CONTINUIDAD JUDIA

Si sólo continuamos con el modelo conocido, no podremos permanecer en el judaísmo
Rabino Yerahmiel Barylka
Se necesitan renovados ingredientes que respondan a las necesidades de un pueblo cambiante, testarudo y exigente.

Hay temas acerca de los cuales todos opinamos… uno de ellos es el de la continuidad judía. Cada uno tiene un remedio mágico que aplica en su medio y se siente seguro de su eficacia. Ante cualquier propuesta de cambio, la respuesta que uno puede oír va entre “a mí me educaron así y salí bien”, “lo seguro es lo seguro” o “confío en lo que me dicen los dirigentes”.
En Israel algunos soldados torpes suelen decir que lo que “no se puede hacer por la fuerza se debe intentar con más fuerza”, y con esa actitud se golpean la cabeza contra la pared. Si todo está tan bien, si las instituciones se ven tan activas, y si los líderes conocen las soluciones y además las practican, podemos preguntarnos ¿Por qué entonces, todo está tan mal?
En la Torá los poderes estaban divididos. Cada uno tenía una función y una responsabilidad. Estaban los reyes,   los jueces,   los cohanim, y   los profetas. Los líderes históricos que sabían las limitaciones de sus atribuciones, pudieron ayudar al pueblo a continuar en la senda del judaísmo sin desesperarse. No había concentración de poderes, ni se esperaba que los conductores fueran sabelotodos. Ello permitió que cuando no se pudieron presentar más ofrendas, decidieron que su lugar sea ocupado por los labios, en la oración, y cuando el Sanedrín fue obligado a abandonar su asiento en el Monte del Templo, se estableció la Corte en Yavne. Fueron los cohanim quienes debieron encargarse del Servicio en el Templo y enseñar la Ley: “Porque los labios del cohen han de guardar el conocimiento, y de su boca el pueblo buscará la Torá; porque es mensajero de H’ de los ejércitos” dice Malaji 2:7. Los profetas fueron nombrados para el instante de cumplir su función de convocar al pueblo a servir a H’ ordenando guardar los preceptos sin agregados y sin quitas, siendo la voz de los oprimidos y el grito de los explotados, cuando el Templo estaba en su lugar.  Hoy no tenemos reyes, los cohanim no cumplen las mismas funciones, no hay profecía más que la de los falsos profetas. Apenas contamos con algunos jueces, y son los Maestros quienes ocupan su lugar porque la Torá se estudia más quizás que en cualquier otro período de la historia.
Vale esta pequeña introducción para ubicarnos en la necesidad de retomar funciones que están distribuidas y usarlas para establecer un modelo de continuidad que pueda servir para las generaciones que no se conforman con respuestas trilladas, con la hipocresía y la mentira de maestros, con tablas de valores dobles, con un judaísmo alejado de la vida y de los principios de la Torá, del pueblo judío y del Estado de Israel. Los jóvenes y quienes ya no lo son desean que el judaísmo sea trascendente para sus vidas y pueda ser aplicable a toda su dinámica humana y social. Eso es judaísmo, pero, se debe aprender expresarlo así. Sólo lo pueden entender quienes están comprometidos con la vida del ser de esta época, como lo estuvieron los jajamim verdaderos en todos los tiempos.
En un mundo que cambia a velocidad asombrosa, los remedios caseros de ayer, no hacen más efecto. A los niños que nacen conectados con teléfonos celulares que fotografían y desde los cuales se puede navegar por la red cibernética, no se les habla como a sus padres que nacieron con la máquina de escribir manual. Cuando todo el conocimiento está abierto, y es accesible, para bien y para mal, para quien lo desee, no se puede continuar predicando con los relatos de los ángeles. En una sociedad cada vez más igualitaria, se debe incluir a la mujer en el conocimiento de la Torá escrita y la oral, ellas son las esposas, y son las madres. Los jóvenes no aceptan que se deban dar obsequios a quienes brindan servicios espirituales, recibiendo pagos por ellos.  Quieren que sus maestros   enseñen únicamente lo que   creen. Desean ver a los directores en el templo en sus actos de Bar Mitzva colocándose los tefilin. Prefieren comer kosher, sin que por ello deban pagar más, ni sospechar de los supervisores. Se identifican con el Sionismo cuando es presentado por quienes realmente desean hacer aliá. 
No se logrará la continuidad continuando con los vicios que de tanto portarlos nos parecen parte de la realidad. El judaísmo vive. Vivió hasta hoy y se ve fresco y lozano gracias a la creatividad de sus sabios y de su pueblo que supo siempre encontrar en él fuente de inspiración para guiar todos los actos de la vida en forma trascendente. Cuando jóvenes inquietos en la búsqueda de la espiritualidad se cansan del vacío en el que viven, salen a buscar sentido fuera de nuestros hogares, porque en ellos nada encontraron. Y se alejan incluso hasta países lejanos. Muchos de ellos recién allí encuentran significado judío a sus vidas y su continuidad está llena de creatividad y obligación con los preceptos y la fe. No hay una solución única, pero, hay una larga cadena de acciones triunfantes que usaron nuestros antepasados. Ninguno de ellos se conformó con la continuidad de los vicios. Ellos, al buscar la vida judía, encontraron los caminos. A nosotros nos toca la misma labor. Si fue posible durante tantos siglos, también lo es ahora. No tenemos a los cohanim en funciones, pero debemos retomar sus acciones de enseñanza. No tenemos profetas, pero, tenemos la obligación de hacer propio su grito por la justicia. No tenemos reyes, por lo que debemos aprender a conducirnos democráticamente.
Tendremos continuidad cuando retomemos esa línea.

Rab. Yerahmiel Barylka

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