Vaygash

Breve comentario – Bereshit 44
Breve comentario – Bereshit 45
Breve comentario – Bereshit 46
Breve comentario – Bereshit 47

El ayuno de Tevet

Invierno en Israel y en el hemisferio norte. Noches largas y frías en las que se puede estudiar un poco más. “De las largas noches de tevet, salieron muchos sabios.” Son éstos, días breves en Israel y en el Hemisferio Norte. Y enseguida comenzarán a alargarse como simbolizando que se acerca una nueva luz, la de la redención. Es un consuelo. Salimos de Janucá y ya nos encontramos envueltos en el ayuno del 10 de tevet.

Emergemos de Janucá, con el sentimiento que no hemos aprovechado la fiesta hasta el fin. Salida difícil, porque la razón del festejo, aún se encuentra en nosotros. Todavía nos hace falta. Nos enfrenta a dilemas, como si debemos iluminar únicamente nuestra casa, o si debemos sacar la luz extramuros e intentar después de reforzar nuestro particularismo para que se eleve y se convierta en parte de un mensaje universal. Después de la primera vela habíamos comenzado, un “crescendo” que se interrumpió abruptamente con la última vela. Como que necesitábamos un Janucá mucho más largo… Como que nuestros exilios y dolores, sirvieron, desde siempre para alimentar al otro con nuestra propia luz, a un precio demasiado elevado. Pero, ¿acaso se puede lograr algo sin pagar por ello?

Y en este sábado nos enfrentamos con el fiel cumplimiento de la profecía revelada a Abraham, cuando le dijeron que debía saber que sus hijos serían esclavizados. Para ello era necesario que abandonen sus casas y su tierra y se dirijan a la ajenidad. Es en Egipto, donde Iosef, asimilado al régimen que servía después de haber sido acusado y encarcelado, y haber salvado su economía, se encuentra al fin y revela su identidad a sus hermanos.

Sólo después, y con 22 años por medio se reencuentra con el padre que lo había preferido y que en su predilección por él, lo hace víctima de los celos de sus hermanos que casi le cuestan la vida.

La parashá nos trae el intento de Iosef de establecer una reforma agraria en Egipto, que quizás iría acompañada con una reforma espiritual en las relaciones entre los propios residentes que se encontraban bajo los designios de Faraón y de una burocracia sacerdotal que les impedía ser libres. Sin embargo, la reforma queda incompleta y quizás por ello, los descendientes de Iaacov quedan esclavizados. Pese al poder omnímodo de Faraón y la jerarquía de Iosef, su reforma no llega hasta el final dejando una clase de privilegiados que luego no renunciarían a sus prerrogativas: “De esta manera Iosef adquirió para Faraón todas las tierras de Egipto, porque los egipcios, obligados por el hambre, le vendieron todos sus terrenos. Fue así como todo el país llegó a ser propiedad de Faraón, y todos en Egipto quedaron reducidos a la esclavitud. Los únicos terrenos que Iosef no compró fueron los que pertenecían a los sacerdotes. Éstos no tuvieron que vender sus terrenos porque recibían una ración de alimento de parte de Faraón. Luego Iosef le informó al pueblo: -Desde ahora ustedes y sus tierras pertenecen a Faraón, porque yo los he comprado. Aquí tienen semilla. Siembren la tierra. Cuando llegue la cosecha, deberán entregarle a Faraón la quinta parte de lo cosechado. Las otras cuatro partes serán para la siembra de los campos, y para alimentarlos a ustedes, a sus hijos y a sus familiares. – ¡Usted nos ha salvado la vida, y hemos contado con su favor! – respondieron ellos-. ¡Seremos esclavos de Faraón! Iosef estableció esta ley en toda la tierra de Egipto, que hasta el día de hoy sigue vigente: la quinta parte de la cosecha le pertenece a Faraón. Sólo las tierras de los sacerdotes no llegaron a ser de Faraón” (Bereshit 47: 20-26).

