Miketz

Breve comentario – Bereshit 41
Breve comentario – Bereshit 42
Breve comentario – Bereshit 43
Breve comentario – Bereshit 44

PARASHAT MIKETZ- SHABAT JANUCÁ – “mehadrín min hamehadrín”-

El milagro del frasco de aceite que celebramos en Janucá a menudo ha sido visto como un símbolo del otro milagro celebrado en esta festividad: la inverosímil victoria de los judíos sobre los griegos y la restauración de la soberanía judía en Eretz Israel. Los Jashmonaim, que se negaron a rendirse a la opresión griega, y se apegaron obstinadamente a la observancia de la Torá y estaban dispuestos a luchar para preservarlo, corresponden a la única vasija de aceite puro que permaneció intacta cuando los griegos profanaron el Templo. Y así como esa pequeña cantidad de aceite puro demostró ser mucho más fuerte y más capaz de lo que parecía, de manera similar, la pequeña familia de Jashmonaim “puros” tuvo más éxito de lo esperado, produciendo una llama capaz de desterrar la oscuridad causada por la opresión griega.

            Conmemoramos este milagro, por supuesto, con el encendido de las luces de Janucá. La obligación básica, como enseña el Guemará (Shabat 21b), requiere encender una sola vela frente a cada hogar en cada una de las ocho noches de Janucá. Esta vela única conmemora la única jarra de aceite, el pequeño núcleo de pureza que tiene la capacidad de brillar intensamente y superar la oscuridad. Al encender solo una vela, celebramos el poder milagroso dado al pequeño jarrito de la espiritualidad para triunfar sobre las fuerzas de la oscuridad y encender una llama que perdura para siempre.

            Sí, de hecho, este es el significado simbólico de la obligación básica de la iluminación de la vela de Janucá, entonces quizás nos preguntemos por qué Jaza¨l instituyó capas adicionales de obligación. La práctica común, por supuesto, según la codificación de Shulján Aruj (Oraj Jaim 671: 2), es seguir el estándar más alto mencionado por la Guemará – “mehadrín min hamehadrín” – que requiere el encendido de una luz adicional cada noche de Janucá. ¿Cuál es el significado de estas velas adicionales? Si la única vela requerida por la mitzvá básica representa el potencial milagroso de una sola llama pequeña para iluminar mucho más allá de su capacidad natural, entonces ¿por qué socavaríamos este mensaje simbólico al encender velas adicionales?

            La respuesta, tal vez, es que Jaza¨l quería advertirnos que no confiáramos ciegamente en el potencial sobrenatural de una sola vela cuando no era necesario. El estándar “mehadrín min hamehadrín” –que a veces parece pedante sin necesidad- enseña que, aunque creemos en el poder de una sola vela, debemos encender tantas velas como podamos. No podemos reducir intencionalmente nuestros estándares de compromiso religioso, sintiéndonos satisfechos con la única “vela”, con la pequeña cantidad de “luz” espiritual que producimos, y confiando en su capacidad para arder continuamente. Nuestra creencia en la capacidad de una sola jarra de aceite no debe permitirnos aceptar esa realidad como óptima. Debemos encender tantas luces como podamos, esforzarnos por elevarnos a nosotros mismos, a nuestras familias y nuestras comunidades y trabajar para hacer brillar la luz de la Torá y las mitzvot lo más brillantes posible, en lugar de permitir el gran milagro de Janucá para engañarnos y reducir nuestros estándares y sentirse seguros con la pequeña llama de una sola vela.


PARASHAT MIKETZ – Shabat Janucá – “reconstrucción” del crimen de los hermanos

Leeremos en Parashat Miketz el duro trato de Yosef a sus hermanos cuando vinieron a Egipto a comprar granos. Ahora, Yosef el visir egipcio que presidió la distribución del grano durante una época de grave sequía, acusó a sus hermanos, que no lo reconocieron, de llegar a espiar, y finalmente tomó a Shimón como prisionero. Les indicó que volvieran a Canaán y le trajeran a su hermano menor, Biniamin, para probar su inocencia.

            Muchos comentaristas notaron cómo el plan de Yosef era recrear las circunstancias del crimen de los hermanos contra él. Ahora, justo entonces, su hermano estaba siendo arrojado a un “pozo” -en este caso, una prisión- y tendrían que regresar a casa a su padre e informarle que su hijo había desaparecido. Yosef les pide que traigan a Biniamin y acuerda que tendrían que regresar a Yaakov e informar que el hijo de su esposa más querida, Rajel, se ha ido, tal como lo hicieron después de que Yosef fuera vendido como esclavo. (En respuesta al apasionado alegato de Yehuda, sin embargo, Yosef reniega y revela su identidad a sus hermanos).

            Se ha sugerido que la acusación de Yosef contra sus hermanos también tenía la intención de ser paralela, de algún tipo, al evento de la venta de Yosef. Yosef los acusó de venir como espías – “para ver las partes ocultas de la tierra” (42: 9) – cuando en realidad habían salido del deseo inocente de comprar grano. Esto es bastante similar a lo que sucedió cuando Yosef fue vendido como esclavo. Había acudido a los hermanos inocentemente, con la intención de preguntar por su bienestar, tal como Yaakov había pedido. Ellos, sin embargo, al menos por lo que Yosef entendió, sospechaban que había venido a ”espiar” para entrometerse en sus asuntos privados y luego informar sobre ellos a su padre. Esto es lo que los llevó a concluir que tuvo que ser eliminado, ya sea por la muerte o vendido como esclavo.

