Tetzavé

Las prendas sacerdotales

Leemos en nuestra parashá una descripción detallada de la ropa de los cohanim:

“Y tienes que hacer prendas de vestir santas para Aharón tu hermano, para gloria y hermosura.  Y tú mismo has de hablar a todos los que son sabios con un corazón que yo he llenado del espíritu de sabiduría, y ellos tienen que hacer las prendas de vestir de Aharón para santificarlo, a fin de que me haga trabajo de cohen. ”Y estas son las prendas de vestir que harán: un pectoral, y un efod y una vestidura sin mangas y un traje talar de obra escaqueada, un turbante y una banda; y tienen que hacer las prendas de vestir santas para Aharón tu hermano y para sus hijos, para que él me haga trabajo de sacerdote. Y ellos mismos tomarán el oro y el hilo azul y la lana teñida de púrpura rojiza y la fibra escarlata carmesí y el lino fino…” (Shemot 28: 2-5).

Nuestra parashá establece que cada prenda del cohen debe ser hecha por expertos artesanos y creada con los mejores y más hermosos materiales. La ropa especial, distingue a un cohen y les sirve como constante recordatorio de sus sagrados deberes y responsabilidades y la importancia del servicio. Del mismo modo, la ropa que la gente usa hoy refleja sus funciones. Por ejemplo, reconocemos a un oficial de policía que ha llegado a simbolizar la ley y el orden, y asociamos una bata hospitalaria con la profesión médica.

La forma en que un individuo viste proyecta una imagen o manifiesta muchas características sobre esa persona. Cuando realizamos un trabajo especial, a menudo nos vestimos de una manera que nos refleja. En última instancia, sin embargo, lo que es más importante que la prenda es la persona que la lleva puesta. Los cohanim tenían deberes específicos y sagrados para llevar a cabo. Debían realizarlos de la manera correcta y con santidad. Si se desviaban de las instrucciones que les fueron dadas como Nadav y Avihú dos de los hijos de Aharón, eran castigados (Vaikrá 10: 1-2). Aunque Nadav y Avihú usaron la ropa adecuada, no se comportaron correctamente. 

Por lo tanto, mientras que la ropa ayuda a una persona a proyectar la imagen adecuada, son sus acciones las que determinan si él o ella han cumplido su rol de manera apropiada. Sin embargo, lo que una persona usa, importa. Pero quién es una persona debajo de la ropa es aún más importante que cómo se ve. Aharón y sus hijos debían ser tan santos como la ropa que usaban para cumplir con sus responsabilidades como sacerdotes.

“Pero .A. dijo a Samuel: “No mires su apariencia ni lo alto de su estatura, [de Eliav, hijo mayor de Yishai] porque lo he rechazado. Porque no de la manera como el hombre ve [es como Dios ve], porque el simple hombre ve lo que aparece a los ojos; pero en cuanto a .A., él ve lo que es el corazón”. (I Shmuel 16: 7)

Cuando la disonancia entre la vestimenta y el usuario es palpable, si no se comporta como se muestra. Estamos en un grave problema que puede llevar al Jilul Hashem si se trata de personas que ejercen funciones públicas o comunitarias.

Si la realidad es como dice .A. a Shmuel, ¿por qué hay tanto énfasis en esta parashá sobre los detalles de la vestimenta sacerdotal? Porque es esencial que el sacerdote sea tan santo como las vestiduras que usa y cada uno de nosotros, debe asegurarse que nuestro interior coincida con nuestro exterior y procedamos a desenmascarar a aquellos que con su conducta vuelven indignas sus ropas.


Cohen y Naví

  Basamos el comentario de esta semana en un brillante artículo escrito hace años por el rav Yaakov Tzvi, más conocido como Jonathan Henry Sacks, que enriquece el pensamiento de nuestro pueblo.

El rav Sacks hace, a propósito de esta parashá, la distinción entre las funciones del cohen y el nabí, a pesar de que algunos profetas, como Yejezkel, eran también sacerdotes.

1 – El papel del sacerdote era dinástico, el del profeta carismático. Los sacerdotes eran los hijos de Aarón. La paternidad no tenía importancia en el profeta. Los propios hijos de Moshé no lo eran.

2- El sacerdote llevaba ropas de oficio. No había uniforme oficial para el naví.

3- El sacerdocio era exclusivamente masculino; No así la profecía. El Talmud enumera a siete mujeres profetas: Sara, Miriam, Devorá, Janá, Abigail, Juldá y Esther.

