Ekev

El Bien y el Mal 

En la lectura de esta semana, Moshé continúa con sus palabras de despedida del pueblo judío de su época, enviando mensajes también para nosotros.
Esta parashá contiene el segundo capítulo del Shemá, en el que H’ repite, en otras palabras, todo el bien y todo lo malo que nos sucederá como consecuencia de la manera según la que nos sometamos a las normas que recibimos.
Son muchas  las dificultades para quien recita el texto de Veahia im Shamóa, que es uno de los fundamentales del judaísmo y lo hace de corazón, entendiendo las palabras y los conceptos.  No es fácil recitar los versículos amenazantes. No en vano, con sabiduría sin igual, en las congregaciones sefardíes en las que las oraciones se leen en voz alta, al llegar a ellas se produce un profundo silencio. Las predicciones negativas se ocultan. No se hacen de dominio público.
“Y sucederá que si obedecen mis mandamientos que les ordeno hoy, de amar a H’ su D-os y de servirle con todo su corazón y con toda su alma,  El dará a la tierra de ustedes la lluvia a su tiempo, lluvia temprana (de otoño) y lluvia tardía (de primavera), para que recojas tu grano, tu vino nuevo y tu aceite. Y El dará hierba en tus campos para tu ganado, y comerás y te saciarás”.
 
 
Hasta aquí no hay mayor problema, los versículos (11:13-15), suenan agradables a nuestros oídos.  Pero, a partir del 16: 
“Tengan cuidado, no sea que se engañe su corazón y se desvíen y sirvan a otros dioses, y los adoren. “No sea que la ira de H’ se encienda contra ustedes, y cierre los cielos y no haya lluvia y la tierra no produzca su fruto, y pronto perezcan en la buena tierra que H’ les da”.
 
Suenan amenazantes. Son difíciles de entender después de la exigencia de amar a H’ con nuestro corazón. Pero, en lugar de amenaza podemos encontrar en ellos una advertencia educacional. La diferencia es sutil, pero importante. Un rav explicaba el ejemplo de un hombre  que está caminando cerca del borde de un acantilado, distraído y no percibe su caída inminente. Alguien lo ve, y en voz alta le exige perentoriamente que se detenga. Si regresa a tiempo, se le puede tomar de la mano y una vez pasado su susto, indicarle la senda segura. Si no puede o si no desea escuchar la voz, o si no la entiende, o si se desentiende del peligro caerá irremediablemente al precipicio.

 

Nosotros recorremos diariamente caminos sinuosos, olvidando a menudo las diferencias entre el Bien y el Mal. Nuestra manera de observar las mitzvot que son los hitos en el camino que indican la senda del Bien, se vuelve mecánica, rutinaria, y casi distraída. Perdemos la noción del tiempo y del espacio. Postergamos acciones importantes para cuando tengamos tiempo pero el tiempo no llega. Y, entonces, viene este texto. Difícil. Nadie desea que le llamen la atención y lo lleven a la realidad cuando camina abstraído y embelesado por el paisaje, sin mirar la ruta y sus peligros.  Esto es qué está colocado con letras rojas en el texto. No debemos descuidar nuestra alma y nuestro ser en la omnipotencia de pensar que por ser como somos estamos exentos de castigo. Las mitzvot son instrucciones son el manual de la ruta que nos llevará al bien. Si las seguimos, obtendremos placer, si las descuidamos, experimentaremos dolor. No es una amenaza es una advertencia. Apenas pues el hombre oculto no puede detectar el peligro que él era adentro si tendríamos caminó lejos de usted,  no podemos detectar el peligro espiritual que llevamos  adentro de nosotros si caminamos lejos de H’.
 
En  esta nueva perspectiva, podremos recitar el Shemá completo dos veces al día y continuar sirviendo a H’ por amor, y no por temor. Podremos convertir esas palabras tan difíciles en una lección educativa como señales que nos previenen del peligro. Así lo establece el mismo texto a partir del versículo 18: “Graben, pues, estas mis palabras en su corazón y en su alma; átenlas como una señal en su mano, y serán por insignias entre sus ojos.  “Enséñenlas a sus hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes “Y escríbelas en los marcos de las puertas de tu casa y en los portones, para que tus días y los días de tus hijos sean multiplicados en la tierra que el H’ juró dar a tus padres, por todo el tiempo que los cielos permanezcan sobre la tierra”.

 

Pero, tenemos otra perspectiva más. Es la que nos brinda el profeta Yeshaiahu en el capítulo 54:7-8 del texto que nos legara. Allí  nos da la solución al enigma, “Por un breve momento te abandoné, pero con gran compasión te recogeré. En un acceso de ira Escondí Mi rostro de ti por un momento, Pero con misericordia eterna tendré compasión de ti,” Dice tu Redentor H’.

 

Según ella, no debemos perder nuestra fe ni nuestra esperanza en momentos difíciles. Parashat Ekev acontece siempre en las siete semanas de consuelo por la destrucción del Templo y la salida obligada de los judíos de su tierra. El texto del shemá debe completarse con lo que nos enseña Yeshaiahu. Sin duda seremos recogidos con compasión. H’ que no tiene ira como los humanos, se eclipsa de nuestra presencia por las interferencias que colocamos en la comunicación con El por nuestra inconducta. Pero, con su compasión nos quitará los castigos y viviremos y seremos felices.
 

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