Shemot

Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó y le puso por nombre Moshé”: (Shemot 2:10). 

Dejémonos llevar por los exegetas que, apasionados, se enfrentan para explicarnos el significado del nombre de Moshé, para poder apreciar la grandeza de nuestra parashá, que da comienzo al relato de uno de los momentos más aciagos de nuestra historia, que tiene algunos rayos de luz y muchas enseñanzas. 

La parashá como todo el libro, conocido por su traducción latina como Éxodo, debería llamarse también en español “Nombres”, porque allí está su verdadera esencia.

Nos dice la Torá, en la que quizás sea la traducción más cercana al versículo:   “Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó y le puso por nombre Moshé diciendo: ” (Shemot 2:10). Y, enseguida nos asalta la duda de si ¿La hija de Faraón acaso hablaba hebreo para poder ponerle ese nombre? – Rabí Abraham Ibn Ezra, obvia la dificultad diciendo que la hija de Faraón le puso el nombre egipcio “Munioz”, pero la Torá, lo cambió a Moshé siguiendo el verbo hebreo. Abarbanel, se disgusta con la interpretación trayendo ejemplos de nombres extraños que permanecieron en el texto bíblico en su lengua original, concluyendo que la Torá no traduce nombres. La hija de Faraón no hablaba hebreo, pero, ella no fue la que le dio el nombre al niño cuya vida salvara. 

Quien había traído al niño era su madre, y lo lógico en la lectura del versículo, sería según él, -que ella lo llamara Moshé. Jizkuni nos trae un midrash según el cual la hija de Faraón se judaizó, y rabí Abraham Ibn Ezra nos dice también que ella, en realidad le puso ese nombre después de consultar con sus nodrizas. El Netziv**, observa que todos estos intentos de explicación giran alrededor del principio según el cual el nombre indica que el niño fue sacado de las aguas, y se pregunta, no sin razón, que si ¿acaso podemos suponer que la hija de Faraón deseaba que todos supieran el origen de ese niño? 

Para él la explicación es otra y está basada en una palabra del idioma egipcio antiguo parecida a Moshé y que en realidad significa niño y no está relacionada con el concepto de que lo extrajeron del agua. Versión ésta confirmada por especialistas contemporáneos de la antigua lengua de los egipcios. No debemos ignorar que si el nombre se puso cuando Moshé creció y dejó de amamantarse, es más que probable que haya tenido otro nombre en casa de su familia. Pero, ese nombre nos es desconocido. Moshé permanece en la memoria por su salvación de las aguas, y ya no importa quien le concedió el nombre, esa será su personalidad, ese será su mojón para las acciones que emprenda. Hasta aquí una brevísima cita de algunos de los intentos de nuestros sabios de bendita memoria para descifrar el origen del nombre de Moshé nuestro maestro. Si siguiéramos trayendo otras citas y fuentes, nos encontraríamos con una búsqueda más que obsesiva.

Tal es el valor del nombre para el judaísmo. Tal es la importancia de poder determinar su significado y su símbolo. 

Por lo que, avancemos un poco más en la historia personal de Moshé, el centro del segundo libro de las Enseñanzas. El niño Moshé nació en una época en la que otros niños eran asesinados para satisfacer el mandamiento faraónico, en que las madres y padres sufrían, en que el peligro de exterminio era palpable por todos, pero, él se crió en el palacio real sin que le faltara nada. Aquí yace quizás la solución al misterio de su nombre. Esa es la causa por la que debía llamarse Moshé, aún si ese nombre le fue dado por una persona egipcia. Ese es el nombre que le resonaba en sus tímpanos gritando la injusticia del sufrimiento del otro, más aún que su propia suerte. ‘Que de las aguas le habían sacado’ significaba nada más y nada menos que su vida no le pertenecería, si no era capaz de iniciar acciones derivadas de su situación. Su nombre fue la motivación que lo impelió a ver a sus hermanos en su sufrimiento, la causa por la que ya no pudo permanecer indiferente a ellos. Tiene una responsabilidad diferente. Él fue salvado, él debe ser el salvador de sus hermanos. Así su nombre egipcio, se judeiza. Más que cualquier otro. Únicamente por su destino fijado en su nacimiento tan traumático. Destinado a morir, se salva. Cuando otros él tiene una vida de privilegio. Y, Moshé el sacado de las aguas, sacará de la esclavitud a su pueblo. Lo sabía cada vez que al nombrarlo, le recordaban su pasado. 

Pero, hay más.

El Midrash Shemot Rabá, 1-10, toma el versículo “Contra .A.  prevaricaron, porque han engendrado hijos de extraños; ahora serán consumidos en un solo mes ellos y sus heredades” de Oshea 5:7, para enseñarnos que cuando Yosef murió, los judíos incumplieron con el Pacto de la Circuncisión, diciendo, seremos como los egipcios. De allí aprendemos que recién Moshé los circuncidó a la salida de Egipto. Por ello, el Santo bendito “había convertido el aprecio que tenían los egipcios a los hijos de Israel en odio, tal como está escrito: “Después entró Israel en Egipto, Yaakov moró en la tierra de Jam. Y multiplicó su pueblo en gran manera y lo hizo más fuerte que sus enemigos, a quienes trastornó el corazón para que odiaran a su pueblo y se confabularan contra sus siervos” (Tehilim 105: 23-25). 

Lo que nosotros deducimos, sin mucha dificultad, es que las relaciones entre los hijos de Israel y los locales eran correctas, mientras que aquellos, nuestros antepasados, supieron guardar las tradiciones de sus padres y su unicidad, pero, cuando intentan acercarse a los anfitriones borrando las señales del pacto de sus cuerpos, pierden el aprecio y son repudiados. Y así ha sucedido a lo largo de la historia de nuestro pueblo. Toda vez que intentamos borrar nuestros signos distintivos para congraciarnos con el otro, buscando ese camino fácil, quedamos desamparados y recibimos su repulsa y no su favor. La única respuesta posible pareciera ser la que nos trae Devarim 28:9-10: “Te establecerá .A. como pueblo santo para sí, como te juró, si guardas los mandamientos de .A. tu Dios y andas en sus caminos. Entonces verán todos los pueblos de la tierra que sobre ti es invocado el nombre de .A.; y te temerán”. 

La supresión de los símbolos de la identidad puede manifestarse también en otras acciones. Una de ellas, es el nombre que damos a nuestros descendientes.

En el nombre encontramos identidad. En algunos casos, la razón de la existencia. Con esos símbolos de la memoria, marcamos el futuro.

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* Mientras Moshé se salva de las aguas, los otros niños mueren ahogados y luego serán los egipcios quienes caigan en las profundidades…”Soplaste con tu viento, los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las impetuosas aguas” (Shemot 15:10) 

** El rabino Naftalí Tzvi Yehudá Berlín, conocido como el Netziv de Wolozin, (1817-1893), fue uno de los grandes sabios europeos del siglo XIX. Su padre fue comerciante y un sabio de la ciudad de Mir y casó a su hijo muy joven poco después de su bar mitzvá, con la hija de Rabí Itzjak el rabino de la yeshivá de Wolozin, y nieta de rabí Jaim Wolozin. Desde su boda se entregó al estudio de la Torá. Acerca de su humildad es más que ilustrativo que sus hijos, siguiendo su manera de pensar, se negaron a escribir al frente de uno de sus libros, su biografía alegando que ese era un consejo del “instinto maligno”. El Netziv fue un innovador en su forma de estudio del Talmud y de la Torá y pese a que estuvo inmerso en el estudio de su yeshivá también alcanzó a contestar preguntas prácticas de la Halajá.

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