4- El papel del sacerdote no cambió con el tiempo. Había un calendario anual preciso de sacrificios que no variaban de año en año. El profeta, por el contrario, no podía saber cuál sería su misión hasta que Dios se le revelara. La profecía nunca fue una cuestión de rutina.

5 – Como resultado, el profeta y el sacerdote tenían diferentes sentidos de tiempo. El tiempo para el sacerdote era lo que era para Platón: la “imagen en movimiento de la eternidad”, una cuestión de eterna recurrencia y retorno. El profeta vivió en el tiempo histórico. Su hoy no era lo mismo que ayer y mañana sería diferente de nuevo. 

6 – El sacerdote era “santo” y por lo tanto separado del pueblo. Tenía que comer su comida en un estado de pureza, y tenía que evitar el contacto con los muertos. El profeta a menudo vivía entre el pueblo y hablaba un idioma que entendía. 

7 – Las palabras clave para el sacerdote eran tahor, tamé, kodesh y jol: “puro, impuro, sagrado y secular”. Las palabras clave para los profetas fueron tzedek, mishpat, jesed y rajamim, “justicia, amor y compasión”. No es que los profetas estuvieran preocupados por la moral mientras los sacerdotes no lo eran. Los cohanim piensan en términos de un orden moral incrustado en la estructura de la realidad, a veces llamada una “ontología sagrada”. Los profetas tendían a pensar no de las cosas o actos en sí mismos, sino en términos de relaciones entre personas o clases sociales.

8 – La tarea del cohen fue el mantenimiento de los límites. Los principales verbos sacerdotales son lehavdil y lehorot, para distinguir una cosa de otra y aplicar las reglas apropiadas. Los sacerdotes daban juicios, los profetas advertencias.

9 – No hay nada personal sobre el papel de un cohen. Si uno – incluso un Sumo Sacerdote – era incapaz de oficiar en un servicio dado, otro podría sustituirlo. La profecía era esencialmente personal. Los sabios dijeron que “ningún profeta profetizó en el mismo estilo” (Sanedrín 89 a). Cada profeta tenía una voz distintiva.

10 – Los cohanim constituyeron el “establishment” religioso. Los profetas, al menos aquellos cuyos mensajes han sido eternizados en Tanaj, no eran el anti-establishment, crítico de los poderes.

Los roles del cohen y
naví variaron con el tiempo. 

Los cohanim oficiaban en el servicio del Templo. Pero también eran jueces. La Torá dice que si un caso es demasiado difícil de ser tratado por el tribunal local:

“Vayan a los cohanim, a los levitas, y al juez que está en el cargo en ese momento. Preguntadles y ellos te darán el veredicto “(Devarim 17: 9).

Moshé bendice a la tribu de Leví diciendo que “enseñarán tus ordenanzas a Yaacov y tu Torá a Israel” (Devarim 33: 10), sugiriendo que también tenían un papel educativo.

Malají, un profeta del Segundo Templo, dice:

“Porque los labios del cohen han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de .A. de los ejércitos.” (Malají 2: 7). El cohen era el guardián del orden social sagrado de Israel.

Sin embargo, está claro en el Tanaj que el sacerdocio estaba expuesto a la corrupción. Hubo momentos en que los cohanim aceptaron sobornos, otros cuando comprometieron la fe de Israel y eran idólatras. A veces se involucraban en la política. Algunos se mantenían como una élite distinta y desdeñosa hacia el pueblo en su conjunto.

En esos momentos, el naví se convertía en la voz de Dios y en la conciencia de la sociedad, recordando al pueblo su vocación espiritual y moral, invitándolos a regresar y arrepentirse, recordando a la gente sus deberes para con Dios y sus semejantes.

El sacerdocio se volvió masivamente politizado y corrompido durante la época helenística, especialmente bajo los seléucidas en el segundo siglo a.e.c. Los Sumos Sacerdotes helenizados como Jasón y Menelao introdujeron prácticas idolátricas, incluso en una etapa, a una estatua de Zeus en el Templo. Esto provocó la revuelta interna que llevó a los acontecimientos que recordamos en la fiesta de Janucá.

Sin embargo, a pesar de que el iniciador de la revuelta, Matitiahu, era un cohen justo, la corrupción resurgió bajo los reyes asmoneos. La secta de Cumrán que conocemos a través de los Rollos del Mar Muerto, era particularmente crítica al sacerdocio en Jerusalén y no le faltaron razones.