Reformas a medias, inevitablemente, crean problemas. Pero, ya vimos en nuestro comentario de las semanas anteriores que sólo a través de perspectiva histórica alcanzamos a comprender el devenir de los acontecimientos y su causalidad. Nunca como en estos días del año, en los que salimos de Janucá, y nos adentramos en tevet ello es más actual, y la lectura semanal nos deja impresas pautas de interpretación que durante muchos años fueron indescifrables en su relación.

Este shabat proclamarán en los templos sefardíes solemnemente: “Hermanos de la Casa de Israel, oigan, el ayuno del décimo mes, será el día miércoles y el Santo Bendito lo convertirá en gozo y alegría, tal como está escrito: “Así ha dicho H’ de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se tornarán a la casa de Yehudá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad pues verdad y paz”.

La primera y traumática destrucción de Jerusalén se produjo por medio de Nabuconodosor el rey de Babilonia en el año 3338 de la Creación, a los 422 años AEC y la segunda destrucción alrededor de 200 años después que Matitiahu y sus hijos consiguieron devolver el reinado independiente a Israel. El ocho de tevet fue finalizada la traducción de la Torá al griego, versión conocida como la Biblia de los Setenta, también llamada Septuaginta, o Alejandrina, que es la principal versión en idioma griego por su antigüedad y autoridad. Su redacción se inició en el siglo III AEC (c. 250 AEC) y se concluyó a finales del siglo II AEC (c. 150 AEC), y fue considerada como una ruptura con el consenso que las Sagradas Escrituras debían quedar exclusivamente en su idioma original aun cuando durante algunos años e incluso siglos, en muchos países, el idioma sagrado no fuera dominado por el pueblo del Libro. El nueve murieron Ezra y Nejemia. El diez, Nabucodonosor comenzó la conquista de Jerusalén, sitiándola durante tres años, luego de los cuales las murallas fueron perforadas, en el mes de tamuz. “En el año noveno del reinado [de Tzidkiahu], a los diez días del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, marchó con todo su ejército y atacó a Jerusalén. Acampó frente a la ciudad y construyó una rampa de asalto a su alrededor. La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del reinado de Tzidkiahu. A los nueve días del mes cuarto, cuando el hambre se agravó en la ciudad, y no había más alimento para el pueblo, se abrió una brecha en el muro de la ciudad, de modo que, aunque los babilonios la tenían cercada, todo el ejército se escapó de noche por la puerta que estaba entre los dos muros, junto al jardín real. Huyeron camino a la Aravá, pero el ejército babilonio persiguió a Tzidkiahu hasta alcanzarlo en la llanura de Yerijó. Sus soldados se dispersaron, abandonándolo, y los babilonios lo capturaron. Entonces lo llevaron ante el rey de Babilonia, que estaba en Riblá. Allí Tzidkiahu recibió su sentencia. Ante sus propios ojos degollaron a sus hijos, y después le sacaron los ojos, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia” (II Melajim 25:1-7).

En nuestra época se decidió que el ayuno del 10 de tevet sea el día del Kadish general por las víctimas del Holocausto cuya fecha de desaparición es desconocida, uniendo en la historia fragmentos del destino de nuestro pueblo.

“De las largas noches de tevet, salieron muchos sabios”, dijeron jaza”l, refiriéndose a la mayor disponibilidad de horas para abrir los textos y estudiarlos. En las noches largas del dolor, debemos aprender la periodicidad de nuestra propia historia, de nuestra vida, que aún espera la redención, en los días en los que se cumplan las profecías y los días de duelo se tornen a la casa de Yehudá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Para que amemos verdad y paz.


Siempre tenemos que agradecer

 La Torá nos habla de la reunión de Yaakov con Paró después de mudarse a Mitzraim. Paró le preguntó acerca de su edad, a la que Yaakov le respondió que fueron “pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de sus peregrinaciones…” (Ib. 47: 9). 