            Este paralelo, pone de relieve una diferencia crucial entre los dos incidentes. Yosef emitió acusaciones contra sus hermanos que eran completamente infundadas.No había ninguna razón para sospechar que habían venido a Egipto por algún motivo que no fuera para comprar grano. Sin embargo, cuando Yosef visitó a sus hermanos en Dotan, no era descabellado suponer que había venido a espiarlos. Él ya tenía un registro de traer reportes negativos sobre ellos a Yaakov (Esta es la historia de las generaciones de Yaakov: Yosef, cuando tenía diecisiete años, apacentaba el rebaño con sus hermanos; el joven estaba con los hijos de Bilhá y con los hijos de Zilpá, mujeres de su padre. Y Yosef trajo a su padre malos informes sobre ellos 37: 2), y les había hablado sobre sus sueños de gobernar sobre la familia. Los hermanos se habían mudado con sus rebaños a la zona de Shjem, lejos de la casa de la familia en Jevrón, probablemente para distanciarse de Yosef, que buscaba socavar su posición en la familia y afirmar su autoridad. Ahora que Yosef los había perseguido, era comprensible que sospecharan que Yosef había venido a espiarlos como parte de su esfuerzo por imponer su gobierno y autoridad.

            Sin embargo, Yosef pensó que era apropiado arreglar esta “reconstrucción” del crimen de sus hermanos contra él, porque la verdad es que no había venido a espiar contra ellos. Su mensaje, tal vez, fue precisamente que su acusación sobre él era infundada. A pesar de su historia pasada, no tenían derecho a asumir motivos nefastos incluso antes de hablar con él e indagar sobre el motivo de su inesperada visita. Era tan inocente cuando llegó a Dotan como lo estaban los hermanos cuando llegaron a Egipto. Y, por lo tanto, su maltrato hacia él fue tan cruel e injustificado como su hostilidad hacia ellos cuando simplemente intentaban comprar comida para sus familias.

            La enseñanza que podemos aprender del mensaje de Yosef es que debemos dar a las personas el beneficio de la duda, y la oportunidad de demostrar su valía, a pesar de las tensiones pasadas y la hostilidad. No deberíamos asumir necesariamente que las personas que fueron desagradables y antagónicas en el pasado están actuando de la misma manera ahora. Todas las personas tienen la oportunidad de cambiar, y debemos permitirles la oportunidad de recuperar nuestra confianza y amistad.


PARASHAT MIKETZ – Las mayores contribuciones se hacen cuando hay un vacío

El Ramban, en un famoso pasaje de su comentario sobre la Torá (principio de Parashat Behaalotjá), cita al Rav Nisim Gaón (990-1062, conocido por su comentario talmúdico Hamafteaj, estudió en la yeshivá de Qairuán, en Túnez. Su alumno más famoso probablemente fuera Isaac Alfasi -el “Rif”-), como una alusión bíblica al milagro de Janucá. El relato de la Torá del “Janucát Hamishcán” – la inauguración formal del Mishcán, que aparece al final de Parashat Nasó, es seguido inmediatamente por el mandato de Dios a Aharon con respecto al encendido de la menorá. Rav Nisim Gaón, que ofrece una versión ligeramente diferente del famoso Midrash citado por Rashí, explica que Aharon estaba molesto por el hecho de que ni él ni su tribu, la tribu de Levi, participaron en la Janucát ha-Mishcán. El líder de cada una de las doce tribus trajo una elaborada serie de sacrificios para celebrar este evento, con la excepción de Aharon, cuya tribu no trajo ninguna de esas ofrendas. Dios buscó consolar a Aharon informándole de la re-dedicación del Mikdash que sus descendientes liderarían mucho más tarde, después de la victoria sobre los griegos. Esta re-dedicación, por supuesto, se destacó por el encendido milagroso de la menorá, y por lo tanto, el mandato de Aharon con respecto a la menorá alude a la historia de Janucá, cuando sus descendientes permanecerían a la vanguardia de la re dedicación del Templo. Este conocimiento fue pensado para aliviar las preocupaciones de Aharon sobre su ausencia del Janucát hamishcán.

            El Rav Nisim Gaón aquí dibuja un contraste entre dos eventos muy diferentes. Janucát ha-Mishcán marcó la culminación de la construcción del Mishcán, en el que participó toda la nación. Los estrofas en Parashat Vayakel describen en detalle la respuesta entusiasta de la nación a la convocatoria de materiales, con todo el mundo suministrando generosamente todo lo que necesitábamos, hasta el punto en que se hizo un anuncio para instruir a la gente a dejar de donar. Esta naturaleza colectiva de la construcción de Mishcán se ve subrayada por el hecho de que los dos artesanos principales, Betzalel y Oholiav, pertenecían, respectivamente, a las tribus de Yehuda y Dan, la tribu más grande y más pequeña. Apropiadamente, todas las tribus participaron en la celebración de la inauguración del Mishcán, ya que el proyecto marcó la culminación del esfuerzo conjunto y colectivo de toda la nación.

            La rededicación del Templo durante el tiempo del Jashmonaim, sin embargo, fue, en gran medida, la culminación de los esfuerzos únicamente de los Cohanim. Los Jashmonaim iniciaron, encabezaron y lideraron la campaña contra la opresión griega, y fueron ellos quienes volvieron a dedicarle el Templo. Mientras que la toma de posesión de Mishcán fue el resultado de un esfuerzo colectivo a nivel nacional, la rededicación del Templo en el tiempo de Jashmonaim fue el resultado principalmente de los esfuerzos de los Cohanim.

            Los comentarios de Rav Nisim Gaón quizás nos enseñan que las mayores contribuciones se hacen cuando hay un vacío que debe ser llenado, cuando hay una necesidad urgente que nadie más está trabajando para llenar. La inauguración del Mishcán no requirió la participación de los Cohanim; los judíos que luchaban bajo la opresión griega ciertamente lo hicieron. Por supuesto, hay mucho que decir sobre unirse a la nación en tiempos de celebración nacional y celebración, y por lo tanto la incomodidad de Aharon es comprensible. Pero Rav Nisim Gaón nos recuerda que mucho más importante es dar un paso al frente cuando nadie más está allí, emprender iniciativas que otros no desean tomar, y llenar las lagunas que nadie más puede llenar.


PARASHAT MIKETZ – Shabat Janucá – ¿Qué es Janucá?

La clave para entender Janucá se encuentra en el capítulo 30 del Libro de los Salmos, compuesto por el rey David. El capítulo se introduce con las palabras “Un salmo a la dedicación [‘Janucá’] del Templo de David”. Los comentaristas están desconcertados por estas palabras.