Es sorprendente que los sabios trazaran su ascendencia espiritual a los profetas, no a los sacerdotes (Avot 1: 1).

Los cohanim eran esenciales para el antiguo Israel. Dieron su estructura y continuidad, sus rituales y rutinas, sus fiestas y celebraciones a la vida religiosa. Su tarea era asegurar que Israel seguía siendo un pueblo santo con Dios en su centro. Pero eran el establishment y, al igual que todos, en el mejor de los casos eran los guardianes de los más altos valores de la nación, pero en el peor, se depravaban, usando su posición para aumentar su parte en el poder y participando en la política interna para obtener ventajas personales. Ese es el destino de los que son asociados del poder, especialmente aquellos cuya función les permite hacerles favores.

Por eso los profetas eran esenciales. Eran los primeros críticos sociales del mundo, ordenados por Dios a decir la verdad al poder. Todavía hoy, para bien o para nada, ciertos funcionarios religiosos se asemejan al sacerdocio de Israel. ¿Quién, sin embargo, son los profetas de Israel en el tiempo presente? pregunta el rav Sacks.

La lección esencial de la Torá es que el liderazgo nunca puede confinarse a una clase o rol. Siempre se debe distribuir y fragmentar. En el antiguo Israel, los reyes trataban con el poder, los sacerdotes con la santidad y los profetas con la integridad y la fidelidad de la sociedad en su conjunto. En el judaísmo, el liderazgo es menos una función, que un campo de tensiones entre los diferentes roles, cada uno con su propia perspectiva y voz.

El liderazgo en el judaísmo es un contrapunto, una forma musical definida como “la técnica de combinar dos o más líneas melódicas de tal manera que establezcan una relación armónica manteniendo su individualidad lineal”.

Es esta complejidad interna la que da al liderazgo judío su vigor.

El rav Sacks cree que el liderazgo debe ser siempre así. Cada equipo debe estar formado por personas con diferentes roles, fortalezas, temperamentos y perspectivas que deben estar siempre abiertos a la crítica y estar siempre en alerta contra el pensamiento grupal. La gloria del judaísmo consiste en su insistencia de que sólo en el cielo hay una voz dominante. Aquí en la tierra nadie puede tener el monopolio del liderazgo. Fuera del choque de perspectivas – rey, cohen y naví – llega algo más grande que cualquier individuo o rol podrían lograr.

Y yo, humildemente, agrego, que para que ello pueda ser logrado, exige a la mayoría silenciosa, la que reprueba los malos manejos y la descomposición,   hacer oír su voz y no quedarse con los brazos cruzados, aportando únicamente sus lamentos y sus quejas silenciosas. Esta conducta de nada servirá para cambiar lo que urgentemente debe ser corregido.


Las piedras preciosas

Esta parashá continúa directamente Trumá, por ello, no hace falta que aparezca el nombre de Moshé. Dado que Moshé no tuvo que donar para el Mishcán, en nuestra parashá es invitado a brindar al tabernáculo su espiritualidad. Lo primero es conseguir el aceite que pueda iluminarnos con su luz y alegrarnos los corazones. Y de allí hasta siempre entendemos que el servicio divino debe hacerse con alegría como dice Mishlé 27:1 “El perfume y el incienso alegran el corazón”

Parashat Tetzavé nos dice que en la segunda fila de las piedras preciosas en el pectoral usado por el Sumo Sacerdote había una llamado “Yahalom” (Shemot 28:18). Los comentaristas difieren en cuanto a la identificación de esta joya, pero en el transcurso del tiempo el nombre Yahalom ha sido irrevocablemente ligado con el diamante.

Este tema nos permite reflexionar un poco sobre el destino de nuestro pueblo, que debió buscar en los largos años del exilio distintas profesiones, empujado más por las persecuciones que por su decisión autónoma. Nos perseguían, nos empujaban a encontrar trabajos para apenas subsistir y cuando lo lográbamos comenzaban campañas para despojarnos de los logros. La envidia y el antisemitismo larvado, tanto hace siglos como hoy surgen en Europa y las consecuencias las vemos hoy día.

En el siglo XVI los comerciantes de la comunidad de anusim en Portugal viajaban hacia el norte de Europa y algunos llegaron a Amberes, todavía bajo el dominio español, pero donde la opresión religiosa que sufrían, era menor que la que caracteriza la Península Ibérica. Más refugiados llegaron a los Países Bajos (Holanda), que se había rebelado contra España en la década de 1570, logrando una mayor libertad. Cuando el gobierno español en Amberes se dio cuenta durante la segunda mitad del siglo XVI, que los marranos estaban observando en secreto los preceptos del judaísmo decidieron expulsarlos, pero se encontraron con la oposición de las autoridades municipales por que no deseaban perder los beneficios que obtenían de su trabajo.