            Los Tosafistas, en Daat Zekenim, explican que Paró planteó esta pregunta a Yaakov debido a que parecía especialmente viejo y desgastado, y Paró deseaba saber su edad. En respuesta, Yaakov explicó al rey que aunque él no era tan viejo como sus antepasados ​​llegaron a ser, él parecía envejecido y frágil debido a las numerosas dificultades que encontró en el curso de su vida. Daat Zekenim procede entonces a citar un conocido pasaje midráshico en el que Jaza”l critica a Yaakov por describir su vida como difícil: “En el momento en que Yaakov dijo: “Pocos y malos”, el Todopoderoso le dijo:” Yo Te rescaté de Esav y Lavan, y te devolví a Dina; ¿Y tú te quejas de tu vida?”. El Midrash concluye que Dios castigó a Yaakov por pronunciar estas palabras de queja al terminar su vida a los 147 años, treinta y tres años antes de que alcanzara la edad de sus padres.

Si, como afirma Daat Zekenim, Paró le estaba pidiendo a Yaakov que explicara su aspecto excepcionalmente envejecido, entonces ¿por qué estaba mal que Yaakov hablara de sus años de penurias y tristezas? ¿No era ésta la respuesta correcta a la pregunta de Paró? ¿Podemos criticar a Yaakov por dar una explicación exacta de por qué se veía tan frágil y desgastado? 

Rav Jaim Elazary, en su Mesilot Jaim, sugiere que aunque Yaakov estaba en lo cierto al señalar sus dolores como la razón de su envejecimiento prematuro, sin embargo debió haber añadido varias o muchas palabras de gratitud por las bendiciones que él disfrutara.

 No es necesariamente malo lamentarse por las dificultades, pero esas expresiones de lamentación deben ser compensadas por expresiones de aprecio.

Todos los seres disfrutamos de bendiciones y soportamos desafíos difíciles. No hay persona cuya vida sea perfecta y exclusivamente llena de gozo, y no hay persona que sólo sufran y no tengan nada por lo que estar agradecidos. Incluso cuando tenemos buenas razones para hablar de nuestras vidas como “meatim veraim”, y tomamos nota de las dificultades que hemos sufrido, también debemos recordar las bendiciones que disfrutamos.

Y así, aunque estaba justificado que Yaakov explicara a Paró la razón de su frágil aspecto, nuestros sabios le critican por no haber añadido una expresión de gratitud por todo lo que el Todopoderoso había hecho por él.

Adoptar la modernidad no significa abandonar el camino judío

Después de la reunión dramática de Yosef y sus hermanos, leemos que Yosef dio regalos a cada uno de ellos y a su padre.  “Los hijos de Israel lo hicieron así. Yosef les dio las carretas que Paró había ordenado, y alimentos para el camino; también les dio ropa nueva para cambiarse; pero a Biniamín le dio trescientas monedas de plata y cinco mudas de ropa” (Bereshit 45:22).

¿Qué significan los regalos a sus hermanos? Si Yosef, sufrió gravemente debido al el favoritismo que su padre le mostró, ¿ahora repetiría el mismo error de preferir a uno sobre los demás? 

Encontramos otro episodio bíblico relacionado con la ropa, con a Mordejay que fue su descendiente: “Entonces Mordejay salió de la presencia del rey en vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y púrpura; y la ciudad de Shushán dio vivas y se regocijó” (Ester 8:l5). La cercanía de esta lectura con Janucá permite asociar las historias como muchas veces sucede. Los cambios de ropa en la época bíblica son un símbolo importante. La ropa es algo que eliges por ti mismo, pero que permanece externo a tu yo. Es una forma de aparecer, no una forma de ser. Las vestiduras representan   un símbolo de la relación del judaísmo con la cultura de acogida, con la civilización predominante. Usar la ropa de un país en particular significa adoptar sus formas, asumir el manierismo de la cultura – su lenguaje, ciencia, modales, peculiaridades y manifestaciones externas-.