Todos sabemos que el rey David no vio el templo, que fue construido por su hijo, el rey Shlomó. Así que ¿cómo iba a escribir un salmo durante la dedicación del Templo? Una mirada superficial al salmo revela que no se refiere al Templo en absoluto, sino más bien a las tribulaciones y sinsabores de la turbulenta vida del rey David. Es un salmo acerca de su fe en Dios por medio de sus penas y triunfos. El rabino Shimshón Raphael Hirsch, en su comentario sobre el libro de Tehilim, explica que, efectivamente, el último templo no es el edificio, sino la vida de santidad, moral y espiritualidad que un judío vive de acuerdo con los valores que Dios nos dio. Aquellas comunidades que omiten durante todo el año excepto durante Janucá ese versículo, no conocieron esta explicación.

El rey David a través de su vida, especialmente como líder de Israel, mostró cómo se viven valores de la Torá de una manera real todos los días. El Templo dedicado al servicio de Dios era la misma vida del rey David. Este, explica el rabino Hirsch, era el destino que el templo deseaba lograr para los judíos. Ya cuando Dios ordenó al pueblo judío a construir un santuario en el desierto, dijo, “hagan para mí un santuario y habitaré en medio de ellos”. Nunca se trató del edificio como institución o como el objetivo final – sino más bien de cómo el Templo tendría un impacto en las vidas de las personas.

Esta tensión entre la institución per se y los valores que trata de inspirar es la raíz de muchas de las grandes luchas de la historia judía. El rabino Hirsch, en su comentario sobre el libro de Yeshayahu, dice que el primer Templo fue destruido por Dios porque la gente lo trató como una institución externa, con boato y lujo, construido por ladrillos, en lugar de convertirlo en una parte viva de sus existencias. La casa definitiva de Dios que necesitamos construir es dentro de nuestras propias vidas en lugar de pensar sólo en el edificio. En las generaciones anteriores a su destrucción, el templo se había convertido en un lugar donde la gente “visitaba” a Dios en su “casa”, pero nunca lo invitaron a ese mismo Dios de Abraham, de Itzjak y de Yaakov, a sus hogares ni sus vidas. Lo dejaron allí como un lugar donde la gente venía para desempeñar funciones ceremoniales, en vez de ser un lugar para inspirarse a impregnar su vida cotidiana con los valores y principios de la Torá.

Del mismo modo, explica el rabino Hirsch, la sinagoga como institución es muy importante en la vida judía, y sin embargo, si es el único escenario donde se expresan los valores judíos, entonces ha fracasado en su misión. La sinagoga está ahí para inspirar sobre la forma en que vivimos nuestras vidas fuera de ella. Está ahí para guiar e inspirarnos en cómo vivir nuestra existencia como buenos judíos en el seno de nuestras familias, en nuestros hogares, en el trabajo, en la sociedad ya través de todas las actividades de la vida, de acuerdo con los valores de la Torá.

Cuando los valientes Macabeos se levantaron contra el imperio helénico estaban inmersos en la misión de recuperar la libertad y la independencia judía, pero al mismo tiempo, fundamentalmente en restaurar los valores judíos al pueblo de Israel, y a sus personas y no sólo a sus instituciones. La lucha no era sólo política y militar. Se trataba de los valores de la Torá. Muchos judíos de su tiempo se habían asimilado al sistema de valores y a la visión del mundo y la filosofía y la cultura griega. A través de la persuasión y, a veces por la fuerza bruta, los valores helénicos no sólo ingresaron en el Templo, sino también en los corazones y hogares de los judíos en todo Israel. Los macabeos victoriosos, al volver a encender la Menorá con aceite de oliva puro que tenía el sello del Sumo Sacerdote, se convirtieron en el símbolo de la lucha por los valores judíos y la restauración de los valores de las personas.

Al establecer la festividad de Janucá, nuestros sabios no hicieron hincapié en el milagro de la batalla porque la victoria militar tenía como objetivo la restauración de los valores judíos a la sociedad. Era un medio para un fin y no el objetivo final.

La Menorá en sí representa los valores judíos y por eso la atención se centró en ese milagro. Nuestros Sabios decretaron que todos los años durante Janucá cada hogar judío enciende un Menorá, que siempre había sido la representación de la preservación de los valores del Templo. El mensaje es claro y potente: cada hogar judío puede y debe ser un Bet Hamikdash – un Templo – donde nuestros valores judíos puedan llegar a ser una parte cotidiana de nuestras vidas y la de nuestros hijos. Es por eso que esta festividad tiene el nombre de Janucá – porque se trataba de la re-dedicación del Templo, y también significa la nueva dedicación de todos los hogares y los corazones judíos de todo Israel a nuestros valores judíos. Eso explica por qué la mitzvá de encender las velas de Janucá sólo puede cumplirse adecuadamente en casa. A pesar de que también tenemos la obligación de dar a conocer el milagro tanto como sea posible, la Menorá se encuentra en el hogar y derrama su luz hacia el exterior. Tiene que comenzar dentro de la casa y el corazón de cada individuo. 

El mensaje de Janucá es más relevante hoy que nunca, cuando el pueblo judío se esfuerza por encontrar su camino en un mundo a menudo lleno de hostilidad, por una parte, y de asimilación desenfrenada por el otro. El mensaje de Janucá es claro – para construir un pueblo fuerte y vibrante judía que necesitamos para ser inspirados las luces de las velas de Janucá y lo que representan.

La Menorá es el símbolo oficial del Estado de Israel. Representa los valores que son tan cruciales para nuestra claridad moral y la inspiración nacional. Janucá nos enseña que estos valores no pueden ser institucionalizados simplemente como un símbolo del Estado y permanecen allí. Si el único centro de la vida judía fuera el institucional, no importa cuán santo e importante sea, el judaísmo se marchitará. Para lograr que los valores de la Torá prosperen en este mundo necesitan vivir en las acciones de cada judío. Es a través de las luces de Janucá ardiendo en cada hogar que se nos recuerda que se trata de la familia judía que es la mayor institución de nuestro pueblo, y que el mayor templo que construimos a Dios está en nuestros corazones, hogares y vidas diarias.


