El Tiempo como Libertad

 

Una Festividad judía contra la tiranía

Frag. de Yerahmiel Barylka

Pésaj, la Pascua judía, no es sólo la conmemoración de una liberación nacional o religiosa. Se trata también de la celebración del tiempo recuperado para el hombre que de pronto es libre (…)

EL TIEMPO COMO LIBERTAD

La salida de Egipto nos entrega la posesión del tiempo donde antes hubo que aceptar su fijación por los intereses ajenos. El tiempo de amar y el tiempo de odiar, el de rasgar y el de coser, el de perder y el de guardar, el de la guerra y el de la paz, el de llorar y el de reír. Es el ser humano quien tiene la capacidad de decidir las etapas y los tiempos del hacer y del abstenerse de accionar. (…)

 
El tiempo de la libertad es la concesión más extraordinaria obtenida con la salida de la esclavitud.
Nisán es el primer mes del año, porque es el original en el que se pudo decidir la potestad de tiempo. Sólo los esclavos no tienen tiempo, simplemente porque no les pertenece.
«No tengo tiempo para nada, el trabajo me absorbe», es frase de quien renuncia al goce de su disponibilidad. El hombre libre, dispone del tiempo por formar parte intrínseca de su ser, de su libertad, no lo pierde, no lo regala, es celoso de ese bien.

DEDICARSE A SURGIR

Durante la experiencia los tiempos son diferentes que en la conmemoración. Sufrir la esclavitud y sentir la libertad, dan una sensación diferente que evocarla. Quien no estuvo en Egipto y quien no pudo salir no siente lo mismo. De allí las diferencias en los tiempos de conmemoración respecto de lo acaecido en Pésaj de Egipto. Quien está todavía hoy en el Egipto interior, necesita de más tiempo para liberarse.
La cocción de la matzá debe terminarse en muy pocos minutos. No debe leudar. No sería símbolo de libertad si no fuera celosa de su tiempo. Cuestión de prioridades. El manejo del tiempo para la obtención de la libertad no se debe malograr.
Debemos «guardar las matzot-mitzvot», para no desperdiciarlas, para no desaprovechar la ocasión. El mismo verbo del sustantivo jametz indica fermentar, agriar, acidificar como desperdiciar, malgastar, desaprovechar, perder. Jametz significa pues, desperdiciar el tiempo de la libertad, en otras palabras: regresar a la esclavitud.
No había tiempo, dirán algunos, en la salida. Había que dedicarse a surgir. Ello no es fácil. Salir de la esclavitud no da tiempo de expresar la alegría aun si se sabe que es importante. Las acciones responsables, cuando se toman, se hacen seriamente. Además, no podía haber júbilo cuando hay seres humanos que sufren. «No te alegres por la caída de tu enemigo, no se goce tu corazón cuando se hunde», leemos en voz del Rey Sabio en Proverbios 24:17. (…)
Pésaj da sentido a nuestra existencia en cuanto nos permite ubicarnos tanto en el tiempo espiritual como en el espacio, con identidad propia, esta vez por nuestra voluntad.

(Imágen: Marc Chagall)

 

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