Los éxitos comerciales de los marranos en Holanda fueron muy importantes. El ritmo acelerado del comercio dio lugar a una demanda para el desarrollo de la industria local de procesamiento de los diamantes. Esta necesidad aumentó en el siglo XVII, cuando pulidores de diamantes cristianos emigraron desde Amberes a Ámsterdam y los judíos aprendieron la técnica de pulido de diamantes de los artesanos cristianos. 

Poco a poco, los judíos asquenazíes, que comenzaron a llegar a Ámsterdam durante el curso del siglo XVII, también entraron al comercio de diamantes, como pulidores, y como comerciantes. Cuando los judíos consiguieron progresar en ese ramo, nuevo para ellos, en 1784 los pulidores de diamantes cristianos intentaron crear un ” alianza de pulidores de diamantes” que podría impedir la participación judía forzando de este modo que los judíos quedaran fuera de la industria. Sin embargo las autoridades municipales de Ámsterdam rechazaron su petición.

En el año 1865 la industria del diamante en Ámsterdam empleaba alrededor de 1.400 trabajadores, la mayoría de ellos judíos. Durante ese tiempo se habían producido grandes fluctuaciones en la rentabilidad de la industria, con un desempleo generalizado particularmente durante la década de 1860. Sólo en ese momento las cosas mejoraron.

Entre los años 1867 y 1870 fueron descubiertos las minas de diamantes en Sudáfrica y debido a las relaciones especiales existentes entre Holanda y Sudáfrica la industria del diamante holandés disfrutó de un crecimiento sin precedentes (“la era del Cabo”, llamada así por el cabo de Buena Esperanza). Inicialmente, los trabajadores ganaron sueldos de proporción legendaria, pero hacia 1875 surgieron nuevas crisis – y los niveles salariales se hundían bruscamente.

Estos acontecimientos provocaron que los trabajadores de diamantes holandeses fueron los primeros en expresar un fuerte sentido de la conciencia social. Más tarde, el sindicato de trabajadores de diamante   se convirtió en la piedra angular del Partido Socialista holandés y su líder, Henri Volk, fue una de las figuras más importantes en el movimiento socialdemócrata en Holanda  (ingresó al parlamento y era un partidario del Sionismo). Los comerciantes que operaban a pequeña escala fueron empujados fuera del mercado en un tiempo muy corto, y los grandes capitalistas   formaron un consorcio con sede en Londres (1890).  

Antes del Holocausto todavía había 3000 trabajadores de diamantes judíos en la ciudad, así como una serie de grandes casas de pulido. 

  Después que Bélgica obtuviera su independencia en 1830 varios pulidores de diamantes de Ámsterdam se establecieron allí.  La inmigración judía de Europa del Este   después de los pogromos de la década de 1880, y una política de promoción industrial adoptada por el gobierno municipal de Amberes y la crisis en Holanda provocó un despertar en la industria belga del diamante. Durante la Primera Guerra Mundial, cuando muchos judíos belgas huyeron a Holanda después de la conquista alemana de su propio país una vez más, Amberes se convirtió en un importante centro del diamante en el que los judíos han jugado un papel significativo.

La ocupación nazi de Holanda y Bélgica, obviamente, daño seriamente a la industria del diamante en ambos países, aunque los nazis inicialmente dieron un margen de maniobra para la actividad continuada de la industria debido a su necesidad de diamantes (principalmente para la industria). Sin embargo, varios de los comerciantes de diamantes de Amberes lograron escapar y sacar de contrabando cantidades de mercancía justo a tiempo – a los Estados Unidos y otros países.

Durante 1930, judíos expertos en el pulido de diamantes llegaron a la tierra de Israel y comenzaron a desarrollar la industria local en una escala muy limitada. De este modo, sentaron las bases de la industria de pulido de diamantes en Israel que creció de forma espectacular después de la creación del Estado.

Leer la parashá detenidamente a veces nos lleva a asociar situaciones históricas, sociales y económicas a las que llegamos sin proponérnoslo.