Cuando Yosef envió las ropas egipcias a su hermano,   en efecto le dijo: ahora debes dejar tu apariencia de pastor de Canaán, ya que estará viniendo a Mitzraim – un gran país civilizado y una cultura más sofisticada. No actúes como inmigrante, como extraterrestre retrógrado.   Aprenderás el idioma egipcio, su arte   y su ciencia, comenzarás a actuar como egipcio.

A su padre Yaakov también le envió una serie de regalos pero no incluyó ropas. Él sabía que se negaría a cambiar su estilo de vida, su apariencia y sus hábitos. 

Yosef enseñó a sus hermanos y todas las generaciones sucesivas de judíos que los judíos ingresamos a una nueva sociedad, durante nuestro largo exilio, en los que hemos entrado y salido de nuevas sociedades constantemente, no debemos temer hacerlo y asimilar su cultura externa. Es cierto que siempre habrá judíos como Yaakov que se negarán. Ese es su privilegio pero si bien no debemos objetar a su negación a aculturarse, pasar por el proceso en el cual una persona o un grupo de ellas adquieren una nueva cultura (o aspectos de la misma), no debemos oponernos a nuestro cambio de ropa, a la apariencia de modernidad. Pero la adopción de nuevos elementos externos no debe conducir al ajuste de nuestros elementos internos, nuestra ideología y religión, con la cultura anfitriona. 

Entonces, cuando los judíos quieren saber qué tan lejos están de ir adaptándose a sí mismos al temperamento de los tiempos, la respuesta es la ropa externa, los modales, el lenguaje, la tecnología – sí. Pero la ética, la religión, la moralidad, las observancias de las mitzvot.  

Cuando los judíos confunden la ropa con el yo interior, con la verdadera identidad judía cuando piensan que porque se cambian las apariencias tienen que dejar sus tradiciones están conduciéndose a la asimilación.

Los cinco ropajes de Biniamín se parecen en ello a las cinco túnicas reales que usó Mordejay. Es el correctivo del concepto erróneo de que un cambio de apariencia debe conducir a un cambio de ser.   Los judíos auténticos como Mordejay han crecido hasta ocupar altos puestos en la sociedad, han contribuido poderosamente al avance de las civilizaciones en las que se encontraron. Pero su adaptación fue solo en el orden de la modificación de la ropa. Permanecen, en cuerpo y alma, completamente judíos.   


La conducta que sigue a los principios no puede “prestarse” ni siquiera provisionalmente a excepciones

La Torá en Parashat Vayigash enumera los nombres de los hijos de Yaakov, incluido un hijo de Shimón con un nombre inusual: “Shaúl, hijo de los cananeos” (46:10). La Guemará en Masejet Sanedrín (82b), sorprendentemente, identifica a este individuo como Zimri, el líder de la tribu de Shimón que, muchos años después, fue asesinado después de cometer un acto público pecaminoso con una princesa de Midián (Bemidbar 25). Zimri se llamaba “Shaúl”, explica la Guemará, para indicar que “hishil atzmó lidvar aveira” – “se prestó para un acto pecaminoso”. Y se lo menciona aquí como “el hijo de los cananeos”, porque cometió un acto que reflejaba la cultura decadente e inmoral de los antiguos cananeos.

            Podemos suponer razonablemente que el comentario de la Guemará no debe tomarse literalmente, para significar que Zimri era el hijo de Shimón, ya que históricamente, esto parece inverosímil. Aquí se describe a Shaúl como viviendo cuando la familia de Yaakov se mudó a Mitzraim, y él tuvo que vivir durante todo el período de la esclavización de Benei Israel en Mitzraim y hasta el cuadragésimo año de viaje en el desierto, cuando se cometió el acto de Zimri. Es lógico que la intención de la Guemará no fue identificar a Zimri como el hijo de Shimón, sino más bien describir su acto pecaminoso con el término “hishil”, que significa “prestar”. La pregunta, entonces, es: ¿cómo funciona esto? La expresión pretende arrojar luz sobre la naturaleza de la fechoría de Zimri.