Parashat Miketz – Shabat Janucá – Para juzgar benevolentemente

Cuando los hermanos de Yosef regresaron a Egipto con Biniamin, y vio que Biniamin estaba con ellos, le ordenó al mayordomo de su casa: «Lleva a estos hombres a mi casa, y mata una res y prepárala, porque hoy al mediodía estos hombres comerán conmigo». (Bereshit 43:16). La Guemará (Julin 91a) interpreta esta frase en el sentido de que Yosef le pidió a su personal que mostrara a sus hermanos el cuello sacrificado del animal del que se serviría la carne, para demostrar que cumplía con los requisitos de la shejitá, sabiendo que sus hermanos no comerían de la carne de un animal que no fue faenado adecuadamente de acuerdo con la ley de la Torá.  

            Rabí Shmuel Eidels (1555 – 1631), el Maharshá, plantea las supuestas preocupaciones halájicas de los hermanos por la shejitá descalificada por la Halajá si no es realizada por un judío. 

El Maharshá

Aunque el Kesef Mishné de rabí Yosef Caro (Hiljot Shejitá 4:12) sostiene que un gentil que no adora ídolos puede -según la halajá- faenar un animal, su punto de vista es minoritario entre las autoridades. La pregunta sigue siendo, ¿cómo, de acuerdo con la opinión de la mayoría, los hermanos de Yosef comieron carne sacrificada por   funcionarios egipcios? Para responder a esta pregunta, el Maharshá interpreta la guemará en el sentido de que Yosef pidió a sus siervos que traigan a sus hermanos los animales, para que uno de ellos haga la shejitá según la norma.  

 Rav Asher Weiss, Rosh Colel del Majón Minjas Osher Letorá Vehoraá citando a Rav Meir Yejiel Haleví de Ostrowiec,   el justo que ayunó cuarenta años, plantea la pregunta de otra manera. Muchos de los Ajaronim han abordado la cuestión de si los patriarcas y sus descendientes tenían el estatus halájico de judíos o gentiles antes de Matán Torá, cuestión debatida entre los sabios. Si suponemos que antes de Matán Torá nuestros antepasados eran considerados halájicamente gentiles, pero sin embargo observaban las leyes de la Torá, podríamos entonces preguntarnos cómo se les permitió comer carne en absoluto, ya que no había judíos halájicos en ese tiempo, al grado que también su propia shejitá, era inaceptable. Rav Weiss explica, que si bien la Guemará postula en varios contextos que los patriarcas observaban la Torá, está claro que no les era obligatorio, y ellos lo hicieron de forma voluntaria. Por lo tanto, ya que no había aún ninguna obligación técnica para realizar shejitá, no podemos hablar de la descalificación de uno que no está obligado en este contexto. Por lo tanto, era totalmente permisible para ellos – a pesar de su compromiso con la ley de la Torá – consumir la carne de los animales sacrificados por los que estaban fuera de las filas de los Benei Israel.

Cuando con tanta facilidad descalificamos al otro por no llegar a lo que suponemos es el nivel de observación de los preceptos, no nos damos cuenta que quizás si estudiáramos más podríamos encontrar maneras de comprender mejor y más benévolamente al semejante. Como que Yosef exigía de todos el máximo nivel de observancia, estaba preocupado por mantener su preeminencia por otros medios.


PARASHAT MIKETZ – SHABAT JANUCÁ

“Yosef era el señor de la tierra, quien le vendía trigo a todo el mundo. Cuando llegaron los hermanos de Yosef, se inclinaron a él rostro en tierra. Yosef reconoció a sus hermanos en cuanto los vio; pero hizo como que no los conocía, y hablándoles ásperamente les dijo: – ¿De dónde han venido? -Ellos respondieron: –De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. Reconoció, pues, Yosef a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.” Bereshit 42:6-8

La crisis de la familia de nuestro patriarca Yaakov, nos acompaña también en esta parashá, Miketz. Es la segunda parte de la dinámica en las relaciones de los hermanos de Yosef con él. Hay hambre en su tierra por lo que Yaakov envía a sus hijos a Egipto para lograr abastecimiento. Llegan a Egipto y allí se encuentran con la sorpresa más grande: Su hermano, a quien no reconocieron, pese a ser reconocidos por él. Ahora él, es el fuerte. De pronto uno de los sueños del soñador se cumple cabalmente, sus hermanos “se inclinaron a él rostro en tierra”, pero, pese a ellos no se identifica. ¿Se sentía perplejo y confuso y por ello no reaccionó? ¿Con su sabiduría entendió que fue H’ le había brindado pasar por tantas peripecias, para poder ayudar a su familia? – pregunta Abarbanel*. ¿Hay otras posibilidades? ¿Cuáles? ¿Cuál sería la respuesta correcta?

Todos los años en el invierno boreal los relatos de la vida de Yosef y sus hermanos y los sueños de Faraón se entremezclan con las velas de Janucá. Cuando encendemos las candelas oímos los sueños de Yosef y nos detenemos ante la simpleza y la belleza de esas visiones.

El texto bíblico nos describe la apropiación de Yosef, el bello, el preferido, diciendo “porque fui robado de la tierra de los hebreos y aquí nada he hecho para que me pusieran en la cárcel” nos dice en Bereshit 40:15. Le nacen dos hijos cuyos nombres relatan la historia. “Y le nacieron a Yosef dos hijos antes de que llegaran los años de hambre, los que le dio a luz Osnat, hija de Puti Fera, sacerdote de On. Y al primogénito Yosef le puso el nombre Menashé, porque dijo: D-os me ha hecho olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre. Y al segundo le puso el nombre Efraím, porque dijo: D-os me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción” (Bereshit 41:50-52).