La placa dorada del cohen

El Tzitz – la placa dorada llevada por el cohen gadol – trajo expiación por “la iniquidad de las ofrendas sagradas que ofrecen los israelitas” (28:38). La Guemará (Yomá 7a) explica que el tzitz proporcionó expiación para situaciones en las que los sacrificios se hicieron temeim (ritualmente impuros). La Torá prohíbe ofrecer en el altar sacrificios que se habían convertido en tamé, y el tzitz sirvió para traer expiación por violaciones de esta naturaleza.

            En otras partes (Zevajim 88a, Arajin 16a), sin embargo, la Guemará señala una función diferente del tzitz – expiar el azut panim, o comportamiento descarado, una falta de sentido de vergüenza. El descaro se refiere a menudo como “azut metzaj” – insolencia, atrevimiento, impertinencia, desvergüenza, cinismo, una característica que se expresa en la frente de uno – y así el tzitz, que fue llevado en la frente, para expiar por la transgresión.

 Surge la cuestión de la conexión entre el azut panim y las violaciones del tumat kodashim (la impureza de los sacrificios a través de la impureza). La Torá declara explícitamente que el tzitz sirve para expiar el mal manejo de los sacrificios. ¿Cómo, entonces, puede la Guemará comentar que se trata por el descaro?

            Rav Baruj Yitzjak Yisajar Leventhal, en su Bircat Itzjak, sugiere que Jaza”l tal vez se refieren aquí a un tipo particular de azut panim, que de hecho se asemeja, en cierto nivel, a las violaciones de tumát kodashim.

El mal uso de los asuntos religiosos para objetivos pecaminosos. Pocas cosas son tan descaradas como la corrupción de los kodashim – nuestros valores sagrados, principios, objetos e instituciones – al usarlos con fines prohibidos, tales como ganancias financieras ilícitas, para crear conflicto o para afirmar el control. Desviando la Torá y la santidad de los pecados los despoja, y es, pues, simbólicamente comparable a la contaminación de los sacrificios por contacto con tumá.

  En la cabeza del cohen gadol, el tzitz lleva la inscripción “kodesh laHashem” – “sagrada a Dios” – y representa así su estado de designación exclusiva para la santidad. Debemos reconocer que cuando trabajamos en el “Mikdash”, cuando nos involucramos en asuntos “sagrados”, actuamos como el cohen gadol en el Templo, exclusivamente designado para el elevado propósito de Avodat Hashem. No podemos realizar el trabajo sagrado con nuestros intereses personales en mente, con el objetivo de cumplir nuestras propias ambiciones egoístas. Cuando entramos en el “Mikdash”, cada vez que emprendemos cualquier esfuerzo sagrado, debemos recordar que somos “kodesh laHashem“, sólo un servidor de nuestro Creador, fielmente dedicado a Su voluntad, en lugar de utilizar Sus sagradas mitzvot para cumplir con nuestras mitzvot sagradas.


La Túnica del Cohen

Una de las prendas especiales que llevaba el cohen gadol era la túnica – meíl – que estaba llena de campanas a lo largo de su fondo, de modo que el cohen gadol producía un sonido resonante mientras caminaba. La Guemará (Zevajim 88b, Arajin 16a) comenta que la ropa del cohen gadol sirvió como fuente de expiación por el pecado de lashón hará-. El sonido producido por el meíl significaba la rectificación de los “sonidos” prohibidos hechos por personas que hablaban negativamente de sus semejantes.

            Se ha sugerido que el color del meíl también se puede entender sobre la base de esta asociación entre el meíl y el lashón hará. La Torá requiere que el meíl en su totalidad se tiñe tejelet, un color que la Guemará en un contexto diferente (Sota 17a) dice se asemeja al azul del océano y el azul de los cielos. La forma en que rectificamos el pecado de lashón hará es a través de tejelet – al ver el mundo desde la perspectiva de los “cielos”, desde una vista de pájaro. Si observamos de cerca a cualquier persona, cualquier grupo de personas, cualquier institución, o cualquier evento o experiencia, encontraremos qué criticar. Si cavamos lo suficientemente profundo, encontraremos algo negativo para diseminar y protestar. Tanto de lashón hará que se habla resultados de la tendencia natural a examinar y juzgar escrupulosamente, para ejecutar una lupa sobre la gente que nos rodea en busca de una mancha que podemos entonces con condescendencia trompeta. El simbolismo del meíl, tal como lo entienden nuestros Sabios, implica, en parte, el mensaje de tejelet, de retroceder y ver a la gente a distancia, en lugar de ahondar en sus personajes para identificar sus defectos.