            Rav Meir Arye Segal, en su Imrei Daat (Parashat Shelaj), sugiere que Jaza”l se refiere aquí a la naturaleza temporal de un préstamo, que es, por definición, una transacción no permanente. Cuando alguien presta un objeto que posee a otra persona, su intención no es separarse permanentemente del objeto, sino renunciar temporalmente a los derechos sobre él. Al describir el acto de Zimri como un “préstamo”, sugiere Rav Segal, jaza”l intenta enfatizar que la intención de Zimri no era abandonar permanentemente la observancia de la Torá y romper con la tradición religiosa, sino más bien “prestarse” a sí mismo para liberarse temporalmente de las restricciones impuestas por la ley de la Torá. Sin embargo, fue castigado, porque nuestra devoción religiosa debe ser constante e inquebrantable, no algo de lo que podamos permitirnos descansos ocasionales y temporales.

            El rav Segal agrega que este podría ser el significado de la observación de Rashí en su comentario a Parashat Shelaj (Bemidbar 15:39), “El corazón y los ojos son los ‘espías’ del cuerpo… El ojo ve y el corazón desea, y el cuerpo se compromete el pecado. “Un espía enviado para recopilar información intenta no establecerse permanentemente en la región donde cumple su misión, sino más bien residir brevemente allí para tener una idea de cómo es. De manera similar, a veces nos inclinamos a “espiar” el reino del pecado, a actuar erróneamente no como un incumplimiento permanente de la observancia de la Torá, sino simplemente como un “espía” o “turista”, como una experiencia temporal y única. La formulación de la Guemará del pecado de Zimri advierte que incluso las “visitas” temporales al ámbito de la conducta injusta pueden tener consecuencias desastrosas y, por lo tanto, deben evitarse.



VAYGASH

Es más fácil entender los sentimientos la tristeza por dejar la tierra de los antepasados ​​  como sucede con todos los migrantes, pero ¿por qué temer allí, en la nueva tierra de promisión? Yaakov no las tenía todas consigo frente a esos brazos abiertos de bienvenida que le había preparado Paró. Tal recepción podría poner a la familia en peligro.

Yaakov temía la influencia espiritual que vendría acompañada con las comodidades de Mitzraim y por la portentosa cultura y abundancia de bienes materiales de las que todo el orbe conocido no pronunciaba sino elogios. Lo que hizo Yaakov para alejar el peligro de la asimilación, fue destacar las peculiaridades de su familia en boca de su hijo Yosef:


Entonces Yosef dijo a sus hermanos y a la casa de su padre: “Déjenme subir y presentar informe a Paró y decirle: ‘Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido acá a mí. Y los hombres son pastores, porque se hicieron ganaderos; y sus rebaños y sus vacadas y todo cuanto tienen lo han traído acá’.Y lo que tiene que suceder es que cuando Paró los llame y realmente les diga: ‘¿Cuáles su ocupación?’, tienen que decir: ‘Tus siervos hemos continuado siendo ganaderos desde nuestra juventud hasta ahora, tanto nosotros como nuestros antepasados’, a fin de que moren en la tierra de Goshén, porque todo pastor de ovejas es cosa detestable a Mitzraim” (Ibíd. 46:30-34)

Pese a ser una profesión tan poco prestigiosa ante la élite egipcia, Yaakov y Yosef la usaron como escudo,impidieron que su familia la abandonara, y la convirtieron en su orgullo.

Pero, el tema no fue el trabajo ni la profesión, sino la identidad.

Yaakov quería evitar a toda costa la pérdida de identidad que acompaña a los cambios de los lugares de residencia y convertirse en una minoría fácilmente impresionable por los valores de la mayoría.