No hay como el capítulo 88 de Tehilim, que trata el “enigma” del sufrimiento humano y que es considerado como un salmo que plantea la lamentación más lacerante, para describir lo que Yosef pudo haber sentido en su prisión. Lo que tantos otros seres humanos, alejados de sus destinos sienten, lo que perciben los perseguidos, los alejados, los sufrientes. Lo que percibieron los macabeos cuando se lanzaron a su lucha desesperante ante un enemigo mucho más fuerte. “¡Llegue mi oración a tu presencia! ¡Inclina tu oído hacia mi clamor!, porque mi alma está hastiada de males y mi vida cercana al Sheol. Soy contado entre los que descienden al sepulcro; soy como un hombre sin fuerza, abandonado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya y que fueron arrebatados de tu mano. Me has puesto en el hoyo profundo, en tinieblas, en lugares profundos. Sobre mí reposa tu ira y me sumerges en todas tus olas. Has alejado de mí a mis conocidos; me has hecho repugnante para ellos; encerrado estoy sin poder escapar. Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción. Te he llamado, H’, cada día; he extendido a ti mis manos. ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Será proclamada en el sepulcro tu misericordia o tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas y tu justicia en la tierra del olvido? Mas yo a ti he clamado, H’, y de mañana mi oración se presenta delante de ti. ¿Por qué, H’, desechas mi alma? ¿Por qué escondes de mí tu rostro? Yo estoy afligido y menesteroso; desde la juventud he llevado tus terrores, he estado lleno de miedo. Sobre mí han pasado tus iras y me oprimen tus terrores. Me han rodeado como aguas continuamente; a una me han cercado. Has alejado de mí al amado y al compañero, y a mis conocidos has puesto en tinieblas”.

Todas las personas pasan por los estados de dependencia hasta que adquieren su libertad. Primero dependen totalmente del Padre, y recién después y con mucho esfuerzo pueden comenzar a caminar solos. Pero, Padre responde cuando se lo busca, no siempre desea adelantarse al sufrir. De pronto el hijo debe gritar, pero, no todos los gritos se oyen. A veces forman parte de una multitud que los oculta. Otras, son sonidos no acompañados por la esencia. El grito no sólo es reacción por el dolor, puede ser por angustia. En la noche egipcia, silencio sepulcral. Como en las otras noches de los pueblos. No hay vida. Hay sueños. Pero, desde la prisión se oye el grito desgarrante. Grito de vida. Grito de valor. El miedoso no grita, dice nuestro rey David. Y Yosef se libera de la cárcel política. Allí había otros funcionarios que soñaban.

Y Yosef cambia su apariencia. La Torá recalca la nueva ropa de la misma forma como destacara la camisa a rayas. Yosef cambia sus indumentarias, pero sigue siendo la misma persona. Así logra enfrentarse a la nueva cultura, tal como nosotros aprendemos en Janucá a confrontarnos con la que nos rodea y es ajena. Que nos pide ropajes que llegan a confundirnos. Yosef debe ir cambiando de sombreros y de ropajes en el proceso de la búsqueda de su identidad. Como tantos también en nuestra época, en tantos países. De la adolescencia como pastor pasa a ser tan importante. En sus funciones no sólo cambia de ropaje sino que también le dan un nombre nuevo, le entregan una mujer, y un puesto. Pero, cuando llega el momento, exclama: “Yo soy Yosef”,… sigo siendo el mismo pese a mis puestos a mis ropajes a mi mujer a mis cargos. No he cambiado. “¿Vive nuestro padre?” – pregunta, porque en él vive. Y en ese momento, ya no le interesa el poder, el lujo, ni el palacio. Sólo regresar a su D-os y a su familia, pese a que la misma tanto lo maltrató. Su vida fragmentada y rota se rearma como un rompecabezas y alcanza la perfección. No más vida doble. No más falsas identidades. Y entonces, estamos ya en Janucá con un mensaje similar.

Yosef se encarga casi personalmente de alimentar a todos pero maltrata, a los extranjeros que llegan, a los miembros de su familia. Ajenos al medio. Cercanos al virrey. Sin embargo, Yosef no solo los acusa sino que les exige a sus hermanos. Entre sus alforjas coloca la copa que le servirá para retenerlo a su lado y desprenderse de sus hermanos a los que envía a sus hogares. Y, Yosef, pese a su poder, sigue temiendo a sus hermanos. Los temores infantiles no se van tan rápido. A esos bravucones que quisieron desprenderse de él y lo lograron. Necesita estar seguro que esta vez no volverán a intentar exterminarlo. Necesitaba saber también cómo se comportarían con Biniamin, si contra él iban a actuar de la misma manera que ya habían practicado con él o si ya cambiaron las relaciones y las reglas del juego. Por suerte para Yosef y para nuestra historia familiar, esta vez los hermanos se unen en defensa del otro hijo de Rajel.

Yosef, el perseguido y censurado aún por su padre, llega a ocupar un cargo importantísimo y a ejercerlo muy bien. El soñador se ha convertido en un pragmático. Y allí, en la ajenidad, recupera su nombre, recobra su identidad, regresa a su familia, que es la manera de regresar a su pueblo.

Shabat Shalom y Janucá Sameaj desde Sión,

Parashat Miketz – el respeto a las identidades

…“Después se lavó el rostro y salió y se contuvo y dijo: “Sirvan la comida”. Y procedieron a servírsela a él aparte y a ellos aparte y a los egipcios que estaban comiendo con él aparte; puesto que los egipcios no podían comer una comida con los hebreos, porque eso es cosa detestable a los egipcios” (Bereshit 43:31-33).

Imaginemos la situación. Una mesa para Yosef, otra para los egipcios y otra más para la familia de Yaakov. El comedor real se divide en tres segmentos, y en lugar de una gran y majestuosa mesa tenemos tres. Los hijos de Israel pudieron entonces comer sin vergüenza los alimentos que podían ingerir y bendecir a .A., por los alimentos antes y después de comerlos. Los egipcios, cuidan sus tradiciones y no pueden compartir con los forasteros la ingesta de lo que ellos tienen prohibido ingerir. Para los egipcios, los otros invitados –nuestros antepasados- son inmigrantes de segunda, burdos, faltos de estilo y modales, desarrapados, vestidos con la moda de Canaán.

La otra mesa fue servida para el virrey Yosef.