Y así el meíl provee la expiación para lashón hará, aludiendo a nosotros la manera de evitarlo – asegurando que la gente perciba de lejos, en su totalidad, ver la totalidad de sus caracteres en lugar de prestar excesiva atención para encontrar sus deficiencias.

    Es quizás significativo que el meíl es el único de los vestidos sacerdotales que la Torá describe como teniendo un “pé” (“boca”). La Torá usa este término en referencia a la abertura a través de la cual la cabeza del cohen gadol sobresalía mientras vestía el manto (28:32). Curiosamente, la “boca” del meíl estaba en el extremo opuesto de donde se produjo el sonido del meíl. La “boca” estaba situada en la parte superior del meíl, pero el sonido era producido por las campanas que bordeaban el borde inferior. La “boca” y la fuente del sonido estaban situadas en extremos opuestos del meíl – la boca estaba cerca de la cabeza del cohen gadol, y el sonido emanaba cerca de los pies del cohen gadol.

            Las campanas del meíl tal vez nos enseñan que la mayoría del “sonido” que producimos no debe venir de nuestras bocas, sino de nuestros pies – de nuestras acciones. Si queremos ser “escuchados” y tener un impacto, entonces tenemos que actuar, trabajar, participar en el tipo de comportamiento y actividades que influirán positivamente en las personas que nos rodean. El discurso, por supuesto, puede ser un activo muy valioso, pero los “sonidos” primarios que debemos producir deben emanar de la manera en que nos comportamos, no de las palabras que hablamos.

            Lashón hará, a menudo, es una reacción impulsiva y de mentalidad pequeña a las cosas que encontramos perturbadoras. Nosotros desaprobamos algo que alguien ha hecho, y por eso sentimos la necesidad de hablar sobre eso. El meíl tal vez nos recuerda que el enfoque más correcto es “emor meat vaasé harbé” – tratando de hacer nuestra parte para mejorar el mundo principalmente a través de la acción, aunque el ejemplo personal, y no a través de la boca, a través de la condena verbal. Así como el sonido del cohen gadol se produjo muy lejos de su boca, de cerca de sus pies, nosotros también debemos producir más “sonido” de la manera en que nos conducimos que de nuestras bocas.


Las campanas son como los Tzitzit  

Leemos en Parashat Tetzavé del meíl, la túnica especial llevada por el cohen gadol, que fue alineado en el fondo por las campanas y las decoraciones formadas como granadas. Rashí (Shemot 28: 33-34) explica que las campanas y las granadas fueron colocadas en el fondo del meíl de manera alternada, con una campana entre cada par de granadas. Cuando la Torá habla de campanas colocadas “en medio” de las granadas (“betojam” – Íb. 28:33), significa, según Rashí, que cada campana estaba colocada entre cada par de granadas.

Rav Yaakov Mecklenberg, en Haketav Vehakabala, señaló que este debate tiene implicaciones importantes con respecto al volumen del sonido producido por las campanas como el cohen caminó. Según el Ramban, este sonido fue amortiguado, y por lo tanto no muy fuerte, mientras que según Rashí, las campanas produjeron un fuerte ruido que se podía oír desde la distancia.

Rav Mecklenberg se basa en la opinión de Ramban en avanzar su teoría sobre la función de las campanas del meíl. La comprensión convencional es que las campanas eran necesarias para anunciar simbólicamente la entrada del cohen gadol en el Mishcán. Sería irrespetuoso que el cohen gadol entrara en la habitación privada de Dios, por así decirlo, sin “llamar” y anunciar su llegada de antemano, y así las campanas sirvieron para anunciar simbólicamente que estaba entrando. Rav Mecklenberg, sin embargo, explicó la función de las campanas de manera diferente, alegando que el sonido era para el propio cohen gadol. Mientras que otros miembros de la nación usan tzitzit como un constante recordatorio de sus obligaciones con Dios, Rav Mecklenberg escribe, el cohen gadol requiere no sólo este recordatorio visual, sino también el recordatorio auditivo de las campanas. Al representar el ideal espiritual al que todos debemos esforzarnos, el cohen gadol que servía en el Mikdash tuvo que conducirse con un nivel especialmente intenso de conciencia espiritual. Como tal, mientras que el resto de nosotros sólo llevan tzitzit, el cohen gadol también llevaba campanas para recordarle sus obligaciones para con el Todopoderoso. Por lo tanto, escribe Rav Mecklenberg, las campanas estaban cubiertas de material – las granadas decorativas – que amortiguaba su sonido, ya que el sonido sólo debía ser escuchado por el cohen gadol, y no por otros.

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