No quedaba más remedio que adoptar un sistema que impidiera la asimilación durante la historia: no adorar sus ídolos, mantener sus nombres de origen, defender su idioma, cuidar sus vestimentas.

Así se pudo cumplir lo prometido por Dios:

“Yo mismo bajaré contigo a Mitzraim y yo mismo te haré subir también; y Yosef pondrá su mano sobre tus ojos”(Ibíd. 46:4).

Cuando se guardan las tradiciones, Dios mismo está presente y hace que no haya esclavitud que no se pueda abolir, ni identidad que se pueda perder.

En esas condiciones desaparecen los temores.


Todos debemos agradecer


Nuestra parashá habla de la reunión de Yaakov con faraón después de mudarse a Egipto. Faraón preguntó acerca de su edad, y

“entonces Yaakov respondió a faraón: “Los años de mi peregrinación son 130 años; pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han alcanzado a los años que mis padres vivieron en los días de su peregrinación….” (47: 9).


Los tosafistas, en Daat Zekeinim, explican que Faraón planteó esta pregunta a Yaakov, debido a la apariencia del patriarca que se veía especialmente viejo y gastado. En respuesta, Yaakov explicó que, aunque no era tan viejo como sus antepasados, parecía envejecido y frágil debido a las numerosas dificultades que encontró en el transcurso de su vida.
El Daat Zekeinim, una colección de comentarios de los Tosafistas de los Siglos XII y XIII en Francia y Alemania, trae un pasaje del Midrash en el que Jaza”l critica a Yaakov por describir lo difícil de su vida: “En el momento en que Yaakov dijo: “Pocos y malos”, el Todopoderoso le dijo: ‘Yo te he rescatado de Esav y Lavan, y devolví a Dina entonces ¿por qué te estás quejando de tu vida?” El Midrash concluye que Dios castigó a Yaakov por pronunciar estas palabras de queja, poniendo fin a su vida a la edad de 147, treinta y tres años antes de llegar a la edad en que muriera su padre, Isaac.
Si, como afirma Daat Zekeinim, Faraón estaba pidiendo a Yaakov que explique su deterioro excepcional, entonces ¿por qué estaba mal que Yaakov hablare de sus años de penurias y dolor? ¿No era ésta la respuesta correcta a la pregunta de Faraón? ¿Podemos criticar a Yaakov por dar una explicación precisa de por qué se veía tan frágil y desgastado? Rav Jaim Elazary, quien estudió en la Yeshivá Slobodka, primero en Europa y luego en Hebrón y que se trasladó a Jerusalén después de la masacre de 1929 con el resto de la yeshivá y fue rabino en Bronx y en Canton, Ohio, antes de ubicarse en Petaj Tikva en 1972, en su Mesilot Jaim, sugiere que a pesar de que Yaakov estaba en lo cierto al señalar que sus tribulaciones como la razón de su apariencia, debió haber añadido palabras de gratitud por las bendiciones que había disfrutado.
No es necesariamente malo lamentar las propias dificultades, pero este tipo de expresiones de dolor deben ser compensadas por las expresiones de agradecimiento. Todos nosotros disfrutamos tanto de bendiciones como de retos difíciles. No hay ninguna persona cuya vida sea perfecta y únicamente llena de alegría, y no hay ninguna persona que sólo sufra y no tenga nada por lo cual estar agradecido. Incluso cuando tenemos buenas razones para hablar de nuestra vida como “me’at ve-ra’im” – poca y mala, y relatar las dificultades y penurias que hemos sufrido, también debemos tomar nota de las bendiciones que disfrutamos.
Y así, aunque Yaakov no mentía por la razón de su frágil apariencia, Jaza”l lo critican por no añadir una expresión de gratitud por todo lo que el Todopoderoso había hecho por él.
Es una buena enseñanza para la vida.