El rav Norman Lamm llamó a esta situación producto del “humor divino”, por lo absurdo que parecía. Entendió que Yosef representó allí lo que los judíos hicieron en el destierro y la diáspora durantela historia. Cambió sus ropas por las del Imperio, modificó su nombre por uno egipcio, su objetivo era obliterar todo residuo de su identidad anterior. No va a comer con sus hermanos, no se sienta a consumir con sus súbditos, que le obedecen, le halagan, lo elogian, pero que, para ellos, el gran visir, sigue siendo judío pese a todos los maquillajes. Pese a su poder lo rechazan internamente.  Lo aceptan externamente porque no tienen otro remedio pero, no lo desean tener como par en sus actividades sociales. 

Las tres mesas descritas en los dos versículos que leemos casi sin darnos cuenta, son una escena en   la tragicomedia que muchos viven en estos mismos días de la situación tan antigua como el pueblo judío. El judío inauténtico huye de la mesa de sus hermanos pero pese a su esperanza, no será invitado de corazón a la mesa de los otros.

El judío y el gentil verídicos pueden compartir la fraternidad con dignidad, respetando total y absolutamente la identidad del “otro” y establecer puentes sin temor. Ya no somos esclavos ni lo deseamos ser.


Parashat Miketz – El Conflicto de los Hermanos se mantiene a lo largo del tiempo

 La frase “Y Yosef había reconocido a sus hermanos, aunque ellos no lo habían reconocido” (Bereshit 42:8), es la que sintetiza mejor que cualquier otra, la historia de nuestro pueblo.

Yosef había llegado a ser uno de los funcionarios más importantes de Egipto antiguo, después de Paró. A ese puesto llegó después de pasar por una serie de vicisitudes, porque sus propios hermanos habían decidido liquidarlo. Ahora sus hermanos necesitan comida y llegan, 22 años después, a Tzofnat Paneaj, la autoridad egipcia. El grupo no registra que el “egipcio” era su propio hermano, pero, él sí los reconoce. 

El rabino Jonathan Sacks dice que Yosef   “simboliza la condición judía”, ya que sus hermanos son mayores y más fuertes que él y les molesta su presencia y su propia existencia, por lo que quieren matarlo.  No se les ocurre que el hombre que tienen frente a sí es Yosef. Para ellos no existe. “Ellos no lo reconocen ahora. Nunca lo hicieron. Ellos nunca lo reconocieron como uno de ellos, como נ hijo de su padre, como su hermano con una identidad propia y gozando del derecho a ser él mismo”.  “Yosef  reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron”.  El rav Sacks dice que el judaísmo fue el primer monoteísmo, pero no el último. El cristianismo y el Islam reclaman literal o metafóricamente, ser los únicos herederos de Abraham.  La relación entre los grupos se parece a la riña entre hermanos.

Hubo momentos – como en los principios de la España medieval en los que Yosef y sus hermanos vivieron juntos en relativa armonía-. Pero también hubo otros, muchos más, en los que los libelos de sangre, las acusaciones de envenenar los pozos o de propagación de plagas – fueron falsedades que evidenciaban sus ganas de matarlo. Y otros momentos en los que las expulsiones que se llevaron a cabo en toda Europa entre la de la Gran Bretaña en 1290 y la española de 1492, simplemente querían deshacerse de él. Deseaban que se fuera, y que sea siempre un esclavo en otro lugar, lejos de sus espacios exclusivos. Limpios de los hijos de Yaakov. Luego vino el Holocausto, la campaña orquestada cuyo fin era borrar a Yosef de la faz de la tierra.

Desde que nació el Estado de Israel, hasta hoy, los adversarios, no renuncian en buscar su exterminio, aunque no todos lo expresen tan abiertamente. Ellos niegan el derecho de Israel a existir dentro de fronteras de cualquier tipo. Sus discípulos se encuentran en todas las naciones de la tierra.

Yosef reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.

Los judíos del mundo, discuten permanentemente la política de Israel, y tienen el derecho de hacerlo, siempre y cuando comprendan que el verdadero desafío de Israel comienza con su derecho de ser reconocido por todo el mundo y que su propia existencia en libertad deje de ser cuestionada.

Una lectura cuidadosa del libro de Bereshit, que finaliza este Shabat Janucá, demostrará que el verdadero conflicto humano es la rivalidad entre hermanos.  Entre Caín y Hevel, Ytzjak e Ishmael, Yaakov y Esav, Yosef y sus hermanos, Israel y los pueblos y naciones del mundo. Janucá nos lo recuerda, si la lectura del Libro no fuere suficiente.


Parashat Miketz – interpretando sueños

“Al cabo de dos años. Paró soñó que se encontraba parado a la vera del río. De pronto suben del río siete vacas hermosas y lustrosas que se pusieron a pacer en el carrizal. Pero he aquí que detrás de aquéllas subían del río otras siete vacas, de mal aspecto y macilentas, las cuales se pararon junto a las otras vacas en la margen del río, y las vacas de mal aspecto y macilentas se comieron a las siete vacas hermosas y lustrosas. Entonces Paró se despertó. Y vuelto a dormirse soñó otra vez que siete espigas crecían en una misma caña, lozanas y buenas. Pero he aquí que otras siete espigas flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas y las espigas flacas consumieron a las siete lozanas y llenas. Despertó Paró, y he aquí que era un sueño.” (Bereshit 41:1-7)

A.

Al leer estos sueños, como cuando leemos los pesadillas del mayordomo real y el panadero real, no podemos evitar preguntarnos qué tan sabio debió ser Yosef para comprender su significado. ¿Porqué los magos no podían interpretar los sueños ellos mismos? ¿Y por qué,después de que Yosef explicó su significado a Paró, quien en su asombro lo declaró “un hombre en quien está el espíritu de Dios”?

El midrash expone las interpretaciones ofrecidas por los magos de Paró: “El rabino Yehoshúa de Sajnin enseñó en nombre de r. Levi: Ellos [los magos] ofrecieron interpretaciones, pero Paró no pudo aceptarlas: [sugirieron que] las siete buenas vacas simbolizaban a las siete hijas que le nacerían, mientras que las siete vacas flacas representaban siete hijas que él enterraría. Las siete espigas buenas representaban siete capitales que él conquistaría, mientras que las siete espinas maltrechas representaban siete capitales que se rebelarían contra él” (Bereshit Raba 89).

