Shemot

Nuestras decisiones privadas y personales pueden tener un efecto generalizado

La parashá de esta semana, primera del segundo libro de la Torá, nos trae la historia del nacimiento de Moshé diciendo del matrimonio de sus padres: “Cierto hombre de la casa de Leví fue y tomó a una hija de Leví” (2: 1). Varios comentaristas plantearon la cuestión de la intención de la Torá en la que nos dice que este hombre – posteriormente identificado como Amram – “siguió adelante” (“Vayelej”). Ibn Ezra explica este término para significar que Yojeved – madre de Moshé – vivía en una ciudad diferente a la de Amram, y por lo tanto Amram necesitó trasladarse a otra ciudad para casarse con ella. Sin embargo, como señaló Ramban, parece difícil entender por qué la Torá consideró necesario informarnos sobre este punto.

Ramban sugiere una explicación diferente, postulando que la palabra “vayelej” y otras formas del verbo h.l.j. (“Ir”) a veces se puede utilizar en referencia a “mizdarez” – literalmente, alguien que actúa con celo y pasión, se apresura, corre, se da prisa, está alerta, se acelera… y lo aplica en referencia al matrimonio de Amram con Yojeved. ¿A qué se debió el apuro? Ramban explica, que Amram tomó la decisión de casarse, desafiando el decreto de Faraón de matar a todos los niños varones de Israel y por ello actuó con celo, presteza y pasión.

            Ramban cita varios otros ejemplos de este uso del verbo h.l.j. en el Tanaj, y estos ejemplos ayudan a aclarar su intención. Trae como primer ejemplo el breve relato de la Torá cuando Reuvén va a yacer con su madrastra, Bilhá: “Y mientras Israel residía en aquella tierra, aconteció que una vez Reuvén fue [Va-yelej] y se acostó con Bilhá la concubina de su padre…” (Bereshit 35:22). El segundo ejemplo de Ramban es la sugerencia de Yehudá a sus hermanos de vender a Yosef como esclavo: ” Vengan [leju] y vendámoslo a los ismaelitas…” (Bereshit 37:27). También cita un verso del primer capítulo de Sefer Oshea (1: 3), que habla de matrimonio de Oshea con una ramera, en cumplimiento de mando inusual de Dios: “Y él procedió a ir [va-yelej] y tomar a Gómer hija de Diblaim“.

El denominador común entre estas versiones es que describen una acción audaz e inusual. En dos de los casos, las historias de Reuvén y Yehudá, la acción fue pecaminosa, mientras que en la tercera, fue ordenada explícitamente por Dios. Sin embargo, estos son todos ejemplos extraordinarios. Parecería, entonces, que cuando Ramban habla del verbo h.l.j. como expresión de la calidad de “mizdarez“, se refiere a la emoción y la pasión que lleva a alguien a actuar de una manera poco convencional.

Este podría deberse al odio apasionado, como en el caso de la venta de Yosef, o la devoción vehemente a la palabra divina, como en el caso de Oshea.

Independientemente del tipo de emoción que se describa, el verbo h.l.j. se usa en referencia a alguien que realiza un acto inusual y audaz que sólo podría ser el resultado de sentimientos fuertes de un tipo u otro.

            Y por lo tanto, Ramban sugirió que aquí, también, en lo que se refiere a la unión de Amram a Yojeved, la Torá utiliza el término “vayelej” para hacer hincapié en que este fue un movimiento audaz y llamativo en la parte de Amram. Después de que Faraón decretó la muerte de todos los hombres recién nacidos, la gente se desanimó y dudaba en casarse.

De hecho, la Guemará en Masejet Sotá (12a) indica que Amram en realidad se divorció de Yojeved en respuesta al decreto del faraón, y luego la volvió a tomar al ser reprendido por su hija, Miriam, por haberse doblegado e inclinado a obedecer la orden faraónica.

La mayoría de las personas se sintieron desalentadas y desanimadas, y se necesitaba de una gran cantidad de fuerza y ​​fortaleza por parte de Amram a casarse y reproducirse en desafío al cruel edicto. Por esta razón, según Ramban, la Torá nos enseña que no sólo Amram se casó sino que “siguió adelante”, con coraje y convicción, para desafiar al faraón y continuar la construcción de su familia y la de Am Israel a pesar de las dificultades que tuvieron que afrontar.

Podríamos preguntarnos por qué Amram al principio decidió divorciarse y luego cambió de opinión. ¿Realmente no había considerado los argumentos de su hija antes que ella le reclamara? ¿Podría haber sido ajeno al hecho de que estaba causando el fin de toda reproducción entre los hijos de Israel?

            Una explicación, tal vez, es que Amram no anticipó los efectos generalizados de su decisión personal. Según el relato de la Guemará, parece que Amram no instruyó ni aconsejó a las personas que se divorciaran, sino que simplemente tomó esta decisión personal por sí mismo y se sintió emocionalmente incapacitado para seguir formando una familia.

Sin embargo, debido a su influencia, muchos otros siguieron su ejemplo y se divorciaron. Así, Miriam llamó su atención sobre el hecho de que su decisión no sólo afectaba a su familia, sino que también amenazaba el futuro completo de la nación. Esto es algo que Amram no había considerado al tomar su decisión personal y privada, y una vez que Miriam lo alertó sobre las graves repercusiones de esta drástica medida, cambió de opinión.

            Si es así, entonces este incidente nos recuerda que a menudo nuestras decisiones privadas y personales pueden tener un efecto generalizado y nos obliga a pensar en las sugerencias de nuestros hijos y de personas más jóvenes y menos experimentadas que nosotros, sin empecinarnos que tenemos siempre la razón.

Como judíos, vivimos no solo como individuos, sino también como parte de comunidades y parte de la Nación Judía.

Esta “membresía” nos ofrece beneficios, pero también nos impone responsabilidades, incluida la de la influencia y el ejemplo para los demás. Las decisiones que tomamos, la forma en que llevamos a cabo nuestros asuntos personales, tienen un impacto en los demás, de una u otra manera, aunque no lo percibamos inmediatamente.

La historia de Amram nos alerta acerca de la necesidad de considerar cuidadosamente los posibles efectos dominantes de nuestras acciones y decisiones, y de asegurarnos de dar un ejemplo positivo para que las personas que nos rodean puedan emular.

Guardando todas las distancias, también en nuestro tiempo, muchos necesitamos enfrentar distintos decretos que nos impiden ser íntegros y es necesario poner todas las fuerzas y la creatividad, toda la voluntad y toda la prontitud para adoptar las medidas necesarias para cumplir con nuestras obligaciones y nuestros compromisos, pese a ello.

Nadie sabe a ciencia cierta sobre quién influye y quién le imitará. La mitzvá de evitar el marit ain que alguna vez tratamos en nuestros boletines, se basa en ese mismo razonamiento. Recordemos brevemente que es un concepto en halajá (ley judía) que establece que ciertas acciones que podrían parecer a las personas circundantes como una violación de la ley judía, cuando en realidad son completamente permisibles, no están permitidas debido a las promulgaciones rabínicas que fueron puestas en práctica. El objetivo de esos decretos es evitar que los asistentes circundantes lleguen a una conclusión falsa y crean que al estar transgrediendo –así más no sea porque el otro lo cree- estamos permitiendo esa falta. 

Hay un ojo que nos ve permanentemente –enseña Pirqué Avot- y hoy lo comprobamos en todos los espacios y también testigos en los que influenciamos sin percibirlo, por lo que siempre tenemos que pensar en ser y en dar el ejemplo.

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