Actuar correctamente también si somos agredidos

Parashat Vayigash comienza con la súplica de Yehudá al visir egipcio, (que en realidad era Yosef), para permitirle a Biniamín regresar a casa con su padre, a pesar deque la copa real se encontró en el saco de Biniamín. Yehudá se ofreció a permanecer en Mitzraim como esclavo en el lugar de Biniamín, expresando su preocupación por su anciano padre, que moriría si Biniamín no regresaba.

La palabra”Avi” – “mi padre” – aparece siete veces en el discurso deYehudá a Yosef, mientras él cuenta la renuencia inicial de Yaakov para permitir que Biniamín vaya a Mitzraim, y las consecuencias de que Biniamín no regrese.Este énfasis repetido en la relación de Yehudá con Yaakov se vuelve significativo a la luz del hecho de que Yaakov, por su parte, nunca usó la palabra “beni” – “mi hijo” – en referencia a su prole, excepto en referencia a Yosef (37:33, 35) y a Biniamín (42:38). Además,en la súplica de Yehudá, él recuerda a Yaakov diciéndole a sus hijos: “el uno salió de mi lado, y dije:`Seguro que ha sido despedazado’, y no lo he visto desde entonces. “Y si también os lleváis a éste de mi presencia, y algo malo le sucede, haréisdescender mis canas con dolor al Sheol…” (44:29). Aunque no encontramos a Yaakov en realidad diciendo estas palabras, revelan que en lamente de Yehudá, Yaakov consideraba que solo Rajel era su verdadera esposa cuando dice “Y mi padre, tu siervo, nos dijo: “Vosotros sabéis que mi mujer me dio a luz dos hijos”, y así solo Yosef y Biniamín eran fueron considerados como sus únicos y verdaderos hijos. Esto indudablemente despertó sentimientos muy duros en Yehudá(y en los otros hermanos), y sin embargo, Yehudá ahora estaba preparado para comprometerse con una vida de esclavitud en nombre de Biniamín, y en su súplica se refirió reiteradamente a Yaakov como “mi padre”. Aunque no sentía que Yaakov lo considerara un hijo, Yehudá, sin embargo, mantuvo su compromiso de respetar a Yaakov como padre.

            Hay mucho que aprender de la conducta de Yehudá a este respecto sobre la necesidad de actuar correctamente incluso cuando sentimos justificadamente que hemos sido agraviados.

Jaza”l notó el error de Yaakov al mostrar un trato preferencial a Yosef (Shabat 10b), pero Yehudá, a pesar de ser directamente afectado por este error, y después de cometer su propio error trágico – finalmente se dio cuenta de la necesidad de superar los resentimientos y la animadversión, y hacer lo correcto, incluso si las personas a su alrededor no. Y así nos enseña la Guemará “Y Rava bar Mejaseya dijo que Rav Jama bar Gurya dijo, que Rav dijo: ‘Una persona nunca debe distinguir uno de sus hijos de entre los otros hijos dándole un tratamiento preferencial. Cuando Yaakov le da a Yosef, más allá de lo que le dio al resto de sus hijos, en la confección del abrigo a rayas, sus hermanos se pusieron celosos de él y el asunto se desarrolló con su descenso a Egipto”.

Yehudá era lo suficientemente maduro como para reconocer que debía tratar a Yaakov como a su padre, incluso si Yaakov no lo trataba, al menos en su mente, como un hijo. No debemos hacer que nuestro tratamiento de los demás dependa de lo que creemos que merecen o no merecen. En cambio, debemos decidir sobre el curso de acción inteligente y apropiado, y dejar el juicio al único Juez verdadero sobre el mundo.

Un comentario

  1. Gracias mi Rav! Por cierto no pude abrir la última grabación… es muy interesante conocer todos los detalles entre líneas que se explican en los midrashim. Me gustaron las diferencias que marcas entre lo interno y lo externo en la aculturación pues es muy actual, bueno todo! La importancia de la humildad en todo momento. La misión clara y buscar la ética y la observsncia.

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