Y en ese momento, el SEÑOR le dijo a Moshé: « ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha.” Al tener fe y avanzar, incluso yendo directamente hacia el mar, presenciaron el asombroso milagro de las aguas que se separaban ante sus ojos.

Estas palabras resuenan hoy como si nos las hubieran dicho directamente a todos quienes nos encontramos acosados por el enemigo infinitesimal e invisible que asuela a la humanidad toda, sin distinción.

En nuestras propias vidas, nos sentimos abrumados por luchas y deslices, por carencias y fracasos. En esos momentos nos parece que no tenemos salida. Pero, impensadamente, descubrimos que nuestra fe nos ayuda siempre a encontrar una escapatoria y nos permite sacar fuerzas de flaquezas, maximizando los exiguos recursos disponibles, cuando de lo poco que posees haces algo vigoroso para que te permita afrontar la situación.

En lugar de revolcarnos balbuceantes y azorados en nuestras dificultades, debemos seguir avanzando, paso a paso, incluso si no tenemos idea de cómo lograremos la solución.

El éxito depende de .A. que le dijo a Moshé: ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha”. Está en nuestras manos hacer lo que debemos, de la mejor manera que podamos, si nos ponemos en marcha.

Cada día es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad para superar desafíos.

Nunca te rindas.

Ninguna situación es tan desesperada como una nación esclavizada por cientos de años, con raciones medidas, separados los unos de los otros en un gran presidio que era más una jaula que una cárcel, corriendo el riesgo de ahogarnos, mientras nos perseguía un enemigo implacable.

Así como .A. nos liberó de la esclavitud, también Él puede liberarte de tus dificultades.

Con fe en tu corazón, una oración en tus labios y una firme determinación, como los judíos que salieron de Egipto, podrás presenciar milagros y ver la libertad y la sanación.

Lo que tenemos que hacer es mucho menos que lo que hicieron nuestros antepasados: lavarnos muy bien las manos, evitar acercarnos a personas u objetos que nos pueda contagiar, aplicar las disposiciones de las autoridades sanitarias, elevar las plegarias al Todopoderoso para que ayude a los enfermos a curarse total y prontamente.Y prepararnos para salir de la estrechez de Mitzraim en la que nos encontramos.

Shabat Hagadol

E l Shabat anterior a Pesaj es llamado Shabat Hagadol – el gran Shabat-, porque en él ocurrió el gran milagro, relatado en Exodo 12: 3: “el día décimo de este mes ustedes tomarán un cordero por familia, uno por cada casa”. La cuenta es fácil. Los judíos salieron de Egipto un jueves, por lo que el 10 de nisán fue Shabat, y en ese día tomaron un cordero y lo ataron a los pies de sus camas. Los egipcios preguntaban: ¿Por qué hacen eso? Y les contestaban que para faenarlo para Pesaj, porque .A. nos los ha ordenado. Y los hombres de la gran potencia de esa época, acostumbrados a ver a los judíos sometidos, se mordían los labios, porque les anunciaban el sacrificio de uno de sus símbolos impolutos, pero no sólo nada pudieron hacer para evitarlo, ni siquiera se animaron a protestar. Eso aprendemos del Oraj Jaim, dándonos esa razón para titular a ese Shabat milagroso como grande en particular. Bendito sea .A., -decimos en nuestras oraciones-, “que nos ha creado para Su honor y nos ha alejado de quienes se descarrían, que nos ha dado la Torá de verdad” en la que aprendemos que Él conduce el mundo por dos vías, según nuestra capacidad de entenderle. Un mundo natural y otro sobrenatural. Difícilmente estamos capacitados para acercarnos a descifrar al mundo de la naturaleza, pero, tenemos pretensiones de comprender el otro e interpretarlo. Como que no podemos renunciar a la omnipotencia de creernos ser como dioses, mientras nos comportamos como menos que humanos –todos sus actos, (de los humanos) no son más que vanidad, y a Tus ojos, todos los días de la vida de aquéllos nada significan. Por lo demás, la ventaja del hombre respecto de la bestia es, en definitiva, nada, puesto que todo es vanidad-, decimos en la oración matinal. Pero, volvamos al Gran Shabat, ese en el que solemos repasar las halajot de Pesaj, ese en el que el maestro debe reunir a su asamblea de fieles y discípulos para enseñarle que no se equivoque con las normas del apartado del jametz en los días de Pesaj. Pero, si el milagro ocurrió como bien lo dice la Torá el 10 de nisán, ese debería ser el día a recordar independientemente del día en la semana con el que coincida, tal como ocurre con todas las festividades. ¿Por qué recordamos el día de la semana y no el día calendario? ¿Por qué no hay un Gran 10 de nisán y si un Gran Shabat? Nuestros padres no sabían lo que significaba la libertad. Se habían olvidado de ser libres con tantos años de servidumbre. Estaban sumergidos en el fango de la esclavitud y de la sumisión. Prisioneros de los trabajos forzados a los que eran sometidos, al grado que ya no percibían que se podía vivir de otra manera. Estaban en el extranjero, alejados y enajenados de su propia identidad, exiliados sin poder levantar sus cabezas. Carentes de derechos, incapaces de exigirlos. Moshé que se había criado en el palacio, sabía mejor que sus hermanos el significado de la libertad. Moshé, que había tenido la revelación de la zarza ardiente, comprendía que .A. deseaba liberar al pueblo, aún contra la voluntad de quienes preferían ser esclavos placenteros y que les daría el Shabat para poder emanciparse. La navaja que cortaría las cuerdas que los amarraban a la esclavitud, a la comida de los egipcios y a su trabajo incansable, era el Shabat. El gran Shabat.