Pero las siete vacas gordas dan testimonio de saciedad y abundancia, y claramente las siete buenas espigas tienen el mismo significado. Tanto las siete vacas flacas como las siete arruinadas simbolizan años de hambre. La interpretación de Yosef es tan lógica y evidente que la pregunta pasa, como se señaló, a los magos y a Paró que estaban tan profundamente impresionados por la sabiduría de Yosef. 

La clave de este rompecabezas puede radicar en señalar lo que consideramos una diferencia entre el sueño de las vacas y el de las espigas. La región del Nilo estaba bien irrigada, y la mayor parte de lo que creció allí fue regada por medio de canales de irrigación, “como un jardín de vegetales”, “como el jardín del Señor”. ”Porque la tierra en que vienes, para poseerla, no es como la tierra de Egipto,de donde saliste, donde sembrarías tu semilla y la regarías con tu alimento, como un huerto de vegetales” (Devarim 11: 10). “Y Lot alzó los ojos y contempló toda la llanura del Jordán, que estaba bien regada en todas partes, antes de que el Señor destruyera Sedom y Amorá, como el jardín del Señor, como la tierra de Egipto, en la dirección de Tzoar” (Bereshit 13:10).

No había pasto dentro de esta área irrigada, por temor a que las ovejas y las cabras comieran los campos de vegetales y los productos, y por lo tanto “todos los pastores son una abominación a Egipto”. El ganado más disciplinado pacería en un área cercana a el Nilo, pero no muy cerca, porque a lo largo de sus orillas estaban los campos que se regaron por medio de zanjas que transportaban el agua del Nilo.

El primer sueño mostraba hambruna y escasez en el área alejada al Nilo, en las áreas de pastoreo, donde estaban las vacas. El segundo sueño transmitió una crisis más aguda: aquí los signos de hambruna se manifestaban cerca del Nilo, en los campos que eran regados regularmente por su agua. Por lo tanto, los sueños pasaron de ser relativamente menos severos a ser más severos, de los menos urgentes a los más urgentes.

Volvamos ahora a nuestra pregunta. Parecería que los magos podían imaginar cualquier escenario en el mundo, incluidas las guerras con siete reinos, pero no podían imaginar una situación de hambre en la región del Nilo. El Nilo es un gran río con un tremendo flujo de agua; que el Nilo se seque les parecía una situación irreal e imposible. Nose les ocurrió la posibilidad de una contaminación severa del agua (que destruiría los cultivos o los envenenaría). Buscaron una interpretación diferente, una historia disímil. No podían salir de sus concepciones y de sus preconceptos.

Sin embargo, Paró tenía algunas buenas razones para aceptar la interpretación propuesta por Yosef. Primero, la explicación de Yosef se apegó más a los detalles del sueño. En segundo lugar, Yosef se atrevió a definir un marco de tiempo para la realización del sueño,declarando que todo esto sucedería de inmediato. Estaba completamente seguro deque no estaba equivocado, porque una interpretación errónea sin duda le habría costado la vida. Los magos, por el contrario, no se atreverían a declarar cuándo se producirían los escenarios que previeron. En tercer lugar, junto con su interpretación del sueño, Yosef propone una solución, un plan de acción. Lo que los magos propusieron fue, en efecto, sumisión a lo que el sueño había decretado. [1]

B.

“Ahora pues, busque Paró un hombre prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto. Haga esto Paró: nombre intendentes sobre el país y exija un quinto de la producción de la tierra de Egipto en los siete años de abundancia. Y que ellos recojan todos los víveres de esos años buenos que vienen, y almacenen en las ciudades el grano para alimento bajo la autoridad de Paró, y que lo protejan.  Y que los víveres sean una reserva para el país durante los siete años de hambre que ocurrirán en la tierra de Egipto, afín de que el país no perezca durante el hambre…” (Bereshit 41:33-36).

A Yosef no se le pidió consejo con respecto a la hambruna; como Ramban observa sorprendido, “¿Fue entonces nombrado consejero del rey?” Ramban, como se señaló, resuelve esta dificultad explicando que el consejo de Yosef era en realidad parte de la interpretación del sueño. Sin embargo, la similitud en la estructura de las interpretaciones de Yosef sobre el sueño del mayordomo y el sueño de Paró podría llevarnos a una comprensión diferente.

Yosef está, de hecho, interpretando sus propios sueños: el sueño de las gavillas que se inclinan ante su propia gavilla, y el sueño del sol, la luna y las estrellas inclinándose ante él.Inmediatamente después de explicarle el sueño del mayordomo, le pide que el soñador se lo mencione a Paró, tal vez como hábil intérprete de sueños.Inmediatamente después de explicarle el sueño del Paró, le pide al rey, que tuvo el sueño, que nombre a un hombre sabio y perspicaz sobre toda la tierra de Egipto, con la intención de presentar su propia candidatura para el puesto.

Yosef veía sus propios sueños como representando una profunda verdad interna que no podía negarse; es una verdad que tuvo su origen en el espíritu Divino: una porción de la sexagésima parte dela profecía. Reconoció lo que le estaba sucediendo ahora como el signo de lama no de Dios que lo llevaba hacia la realización de sus propios sueños. Parece claro para él que este ascenso al poder no se entiende como un logro o un finen sí mismo, sino más bien como un medio para un propósito mayor. Sin embargo,si Paró acepta el consejo de Yosef, parece que sólo el primer sueño de Yosef,el de las gavillas, se cumplirá. El hambre hará que sus hermanos se inclinen ante las abundantes gavillas de Yosef, el producto almacenado en los tesoros de Egipto. La vida y el sustento de sus hermanos dependerán de él. Este es el significado del primer sueño. ¿Pero la capacidad de Yosef para explicar el sueño de Paró y proponer la idea simple de almacenar el exceso de producción para los años de escasez, hacen que el sol, la luna y las estrellas se inclinen ante Yosef? ¿Será esto suficiente para convertirlo en el gobernante de facto de todo Egipto y sus alrededores, y oficialmente el segundo al mando del Paró?

C.

“Entonces Paró dijo a sus siervos: ¿Podemos hallar un hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?  Y Paró dijo a Yosef: Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú.  Tú estarás sobre mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes; solamente en el trono yo seré mayor que tú.  Paró dijo también a Yosef: Mira, te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.  Y Paró se quitó el anillo de sellar de su mano y lo puso en la mano de Yosef; y lo vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello.  Lo hizo montar en su segundo carro, y proclamaron delante de él: ¡Doblad la rodilla! Y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.  Entonces Paró dijo a Yosef: Aunque yo soy Paró, sin embargo, nadie levantará su mano ni su pie sin tu permiso en toda la tierra de Egipto…” (Bereshit 41:38-44)

 Como se señaló, el consejo -que el texto documenta- que Yosef lo ofrece guardar el exceso de producción de los años de abundancia para asegurar el suministro de alimentos para los años malos, parece una conclusión simple que cualquier persona sensata podría alcanzar sin ninguna habilidad especial. Sin embargo, la lógica dicta un abordaje más complejo y perspicaz del problema, y podemos suponer que Yosef sí ofreció un plan,explicándolo a Paró y a sus asesores en todos sus detalles. Una visión general del plan es que los siete años de hambruna, que gestionará el reino, incluirán reformas económicas de largo alcance, trastornos sociales importantes y los peligros presentados por la intervención externa, en forma de invasiones de tribus migrantes hambrientas, y posibles intentos internos para derrocar al régimen. La disposición de Paró de promover a Yosef del rango de siervo hebreo a oficial de la guardia, de un recluso encarcelado sin juicio a la posición de virrey,que gobierna sobre todo el reino, sugiere que Yosef expuso en detalle un plan practicable que elementos incluidos que abordan todos los desafíos y posibles peligros que podrían amenazar el reino. Por lo tanto, es digno de la reverencia del rey y de los elogios que acumula sobre él.

En definitiva más que una interpretación de los sueños hay un delirio de grandeza y un buen análisis de la realidad socioeconómica y política que Paró decide aprovechar para sus propios intereses.


  

parashat miketz

El Ramban, en un famoso pasaje de su comentario sobre la Torá (principio de Parashat Behaalotjá), cita al Rav Nisim Gaón (990-1062, conocido por su comentario talmúdico haMafteaj, estudió en la yeshivá de Kairouan, en Túnez.  Su alumno más famoso es probablemente Isaac Alfasi -el “Rif”-), como una alusión bíblica al milagro de Janucá. El relato de la Torá del “Janucát ha-Mishcán”- la inauguración formal del Mishcán, que aparece al final de Parashat Nasó, es seguido inmediatamente por el mandato de Dios a Aharon con respecto al encendido de la menorá. Rav Nisim Gaón, que ofrece una versión ligeramente diferente del famoso Midrash citado por Rashí, explica que Aharon estaba molesto por el hecho de que ni él ni su tribu, la tribu de Levi, participaron en la Janucát ha-Mishcán. El líder de cada una de las doce tribus trajo una elaborada serie de sacrificios para celebrar este evento, con la excepción deAharon, cuya tribu no trajo ninguna de esas ofrendas. Dios buscó consolar a Aharon informándole de la re-dedicación del Mikdash que sus descendientes liderarían mucho más tarde, después de la victoria sobre los griegos. Esta re-dedicación,por supuesto, se destacó por el encendido milagroso de la menorá, y por lo tanto, el mandato de Aharon con respecto a la menorá alude a la historia de Janucá, cuando sus descendientes permanecerían a la vanguardia de la re-dedicación del Templo. Este conocimiento fue pensado para aliviar las preocupaciones de Aharon sobre su ausencia del Janucát hamishcan.

            El Rav Nisim Gaón aquí dibuja un contraste entre dos eventos muy diferentes. Janucát ha-Mishcán marcó la culminación de la construcción del Mishcán, en el que participó toda la nación. Los estrofas en Parashat Vayakhel describen en detalle la respuesta entusiasta de la nación a la convocatoria de materiales,con todo el mundo suministrando generosamente todo lo que necesitábamos, hasta el punto en que se hizo un anuncio para instruir a la gente a dejar de donar.Esta naturaleza colectiva de la construcción de Mishcán se ve subrayada por el hecho de que los dos artesanos principales, Betzalel y Oholiav, pertenecían,respectivamente, a las tribus de Yehuda y Dan, la tribu más grande y más pequeña. Apropiadamente, todas las tribus participaron en la celebración de la inauguración del Mishcán, ya que el proyecto marcó la culminación del esfuerzo conjunto y colectivo de toda la nación.

            La re-dedicación del Templo durante el tiempo del Jashmonaim, sin embargo, fue, en gran medida, la culminación de los esfuerzos únicamente de los Cohanim. Los Jashmonaim iniciaron, encabezaron y lideraron la campaña contra la opresión griega, y fueron ellos quienes volvieron a dedicarle el Templo. Mientras que la toma de posesión de Mishcán fue el resultado de un esfuerzo colectivo a nivel nacional,la re-dedicación del Templo en el tiempo de Jashmonaim fue el resultado principalmente de los esfuerzos de los Cohanim.   Los comentarios de Rav Nisim Gaón quizás nos enseñan que las mayores contribuciones se hacen cuando hay un vacío que debe ser llenado, cuando hay una necesidad urgente que nadie más está trabajando para llenar. La inauguración del Mishcán no requirió la participación de los Cohanim; los judíos que luchaban bajo la opresión griega ciertamente lo hicieron. Por supuesto, hay mucho que decirsobre unirse a la nación en tiempos de celebración nacional y celebración, ypor lo tanto la incomodidad de Aharon es comprensible. Pero Rav Nisim Gaón nos recuerda que mucho más importante es dar un paso al frente cuando nadie más está allí, emprender iniciativas que otros no desean tomar, y llenar las lagunas que nadie más puede llenar.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ricardo Arber dice:

    Hola Ierajmiel
    Januka sameaj
    Un abrazo de Ricardo y Susana

    Me gusta

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