Según el Midrash Shemot Rabá, fue Moshé, quien, al ver el sufrimiento del pueblo cautivo en manos de otros esclavos, se dirigió a Faraón y le dijo: “Si no les concedes un día de descanso hebdomadario, se mueren. Entonces le dijo: Ve y hazles como tú dices. Y fue Moshé y constituyó un día para el descanso”. Fue el Shabat el que provocó la liberación. Sin él, nuestros antecesores no hubieran salido de Egipto. Por eso es grande. Por eso el Shabat nos recuerda la salida de la esclavitud. La simboliza, la evoca, la consagra, la propone para una vida mejor. Y hoy, nos sigue entrenando, a quienes pueden liberarse en la dura tarea de ganar la libertad cotidiana. Ese Shabat, el 10 de nisán, los esclavos levantaron su cabeza y pusieron en peligro sus vidas, al atentar contra uno de los símbolos de la fe de los egipcios. Lo que les liberó fue esa fe en la que confiaron en .A., en Moshé su enviado, y en ellos mismos. No fue atar el cordero al pie de sus camas, sino lo que había tras esa acción. “A Sión llegará el redentor, y a aquellos que regresen de sus faltas en Yaacov” (Ieshayahu 59:20). ¿Cuándo llegará el redentor? – cuando se pueda devolver lo que le fue sustraído al hermano Yaacov. Ello será posible cuando esos hijos de los esclavos liberados y manumisos puedan liberarse del odio al prójimo que es el resultado de su falta de fe. La devolución y el arrepentimiento son posibles cuando se recupera la fe. Cuando no hay convicción, se puede suponer que el otro se enriquece a nuestra cuenta y le celamos y odiamos. Cuando la guemará en Iomá 9b, nos dice que el Segundo Templo en cuyo tiempo se estudiaba Torá, se consagraban al servicio y a la solidaridad social, fue destruido porque había odio infundado, nos indica que el estudio por si mismo y el Servicio Divino, e incluso la solidaridad, y la mutualidad, no fueron suficientes para evitar el odio gratuito, capaz de producir la destrucción y ello. ¿Por qué?, porque esa generación carecía de la fe suficiente en el Creador como para comprender que Él es quien maneja y supervisa todo. Es el que reparte y concede. No alcanza por lo visto con el cumplimiento mecánico y formal de los mandamientos, cuando los corazones están incircuncisos. Ello no es suficiente para evitar la crisis y la destrucción. El Shabat de Egipto nos convoca al amor a .A. del que derivará el amor al prójimo. Y cuando la guemará en Shabat 111 b, nos dice que “si los hijos de Israel guardaran dos sábados completos, serían re- dimidos inmediatamente”, nos dan la fórmula para dos reparaciones que nos permiten la redención. La una, que nos descubrirá hasta donde, también en nuestra época de aparentes libertades, seguimos hundidos en el fango de la esclavitud complaciente: la que nos encadena por propia decisión al grado de haber perdido toda proporción con los verdaderos valores de la vida. Aún estamos en espera que de una nueva redención que se dirija a nuestras conciencias para darnos un nuevo Shabat en el que descubramos la libertad para poder luchar contra otras esclavitudes. La otra, que nos permita que a través del amor a .A. lleguemos al amor gratuito para poder reparar el odio que nos causó la pérdida de la independencia, de la libertad y de la Tierra. Así pues, lo que hubo tras el 10 de nisán fue nada más y nada menos que el Shabat. Por ello, no recordamos el 10 de nisán sino el Shabat. Por ello es grande. Sin él, no podemos llegar al seder, ni podemos sentarnos a las mesas inclinados sobre los almohadones de los hombres libres. Ni beber con fruición las copas de la liberación. Antes que nada necesitamos practicar nuevamente lo aprendido en aquel Shabat Hagadol. Eso es lo que tenemos que recordar también en éste. 

2 comentarios

  1. El reto es reproducir el shabat hagadol a cada shabat y vivir profundamente cada shabat para reproducirlo el resto de la semana, quizás, ensoñarlo e inspirarse para seguir más profundamente la Torá en todo momento.

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  2. Siempre es bueno tratar de reparar y con los años de vida, hay más cosas que enmendar y reflexionar. Ser conscientes de no contagiar y ver cómo no es tan grave lo que se nos pide. Mirarnos de fuera y levantarnos! BH! Gracias mi Rav

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